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CARTAS DEL NORTE
Reinaldo Arenas versus Javier Bardem
Acertada elección la del camaleónico Javier Bardem para interpretar al
escritor cubano Reinaldo Arenas, autor maldito donde los haya, que contribuyó
a su propia leyenda suicidándose en 1990 cuando ya el sida, la madre de
todas las pestes, había hecho la suficiente mella en él como para incitarle
a renunciar a la vida. No es casual por tanto dicha elección. Estamos
ante uno de los actores con mayor proyección internacional (con el permiso
del californiano-malagueño Antonio Banderas), uno de los que mejor saben
transformarse y uno de los que más verosimilitud imponen a sus interpretaciones.
Sea en su papel de empresario de barrio castizo dispuesto a comerse el
mundo (Huevos de oro), de macarra de carretera (Jamón, jamón) o de chivato
drogadicto (Días contados), Javier Bardem no defrauda. Por eso este salto
a la escena internacional se le hacía casi como obligado.
Y lo ha hecho interpretando a uno de los grandes. No debió ser fácil
la vida de Reinaldo Arenas, pero es que no debió de haberlo sido para
quienes como él intentaron aunar fidelidad a la Revolución con su condición
de escritor homosexual. Sin embargo, llama poderosamente la atención el
que otros autores coetáneos suyos también homosexuales, a pesar de verse
en algún momento de sus vidas marginados por el régimen, no sufrieran
tan dramática represión. Porque hay que recordar que el hecho de formar
parte de la tripulación del Mariel fue antes que nada una humillación,
un estigma que aún perdura hoy en día para todos aquellos que como él
pasaron a la historia como los marielitos. Y ésta, justa o no, sí que
resulta inmutable por muchas correcciones que se le hagan, y sobre todo
gracias al cine de Holliwood. Por eso cobra mayor sentido ahora la película
sobre la vida del poeta y narrador Reinaldo Arenas, escritor que hizo
de su condición sexual la razón de su devenir literario, y que sin duda,
y a pesar de moverse en los ambientes gays más destructivos, gracias a
la película que pudo encumbrar a Javier Bardem cobrará mayor éxito hoy
en día. Pero ya se sabe que lo cubano está de moda. Basta con echar un
vistazo a cuanto se edita hoy en día. ¿Quién, salvando sus incondicionales,
conocía la obra de Virgilio Piñera?. Pocos, seamos realistas. ¿Y la de
Reinaldo?. Nuevamente y por desgracia, el cine de Holliwood pasa por la
izquierda a la literatura y viene a echarnos una manita. Y obviando su
pronunciada aversión ante lo políticamente incorrecto (véase homosexualidad,
afroamericano, etc) da una vuelta de tuerca y nos recuerda que sólo él
puede encumbrar o enterrar a una figura. Felicitemos por tanto a Javier,
que se lo merece, leamos las novelas de Reinaldo Arenas reeditadas por
Tusquets, pero no perdamos de vista el que si esto es así, se lo debemos
a los sátrapas de los Grandes Estudios que como casi siempre dan una de
cal y otra de arena. Y en esta ocasión tocó la de cal.
Pero al margen de sus cualidades cinematográficas, conviene quedarse
con las literarias. La literatura de Reinaldo gusta, y mucho, a quienes
como él adolecen de igual condición, lo que lleva consigo el etiquetamiento.
Pero es una literatura limpia, posiblemente más de lo que debió de ser
su propia vida si hacemos caso de lo que nos cuenta Eliseo Alberto, también
escritor y cubano como él. No es el momento por tanto de visionar su vida
desde un punto de vista morboso, aunque seguro que los académicos no se
habrán visto imposibilitados para hacerlo. Es el momento de disfrutar
con sus novelas, y de observar cuando visionemos en video la "Gala de
los Oscars 2001" la sombra que sin duda planeará sobre el Patio de Butacas.
Porque a buen seguro, no me cabe ninguna duda de ello, que el propio Reinaldo
habrá asistido al acto, y se habrá reído un poco, por que no, de todos
aquellos que un día intentaron humillarlo bajo el apodo de marielito. |