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Dante Alighieri: Entre filosofía y literatura

por Francisco Díaz Céspedes
Artículo publicado el 26/09/2026

diaz-lealAutores: Francisco Díaz C.* y Cristián Leal L.**

 

Dante y el camino hacia su comprensión filosófica
No podemos interpretar en pensamiento de Dante Alighieri sin analizar profundamente y reflexivamente su obra La Divina Comedia, que es esencia de su evocación filosófica del contexto del que experimentaba en su presente. De Dante, sabemos que habitó en la Tierra entre los años 1265 a 1321, procedente de una familia noble empobrecida, y que de igual manera logró cursar estudios de gramática y retórica bajo la pedagogía de su maestro Brunetto Latini(1). Con los años, Dante resaltaría como el mejor de los poetas italianos al relacionar la razón humana con los dogmas divinos. Sus escritos se analizarían integralmente, y en cada argumento nos recordaría de lo que somos realmente; es decir, una representación de la representación humana creyente.

A nuestro juicio, para los filósofos contemporáneos de Dante, y que han estudiado sustancialmente el desarrollo de la historia de la filosofía universal, Dante puede ser considerado como un magno autor literario. No obstante, lo que escribió Dante ha generado un principio fundamental para la humanidad, el cómo comprendemos el amor. Dante sentenció:

“Yo he vivido con el amor desde el noveno círculo de mi vida, y sé cómo frena, y cómo impulsa, y cómo bajo su imperio se ríe y se solloza. Quien contra él esgrime razones y virtudes, hace como aquel que en la tempestad produce sonidos intentando lograr que allí donde truenan las nubes descarguen sus vapores.

Por esto en el ámbito de su palestra nunca fue libre la voluntad humana, de tal forma que en esa lucha resulta vano todo consejo. Bien puede el amor con nuevo aguijón herir vuestro costado, y sea cual sea el placer que ahora os domina, seguid el nuevo si estáis cansado del primer”(2).

Según lo sentenciado por Dante, deducimos que la vida de Dante transitó desde el epicentro medieval al antropocentrismo racional, por medio de la influencia de los escritos clásicos (griegos y romanos); proyectando una cosmovisión que lograse alcanzar la plenitud armónica de la creación, tal como lo demuestra en su obra La Divina Comedia, en la que se expone su máximo esplendor filosófico, sea en lo teológico (pensamiento medieval) y lo racional (pensamiento clásico).

Dicha simbiosis, es sin lugar a dudas lo que otros intelectuales humanistas vivenciarían, pero solo con algunos tintes diferentes, puesto que el contexto que experimentó Dante es muy plausible para escudriñar nuestro presente. Como no mencionar la influencia de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, quienes aseveraban que existía un cosmos ordenado y perfectible dado a su esencia natural. Mas la razón humana, a la cual enuncia Dante en cada uno de sus argumentos, nos impronta a mirarnos en base al verdadero sentir de la condición humana, tal como lo personifica Virgilio al guiar a Dante en los distintos círculos del viaje, cuya naturaleza es la razón misma del ser humano, permitiendo discernir entre lo bueno y lo malo. Es decir, la visibilización de los límites.

Asimismo, en el caminar de Dante, inferimos que su filosofía también abogaba al deseo de conocer, y por ende del saber. Y lo manifiesta cuando elabora el relato de la selva oscura al infierno y el purgatorio; inspirándose en la cosmovisión de Ptolomeo y Tomás de Aquino(3), lo que es analógicamente correcto para los tiempos de la filosofía escolástica. Desde esta mirada, Dante muestra implícitamente una nobleza del intelecto, como una forma necesaria que debe desarrollar el ser humano para humanizarse, cuya consciencia es consistente para la conciencia de sus coetáneos. Este último puede ser confuso en su explicites, pero es de vital importancia su aplicabilidad, debido a que el recto comportamiento tiende a perfeccionar el alma.

Probablemente para Dante, la felicidad es un camino a seguir, como un viajero que se encuentra en infinitas realidades, mientras el tiempo y el espacio son un presente-pretérito que trasciende entre la consciencia y la conciencia, siendo significativa al ser ejercida en la medida que se sitúa en una realidad determinada, entrelazándose la naturaleza terrenal y la espiritual.

Lamentablemente, no tenemos certeza si Dante cumplió con sus objetivos de trascender eternamente de lo terrenal a lo espiritual. Sin embargo, creemos que sí, puesto que su preocupación siempre estuvo ligada al humanismo a través del amor, que es fuerza propia de la creación y la oscilación eterna entre la oscuridad y la luz.

De la selva oscura al infierno y el purgatorio
El viaje comienza cuando Dante descubre que ha perdido la “verdadera vía”(4). La selva oscura no es todavía el Infierno, pero ya expresa una libertad desorientada. No se trata de que el caminante carezca de movimiento: puede avanzar, retroceder, temer y desear. Lo que ha perdido es la capacidad de dirigir sus pasos hacia el bien reconocible. La escena distingue, por tanto, entre disponer de opciones y ejercer verdaderamente la libertad: elegir entre varios caminos carece de sentido moral si no contamos con criterios para reconocer hacia dónde conducen y qué consecuencias tendrán para nosotros y para los demás.

La reseña de Mariano Pérez Carrasco sobre La estructura moral del Infierno de Dante, de Carlos López Cortezo, recoge una interpretación especialmente sugerente: la selva sería también olvido de sí y naufragio metafísico. El extravío no es únicamente la infracción de una regla: compromete la comprensión que el sujeto tiene de si mismo y de su lugar en el mundo(5). Así, podemos multiplicar las elecciones disponibles y, al mismo tiempo, debilitar los criterios con los que las evaluamos. La abundancia de opciones no resuelve por si sola la pregunta acerca de cómo debemos vivir juntos.

Virgilio cumple entonces una función decisiva. No camina en lugar de Dante ni elimina las dificultades del trayecto. Enseña, corrige, pregunta y acompaña. Su autoridad no consiste simplemente en ordenar, sino en ayudar al peregrino a comprender lo que ve. Desde una mirada pedagógica, esto resulta central: educar para la libertad no significa retirar toda orientación, como si cualquier influencia adulta fuera necesariamente opresiva. Por el contrario, significa ofrecer criterios para que el otro pueda comprenderlos, examinarlos y, finalmente, incorporarlos a su propio juicio moral.

Esa idea aparece de manera explícita en el canto XVI del Purgatorio. Mateo Lombardo rechaza la explicación que atribuye el mal humano por completo a los astros. Si todo estuviera determinado desde el cielo, afirma, “no habría alma consciente/ni libre arbitrio”, y serían injustos tanto el premio como el castigo (6); por lo tanto, el ser humano recibe orientación inicial, pero conserva una voluntad capaz de resistir las inclinaciones. Por eso requiere “de la ley [de] los frenos” y una autoridad que discierna (7). La imagen del freno puede incomodar a una sensibilidad contemporánea, aunque su sentido es más complejo que el de una represión: el freno no reemplaza el movimiento; impide que una fuerza sin dirección destruya al que la ejerce y a quienes encuentran a su paso.

En el Infierno, el límite se presenta ante todo como consecuencia. Cada alma habita una forma definitiva de su elección. El contrapaso hace visible la relación entre el acto y aquello en lo que ese acto convierte a quien lo realiza. Según Lucia María Traverso, la estructura del poema vincula la gravedad de la culpa con la ubicación y la pena, ya sea por analogía o por contraste (8). Los iracundos permanecen en una violencia que ya no pueden gobernar; los lujuriosos son arrastrados como antes lo fueron por sus pasiones; los sembradores de discordia padecen división.

Esta estructura posee una potencia literaria que va más allá de la doctrina penal. Dante no se limita a decir que ciertas acciones están prohibidas, muestra que nuestras elecciones forman hábitos, relaciones y maneras de mirar. El castigo no aparece únicamente después del acto: en muchos episodios es la revelación de una existencia que ya había comenzado a encerrarse en vida. La libertad puede perderse por su propio ejercicio cuando se convierte en incapacidad de querer algo distinto.

Sin embargo, una lectura contemporánea no debe aceptar sin examinar toda la distribución dantesca de pecados y penas. El poema pertenece a un horizonte teológico y político preciso. Algunas de sus condenas resultan incompatibles con la igual dignidad que hoy reconocemos a las personas. Leer críticamente a un clásico no significa disculparlo ni descartarlo, sino permitir que sus preguntas alcancen nuestro presente, sin convertir todas sus respuestas en mandato.

El Purgatorio introduce una diferencia decisiva. Sus almas también sufren, pero pueden transformarse. La pena tiene un final porque existe reconocimiento de la falta, esperanza y deseo de reparación. Haindl Ugarte en La idea del Purgatorio en la edad media, muestra que la idea medieval del purgatorio se formó lentamente a partir de fuentes bíblicas de la patrística – es decir, de los escritos y enseñanzas de los primeros pensadores cristianos, – de prácticas de oración y de debates eclesiásticos. Dante recoge esa tradición y la organiza literalmente como una ascensión a través de los siete pecados capitales(9).

La cuestión moral, por tanto, no consiste en eliminar el deseo, sino en educarlo. En Dante, el mal no es siempre falta de amor; puede ser amor dirigido hacia un objeto equivocado, ejercido con insuficiencia o llevado sin medida. Esta comprensión invita a pensar el límite como formación de la libertad y no solamente como su reducción.

De ahí la importancia de las siete letras inscritas en la frente del peregrino y borradas durante el ascenso. El cambio moral requiere reconocer las huellas del propio actuar. Nadie asciende simplemente porque otro declare inexistente su falta. Pero tampoco se asciende permaneciendo para siempre identificado con ella. La responsabilidad supone memoria, reparación y posibilidad de cambio.

Conclusión
En aspectos generales, la comprensión filosófica y literaria de Dante Alighieri es una de las más asombrosas de investigar en la universalidad de la escritura. Con una mente que trasciende desde su presente hasta el pretérito de nuestro tiempo, ha sido sin duda alguna su obra titulada La Divina Comedia.

Sabemos que La Divina Comedia fue escrita desde un universo moral muy distinto del nuestro, pero su pregunta permanece: ¿qué ocurre con una libertad que pierde toda orientación? Dante responde con imágenes que todavía interpelan. La selva muestra el extravío; el Infierno, la fijación de la voluntad en aquello que la encierra; y el Purgatorio, la posibilidad de reconocer, reparar y reeducar el deseo.

En este sentido, la filosofía y la literatura que nos muestra Dante, es sustancial para comprender la simbiosis entre la teología (pensamiento medieval) y el racionalismo ético (pensamiento clásico); generando y evocando a que la razón humana es la única responsable de discernir entre el bien y el mal, a partir de sus propios límites. Por lo tanto, a nuestro juicio, creemos que Dante suscitó el concepto de “consciencia consciente” al argumentar que las acciones pueden ser las que encausen la humanización, en base a la fuerza intrínseca del amor, la razón y la reflexión.

Francisco Díaz Céspedes
Artículo publicado el 26/09/2026

Bibliografía
Alighieri, D.: La Divina Comedia (B. Mitre, Trad.; N. Besio Moreno, Ed.). Centro Cultural Latium. (Obra original publicada ca. 1320), Infierno, Canto I, V.3, 1992.
Cartas a la Juventud. Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1993.
Haindl Ugarte, A. L.: “La idea del purgatorio en la Edad Media: organización y definición de una tradición”. Revista de Historia, 23(1), 2016, pp. 57–77. https://revistas.udec.cl/index.php/historia/article/view/217
Pérez Carrasco, M.: “La estructura moral del Infierno de Dante”. Reseña del libro La estructura moral del Infierno de Dante, por C. López Cortezo. Cuadernos de Filología Italiana, 30, 2023, pp. 435–437. Véase en https://doi.org/10.5209/cfit.88725
Tejedor, C: Historia de la filosofía en su marco cultural. Ediciones SM, Chile, 2017.
Traverso, L. M.: “La justicia y la pena en La Divina Comedia”. Revista Jurídica Austral, 3(2), La justicia y la pena, pp. 700 – 722, 2022. Véase en https://doi.org/10.26422/RJA.2022.0302.tra

Notas
* Francisco Díaz Céspedes (izquierda) es profesor, escritor e investigador maipucino.
** Cristián Leal Leal (derecha) es profesor de Lenguaje y Comunicación.
-Fotografía tomada por una estudiante del Colegio Terraustral Oeste en la Biblioteca TAO, comuna de Maipú (Santiago de Chile), 25 de septiembre de 26, 15:37 hrs.

 

(1) Cf. Cartas a la Juventud. Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1993, p. 37.
(2) Ibídem., p. 39.
(3) Cf. Tejedor, C: Historia de la filosofía en su marco cultural. Ediciones SM, Chile, 2017, p. 133.
(4) Alighieri, D.: La Divina Comedia (B. Mitre, Trad.; N. Besio Moreno, Ed.). Centro Cultural Latium. (Obra original publicada ca. 1320), Infierno, Canto I, V.3, 1992.
(5) Cf. Pérez Carrasco, M.: “La estructura moral del Infierno de Dante”. Reseña del libro La estructura moral del Infierno de Dante, por C. López Cortezo. Cuadernos de Filología Italiana, 30, 2023, pp. 435–437. Véase en https://doi.org/10.5209/cfit.88725
(6) Cf. Óp. Cit. Alighieri, D.: La Divina Comedia, Purgatorio, Canto XVI, V. 70 – 12.
(7) Cf. Ibídem., Purgatorio, canto XVI, V. 91 – 96.
(8) Cf. Traverso, L. M.: “La justicia y la pena en La Divina Comedia”. Revista Jurídica Austral, 3(2), La justicia y la pena, pp. 700 – 722, 2022. Véase en https://doi.org/10.26422/RJA.2022.0302.tra
(9) Cf. Haindl Ugarte, A. L.: “La idea del purgatorio en la Edad Media: organización y definición de una tradición”. Revista de Historia, 23(1), 2016, pp. 57–77. https://revistas.udec.cl/index.php/historia/article/view/217

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