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El colapso de la fauna silvestre en el Antropoceno

por Adán Echeverría García
Artículo publicado el 02/11/2026

El 8 de octubre de 2026 el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF México) liberó el Informe Planeta Vivo en donde alerta sobre la disminución de la fauna silvestre a nivel mundial registrado una caída promedio del 73% en las poblaciones de fauna silvestre monitoreadas entre 1970 y 2022, señalando que América Latina y el Caribe son parte de la región más afectada del mundo, con un descenso del 95% de sus especies. Esta alarmante pérdida de biodiversidad es un reflejo inequívoco de la era del Antropoceno, época geológica y modelo cultural moldeado por el severo impacto ecológico de la actividad humana sobre el planeta que, intensificado drásticamente desde la «gran aceleración» de mediados del siglo XX, sitúa a la humanidad entera ante el riesgo inminente de una sexta gran extinción o un colapso total de las especies. Ya desde 2005, Rick A. Relyea había puesto su interés en señalar el declive de las poblaciones de anfibios debido al uso indiscriminado de los herbicidas; si a eso le sumamos que la urbanización amenaza actualmente a más de un tercio de las especies de anfibios conocidas en el mundo, y que las principales amenazas que la urbanización plantea para las poblaciones de anfibios son la pérdida, fragmentación y aislamiento del hábitat, así como la degradación de su calidad, como señalan Hamer y McDonell desde 2008. Podemos entender el peligro en el que se encuentran el resto de los vertebrados (peces, reptiles, aves y mamíferos) y que durante los últimos 20 años decidimos, como sociedad, no atender, convirtiendo las acciones antrópicas en la principal amenaza para la supervivencia de otras formas de vida e incluso del mismo Homo sapiens.

Afortunadamente, frente a este panorama crítico, las nuevas generaciones de científicos están comenzando a cambiar su preocupación al respecto. En el norte de Tamaulipas, una región fronteriza y semiárida expuesta a los rigores del cambio climático y a la pérdida de biodiversidad, la investigación universitaria de pregrado está rompiendo con viejos moldes para atender estas urgencias ambientales y de salud pública. Un reciente análisis longitudinal realizado por los investigadores evalúan los protocolos de investigación de la Licenciatura en Medicina Veterinaria y Zootecnia (MVZ) en Matamoros para las cohortes de graduación entre 2025 y 2027, y el estudio es esperanzador, pues revela una transformación profunda en el interés de los futuros profesionales de la salud y la zootecnia animal.

La conciencia ecológica en las aulas
Históricamente, las escuelas de medicina veterinaria en el noreste de México han concentrado sus esfuerzos en la clínica tradicional de perros y gatos, motivadas por la demanda comercial urbana y el apego afectivo de los estudiantes. Los datos del campus Matamoros confirman esta asimetría inicial: el área de Salud acaparó el 48.86% de las propuestas del trienio, y los caninos se mantuvieron como la especie individual más estudiada con un 42.05%. Sin embargo, el hallazgo del estudio es que las cohortes de 2026 y 2027 están protagonizando una auténtica «descentralización biológica». Los proyectos enfocados en fauna silvestre y exótica se consolidaron firmemente como el segundo núcleo de estudio más importante, alcanzando el 28.41% del acumulado total. Al mismo tiempo, las investigaciones orientadas a «Otros Enfoques» —como el bienestar animal, la etología y la conservación ecológica— escalaron de un modesto 18.18% en 2025 a un destacado 39.47% para quienes sustentarían su examen de grado en el 2027.

De la tortuga lora a los lazos transfronterizos
Esta evolución no se queda en la teoría; se traduce en proyectos con un alto impacto ecológico regional. Destacan de manera sobresaliente las investigaciones dedicadas al manejo, incubación y éxito de emergencia de la tortuga lora (Lepidochelys kempii), una especie emblemática cuyas playas de anidación en Matamoros (como Playa Bagdad) dependen de esfuerzos de conservación binacionales para sobrevivir al impacto humano y al cambio climático.

Además, los estudiantes han comenzado a explorar el comportamiento y bienestar de grandes mamíferos bajo cuidado humano, vinculándose directamente con centros de conservación clave de la región fronteriza, como el Gladys Porter Zoo en Brownsville, Texas, o el Bioparque Estrella en Nuevo León. Mediante el uso de etogramas y monitoreos conductuales sistemáticos, los futuros veterinarios aportan datos valiosos para mejorar la calidad de vida de especies confinadas, transitando de la medicina de consultorio hacia la gestión avanzada de la biodiversidad.

El peligro oculto del consumo de especies protegidas
A pesar de los notables avances en la investigación para la conservación, la fauna marina enfrenta amenazas complejas que van más allá del hábitat y entran en el terreno de las costumbres comunitarias. Un estudio clave liderado por el investigador Jesse Senko en el noroeste de México expone una paradoja alarmante: aunque especies como la tortuga marina gozan de estricta protección legal, su consumo clandestino de carne y huevos persiste fuertemente por arraigo cultural y celebraciones tradicionales. La investigación de Senko revela un grave problema de desinformación compartida: mientras que el 71% de los ciudadanos locales cree erróneamente que la carne de tortuga es un alimento altamente saludable, la realidad médica se opone de manera contundente. Estos animales acumulan peligrosas concentraciones de contaminantes ambientales como metales pesados (mercurio y cadmio), compuestos organoclorados y biotoxinas, además de ser portadores de bacterias como Salmonella, virus y parásitos.

El riesgo no es hipotético. El equipo de Senko descubrió que casi un tercio de los médicos regionales (32%) ha atendido a pacientes intoxicados debido al consumo de tortuga, reportando cuadros crónicos de envenenamiento alimentario (quelonitoxismo), deshidratación extrema, diarrea e incluso riesgos de transmisión de toxinas a lactantes a través de la leche materna. Lo más preocupante es que el 78% de los médicos admitió desconocer los peligros específicos y las toxinas exactas presentes en estos reptiles colonizadores de altos niveles tróficos, lo que anula la posibilidad de una comunicación de riesgo efectiva. Este vacío subraya la urgencia de que la formación veterinaria y médica trabaje de la mano para educar a la población, pues el 81% de las personas afirmó que dejaría de consumir esta fauna protegida si su médico de confianza se lo advirtiera directamente.

Salud pública y resiliencia ganadera
La investigación en Matamoros también está respondiendo con pertinencia a las amenazas sanitarias latentes en la frontera. El estudio identificó que las parasitosis gastrointestinales (18.92%) y la ehrlichiosis canina (13.51%) son las principales prioridades clínicas investigadas. Asimismo, se mantiene un monitoreo constante sobre el gusano del corazón (Dirofilaria immitis), una enfermedad vectorial muy sensible a los cambios climáticos e hidrológicos que afectan a los mosquitos transmisores en la zona compartida con el Valle de Texas. Abordar estas patologías genera datos epidemiológicos esenciales bajo el enfoque global One Health, donde la salud humana, animal y ambiental están interconectadas.

Debido a ello, es necesario resaltar que el sector agropecuario regional, golpeado por la sequía y la degradación de los suelos, encuentra un aliado en las universidades. Las tesis de las últimas cohortes muestran un incremento en la zootecnia de producción (alcanzando el 23.86%), enfocándose en el desarrollo de dietas alternativas para ganado y aves de traspatio a base de recursos locales adaptados como el nopal forrajero, la harina de bledo (una amarantácea silvestre y muy común), la vaina de mezquite y plantas resistentes a la salinidad como la Kochia scoparia.

Conclusión
Aunque la crisis global de la fauna silvestre reportada por la WWF es alarmante, la ciencia veterinaria de pregrado en Matamoros demuestra que el panorama puede cambiar si se asume la crisis climática como una oportunidad invaluable para una gran transformación colectiva del pensamiento y de las mentalidades dominantes. Al integrar la medicina tradicional con estudios epidemiológicos, resiliencia climática ganadera y alertas sobre los peligros de salud pública ligados al consumo ilegal de especies en peligro, los futuros egresados están equilibrando la balanza. La universidad, de este modo, deja de ser solo un espacio de enseñanza convencional para sintonizarse con el paradigma holístico-cosmopolita que la sostenibilidad del desarrollo en la era del Antropoceno demanda. Enfocar esfuerzos locales en salvaguardar no solo las demarcaciones tradicionales de una región, sino los umbrales de las fronteras y el buen funcionamiento de los ecosistemas compartidos, estos jóvenes profesionales comprueban que la investigación veterinaria puede ser el motor estratégico de una verdadera gobernanza ambiental, orientada a asegurar de supervivencia ecológica y bienestar comunitario.

Adán Echeverría García
Artículo publicado el 02/11/2026

Referencias

Hamer, A. J., & McDonnell, M. J. (2008). Amphibian ecology and conservation in the urbanising world: A review. Biological Conservation, 141(10), 2432–2449.

Padilla, L. A. (2019). Antropoceno, ¿colapso de la especie? Estudios de la Paz y el Conflicto, Revista Latinoamericana, (Número Especial 1), 66–83.

Relyea, R. A. (2005). The lethal impact of Roundup on aquatic and terrestrial amphibians. Ecological Applications, 15(4), 1118–1124.

Senko, J., Nichols, W. J., Ross, J. P., & Willcox, A. S. (2009). To eat or not to eat an endangered species: Views of local residents and physicians on the safety of sea turtle consumption in northwestern Mexico. EcoHealth, 6(4), 584–595.

 

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