Libretas secretas garrapateadas y páginas frenéticas mecanografiadas para tu exclusivo placer [1].
Pasear por una ciudad en la que se ha pasado mucho tiempo es como pasear con diversas imágenes fugaces casi tangibles que conforman tu vida pasada [2].
… no hay paso al menos sin un curso, una continuación, una secuencia, aquello que forja la estructura de toda historia. Una historia es un caminar, un curso, un itinerario, un cursus, y un caminar forma siempre una historia. (…) todo camino, todo caminar, e incluso todo caminar histórico no es forzosamente de tipo metódico, toda caminata no es método, metódica [3].
Construir una pared entraña más secretos de los que el común cree [4].
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados…[5].
Escribir no tiene otra función: ser flujo que se conjuga con otros flujos -todos los devenires minoritarios del mundo-. Un flujo es algo intensivo, instantáneo y mutante, entre una creación y una destrucción. Sólo cuando un flujo está desterritorializado logra hacer su conjunción con otros flujos, que a su vez lo desterritorializan, y a la inversa (p. 59).
Perder el rostro, franquear o perforar la pared, limarla con mucha paciencia, ésa es la única finalidad de escribir (p. 54) [6].
DISC-JOCKEY
I am a D.J. Soy un disc- jockey
I am what I play Soy lo que pincho
Can´t turn around, No puedo volverme atrás
No, can´t turn No, no puedo volverme
Around, no [7]. Atrás, no.
Advertencia: este recorrido textual no se inscribe, por una parte, en un metalenguaje especializado (si es que aún creemos que existen los metalenguajes), y, por la otra, no se matricula en un formato académico tradicional, sino que se despliega por una sinuosa vía transdisciplinar.
I. La letra de Bowie sugiere una estrategia textual de comunicación alternativa: escribir con el discurso de los otros. Pinchar es otra forma de decir-citando. En lo que expresa el cantante inglés está lo que proponía Walter Benjamin o, desde el terreno musical, las posturas estéticas de John Cage cuando utilizaba la cinta magnetofónica como un territorio para cortar y pegar… la música como un objeto con partes [8]. Caminar la ciudad leyéndola como un DJ (pienso en Road trip , la introducción al concierto de Portishead en Roseland New York ), o en la manera en que Bernabé Bernal pasea por las calles y memorias de Bogotá como un cartero sin cartas que entregar [9]; recorrerla como lo hacía Cortázar a París, deteniéndose a leer sus paredes, practicando una cartografía de la cultura como lo muestra la película [10] en la que el escritor argentino se acercaba a las inscripciones que encontraba en las paredes como un arqueólogo se relaciona con los petroglifos. Cada trazo, cada talla, es una ventana desde la cual leer el mundo del antes, del ahora y el después. No por nada Cortázar escribió un cuento titulado Graffiti [11], en el que los otros (que en términos de Lévinas serían: la viuda, el huérfano, el extranjero, es decir, aquellos que socialmente son los más vulnerables, los más desprotegidos y que por lo mismo requieren más ayuda, pero que son, precisamente, a quienes nuestra “democracia” menos atención les presta), se toman las paredes para expresarse. Son ellos los que, ante tanta injusticia, protestan desde una denuncia anónima, desde una creación sin firma, desde una estética de la destrucción condenada a desaparecer [12]. Los graffiti están escritos con el spray de lo efímero, muy pocos de ellos serán recordados. Pero aquello que se escribe en las paredes transforma esa realidad a la que alude y se dirige. Esas palabras, no se quedan en los límites de la pared, sino que pulsan registros de un afuera. La ciudad se reescribe desde una grafía del desastre y desde sus paredes que son confidentes, por ejemplo, de amores adolescentes que buscan rasguñar “la eternidad” desde un Yenny te amo , o son la plataforma política para elevar una denuncia: el TLC es una mierda, no se la coma … y es en esas trazas donde se plantea una comunicación-otra y una alteridad desde la comunicación. Bogotá está llena de graffitis que hacen de ella un libro abierto. Las inscripciones sobre las paredes son una suerte de exergos que les dan un tono a las calles.
Quisiera hacer un recorrido por esta Bogotá-grafiteada a partir de pequeños excursos para leer sus paredes desde más de un ángulo y desde más de un camino. Flecos, retazos, ideas inconexas, fragmentos de escritura atisbados desde la ventana de una buseta o en el caminar la ciudad.
II. Baudelaire, Cortázar, Benjamin, viajeros por calles, plazuelas y callejones… este es un recorrido por palabras, imágenes, sueños, citas, graffitis de una ciudad que se inventa y se borra a cada instante. Comencemos: l a lectura y la escritura son caminos para viajar y descubrir nuevos territorios.
Sería preciso meditar en conjunto la posibilidad de la ruta y de la diferencia como escritura, la historia de la escritura y la historia de la ruta, de la ruptura, de la via rupta , de la vía rota, franqueada, fracta , del espacio de reversibilidad y de repetición trazado por la abertura, la separación y el espaciamiento violento de la naturaleza, de la selva natural, salvaje, salvamento ( sauvage, salvage ). La silva es salvaje, la via rupta se escribe, se discierne, se inscribe violentamente como diferencia, como forma impuesta en la hylé , en la foresta, en la madera como materia; es difícil imaginar que el acceso a la posibilidad de los trazados camineros no sea al mismo tiempo acceso a la escritura.
(Jacques Derrida. De la Gramatología . Buenos Aires, Siglo XXI, 1971. Traducción rectificada) [13].
Uno abre, por ejemplo, Las pinturas de Willy, de Anthony Brown, y de pronto se está inmerso en La torre de Babel (Pieter Brueghel, el viejo) recreada por la mirada poética-infantil [14] de este autor que deviene mono. L a lectura y la escritura, en este sentido, son sendas de creatividad y para la creatividad. En la lectura el hombre se alimenta y crece en las infinitas posibilidades que ésta le ofrece para su realización. La lectura interviene y reescribe; como lo afirma Susan Sontag:
Escribir es practicar, con singular intensidad y atención, el arte de la lectura (…). Escribir consiste, a fin de cuentas, en una serie de licencias que uno se da a sí mismo para ser expresivo en ciertas formas. Para inventar. Para saltar. Para volar. Para caer. Para encontrar tu propia manera de narrar y de insistir; o sea, para encontrar tu propia, íntima libertad [15].
La lectura es un camino para repensarnos, una invitación a experimentar con el pensamiento. La escritura, implica, en este sentido, un nomadismo de lecturas que proporcionen las herramientas vitales para la construcción de conocimiento. El andar y el desandar implican recorrer más de una vez el camino, es decir, reescribir o releer la ruta donde se cruzan y se tejen la escritura y la lectura, en cada una de nuestras historias personales y colectivas.
III. Había una fórmula lingüística en el Pasto de los años ochenta, practicada en la Escuela Anexa a la Normal Nacional , que se utilizaba para legitimar una acción brusca o salida de tono, como, por ejemplo, empujar a alguien o robarle unos dulces o las láminas de alguna planilla; entonces, el ladrón soltaba la siguiente frase: ¡pan coco! (… a propósito, gracias a la conversación que sostuve con Iván Daniel Valenzuela y José Fernando Duque, el pasado viernes, en la cafetería de la universidad INCCA, supe que aquí en Bogotá el santo y seña o el abracadabra era: ¡túmbilis ! [16]), y ya con eso, el robo o la perfidia de cualquier índole, quedaban oficializados. Otra expresión pastusa es la del chinchirimico o chichirimico que significa: lanzar al aire dinero, frutas o cualquiera otra clase de artículos para que se los disputen niños o cualquier grupo de personas [17]. Cabe aclarar que esa “dichosa fórmula” sólo la practicaban los niños de primaria y ese “ritual” discursivo no duró mucho tiempo, al menos en Pasto; narro esto porque deseo realizar una suerte de ¡pan coco! o ¡túmbilis! textual, para legitimar el juego de meterles un manotazo a los textos, pasando de un lado a otro, sin mayor explicación. Me voy a permitir, entonces, múltiples digresiones, sin preocuparme del todo por el afán de caminar sobre la carretera de la coherencia o, en todo caso, se trataría de articular “citas” adaptadas al mejor estilo tío Dirceo, quien compraba las gafas en un mercado de baratijas, o, para ver esto desde una imagen, lo que busco es recorrer la página con la actitud del que camina la ciudad sin el afán de llegar a un lugar en particular; caminar sin método como lo hacen Enrique Bunbury y Carlos Ann, quienes se echan a andar al lado de Leopoldo María Panero [18] . Por lo pronto, y para pasar a otra acera, no vendrían mal unas palabras del poeta:
La Locura se puede definir, muy brevemente, como una regresión al abismo de la visión o, en otras palabras, al cuerpo humano que ésta gobierna. En efecto, la zona occipital, que regula el desarrollo de la visión, controla, según mi hipótesis, el cerebro, y el cerebro controla todo el cuerpo. De ahí que sea tan importante lo que Lacan minimizaba como “inconsciente escópico”, y esa mirada a la que el dicho psicoanalista apodara “objeto a minúscula”. Por el contrario, la mirada es un infinito. Contiene imágenes en forma de alucinaciones que son lo que Jung llamara “arquetipos” y Rascowski “visión prenatal”. Ferenczi habló del inconsciente biológico: por muy increíble que parezca, ése está contenido en la mirada en forma de alucinaciones. La magia, el inconsciente antes de Freud, lo sabía: “Fons ocultus fulgur”. Freud también decía que el inconsciente se crea a los cuatro o cinco años; en efecto, los niños padecen dichas alucinaciones de una forma natural… [19].
Locura, por lo pronto, la de tantos maestros de la acrobacia de este país, que según el presidente Uribe gozan por tantas buenas acciones de su gobierno como, por ejemplo, la ley de transferencias [20]. Si bien antes eran los estudiantes los que padecían, mayoritariamente, el terror del aparato escolar, en los últimos años, aquí en Colombia, es el profesor el que se ve atado al temor de ser destituido de su cargo por alguna queja de sus estudiantes (que al ser clientes, siempre tienen la razón… el estudiante es el que paga, y quien pone la plata, impone las condiciones). El profesor, sobre todo el de instituciones privadas, enfrenta el poder de las directivas, que todo el tiempo lo están vigilando, y el de los estudiantes (que al menor “error” corren a acusarlo ante los amos del plantel). Esta situación no me la han contado, yo la he vivido. El profesor está en medio de un sandwich de poder, en donde al menor descuido pierde su empleo; debajo de su curriculum vitae , existen millares de hojas de vida de docentes desempleados que, en plena desesperación, estarán dispuestos a regalarse a trabajar en condiciones paupérrimas.
Mis compañeros de facultad mayoritariamente se han convertido en profesores, con todo lo que eso acarrea: hablar a toda hora del colegio, andar quejándose de los muchachos, que ni siquiera sus propios padres se los aguantan , estar todo el tiempo inconforme (y ¿cómo no?): ¡con esos sueldos!… Comenzar a hablar con la retórica institucional de la educación y al tiempo expresarse con el sociolecto de los alumnos. El otro día le escuchaba a una profe decir: ¡ese pirobo de coordinador académico sí es que es mucho lo gonorrea!, esta mañana salió con que si hoy no le entregaba los logros de la semana de recuperación, me iba a poner un memorando; no dije nada, pero me provocaba decirle: ¡ponémelo no más, pichurria hijueputa! Y agregaba: … para completar, el coordinador de disciplina o guachimán de ese chuzo, de cuyo nombre no quiero acordarme , nos decía en la última reunión que dizque nosotros somos docentes investigadores; ¡lo que nosotros somos es una parranda de coimas sometidas y abnegadas! Es que ser profe en Colombia es estar condenado a la mendicidad. Los sueldos no alcanzan. Y más que trabajo académico, nosotros losteachers nos la pasamos es buseteando, corriendo , cual locas en carnaval, de un lado para otro, dictando clase para redondear un salario medianamente “honorable”. La transdisciplinariedad, sinceramente, en estas condiciones estaría en: 1) comprarse una caja de embolar y ofrecerles los servicios a los estudiantes, 2) entrar al salón con un chaleco de “llamadas a celular”, y, 3) conseguir un retablo en el que se vendan pasabocas, chicles, mentas, cigarrillos, etc., y todo: ¡para sacar, al menos, lo del hijueputa transporte!… o, qué hacer… acaso, pensar para ir más lejos…
Mañana mis compañeros del Gimnasio Ronny Yu, se levantarán a las cuatro de la mañana para estar a las seis en la puerta del colegio revisando las maletas de los muchachos. A las siete sonará la chicharra y todos saldrán de la sala de profesores a que los estudiantes los vuelvan mierda durante ocho horas. Y como si eso fuera poco, los directivos del plantel estarán pendientes de que si, por ejemplo, la profesora Isabel colocó la caneca de la basura en los escalones, o si el profesor Henry hizo bajar a todos los muchachos al patio, o si la profesora Silvia se demoró más de la cuenta almorzando… en fin, cualquier error, por mínimo que sea, ellos lo aprovecharán para amedrentar a los docentes que, como estos amigos, necesitan llegar como sea con algo de plata a final de mes. Después de haber estado en el Ronny Yu, uno ya está preparado para instituciones estilo:
Gimnasio Campestre Carlos Castaño.
Colegio Psicopedagógico Hannibal Lecter.
Claustro Moderno Pedro Antonio Marín.
Instituto Experimental Ilse Koch .
Los compañeros del Ronny ¡sí que saben de malos tratos! Ellos sí comprenderían lo que es estar borracho de sueño a las tres y veinte de la mañana, mientras se escribe el “logro” de Nathalie Sarmiento en el último recuadro del último periodo “académico”: inscribe su biografía en las travesías interpretativas por los textos propuestos, concibiendo nuevos sentidos y diferentes maneras de releer a los autores canónicos de nuestra literatura latinoamericana . Momento justo en el que te acuerdas que dentro de unas horas en el Comité Pedagógico, “la doctora” va a revisar las carpetas correspondientes a competencias y estándares… y quisieras tener otro empleo donde al menos te traten bien… pero no, no lo tienes por lo cual mañana tienes que ir… y a sí, había aterrizado en un corral donde una recua de desadaptados eran conducidos, administrados y vigilados por una caterva de estoicos docentes que tienen que gritarlos (aunque no muy duro) para convertirlos, supuestamente, en hombres de bien, aunque a estas alturas de la bajeza no se sepa qué es ser “hombre” y mucho menos de “bien”.
Edificaciones laberínticas. Yo adentro de ellas. Corredores de ladrillos. Me veo después cerca del barrio la Perseverancia. Estoy con mis padres y mis hermanas. Mi mamá me daba a cuidar una bebé muy bella y yo sentía la necesidad de protegerla. Ella, la bebé, era Kate Moss (1974) y en ese instante sabía que el tiempo desde nuestra concepción lineal de Occidente es una trampa [cómo no acordarme, a propósito de esto, de series de televisión tan buenas como: Sapphire & Steel ( Peter J. Hammond , 1979-1982 ) , Voyagers! ( James D. Parriott , 1982-1983, con el fallecido actor Jon-Erik Hexum ), Sliders ( Tracy Tormé y Robert K. Wells, 1995-2000), Quantum Leap ( Donald P. Bellisario , 1989-1993) Heroes ( Tim Kring , 2006)] . Pensaba, en el sueño, que podía llamar a Kate, a la grande (a la supermodelo que posó para Lucien Freud -2005- o en la que Marc Quinn se inspiró para su esculturaSphinx -2006- o la que acompañó a Primal Scream en Some Velvet Morning - Dirty Hits , 2003 -) , para que ella se cargara a sí misma. Pero, cómo era posible que la mujer exitosa que vive en Europa y que tiene casi mi misma edad, yo la tuviese, ahora, simultáneamente, en mis brazos… eso no lo sabía, pero entendía que si, por ejemplo, don Ramón Valdez ( 1923 - 1988 ) podía seguir vivo en El Chavo , por qué yo no podía cargar una estrella del modelaje… todo esto me hace recordar, ahora, el argumento de Back to the Future (1985), en el que Marty McFly (Michael J. Fox), se encuentra con su madre Lorraine Baines McFly ( Lea Thompson ), en 1955, cuando esta es una adolescente… se opera un pliegue en el tiempo y el viajero se encuentra con sus padres, antes de que estos se enamoren. Esta idea la desarrolla, por otra vía, Kate & Leopold ( James Mangold , 2001) y desde otra dimensión, Alejandro Jodorowsky en Donde mejor canta un pájaro (1992) y El niño del jueves negro(1999)… otro ejemplo de esto aparece en la máquina del tiempo creada por Wolf, el protagonista de La hierba roja (1950) de Boris Vian. Por lo demás, en la vida de cada día, estamos atrapados por el flujo temporal, pero es posible viajar en el tiempo. La máquina inventada por el escritor británico H.G. Wells existe realmente. Sencillamente, se encuentra entre ambos oídos [21]. Todo esto tiene que ver con la experiencia de volverse a encontrar con uno mismo, en un contexto específico, pero en circunstancias diferentes como, por ejemplo, ver un episodio de Profesión peligro (The Fall Guy , 1981) en compañía de la esposa y de los hijos, y en medio de las acrobacias de Colt Seavers, decirse en off : ¡cuando niño, qué me iba a imaginar estar en estas! … entonces, volviendo al sueño, caminaba llevando a la bebé Kate y pensaba en comprar leche y galletas y así tener algo para la noche… entraba en la cafetería que está en Las Torres del Parque (Rogelio Salmona), pero, en ese instante, cambiaba de opinión y pensaba que lo mejor era invertir ese dinero en pañales. Por estas asociaciones de ideas, creo que los graffitis son zonas, y sobre todo, naves del tiempo, que nos conducen a otras épocas y lugares. Hace algunas semanas Félix de Bedout comentaba en La W que en Buenos Aires en los años ochenta había un graffiti que rezaba: Videla devuélvele la mamá a Marco [22].
La historia de Marco se desarrolla en Génova, Italia (ciudad donde nace Marco). Luego, su madre (Ana Rossi), por problemas económicos, debe trasladarse a Buenos Aires (Argentina); pasa el tiempo, pero Marco no tiene noticias de su madre, por lo que decide ir en busca de ella atravesando el Atlántico. En ese momento comienza una serie de historias para Marco, la mayoría tristes, seguro que alguna vez lloramos viendo este dibujo animado [23].
En Colombia los “Marcos” y las “Anas” abundan generados por tantos años de guerra, de secuestros, de desapariciones, de masacres. Una población de desplazados camina por las ciudades mendigando en los semáforos mientras (como lo cantara Violeta Parra), arriba quemando el sol . Entonces, muchos, al ver tanta ignominia, buscan las paredes como los muros de las lamentaciones para escribir un grito y expresarse:
Uribe reelecto y al pueblo por el recto
Universidad Nacional
No al TLC sumercé
Universidad Nacional.
No reelección Plan Colombia
Calle 48 con carrera 7.
La liberación no es terrorismo
Carrera 7 con calle 23.
Uribe hp no tengo miedo
Carrera 4ª A con calle 24.
No TLC sí ALBA
Carrera 7 con calle 28.
Cuidado con los paras
Calle 20 con carrera 7ª.
Mentir mentir y mentir
Carrera 13 con calle 13.
Marx-Che-Mos
Debajo del puente de la 26.
No más Uribestias
Av. Ciudad de Cali con Av. de la Esperanza
La lucha del hombre contra el poder, es la lucha de la memoria contra el olvido
UNAL.
¡Presidente Uribe… desmovilícese! ¡Colombia y su familia lo esperan!
UNAL.
Los estudiantes no somos terroristas
26 con calle 14.
Para no morir, no fallar, no callar
Av. Caracas con 26.
Esta mierda no es democracia
Cra. 7 con calle 16, al lado del Casino Club.
Ni perdón ni olvido
Cra. 7 # 18 – 03.
Cartagena no se vende ECOPETROL no se vende
Av. 68 con calle 26 sur (junto a Home Center).
Reelige el desempleo
Carrera 30 con 19.
Pueblo güevón, reeligieron a su dictador
UNAL.
No más Cacolombia
UNAL.
Mambrú se fue a la guerra y lo secuestraron…
Cra.30 con 45
A los militares habrá que hacerles un monumento pero encima
La Candelaria.
Uribe fascista, usted es el terrorista
Carrera 7ª cerca del edificio de Avianca.
RCN- Ni nuestra, ni tele
Cra.7ª con calle 24.
IV. Bogotá, mi ciudad interior, palpita, entretejida con textos, imágenes, canciones, y en los últimos días también con los pasos del profesor Gustavo Moncayo, quien ha movilizado la conciencia de un país adormecido por tanto reality y tanta mentira estatal. Este querido educador ha entrado a Bogotá, para acampar en la Plaza de Bolívar, trayendo consigo una cita, un exergo de todos esos colombianos secuestrados por esa enfermedad terminal autodenominada eufemísticamente FARC. Las cadenas que porta el profesor Moncayo hacen parte de esa otra Colombia que en los noticieros sólo se asoma tímidamente, en tacañísimas secuencias de tiempo que no se conduelen con tantos desaparecidos, amenazados, secuestrados, desplazados, desempleados y olvidados por un sistema autosatisfecho de sus cifras y estadísticas, mientras que las franjas dedicadas a los deportes y a los chismes de los famosos abarcan más del sesenta por ciento de los “noticieros”. El profe Moncayo, decía, ha entrado a Bogotá y a su plaza central, que ha sido intervenida por la dignidad de una de las miles de víctimas que le recuerdan al pensamiento light del macrotriunfalismo progresista-arriero que estamos lejos de una democracia incluyente, pluralista, hospitalaria, participativa, que ofrezca las mínimas solidaridades y oportunidades a sus hijos más necesitados. El profesor Moncayo es una grafía de honorabilidad que ha hecho de su travesía un acto de resistencia frente a tanta estupidez e indiferencia, frente a tanto conformismo borreguil y tanta indolencia disfrazada de ultracorrección política. El profesor nos ha recordado las gestas de los antiguos profetas que llevaron a sus pueblos lejos de sus cadenas; él ha revivido la tradición de los caballeros andantes que hicieron de sus pasos sendas para la lucha por la libertad. Su trasegar es el de don Santos Ccoyoccosi Ccataccamara, el viajero a quien Arguedas le dedicaEl sueño del pongo . Supongo que si el educador hubiese llegado hasta Bogotá en flota o en avión, nada hubiese pasado. Pero su marcha fue una lenta y elaborada escritura que despertó la adormecida sensibilidad de los colombianos, acostumbrados a presenciar indiferentes la desgracia ajena condimentada con descomunales dosis de “realismo mágico” en formato de siliconas y bikinis. Si Walter Benjamin recorrió París, Berlín, la frontera entre Francia y España, intentando escapar del fascismo, el profe Gustavo Moncayo ha deambulado por un país anímico buscando ablandar el cuero curtido de los “defensores” de la democracia. Moncayo es un graffiti, una grafía ambulante, una errancia poética: un pongo, un huasipungo, un cronopio, un maestro que dejó el aula para hacer del camino una pedagogía de la no indiferencia. Qué orgullo decirle: PROFESOR, a Gustavo Moncayo, y qué grandes son sus pasos y su entereza espiritual. Por eso, me parecen injustas las apreciaciones que realiza Antonio Caballero al tratar a este docente de demagogo y medio por su debate, en la Plaza de Bolívar, ante Uribe. Después, advierte que el educador se retira en silencio pero cojeando con cierta ostentación , y de esta manera el periodista traduce el dolor y el normal cansancio en los pies del caminante, en una vulgar actitud de fanfarronería; Caballero, por lo demás, minimiza la acción heroica de Moncayo, al afirmar que su gesto, sin duda por pura casualidad, por falta de tema o por gusto por el pintoresquismo, cayó en gracia de los noticieros de televisión, que lo filmaron … Entonces, desde este miope juicio inquisitorial, la ardua travesía queda reducida a un simple y tosco “pintoresquismo”.
Considero que este señor, desde su dogmático y cómodo escepticismo banaliza y se burla del dolor del profesor Moncayo al meterlo dentro de un mismo costal, que, ligera e irresponsablemente, llama circo y show . El dicho que reza: ¡al caído, caerle!, ilustra bien la actitud del autor de Sin remedio , que sin respetar el sufrimiento de un padre que padece la atroz criminalidad de las FARC, se ensaña contra el educador (queriendo hacer un ostentoso alarde de “inteligencia” analítica), poniéndolo en ridículo al decir que su discurso fue largo y repetitivo, confuso y enrevesado … mucha falta de caridad de este amante de las fiestas taurinas, que descree de los argumentos de un padre que ha tenido diez largos años de estar pensando en el flagelo del secuestro, y considera que no va a tener la suficiente lucidez (que efectivamente la tiene, y de sobra) para cuestionar el discurso arrogante de Uribe… Caballero está muy agotado de solazarse en su molicie nihilista y por eso desde su encumbrada lucidez analítica descalifica al educador y trivializa y deslegitima, de paso, a la “muchedumbre” que para nada, como lo afirma él, quería robar cámara para salir en pantalla ; porque esa “muchedumbre”, entre la cual yo estuve, lo que hizo fue expresarse elevando sus voces de protesta… pero nadie tenía la pretensión de salir en televisión para que los de la casa lo vieran… ninguno de los allí presentes era tan imbécil o cretino, como lo quiere hacer ver Caballero, para utilizar el dolor del profesor Moncayo con el fin de chupar cámara. No creo que el sainete que pretendió montar Uribe haya opacado la seriedad y el drama que denuncia el profesor, y por eso considero que el show , si bien se quiso montar, el rostro, las cadenas y la gravedad de los hechos que encarna el profesor Gustavo Moncayo no permitieron vershow en donde sólo había frustración y tristeza. Creo que el show está más en la cabeza de Caballero, quien ridiculizó a un hombre que tuvo la entereza espiritual y física de caminar 1.187 kilómetros para interpelar al escepticismo cruel y alcahuete de muchos colombianos que, como Caballero (en este artículo), tratan de mofarse de una cruda realidad que no da para la desfachatada indolencia. Qué cruel y grotesco y mezquino que el señor Caballero haya querido presentar al educador como un embaucador que utiliza las más burdas estrategias del kitsch telenovelesco para persuadir a los espectadores: Moncayo, ante las cámaras, se limitaba a alzar en silencio su cadena simbólica, y a veces dejaba escapar una lágrima … con esta aseveración, hace ver el padecimiento de este hombre como una comedia barata y fríamente calculada. La torpeza afectiva de Ignacio Escobar (en Sin remedio ), ese hombre reseco y egoísta, pareciera ser que fue la que determinó el lugar enunciativo desde el cual se leyó al profesor Moncayo… o si no, cómo entender estas líneas tan infames que quieren descaradamente mostrar al docente como un sensiblero y manipulador: … el profesor Moncayo se contentaba con sollozar sin ruido abrazado a su mujer …. Señor Caballero, ningún “contentaba”, este hombre (a diferencia de muchos mal llamados “hombres” que traen hijos al mundo para dejarlos tirados como basura), ha luchado durante diez años por rescatar a su hijo y devolverlo a la libertad… pero me extraña de usted, a quien respeto y leo desde hace varios años, por su valentía y lucidez, salga ahora con un “análisis tan irracionalmente racional” y ridiculice a un caminante que con sus pasos les ha metido una trompada a tanta malevosidad y corruptela política. Pero, me pregunto, ¿qué querías, caballero, delmodesto profesor de colegio de provincia ? Acaso que fuera más reservado, abnegado y sumiso ante el arrogante presidente, o que no llorara, o que tal vez no cojeara sino que hubiese salido dichoso caminando hacia su cambuche con el pasito chévere de los Pitufos? Si el profesor lloró, ese es un “discurso”-otro que habría que meditarlo desde una política de la solidaridad y no desde un vi(ri)l análisis que disecciona en el potro de la inteligencia el dolor del que llora a un ausente.
Esta mañana, 9 de agosto, escuché en las noticias al canciller Fernando Araújo declarando que el acuerdo humanitario era una concesión a las FARC y que él en sus diarios de secuestrado había hecho más de una anotación en la que prefería seguir retenido a dar paso a un acuerdo, porque primero estaban los intereses de la nación antes que los intereses individuales. Bueno, suponiendo que eso sea verdad, Araújo no puede pretender que, por una parte, el resto de los secuestrados necesariamente tengan que pensar como él, y, por la otra, que todo el país y la comunidad internacional tenga que percibir el acuerdo como un sometimiento ante las huestes de Tirofijo… el acuerdo, señor Araújo, es un acto de mínima solidaridad ante el dolor de cientos de familias que aún esperan ver a los suyos de regreso en casa, pero no en bolsas de polietileno, sino vivos.
Este gobierno ha creado un sofisma de distracción y es el de hacerle creer a la opinión pública que todo aquel que no esté con el uribismo es un colaborador del narcoterrorismo de las FARC, y que aquel que disiente de la manera como se ejercen “las razones de estado” es un apátrida terrorista camuflado de civil… es patético ver, por ejemplo, cómo se trata a aquellos que denuncian una realidad que no han creado pero que, reitero, se los trata como si fueran los responsables de los delitos que precisamente están sacando a la luz para solicitar justicia. Las cadenas del profesor Moncayo, en este sentido, no sólo son las de los secuestrados, sino también de todos aquellos que tienen amordazadas sus voces y conciencias por cadenas más sutiles, impuestas por la falta de educación y básicas oportunidades, pero tan efectivas como las que imponen los delincuentes de las FARC.
Este gobierno se ha identificado con la figura agresora y en su empeño de combatir a los terroristas se ha llevado por delante el clamor nacional de aquellos que quieren un acuerdo humanitario no con las FARC, sino, para y con las víctimas del secuestro. El país requiere un acuerdo humanitario que privilegie el retorno de tantos policías y militares que defendieron a esa “democracia” que ahora les da la espalda, a esos políticos que como Ingrid Betancourt o Guillermo Gaviria, el ex gobernador de Antioquia, se internaron en el monte para buscar una salida a esta guerra fratricida, y, en general, a todos aquellos colombianos que han sido tomados como piezas de un “juego” aberrante y macabro… ante ellos y para ellos hay que hacer una concesión urgente e inmediata para no repetir la trágica historia que narró García Márquez enCrónica de una muerte anunciada . Todos somos guardianes de nuestros hermanos y hoy, más que nunca, todos esos hermanos (que están encaletados en las montañas hechas de pesadillas), nos necesitan, por eso repudio el texto de Caballero, por insolidario ante el profesor y ante las víctimas del secuestro, y elevo una voz de protesta ante el presidente Uribe para que despeje su hiperbólico corazón, porque no se trata de no darles a los terroristas ni un milímetro cuadrado del territorio , sino de otorgarles a los secuestrados los miles de kilómetros que tiene el planeta.
V. AIN’T NO CURE FOR LOVE
I loved you for a long long time
I know this love is real
It don’t matter how it all went wrong
That don’t change the way feel
And I can’t believe that time’s gonna heal This wound that I’m speaking of
There ain’t no cure for love [24].
El primero que se enamora pierde
Calle 86 Nº 46b – 32. Barrio Kennedy Gran Colombiano.
Cada día te quiero más que ayer
CR. 64 A N 31-09. Barrio Carvajal.
Quién te asegura que tendrás tiempo para demostrar lo que sientes
Calle 72 b Nº 36-24 sur Barrio El Carmelo.
Mi niña, lo que siento va más allá de las paredes
Diagonal 37d con transversal 73c bis. Barrio Kennedy.
El primero es el comienzo de nuestro cuento de hadas
Calle 41 con diagonal 40.
Flaca perdóname te amo. Pipis.
Calle 68 B 80 25.
Bibiana y Jhon por siempre
Calle 54 Sur 78 B.
Juan me siento tan mal de haberte querido ¡púdrete!
Calle 34 con calle 6ª.
Te amo aunque mi papá no te quiera Raúl
Carrera 30 con calle 45. Si mi consulta en el diccionario enciclopédico no erró, un Julio es el resultado de un vatio por un columbio o, lo que es más o menos lo mismo, el producto de la potencia equivalente al número de unidades prácticas de fuerza electromotriz por el de amperios y esto multiplicado por la cantidad de electricidad que, pasando por una disolución de plata, separa la sexagésima parte del minuto o 0,001118 g . de este metal. Pero, ¿qué pertinencia tendría hablar aquí de un Julio dentro del campo de la electricidad? Pues, no tendría ninguna… si no apelara, otra vez, al diccionario y “descubriera” que la palabra electricidad viene del griegoelectrón que significa ámbar , y esta palabra a su vez conlleva los sentidos defrotación , atracción , aroma y, de alguna manera, fluidez .
Atracción en Julio Cortázar ya no implica necesariamente la ley de Newton, porque Julio exploró el azar. Ese azar que operó entre La Maga y Oliveira, entre Hopscotch(1980), la película protagonizada por Glenda Jackson, y Queremos tanto a Glenda(1980) [25]; ese azar que evitó que, el 27 de noviembre de 1983, Julio Cortázar tomara el Boeing 747 de Avianca en el que fallecieron Martha Traba, Ángel Rama, Manuel Scorza, entre otros escritores, que participarían en un congreso en Bogotá.
Julio, unidad de potencia lúdica equivalente a una excursión hacia una cronopial cotidianidad, hacia una reinvención de los días desde una óptica revitalizadora. Julio, potencia de vida, manifestación de electricidad para hacer nacer a un lector nuevo. Julio, columpio para percibir el tiempo y el espacio más allá de horarios y oficinas.
¿Por qué el tema musical de Leonard Cohen?, porque, entre otras razones, su apellido recuerda la voz hebrea “cohén” que significa adivino , hechicero , atributos que tiene Cortázar. Además, porque Cohen es paisano de Carol Dunlop. Porque, según Ricardo Bada, Julio es una de las pocas personas que han muerto de amor y de tristeza y de soledad, en un cóctel mortal de necesidad [26]. En una carta escrita a Evely Garfield, el 13 de abril de 1983, Cortázar anota: El 2 de Noviembre perdí para siempre a Carol, después de tres meses de hospital y de inútil esperanza. Perdóname que no pueda escribir más, estoy tan vacío y tan perdido [27]. Porque, en fin, en Casa tomada , el hermano de Irene expresa: Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar, se puede vivir sin pensar . Pero, a este respecto, habría que preguntarse con León Tolstoi, por la vía de Solschenizyn, ¿Qué necesitan los hombres para vivir?, a lo que Yefrem Podduyem, quien está leyendo el cuento de Tolstoi, responde: … el amor… [28] o como lo canta Fito Páez: Nadie puede y nadie debe vivir sin amor… [29] o como lo expresa Oliveira: … como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio [30]. Lévinas ha escrito: El amor apunta al Otro, lo señala en su debilidad . (…) Amar es temer por otro, socorrer su debilidad. En esta debilidad, como en la aurora, se levanta el Amado que es la Amada [31]. En Cortázar, el amor es la posibilidad de inventar un kibbutz en el que se de la antropofanía. No por nada, el enormísimo Cronopio fue al cementerio de Montparnasse para llevarle Autonautas de la cosmopista a Baudelaire. Quizá, esa noche hablarían de Carol. Años después, como lo relata Ricardo Bada, en el texto citado, los visitantes del cementerio Montparnasse dibujarían rayuelas y jugarían a saltar. Inscribirían sus pasos entre una de la ficciones más bellas, complejas, trágicas y por sobre todo lúdicas de la literatura hispánica.
VI. Lo que está presente, entonces, en el graffiti es la libertad del trazo, las líneas que se encuentran en la superficie, las palabras que vuelan y fisuran la pared o el suelo. El límite que supone un muro es el contexto para dar paso a un microuniverso que amplía las posibilidades del que se expresa como del que lee. Las paredes se convierten en territorios de desahogo en los que la gente se caga en todo; esto lo digo en relación con la nota que escribiera Derrida en Espolones , sobre la estructura misma de la signatura (la signatura/cae) descalifica la forma de estas cuestiones , en la que se reseña a pie de página lo siguiente:
La signatura y el texto caen uno fuera del otro, se segregan, se separan y se excretan, se forman a partir del mismo corte que los decapita, los transforma en tronco sin cabeza desde el instante de su iterabilidad. Ahora bien, ésta comienza, los comienza por la expropiación y marca todo aquello que erige con una estructura de cagajón.
“ Cagajón (é-tron), s.m. Término grosero. Materia fecal consistente y moldeada (…).stronzo , cagajón, y stronzare , cortar; bajo latín, strundius , struntus ; flamenco,stront , inmundicia, basura; del alemán strunzen , trozo cortado; del alto alemánstrunzan , desgajar cortando: propiamente aquello que se desecha”. Littré.
Este es el lugar apropiado para algunos graffitis suplementarios [32]. Supongo que la persona que se decide a escribir una imprecación contra el gobierno (poniendo en riesgo su integridad física) o manifestando un sentimiento ante los transeúntes es porque experimenta la necesidad urgente de descargarse, de sacar lo que lo posee.Cuando se me sale la mierda … es una expresión del español hablado en Colombia, que denota la presión irrefrenable que alguien siente de decir o hacer algo, sabiendo que desde los teóricos de los actos de habla, todo decir es un hacer. Seguramente los que escriben en las paredes, quizá como un último recurso de ser oídos-leídos, es porque ya se les saltó la mierda. La grafía se transforma, entonces, en una tecnologíaescatológica para alcanzar a más de uno, para que ese cuerpo coprológico, como en la película Trainspotting , salte y toque la cara de más de uno, para que la mierda no se quede adentro sino que se vuelva discurso que intervenga, interpele, cuestione, denuncie, provoque, incomode, toque, sacuda y despierte a más de un sonámbulo, zombi, autómata que anda por las calles ensimismado y embebido en el Ipod de su egolatría: … que vive aquí como se vive en un hotel [33]. Ernesto Sabato, a su vez, en Sobre héroes y tumbas , anota:
Como en otras ocasiones, la nerviosidad me produjo un urgente deseo de ir al baño. Entré en la Antigua Perla del Once y me dirigí al excusado. Es curioso que en este país el único lugar donde se habla de Damas y Caballeros sea el lugar donde invariablemente dejan de serlo. (…) Mientras me acomodaba en el infecto cuartucho, confirmando mi vieja teoría de que el cuarto de baño es el único sitio filosófico que va quedando en estado puro, empecé a descifrar las enmarañadas inscripciones. (…) “El reverso del mundo”, pensé.
Como en las páginas policiales, ahí parecía revelarse la verdad última de la raza.
“El amor y los excrementos”, pensé.
Y mientras me abrochaba, también pensé: “Damas y Caballeros” [34].
La mierda incomoda, entre otras razones, porque nos recuerda que todos cagamos. La mierda, en cierto modo, nos iguala. Algunos graffitis son un recorderis de la mierdosa situación en la que estamos, de las mierdas que están ocupando cargos desde los cuales se toman las decisiones que perjudican a millones de colombianos, y, las otras mierdas que los eligieron apertrechados en sus robustas y rubicundas ignorancias malintencionadas. Los graffitis, algunos de ellos, están escritos con la mierda, por eso tienen una fuerza de la que muchos escritores del actual panorama nacional carecen, porque ellos tan respetables, tan vedettes , tan políticamente correctos y tan jet-set , jamás dejarían entrever sus vísceras, si es que las tienen. Escritores: anémicos y reumáticos de espíritu, que escriben baladitas de amor descafeinado, aderezado con crema chantilly de novela negra, para ofertar un producto listo para consumir en una plácida y amena tarde de domingo. A propósito de esto, Charles Bukowski escribió:
Sabía cuál era su problema: No podía llegar hasta la máquina de escribir (…). Bueno, por lo menos, podía defecar.
Martin se limpió, miró hacia abajo, tiró de la cadena mientras pensaba: el límite entre escribir y defecar es una línea muy fina…
Escribir te empuja a espacios aéreos, te convierte en un extraño, en un inadaptado. No es raro que Hemingway se volara los sesos por encima del zumo de naranja. No es raro que Hart Crane se tirase a la hélice, no es raro que Chatterton se tomara un matarratas. Los únicos que continuaban eran los que escribían best-sellers, y ésos no estaban escribiendo, ésos ya estaban muertos [35].
Existe una íntima relación entre defecar y escribir. Si un hombre no defeca se muere, para un escritor, no para un profesional de las letras, el acto de escribir es tan vital e importante como el de cagar. Por lo demás, tanto la escritura como la mierda son secreciones que se desprenden del cuerpo, que se expulsan para que ese cuerpo pueda vivir. La escritura es una práctica chamánica, y una relación entre estas estaría dada en que el lápiz y la wuaira sacha son elementos propiciatorios para una sanación. Tanto la wuaira como el lápiz raspan, tallan el alma para liberarla de las cargas del pasado, porque para aprender a vivir se necesita aprender a olvidar(Nietzsche). Artaud, en una carta escribe:
Queridos amigos,
lo que habéis tomado por mis obras no eran más que los desperdicios de mí mismo, eran raspaduras del alma que el hombre normal no acoge [36]. Existe una diferencia entre aquellos que toman la escritura como una suerte de herramienta para trabajarla como profesionales, y aquellos que escriben para curarse y sanar a una colectividad [37]. Esta diferencia la reflexiona José María Arguedas cuando distingue a los escritores que escriben por amor [38] de aquellos que escriben por puro profesionalismo [39]. Lo que está implícito aquí no tan sólo es lo de escribir bien [40] desde un punto de vista estilístico, prescriptivo, normativo, sino qué potencias invoca e involucra esa escritura. Antonin Artaud escribió que toda escritura es una porquería[41]. Toute l´ écriture est de la cochonnerie [42].
Todo lo que huela a mierda
Huele a ser.El hombre bien hubiera podido no cagar,
No abrir el bolsillo anal,
Pero eligió cagar
Del mismo modo en que debió elegir la vida
En vez de consentir en vivir muerto [43].
En todo caso, me interesa mezclar estas dos instancias como componentes de una terapia para el cuerpo, y la vida de ese cuerpo (social o individual). Recordemos que Horacio Oliveira, poco después de haber discutido con La Maga , sale a recorrer la madrugada, y se encuentra con una clochard con la cual se acuesta debajo de un puente mientras beben vino. Oliveira realiza este acto como una manera de liberarse de un yo asfixiante; entonces, se acuesta con la clochard como una purga a sus piorreras metafísicas. Por esto, no es fortuito que en ese contexto recuerde a Heráclito, quien sintiéndose enfermo se entierra en un tonel de mierda para purificarse de sus males.
Heráclito se había hecho enterrar en un montón de estiércol para curarse de la hidropesía, alguien lo había dicho esa misma noche, alguien que ya era como de otra vida, alguien como Pola o Wong, gentes que él había vejado nada más que por querer entablar contacto por el buen lado, reinventar el amor como la sola manera de entrar alguna vez en su kibbutz. En la mierda hasta el cogote, Heráclito el Oscuro, exactamente igual que ellos pero sin el vino, y además para curarse la hidropesía. Entonces tal vez fuera eso, estar en la mierda hasta el cogote y también esperar, porque seguramente Heráclito había tenido que quedarse en la mierda días enteros, y Oliveira se estaba acordando de que también Heráclito había dicho que si no se esperaba jamás se encontraría lo inesperado… [44].
Lo que hace el chamán, como lo que realiza un escritor, es elevar un canto que afirme la vida sobre las potencias de la enfermedad. Escribir, al igual que un estado de yagé, provoca lo que los taitas llaman una limpia . Las ficciones que escribe un artista son líneas de fuga por donde una cultura y una sociedad drenan el malestar, todo el dolor que se genera entre los hombres. Por esto, Gorki afirma que el escritor es el vocero emocional de su país [45], y, a este respecto, cuánta razón tiene Sabato al decir que todo escritor está condenado a soñar por una sociedad. Los sueños hacen que un hombre no se vuelva loco porque estos lo descargan del peso psicológico, del caldo adrenalínico que se ha generado durante el día. Y un escritor, como un chamán, está condenado a curar, tallar con su escritura un soplo de vida para aquellos que se acerquen a sus libros. Ser escritor o taita no es fácil, porque la misión de llevar un poco de vida a los hombres no es sencilla; un escritor y un taita no trabajan para su prestigio, su labor apunta al otro, ese otro que es todos los hombres.
Ciertos poetas, filósofos, artistas y escritores son, en este sentido, médicos de nuestra cultura. Ellos desde sus creaciones acompañan al hombre en sus travesías. Las palabras tienen poder de curar o enfermar: Pero yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio, pues por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado [46]. Eso lo sabe el centurión cuando le dice a Jesús: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi criado sanará [47]… Muchas veces una palabra de aliento podría devolvernos la fe, la confianza en nosotros y en la vida, pero desgraciadamente, esas palabras no abundan, por el contrario, las palabras que más prevalecen son aquellas que proporcionan dolor, enfermedad y muerte.
Esas palabras de vida están en boca de hombres sensibles como los niños o los poetas; pienso, por ejemplo, en Saint-Exupéry o Jodorowsky, que si se les permite entrar a nuestro cuerpo, nos pueden sanar. Es hora de invertir menos en droga y más en poesía.
VII. Hoy en Colombia, los noticieros de televisión CARACOL y RCN le rinden culto a la indolencia porque es espantoso ver la manera cómo, en estos espacios, terminan diluyéndose las masacres, los secuestros y las catástrofes en el hediondo mundillo de la farándula. El único “duelo” que realizan nuestros noticieros es el de exponer el cuerpo de mujeres que quieren escalar en la pirámide social indicándonos las generosidades de sus siliconas. Estos noticieros no tienen el menor respeto ante la muerte, ni ante los dolientes de esas muertes, que deberíamos ser todos.
VIII. Imagino a Valérie Tasso deambulando por su Paris la nuit (2004), por ese territorio cercano al que describe Virginie Despentes en Lo bueno de verdad (1998), o Lydia Lunch, en Paradoxia (1997), vagabundeando (en New York) por su The road to hell , como lo canta Chris Rea, o ese New York que celebra desde su garganta Nina Hagen. A todas ellas se les podría cantar Pachuco de la Maldita vecindad que dice: No sé cómo se atreven a vestirse de esa forma y salir así / En mis tiempos todas las mujeres eran serias no había punk . Pienso entonces en el caminar como una práctica estética y política; en este sentido, qué interesantes son las Bogotás narradas por los paseantes: ana´s ghost en suhttp://haygatoencerrado.blogspot.com/ o Louis enhttp://journalmalediction.blogspot.com/
Por otra parte, qué hembra pavisosa es Valérie, y, qué lejos ella, de Ana Santeli enGritaba la noche (1960), la novela de Juan Álvarez Garzón, aunque Santeli sin querer queriendo también encontró en las calles de Pasto, de principios del siglo XX, a sumachote matón [48], es decir, al negro Rentarín. Ana Santeli escribe a través de las manos de Álvarez Garzón unas Crónicas de motel (1982) pero desde una temporada en el sur del infierno. Dennis Robert, en La felicidad (2000), novela de puras folladas (como traducen los españoles), le hace una cuña a Nicholson Baker en Vox (1992) [49], textos de sexo venteado, tan alejados de las amarguras que tuvo que pagar Santeli por haberse enamorado de un hombre timorato en una sociedad y en una época goda, ignorante y pacata (exactamente igual a la de ahora). Libros de viajes como los que escribieran Cortázar y Dunlop en Los autonautas de la cosmopista(1983) o los Escritos autobiográficos de Walter Benjamin o Días y viajes (1991) de Paul Bowles o el interesantísimo Vida en los andes colombianos (1919)
[50] de Fortunato Pereira Gamba, que tan bien retrata a la sociedad colombiana desde su autocolonialismo mental (tal cual como ahora). Desde este zigzagueo leo los graffitis como suertes de aforismos, “haikus”, epífanos, “micronovelas” que retratanuna sociedad en una época determinada:
No dejes para mañana lo que puedes hacer Today .
Plaza de las Américas, en los baños públicos.
Un buen hoy vale más que dos mañanas
Compensar de la Primero de Mayo.
Qué luna tan poderosa
Av. 68 con calle 26.
Abre tu mente y explora el universo
Av. 37 Nº 72 -13.
Minimiza la envidia y maximiza el amor
Transversal 72 Nº 83-12.
Las estrellas son bellas por una flor que no se ve
Calle 17 con 3 Soacha.
ABORTA, puede ser ñero
Calle 13 Nº 18-30
Amor eterno Millos
Calle 41 D BIS A sur transversal 78.
América, zona roja
Calle 26 con Carrera 68.
Dios nos ha creado de la nada pero no para nada
Centro comercial portal de la 80
Jesucristo es la salvación
Barrio Santa Isabel.
Por nuestra vida dile no al aborto
Calle 143 No 47-41.
Cristo viene pronto
Dg. 64 A sur No 19-22.
Dios está muerto
Nietzsche
Nietzsche está muerto
Dios
Carrera 12 A con avenida 19 en el caño San Mateo.
Yo vivo por Santafé
Calle 63 b Nº 74 – 87.
El tiempo pasa el hambre queda
Av. caracas con 26
LA AFIRMACIÓN DE LA DISPERSIÓN [51]. Pienso en la diseminación y en el rizoma que se da en la travesía que describe Pablo Carbonell en Mi agüita amarilla . Quizá esto tiene que ver con María Isabel Granda Larco, conocida como Chabuca Granda, quien escribió La flor de la canela , interpretada, entre tantos otros, por Lucho Bowen, quien cantaba : Ahora que aún perfuma el recuerdo / Ahora que aún se mece en un sueño / El viejo río, el puente y we could steal time / Just for one day / We can be heroes / For ever and ever / What d´you say [52]… a propósito, a lgo ha pasado en el mundo desde que en un concierto la gente aplaude porque un man se les derrama encima; en efecto, los días 22 y 23 de agosto de 1998, en Berlín, Rammstein hizo vibrar a un público que terminó bañado en seudolíquido seminal. La escritura se difiere. Los graffitis son leídos por los deambulantes que son Pierre Menard. Cada graffiti constituye un aporte a una novela redactada en las paredes desde una lógica del puzzle , el zapping , el pulp , el cadáver exquisito , etc., como si un Joyce borracho la hubiese redactado ayudado de un Julián Ríos embasucado: amar sin ser amado es como limpiarse el culo sin haber cagado . La pola es la heroína de los pobres . Viva la revolución en Nepal . “La práctica de la docencia acaba” . Ovidio Decroly . Trabajar, trabajar y trabajar… pero dónde, dónde, dónde . Y mientras leo paredes, el olor de los orines (en ciertos andenes) me hace pensar en esa intersección de fluidos de spray y ácidos úricos: comunicación alternativa esa, como también la que gestaron Nick Cave y Kylie Minogue en Where the Wild Roses Grow[53], o Zappa y Lennon en Baby please don´t go , o la salvaje fuerza de Locus solusde John Zorn, o ¿qué tal Primus ? En todo caso, esa ácida lucidez y ese festivo desenfado es lo alterno en medio de tanto discurso mediático de densa y almidonada trivialidad, como, por ejemplo, en la radio: insomnia , La cama ( Los 40 principales ),El Gallo ( Radioactiva ), El mañanero ( La Mega ), El flow de mi tierra ( Oxígeno )Despertador de Tropicana ( Tropicana ), y, en la televisión tener que soportar los bodrios de Padres e hijos , Día a Día , Acorralada , por sólo mencionar unos pocos programas del canal Caracol o, Muy buenos días , Marido a sueldo, La hija del mariachi en RCN. Entonces, cómo elim inar ese absurdo mecanismo que nos coacciona; cómo librarnos de ese control remoto de lo ordinario. Hay que cortarle la cabeza a la medusa, decapitar el plúmbeo mundo sin mirarlo de frente, quizá practicando lecturas oblicuas como lo propone Sylvia Molloy.
Navegar en los sueños. Los alquimistas narraron sus experiencias y guardaron sus “visiones” en poemas. Visitar con el pensamiento. Influencias de Christiane Felscherinow [ ... Cuando David Bowie comenzó a cantar, el ambiente se encendió aún más y la excitación casi alcanzó los límites que yo había pensado. ¡Era algo de locura! El cantante entonó la canción It is too late ("Es demasiado tarde") (...) Creía que describía exactamente mi situación [54]], y Gilles Deleuze… uno se apercibe de que aquello que puede parecer un momento de debilidad es algo absolutamente necesario para que prosiga el experimento, la alquimia, y que no llegaría a la nueva revelación que a uno le deslumbra si no hubiese atravesado ese camino en el que no se comprende a primera vista la necesidad de tales o cuales desvíos [55]. Las experimentaciones, los caminos erráticos que llevan a lo inesperado, Bowie escribiendo la música para Christiane F ., las rutas de pensamiento de una adolescente que caminó por la Kurfürstendamn o de un brujo que devino en jaguar en una espesa selva de libros e intensidades afectivas. Caminar entonces la ciudad como una drogadicta o como un nagual. Leer los graffitis como emanaciones de una “cultura San Agustín” hecha de hip-hop, rap, marihuana, marchas estudiantiles, smog, aerosoles, girando como soles en las paredes. Graffitis máquinas que pulsan engranajes en los sistemas nerviosos del estado, de la señora a la que rayaron la fachada de su casa o del comerciante que se siente señalado de esmeraldero y paraco, algo que, por supuesto, él no es. Concebir la ciudad como una libreta garrapateada para tu exclusivo placer. Leer al país desde una escritura que mañana se borrará o, quizá es el país que se está borrando, desdibujando entre tanto “caso aislado”, entre tanto desempleo, entre tanto colombiano extranjero adentro y afuera de las fronteras nacionales envenenadas con alcohol, mentiras y glifosato.
Your blood is slower than sap
Colder then snow
I don’t know why I love you so
I’m setting my trap
I’m setting my bow
I want to hit before you go
I’ve put the seed of passion
On the head of my arrow
I only have to let it grow
Ill be growing without motion
In your heartless circulation
I don’t know why I love you so
I’m rooting in your chest
Donut you try to set me free
I won’t give you any rest
I’m patient as a tree
You’re sending birds to haunt me
But they fretch my evil seeds
You’re sending dogs to hunt me
But you re the one who bleeds
I´ll be growing without motion
In your heartless circulation
I don’t know why I love you so [56].
El lenguaje ni siquiera está hecho para que se crea en él, sino para obedecer y hacer que se obedezca [57] .
Las sirenas son la forma inasequible y prohibida de la voz atrayente. Ellas no son más que canto [58] .
El pasado viernes, me encontraba (en las horas de la noche) en la taberna Torre Isa, calle 12 entre carreras cuarta y tercera, diagonal a la biblioteca Luis Ángel Arango. Tenía una cita con un ex compañero de la universidad. Mientras lo esperaba, intenté hacerme al ambiente. Había unas mujeres lindas, pero todas acompañadas. Poco antes de las ocho, mi ex compañero me llamó al celular para disculparse porque no podía venir. Tan pronto colgué, pensé en salir, bajar hasta la estación Museo del Oro y devolverme a mi casa. Hasta ese instante me había tomado una cerveza. No tenía sentido quedarme allí solo. Sin embargo, pedí otra cerveza, porque no era tarde y no quería perderme la oportunidad de echarle ojo a una vieja que estaba buena.
Me tomé la Costeña rápido, fui hasta la barra a comprar medio de Belmont, y fue allí cuando una mujer, que en un principio pensé que tenía algo que ver con el lugar, me dijo: ¿y se va a ir tan rápido?, ¿qué le disgustó? Le expliqué lo de mi cita fallida, entonces ella le dijo a uno de los muchachos que atienden que nos sirvieran media de ron. Ella pagó, y mientras esperaba las vueltas, me dijo como si me conociera de antes, mirá por qué no cogés esa mesa que está allá atrás desocupada . Obedecí entre sorprendido e intimidado. Ella regresó con una media de Tres Esquinas y dos copas. Dijo que se llamaba Eugenia, y ahí mismo brindamos por el encuentro. Me contó que era la primera vez que iba a ese bar; que llevaba cuatro meses viviendo en Bogotá; que ella era del eje cafetero. Sé que me dijo el pueblito donde había nacido, pero no recuerdo su nombre, e igual creo que ese dato no tiene importancia, porque presiento que todo lo que me dijo fue una sarta de mentiras. Eugenia, probablemente, tendría entre unos veinticinco a treinta años. Piel blanca, mirada intensa, ojos cafés, cabello castaño claro. Me dijo que se sentía sola en esta ciudad; que ahora estaba trabajando como secretaria con una firma de arquitectos, por Chapinero. ¿A vos te gusta bailar? , me preguntó de repente. La verdad, no , le respondí. Pero ella insistió en que la sacara. Bailamos, pero no nos entendimos muy bien. En medio del baile ella se me pegó, y yo, que para esas alturas ya estaba bastante prendido, la besé en el cuello. Nos sentamos. Eugenia me acarició las manos y me dijo: vos debes acariciar bien rico . Esas palabras fueron el santo y seña para que yo, a pesar de mis reservas, la besara. Nos acabamos la media, y me preguntó que si conocía un barcito como más romántico, donde pusieran boleros o tangos. No lo pensé dos veces y la llevé al Viejo Almacén . En esas pocas cuadras los tragos se me subieron a la cabeza o se me bajaron a las patas. Eugenia volvió a pedir ron. La oscuridad del sitio fue la mejor aliada para acariciarnos a nuestras anchas.
Apenas íbamos en la mitad de la media, y yo, a esas alturas, estaba más interesado en irme con ella que en seguir bebiendo. Mentalmente estaba haciendo cuentas de cuánta plata me quedaba para ajustar mi presupuesto a una residencia. Eugenia, como leyendo mis pensamientos, me dijo que yo tenía que acompañarla a la casa de su prima, donde ella vivía; no me vas a dejar ir sola , me susurró.
Bailamos dos piezas de tango. Luego nos fuimos. Tomamos un taxi en la cuarta. Eugenia le dijo que al Veinte de Julio. En la veintidós sur con carrera décima, Eugenia le dijo que subiera a San Mateo, el taxista le preguntó la dirección, pero ella le respondió que no se acordaba; que tranquilo que ella le iba diciendo. Finalmente llegamos a una casa de un solo piso. Pagué el taxi. Vení y conocés donde vivo , me dijo al oído. Abrió la puerta y entramos por un corredor. Todo estaba oscuro. Al fondo había un patio lleno de cilindros de gas. Tu prima en qué trabaja, le pregunté. Eugenia dijo que también era secretaria, y que si la pregunta era por los cilindros, era porque su prima arrendaba ese patio.
Yo trataba de hablar bajito, Eugenia me dijo que fresco que estábamos solos. Que la pieza de su prima estaba con candado; que ella no estaba. Entramos a un cuarto grande, en el que había una cama estrecha, una mesa de noche, un cuadro del Sagrado Corazón, una mesa de planchar arrinconada contra una esquina, un televisor sobre una mesa de vidrio. Eugenia me besó, me tiró sobre la cama y me dijo ya vengo, papito, voy hacer chis …
Salió y cerró la puerta. Prendí la televisión. De pronto, la puerta se abrió y dos tipos entraron, uno de ellos me golpeó en el estómago y el otro gritaba, ¡vos sos el hijueputa que se lo iba a meter a mi mujer… tené hijueputa!, y me golpeó en la cara.
¡Rubén! , gritaba el que supuestamente era esposo o compañero de Eugenia, traé a esa hijueputa de la Mónica para que vea cómo nos culeamos a este mariquita . Rubén salió, y yo, en ese instante, cogí al tipo y lo tumbé. Salí corriendo. Rubén estaba con Eugenia dentro de la pieza de la supuesta prima. Alcancé a llegar hasta la puerta de la calle y Rubén me agarró por el cuello de la camisa. Le pegué en las güevas y eché a correr calle abajo.
La rasca se me pasmó, creo que corrí diez cuadras sin parar. Llegué a la veintidós y me calmé. Quería encontrar un CAI, pero no había nada, ni un alma en esas calles. Agarré una piedra por si de pronto esos malparidos venían por mí. Por fin llegué, creo que a la décima, miré el celular, era la una y cuarto. No pasaba nada de transporte. Al fin agarré un taxi. Le conté lo que me había pasado al conductor. El hombre ni se inmutó. Me dijo que si me acordaba dónde era la casa. La verdad no sabía exactamente por dónde era. El taxista sugirió que pusiera la denuncia pero, en ese instante, lo único que quería era llegar a mi cuarto.
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