Institución carcelaria, estructura y comunicación
Por institución, nos referimos a un organismo con una estructura que goza de estabilidad, y que a partir de una gama de normas funcionales a su organización, buscara lograr ciertas funciones sociales específicas. Con esto, las ciencias sociales ven en las instituciones una forma organizacional que se mantiene en pie, gracias a un conjunto estructurado de normas, roles y patrones institucionales de comportamiento. De ahí que, no puede existir ningún tipo de relación que este al margen de un contexto institucional; más aun, la interacción comunicacional seda en un contexto institucional y este lugar esta dotado de códigos, representaciones, normas y tramados simbólicos que permitirán dar a la relación caracteres significantes.
A su vez entenderemos por estructura organizacional, a un sistema que logra hacer interactuar una diversidad de elementos, entre individuos y tecnologías, y que logran realizar tareas funcionales, ya sean estas informativas, administrativas o técnicas, que siguen una pauta unidireccional de normativas a cumplir. De ahí que, el contexto institucional, marca las relaciones que instaura; y estas se efectuarán desde tres focos principales. El que tiene que ver en primer lugar con la comunicación y sus vías de direccionalidad; en segundo lugar, la que se relaciona con su forma y contenido; por otro lado el de los roles y estatus de los interactuantes; y por último, el de las estrategias y relaciones de poder que se dan en las interacciones institucionales. De ahí que, tanto la forma de los mensajes, su contenido y circulación, constituyen a la organización.
De ahí que, en términos generales la presente investigación, se interese sobre los continuos procesos de transformación y/o mutación del ordenamiento socioestructural de las sociedades carcelarias y de los hábitos asociativo- comunicacionales de los internos, a partir de la reorganización física de los espacios carcelarios y las emergentes medidas de seguridad y control suscitados en las cárceles de alta seguridad del Programa de Concesiones de Infraestructura Penitenciaria. De ahí que, nuestro análisis se centre en el examen a nivel teórico como fenomenológico, de la relación, yuxtaposición y entrecruzamiento entre panoptismo/aislamiento/captura; y entre foco orgánico/comunicación/espacialización carcelaria; como triadas articuladas y tensadas ante una problemática interpretativa, desde donde accedemos, hipotetizamos y hacemos aparecer indicios de una pedagogía negativa y coactiva, desde donde experimentamos el limite o bien la cara posibilitadora y más cruel de lo humano, al interior de un marco institucional dependiente del Estado chileno. En donde la imagen y la evidencia visual en la era hipermedial se presentan como dispositivo de gubernamentalidad biopolítica.
Complejos Penitenciarios de Alta Seguridad: Panoptismo/Aislamiento/Captura.

a) El panoptismo como ojo delator omnipresente.
El panoptismo se presenta al interior de los penales más contemporáneos del país, como un ojo ideático que cree capturar la totalidad de los movimientos, para cosificarlos así en un registro exacto e invariable, de ahí que necesite para su legitimación operativa, de un conjunto basto de tecnologías PSI, registros visuales, y operativos tecno/corporales de prevención para su útil e ideal régimen de gubernamentalidad carcelaria. Entre estas tecnologías, están la creación de pasillos de circulaciones unidireccionales y subterráneas, la segmentación de los internos a través de módulos de reclusión, una sofisticada red de equipamientos y servicios, tales como los sistemas de detección de encomiendas mediante el uso de Rayos X de alta resolución, sistemas de detección de metales altamente sensibles (silla detectora de orificios corporales), sistemas de detección de drogas y explosivos que actúan por aspiración de partículas, y sistemas inhibidor de comunicaciones inalámbricas (celulares) en un radio controlado dentro del recinto. Entre las que también se suman focos rastreros, luces de emergencia, ascensores, y entre otros, un contenedor de petróleo de 10 mil litros que permite enfrentar cortes de energía, más un sistema de seguridad que está conformada por 3 anillos, uno virtual, uno tecnológico con sensores de movimiento, y la línea de fuego.
De acá que podamos afirmar respeto de la descripción del sistema de tecnovigilancia, que si bien en los penales tradicionales solo se daba una vigilancia presencial, y los reos agrupados en sus cuadrillas y carretas se alertaban unos a otros de la ronda de guardia, operando allí un régimen de visibilidad de parte de los reos que se podían percatar a tiempo de la vigilancia de gendarmería; en estos nuevos complejos penitenciarios esto se invierte, y ahora todo el foco de vigilancia esta enfocado en la Guardia de Módulo, desde donde los gendarmes realizan una vigilancia no presencial, desde la cual ese régimen de visibilidad transparente dado entre la relación gendarme/reo, se borra, para dar paso a un ojo omnipresente que no es advertido por parte de los internos del penal, complementado con la vieja vigilancia presencial de gendarmería, más una vigilancia parainstitucional e instrumentalizada, materializada en la figura del soplón o sapo carcelario.
Esta acreditación, funcionalista y utilitarista de la imagen en un recinto institucional cerrado y sumamente reglamentado; y la desacreditación de un argumento racional, implica dos derivas interpretativas ahora coimplicadas. Si bien, los internos en las cárceles tradicionales se ordenaban en un conjunto de microgrupos, sumamente jerarquizados y organizados bajo una ética del hampa única –entre ellos las cuadrillas y carretas conformadas por los jefes de la agrupación, los soldados, la mamá, el caballo y los perkins-, en estos nuevos complejos penitenciales la desintegración no solo será evidente, al insertárseles a los internos de manera coactiva en celdas individuales, sino que además por el hecho de que los internos perciben un foco u ojo permanente, al cual están expuestos de manera ineludible por largas horas en patios del penal, lo que evidencia un descuido por la sanidad mental de estos, y los efectos de este tipo de escenarios panópticos, violentadores, y delatores, que desacreditan e inmunizan la sanidad de un argumento racional, en pos de un sometimiento corporal, que pretende patologizarse por vías coactivas e instrumentos tecnocorporales, para acreditar una ciencia y saber criminalístico, que evidencia y patologice patrones delincuenciales, con la finalidad de posteriormente proporcionarlos también a la sociedad civil que goza de libertad, ahora subsumida a una racionalidad jurídica, de carácter centrípeta, que delata “al otro” caracterizándolo y colocándolo a la luz pública.
De ahí que, podamos inferir a grandes rasgos, que la avanzada tecnológica de los equipos de seguridad al interior de los penales de la ultima década, se configuren a nivel analítico, como una estructura –cristalización de redes comunicativas y dispositivos de captura– dentro de un sistema institucional mayor, ahora bien, como instrumento tecno/corporal de captura y sometimiento. De ahí que, estos sistemas de vigilancia se presenten como dispositivos de captura corporal, a la vez que, desacreditan las condiciones culturales de producción de la realidad, anulando las posibilidades del argumento racional de los internos, inoperabilizando así las facultades cognitivas de deliberación, voluntad, y racionalidad humana.
Este proceso inverso de destitución de la comunidad carcelaria, como tramado sociosubjetivacional en transformación, y proceso de agenciamiento, hace que el cuerpo/mente surja ahora, como la superficie ideal de constreñimiento, corrección, vigilancia y amenaza, por medio de una red panóptica ultra sofisticada, operacionalizable por medio de controles didácticos, y prácticos, que reducen la compleja realidad de lo carcelario, a una virtualización cósica de la realidad, que se legítima en el registro visual de una acto que ya fue, y tubo lugar, pero que queda materializada en la imagen delatora y evidenciadora, en un ambiente rodeado de presuposiciones, simulaciones y fantasías, que desacreditan las condiciones de producción de la realidad. Proceso de desacreditación que se posibilita en los complejos penitenciales de alta seguridad, por una vigilancia emergente de carácter no- presencial y parainstitucional mayormente.
Este ojo omnipresente y eterno, traerá consigo tanto efectos sico/lógicos que desacreditan el argumento para acreditar la imagen/delatora; efectos sico/conductuales al desintegrar los patrones normativos internos de las agrupaciones primarias –carretas y cuadrillas -, como de la ética del hampa tradicional, materializada en la individualización de los internos por medio de la desintegración de los focos grupales; lo que terminara por evidenciar una instrumentalización de los internos, que conlleva como fin primero, la transmutación del conflicto penal, en un continuo y progresivo cambio de gendarme/reo, a reo/reo, como sistema de normalización interno. Normalización interna, que instrumentaliza el liderazgo de reos líderes, en pos del sometimiento de los demás reos del módulo, emergiendo así una ética en la que el que no cumple el mandato interno, ahora deberá cumplir un castigo tecno/corporal, que somete al cuerpo a condiciones inhumanas –o bien, demasiado humanas- de sobrevivencia, en celdas individuales, aisladas, sin colchonetas, ni frazadas, sin luz y engrillados, lo que evidenciaría que la pretendida lógica de la humanidad –por parte de la institución penal- necesitaría de ésta para atentar sobre si misma.
b) Sobre la disgregación espacial en el arquipanoptismo carcelario Contemporáneo.
Un ejemplo de esto, es el complejo penitenciario de alta seguridad de Rancagua; ubicado en la zona agrícola de la Gonzalina, obra emplazada sobre un sitio apartado de la urbe, en terrenos que se protegieron de la instalación de poblaciones aledañas por medio de la construcción de diversos perímetros demarcados por muros de hormigón y mallas especiales; su robusta construcción de hormigón armado y acero se totaliza en 48.935 m2 de superficie, lo que hace posible una inédita segmentación del espacio, lo que conlleva a una mayor eficacia en aspectos de seguridad y control de flujos. El carácter arquitectónico es aquí el punto de inflexión primordial de este tipo de complejos carcelarios contemporáneos. El recinto se divide en un área penitenciaria y otra administrativa. La primera zona está rodeada por un muro llamado de ronda, hecho de hormigón de unos 6 metros de alto, al interior se ubican los módulos de reclusión, la guardia interna, áreas de visitas, el hospital, la cocina, los talleres laborales e industriales, la iglesia, y el gimnasio. El área administrativa, está conformada por un edificio de acceso, que contiene las habitaciones de los gendarmes, las oficinas de la concesionaria, el área de caniles, y un área de basura. En términos generales, los 50 edificios que conforman el recinto, son de hormigón armado con cubiertas y estructuras secundarias de acero, con protección antifugas, y anticorrosivos.
De ahí que podamos afirmar que a grandes rasgos, existen dos tipos de módulos, los módulos de reclusión normal -28-, y los módulos de reclusión especial , a su vez en el primero habrán tanto agrupaciones de módulos para condenados y agrupaciones de módulos para imputados; en el segundo en cambio habrán condenados e imputados pero categorizados y nominados con el apelativo de “los insanos”, en el cual se encontraran los que tienen alguna discapacidad física, un contagio viral sexual/sanguíneo, y una disfuncionalidad cultural y/o biológica sexual a la reproducción/producción en el capital; fenómeno de marginación que también se ve reflejado en la eticidad biopolítica de la juridiccionalidad del contrato social, ya que el Estado republicano exige y/o pesquisa el don de la libertad de los hombres, para darles el derecho como ciudadanos no a la libertad agencialista de transformación de lo social, sino que derecho a la protección y resguardo ante “unos otros” que escapan de los marcos jurídico/integrativos de carácter centrípeto del orden republicano, y que eventualmente, hipotéticamente, y simuladamente pudiesen ejercernos algún daño. Aquellos otros, agentes acreedores y participes de ese movimiento centrifugo, diluido en un conjunto de microcomunidades racionalizadas, organizadas y jerarquizadas, harán su aparición en la nominación como confirmación de su aparecer en la escena pública, caracterizados, puesto a la luz y confirmados en un archivo jurídico político que nace como contrato evidenciador y delatador en lo social –ficha delictual -. Lo que muestra la acreditación de la imagen y el archivo, como desacreditación del argumento y del contexto sociocultural que lo hizo posible.
Este argumento sociocultural y político de los otros, en la pretensión republicana, deberá localizarse en instituciones políticas coercitivas, y segregarse al interior de estas mismas con procedimientos tecnocorporales, en donde el cuerpo es entendido y manipulado como utensilio de posibilidad para la perfecta, funcional y útil operacionalidad panóptica y jurídica de lo social. Segregación física focalizada y materializada por medio de módulos diferenciados, distintamente ponderados en la escala delictual, con la pretensión de evitar el contagio criminológico, lo que genera un conjunto basto de microcomunidades con patrones comunes de voluntad, agenciamiento y deliberación ahora descentradas, desestabilizadas en el constante cambio de módulo; pero no así la pretendida fatiga y caducidad de una comunidad disfuncional al orden de lo social en el orden republicano.
A diferencia del apaleo o castigo físico propugnado en las cárceles tradicionales; el encierro, la manipulación del espacio/tiempo, y la pedagogía sicocorporal en los complejos penitenciarios de la actualidad, hace posible disminuir en cantidad e intensidad los apaleos, fenómeno que antes se hacía imposible a causa de la precaria infraestructura de los penales, lo que no permitía otro nivel de control que el apaleo para reducir a los internos. En la actualidad, se logra controlar literalmente al interno, porque esta reducido en un espacio intimo como la celda, y siempre es posible individualizarlo, identificarlo y controlarlo. Este control externo ocasionado por el panoptismo implementado, conlleva, o llevaría implícitamente una pedagogía de carácter tecnocorporal, lo que ocasiona un fenómeno pocas veces visto, el autocontrol y la autopenalización, entendida como control interno. De acá, que se agudice y prolifere la figura de los líderes negativos y los líderes positivos; los primeros haciendo el intento por reestructurar la vieja y respetada potestad de la Ética del Hampa chileno, idealizado en la figura del ladrón tradicional/urbano, o en la figura del bandido tradicional/rural, ambas en pleno desequilibrio, por la irrupción de la figura del ladrón urbano/marginal contemporáneo, inserto en la precariedad de una sociedad industrial y marginal excluyente, y que opera como individualidad que prescinde de toda ética republicana imperante, como de la Ética del Hampa desarrollada en microsociedades marginales, realzándose solo la figura del sujeto disidente cultural.
Esta individualidad en el operar del interno, la autopenalización, y la penalización al compañero de módulo, hará que ahora en adelante se incremente – con las tácticas de funcionarios de gendarmería para combatir el desorden, la comunicación y la relación entre internos -, los conflictos entre reo/reo, en donde cada cual vigila al otro, e intenta que el actuar del otro no le afecte la ficha y los posibles beneficios al ahora reo/delator; fenómeno que se acrecienta y materializa sobre todo en los módulos de conducta, donde se pueden cancelar los beneficios, como venusterio, televisión, y talleres de trabajo.
c) La escisión del foco orgánico: de la rotura del lazo, la soledad y el enmudecer que comunica.
Esta reclasificación y segregación de los internos, tiende a que los antiguos lideres carcelarios en estos nuevos complejos penales bajen sus niveles de agresividad y peligrosidad, al tener que adecuarse al nuevo sistema. En este cambio conductual, no solo inciden las metodologías panópticas de vigilancia y registro de las operaciones agencialistas, discursivas y performativas de los internos; ni tampoco solo en la reorganización física del espacio carcelario y su segmentación; si no que en su resultado, ahora reos separados por tipología delincuencial, compromiso delictual y niveles de refractariedad, lo que ocasiona que el líder de las antiguas agrupaciones primarias, sea este de carretas o cuadrillas, no pueda reafirmar, por ende consolidar su liderazgo al no tener reos primerizos, sumisos, y sin una ficha delictual grave, de los cuales poder servirse e instrumentalizar para su bienestar.
Este fenómeno es de suma importancia, ya que la ley del más fuerte, dada en la llamada selva de cemento empieza a desestabilizarse, por medio de un continuo y progresivo proceso de alteración de los contextos y sitios mediatos de los escenarios carcelarios tradicionales, escenificándose ahora tras el fenómeno sociocomunicacional carcelario, una contradicción que obstaculiza el devenir orgánico de asignación de roles, grado jerárquico, y practicas poiéticas carcelarias. Contradicción hecha posible por la reorganización física de los espacios de reclusión y su constante devenir vigilancia, lo que provoca desestabilizar los antiguos patrones de sometimiento y organización carcelarios, al extraerles de sus organizaciones primarias, a sujetos carcelarios de menor rango, lo que provoca una desestabilización en la asignación de roles para el correcto funcionamiento de la organización, el no cumplimento de un rol a causa de la separación de módulos por tipología delincuencial, provoca el desvanecimiento de “el entre” sujetos de la organización, estamos hablando de su capacidad orgánico/agencialista, y con esta su ética.
Esta familiaridad grupal, compromiso ético y campo simbólico de correspondencia, se escenificaba y colocaba a prueba, en la performatividad de los cuerpos y sus armas, en el combate o duelo carcelario, cuerpo que hace de soporte a la eficacia del puñal y del estoque, y estoque que con su eficacia evitara que se le destrone su soporte corporal e ideático. De acá que el estoque, la cuchilla, las cadenas, los palos no solo se presenten como meros utensilios de ataque o defensa, sino que como utensilios simbólicos que reflejan la ferocidad, el poder y la potencia de la agrupación carcelaria
De ahí que podríamos afirmar, que en los centros penales tradicionales del país, el lazo comunicacional intracarcelario de los internos, y su ordenamiento jerarquizado, formaban parte de una relación simbiótica en donde cada una de estas hacia posible a la otra. Este lazo simbiótico y posibilitador del habla de los reos del penal, hacía que de la totalidad de los reos del penal, solo un porcentaje de estos pudiesen tomar la palabra y ser escuchados por otros internos, al manifestarse en la envoltura del lenguaje empleado unos indicios contraculturales marginales; ahora bien, una marginalidad voluntarista que hacía que esta disidencia cultural se convirtiera, en una estructura sociocarcelaria hegemónica, sumamente estructurada y jerarquizada. De ahí que podemos inferir, que este lenguaje decisional tradicional, en la actualidad se presente en relación con un ordenamiento estructural segregador, que convive de manera directa y conmensurable con las tecnologías panópticas de captura, lo que hace posible ahora un lenguaje no decisional, sino más bien un lenguaje delator haciael otro, al insertárseles en un conflicto individuacionista, en donde la posibilidad de poder mejorar los mínimos beneficios existentes, depende de que el otro compañero de módulo no lo incluya en sus planes estratégicos.
De ahí que sea fácil entender que en estos escenarios institucionales de secuestro, sometimiento y control ciudadano, en donde el habla es penalizada al ser considerado un factor de riesgo por parte de gendarmería, se vayan consolidando y emergiendo nuevos lenguajes y modelos sígnicos alternativos, que con el devenir de los años se consolidan como un idioma existenciario contracultural, que lleva como eje central la manifestación y la evasión, por medio de códigos alternativos muy bien estructurados, que evadan el ojo delator de gendarmería
De ahí que en la actualidad, el proceso de aprendizaje, y la tarea de decodificación de la Coa hecha por gendarmería; más el evidente cambio del nuevo escenario segregado, que le quita la capacidad agencialista al lenguaje, y borra la capacidad deliberativa de este; más una emergente, nueva y cada vez más sofisticada clase delinquiva, si es que no profesional, con acceso a información; se hace necesario inventar más palabras dentro del mismo Coa carcelario, o bien, mantener los mismos significados pero alterar o directamente reemplazar los significantes, más aun cuando este Coa tradicional sea penalizado y registrado en la ficha personal de cada interno, lo que le bajara el puntaje y no podrá acceder a módulos de conducta, y por ende, no podrá obtener ningún tipo de beneficios, como radio, televisión, visitas, etc. lo que aumentará aun más su sensación de soledad.
Esto se debe esencialmente, a que los internos no solo están acostumbrados a estos tramados sígnicos, referenciales y hablas marginales, sino que más bien son a condición de esas hablas existenciarias contraculturales, marginales o disidentes; en donde el entramado sígnico contracultural habla a través del hablante, hablante que en este caso es el reo que se hace parte de la unidad. Unidad entendida como una agrupación atravesada por una Etica del Hampa; ínter esse de la agrupación que tiene como finalidad el agenciamiento y transformación del entorno carcelario, bajo sus propias normativas y entramados simbólicos internos, y cuyo soporte –semántico – esencial es la sobrevivencia.
De ahí que en este escenario, los lazos comunicacionales entre reos se ha perdido, y la fraternidad entre los internos ha disminuido. El hecho sucede porque en las cárceles tradicionales, se podía compartir en grupos en las calles, y en las celdas; pero ahora todo indicio comunicacional, o lazo carcelario, dado por medio del lenguaje, o por medio de la fraternidad y colaboración entre internos se ha perdido, a causa de la penalización dada a este tipo de relaciones entre reos. Esto conlleva en primera instancia, a la individualización de cada uno de los internos, por medio de un numero de serie que cada uno de estos, tiene en una habitación precisa; y en segunda instancia, a la inestabilidad emocional que lleva la soledad de cada uno de ellos; lo que hace más fácil la tarea de sumisión, y acato a la normativa institucional, al no poder agenciarse por medio del lenguaje deliberativo, solo posible en el inter esse –del estar entre- de la agrupación, y por ende no poder imponer su propia normativa interna, a la cual estaban acostumbrados en los centros tradicionales
De ahí que estos lazos afectivos, el fiato ético/normativo interno, y el lenguaje empleado se consolidaban, afirmaban y reafirmaban en la agrupación, como unidad agencial de sobrevivencia intrapenal. Fenómeno que en los escenarios de los complejos de alta seguridad más modernos a cambiado, por la disolución y redistribución de los integrantes de cada una de estas cuadrillas, por medio de módulos especiales con tipologías delincuenciales estándares, para cada uno de estos módulos; lo que provoco la desestructuración de la jerarquía carcelaria, y con esto los roles diferenciados que cada uno de estos poseía en la agrupación, y por lo cual la hacía posible.
Para finalizar, el lazo comunicacional de los internos en los centros penales tradicionales del país, era un lazo más duradero al estar atravesado por una ética canera y determinado por una escala jerárquica. Lazo que a su vez se hacía inevitable por la cantidad de personas que habían en estos penales tradicionales, en donde las condiciones de hacinamiento sobrepasan los parámetros permitidos, lo que no solo propiciaba un escenario más adecuado para la interacción entre internos, sino que por obligación en esas condiciones se debía deliberar y organizar el espacio. Fenómeno que en la actualidad cambia rotundamente, hoy los otros integrantes de las cuadrillas, ya no influyen sobre cada uno de los internos que la componen, sino que más bien, el penal mismo su organización y vigilancia influyen sobre cada uno de los internos, a tal punto de ver como los internos cambian de actitud, dejan de lado su comunicar diario, bajan su postura corporal, se desinteresan por las actividades grupales y aumentan la depresión y alteración sico/cognoscitiva, que a veces llega al uso excesivo de medicamentos, con la finalidad de dopar al cuerpo; el autocastigo por medio de proliferación de heridas corto punzantes en su cuerpo para calmar la angustia; o bien en caso extremo el suicidio.
Santiago de Chile, 2011.
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