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Mantra:
una novela Fresániforme
Escribir sobre una ciudad es un desafío
considerable. Especialmente si esa metrópoli es la monstruosa y
gigantesca Ciudad de México, un lugar que parece concebir literatura,
una urbe habitada por fantasmas, muertos célebres, poseedora de
un historia tan vasta y rica que por ello no sorprende la particular obsesión
por la muerte que sus habitantes y costumbres demuestran. Ciudad de México,
al menos la que conocemos por textos literarios, está a su vez
cruzada por tradiciones sincréticas, sacrificios y juegos mortales.
Es importante recordar que Rodrigo Fresán aceptó el encargo
de escribir sobre México y todo lo que éste curioso país
le impactó aparece en esta extensa y desafiante novela. Pero Mantra no sólo es un proyecto literario ambicioso, resulta también
un desafío para el lector por diversos factores; como la prosa
frenética y, en ocasiones, vertiginosa de su autor, por la fractura
temporal que en la obra está siempre latente, por la ramificación
que la historia oficial ejerce constantemente, por el frecuente montaje
cinematográfico y los resabios de experimentación narrativa
que Fresán realiza y adopta en este proyecto, todas estas características
llevan al lector a un verdadero mundo, en ocasiones amorfo, en otros simplemente fresániforme.
En el presente informe se abarcará
la obra global, en este sentido, y considerando la magnitud tanto de contenido
como de extensión, Intentaré dar una visión general
de la novela como un todo, resaltando aquellos pasajes que me resultan
más relevantes.
Mantra en su disposición narrativa,
está dividida en tres partes: la primera es un viaje a la infancia,
el antes o pasado; un territorio feliz para el narrador, que recuerda
sus días en Buenos Aires, capital de un lugar que nombra como "mi
hoy inexistente país de origen" (Pág. 24), en una escuela
cuyo nombre es de prócer mejicano, Gervasio Vicario Cabrera, colegio
n°1 del Distrito Escolar Primero. Es en este escenario donde aparece
el inquietante niño Martín Mantra, que a grandes rasgos
cumple una doble función, por una parte sirve de guía espiritual,
una especie de modelo a seguir, y además se presenta como la llave
que abre la puerta de acceso a un mundo sumamente extraño y con
más de un rasgo de perversidad.
En esta primera parte encontramos rasgos que
nos develan que estamos frente a una novela de formación, con el
viaje mítico en búsqueda del padre como telón de
fondo. Respecto al narrador, éste sería autohomodiegético
según lo planteado por Genette, ya que "narra en primer grado
y cuenta su propia historia"(1), sin
embargo, el tipo de narrador definitivo se develará con mayor precisión
en las partes posteriores y finalmente tomará su lugar una voz
narrativa autohomointradiegética (Goic) pues se introducen además
aspectos biográficos y una crónica del mundo en que se vive.
La primera parte se caracteriza por un narrador aludiendo constantemente
a Martín Mantra, del cual, hasta ése momento, no
sabemos mucho, pues como se dice anteriormente, se refiere a él
como un personaje con rasgos mitológicos, un ser poderoso y omnipresente
a pesar de su corta de edad, en realidad se presenta al lector como a
un verdadero caudillo "Mis recuerdos de Martín Mantra intentan ser invocados a partir de una absoluta identificación
con el héroe. Cualquier rasgo de estilo que se encuentre aquí,
cualquier maniobra estética, obedece no a una necesidad de seducir
sino a una resignación frente a las mareas de mi cerebro contaminado
Intentaré
seguir a mi héroe, hacer memoria impulsado por la admiración
y no por la necesidad de, simplemente, recordar algo para después
poder contarlo, leerlo" (Pág. 31). Lo que sí sabemos
de él, es su obsesión con llevar a cabo un ambicioso proyecto,
habla de realizar una película total, donde se muestre el Mundo
Mantra, en la que filmará el auge y decadencia de una familia tradicional
de México, su propia familia, y que sea al mismo tiempo la historia
consumada de México "En el futuro todos seremos directores
de cine, todos filmaremos la película de nuestras vidas. Pienso
en un mañana cinematográficamente autobiograforme
Entonces
lo sabremos porque la Historia habrá adquirido la textura de un
film total
Viviremos en el constante suspenso de un guión
en desarrollo, en tres actos con forma de un solo acto, y nuestra trama
será nuestra mejor manera de darnos a conocer y relacionarnos"
(Págs. 67-68).
La segunda parte de la novela, representa
quizá, un verdadero vuelco a los postulados de Gennette, ya que
se expone "un expresionismo sui generis, que según los postulados
de Gennette resulta inviable, pero que aquí se da, pues la voz
narrativa es la de un muerto" (Goic). Efectivamente en esta parte
lo narrado es la autobiografía de un muerto que mira su propia
vida por televisión. Este segmento es, sin duda, el más
complejo y gravitante dentro de la novela. Su composición presenta
una ordenación alfabética y anafórica, separada por
títulos y que son seguidos por paréntesis complementarios.
Lo curioso es que se omite la letra R, cuestión que el propio Fresán
explica "Nadie se dio cuenta pero a la segunda parte de Mantra -la
alfabética- le falta la letra R. Me guardé esa letra y Mantra
sigue creciendo ahí. La letra R, supongo, aparecerá en otro
libro o en una futura edición"(2).
Otra cualidad importante a destacar son las constantes y múltiples
entradas del narrador, que el lector relaciona directamente a la disposición
narrativa con que está compuesta Rayuela de Cortázar. Así
la segunda parte está plagada de guiños autoreferenciales
que van en directa alusión a la profesión de Fresán,
quien además de su trabajo literario, se dedica con gran éxito
al periodismo crítico musical y cinematográfico "Escribo
esto y enciendo mi MTV de hotel y, cosa rara, no hay rocker haciendo el
ridículo sino Christopher Walken bailando por los pasillos, ascensores
y escaleras mecánicas de un hotel muy parecido a éste. Christopher
Walken bailando una canción de algo que se titula Half Way Between
the Gutters and the Stars o algo así. "Weapon of Choice",
se llama la canción. Es divertido verlo, es interesante".
(Pág. 306).
La secuencia de la segunda parte es la que
ocupa la mayor parte de la novela, ocurre en México y aparecen
todos los motivos tradicionales de la historia mejicana: la llegada de
los conquistadores, el sincretismo religioso, la revolución, los
personajes que han pasado por México (desde Trotsky, Burroughs,
y Frida Kahlo, hasta Buñuel, Artaud y Eisenstein) en un compulsivo
pastiche de historias, invenciones y digresiones. La cercanía que
la segunda parte tiene con el cine, se refleja en su constante fragmentación,
en los llamados cut ups y que van en directa relación con la búsqueda
de Martín Mantra por llegar a su film total. Un apartado particularmente
llamativo es el del IRREALISMO LÓGICO (Realismo mágico),
donde Fresán, en voz de María-Marie, entrega su opinión
del realismo mágico y devela el proyecto literario que persiguen
y construyen los narradores de su generación, entre los que se
podrían citar a Bolaño, Pauls, Villoro, Aira, e incluso
al mismo Fuguet, entre otros: "Mientras que lo que se conoce como realismo mágico es la medida y justa intrusión de
lo fantástico en el tejido de la realidad, yo diría que
los Mantra nos ubicamos dentro de algo que bien podría llamarse
irrealismo lógico y que empieza y acaba de definirnos a la perfección:
mínimas esquirlas de lógica, como las luces en los trajes
de los charros, bordadas sobre la amplia y cotidiana tela de lo irreal
e imposible" (Págs. 312-313).
La tercera y última parte cierra la
narración con una imaginaria ciudad después de un temblor
apocalíptico, en el sentido de la destrucción del mundo
y su renovación, en el que un cyborg metamorfoseado por la televisión
aparece buscando al padre, realizando el viaje mítico antes nombrado
y realizando una especie de reescritura del Pedro Páramo de Rulfo
con los procedimientos que la ciencia ficción otorga. En conclusión
podemos decir que Mantra resulta una novela del lenguaje, un texto
con pulsión histórica y lingüística en la que
la histeria narrativa se funde con referencias, motivos e inspiraciones
de la historia mejicana.
Quizá uno de los puntos criticables
o débiles de la novela, es la excesiva reiteración autoreferente
que Fresán realiza. En oportunidades queda la sensación
de que se aleja de la novela y su asunto para mostrarnos algo más
de su propia visión, fantasmas y gustos, pero es indudable que
consigue entregar una obra innovadora y de prosa ágil, en la que
confluyen distintos mundos, personajes reales y ficticios, además
de una multiplicidad de géneros artísticos que dejan un
sabor especial en el lector. Definir, o más bien, resumir la novela
en pocas palabras resulta muy difícil, pero me afirmaré
en la aproximación que Bolaño hace: "Mantra es una novela caleidoscópica, recorrida por un humor feroz, en
ocasiones excesiva, escrita con una prosa de rarísima precisión
que se permite oscilar entre el documento antropológico y el delirio
de las madrugadas de una ciudad, el Distrito Federal, que se superpone
a otras ciudades de su subsuelo como si se tratara de una serpiente que
se traga a sí misma".
1. Genette Gérard. Figuras III. Ed.
Lumen, España 1982. Pág 302
2. Extracto de entrevista concedida al sitio de internet http://www.terra.com.ar/canales/libros/46/46606.html |