Dos posturas críticas hacia el Arte Latinoamericano de 1950 al 70: Marta Traba y Juan Acha. – Critica.cl

Dos posturas críticas hacia el Arte Latinoamericano de 1950 al 70: Marta Traba y Juan Acha.

por Marylena Luna Cardozo
Artículo publicado el 03/11/2004

Introducción
Marta Traba y Juan Acha, son dos autores cruciales de la crítica de la historia del arte en Latinoamérica, de diferentes épocas y posturas, importantes para conocer el desarrollo artístico de la época frente a las corrientes norteamericanas y europeas dominantes. En primer lugar, se hará un estudio del texto “Dos décadas vulnerables de las artes plásticas latinoamericanas” de Marta Traba, específicamente el capítulo de la década de la entrega y luego, en el libro ”Las culturas estéticas de América Latina” de Juan Acha, se abarcará el capítulo V acerca de la inadvertida invasión tecnológica 1950-1970, exponiendo en cada uno un análisis de la visión de los autores en relación a la postura crítica hacia el Arte Latinoamericano.

Palabras claves
Marta Traba, Juan Acha
Historia del arte en Latinoamérica

 

Marta Traba y “Dos décadas vulnerables de las artes plásticas latinoamericanas”
La Clasificación del arte latinoamericano de los años 60-70, según Marta Traba, es bajo una concepción moderna, utópica e idealista, defiende los movimientos de la nueva figuración y pone en relieve la pluralidad de respuestas de cada país con respecto a las vanguardias mundiales. Los divide en:

1) Áreas cerradas: agrupa a los países que tienen una fuerte conexión con las tradiciones, que se repliegan en sí mismo sin dejar colar movimientos y estilos foráneos, por lo cual se encuentran en una situación de arcaísmo y anacronismo. Comprende: Colombia, Perú, Quito, Bolivia, Costa Rica, Nicaragua y Guatemala.

Según la autora, Colombia es uno de los países que representa ese fuerte nexo con la tradición, su arte moderno rechaza lo contemporáneo (experimentos minimalistas, ópticos, cinéticos), avanzando no a saltos sino en movimientos circulares, como una creación congénita colombiana. A la final crean un código regional que sólo la comunidad de ese país puede comprenderlo. Dicha actitud viene dada más por un capricho o aislamiento, dando como resultado un arte que se asemeja al país: “más selva y caos”, donde “no se distingue ningún artista”.

En Perú se plantean falsas posturas extremas: a) por un lado se glorifica ingresar a la vanguardia por la tecnología que se opone al mito y valores autóctonos, y b) se enaltece a la “identidad colectiva” como un retroceso de la sociedad al preservar lo “salvaje”. Estos cambios se dan como una confrontación y no un proceso, donde la realidad social peruana en vías a la realidad tecnológica se convierte en una irrealidad.

Otros países como: Paraguay, Bolivia y algunos de Centroamérica no están ni siquiera en el cambio de lo moderno, sino ajenos a las últimas vanguardias. En Quito, los artistas producen según la moda (óptica: op art, el cinetismo, los objetos) sin un contexto definido.

2) Las Islas. Las islas abarca Puerto Rico y Cuba, donde las manifestaciones artísticas responden a presiones imperialistas, la primera a Estados Unidos y la segunda a la misma Norteamérica y Rusia. Crean un arte vacío, sin contenidos emocionales y conceptos propios, hay una ausencia de lealtad a las ideas del propio artista, pasan de un estilo a otro sin digerirlo, no van a la par de las vanguardias, de ahí que haya un alejamiento casi total de los medios donde viven. Tal comportamiento se observa no sólo en las islas, también en Centroamérica.
En el caso de Puerto Rico, al ser colonia directa de Estados Unidos, surgieron dos caminos: A) La clase culta que percibió la imposición norteamericana, de allí muchos artistas puertorriqueños ya no crean sino que sólo consumen, convirtiéndose en esclavos de los EEUU. B) Corriente que se dejó llevar por comentaristas y empresas privadas que estimularon adoptar las corrientes artísticas norteamericanas (el way-out). La presión estadounidense se dejó ver en artistas que buscaron más allá de la toma de conciencia individual y colectiva, y otros, que convirtieron el arte como producto y atractivo del turismo de la isla.
Cuba es un caso muy particular porque el arte coincide con la revolución del 58, acogiendo en un principio a los artistas sin pedirles cambiar lo que estaban haciendo hasta ese momento, por esto los pintores se entregaron al nuevo régimen. Fidel Castro, como líder de la revolución, rechazó el carácter de clase de las formas artísticas, donde el origen de la creación artística debía estar en el pueblo, de esta forma ya no importa la mítica e ideas del artista, sino que debe hacer un arte programado por la revolución. Las artes en Cuba no dan nuevas propuestas, con un sentido propio, por un lado los jóvenes artistas siguieron realizando obras según las modas norteamericanas, mientras que otros adoptaron el modelo soviético de la revolución.

3) El arte del país mexicano lo define como pobre y estancado, porque rechaza lo contemporáneo, se ciñe a lo figurativo y a la abstracción que se hacía desde los cincuenta. Los artistas crean un mundo cerrado y limitado que no puede insertarse en la actualidad y se conforman con la detención del proceso, a excepción de la obra de Toledo por su visibilidad pura, a través de un mundo figurativo concreto y el dibujante José Luis Cuevas.


José Luis Cuevas / 1966
“La música es una revelación más superior que la filosofía, Beethoven”. Plexiglass. Litografía 55/100. 30,5″ x 22,5″

 

4) Áreas abiertas. Son países que asumen una posición internacional, van con las vanguardias norteamericanas y europeas, y no llegan a sincretizar la cultura latina con las corrientes exteriores, de ahí que es un arte sin contenido de la realidad de cada país. En este renglón se refiere a Venezuela, Argentina, Brasil, Uruguay y Chile.

Venezuela por el auge económico de los años 60-70 comienza a comprar cultura como ningún otro país, de ahí que muchos grupos económicos estimularon el arte en las ciudades. Por un lado, hay una pasión por el cinetismo de París, y por otro, por el minimal art que se da en EEUU, pero a la final se traslada sólo un concepto sin un contenido. De esta forma, contextualizando el cinetismo en Venezuela, por ejemplo, nada tiene que ver la geometría, la técnica, lo racional con el trópico, tradición e idiosincrasia de este país.


Carlos Cruz Diez / 1970
“Color aditivo 2″. Téc. Mixta. 75 x 75 cms

 

El arte de Argentina durante la década de los sesenta responde al esnobismo, la moda y busca lo escandaloso en contra de una sociedad tradicional y formalista. Los jóvenes artistas están totalmente manipulados por la tecnología ideológica, es un arte vacío sin un contenido que trascienda.

Ahora bien, tomando en cuenta las especificaciones que hace Marta Traba con relación al arte latinoamericano de los años 60-70, ciertamente algunas son reales, válidas y aceptables, sin embargo, estimo dicho análisis como una postura bastante radical, estableciendo al arte latinoamericano fuera de todo ámbito, corriente y vanguardia, dejándose llevar por movimientos tradicionales estancados o vanguardias sin contenidos, definiendo al arte latinoamericano como un arte pobre, anacrónico, sin proposiciones nuevas, haciendo sólo pequeñas excepciones con respecto a algunos artistas. Según esto la autora Marta Traba (1973) expresa, por ejemplo, con el caso de Colombia y Argentina:
De este brillante panel de dos racionalistas de la geometría y un aventajado epígono de los modelos extranjeros, no ha salido en la década del 60 al 70 ningún nombre importante. El arte colombiano joven se parece al país, es mucho más selva que desierto, más caos que ordenación. (p. 109).

…Tales propuestas están condenadas a muerte, no por su extravagancia, ni por su rebuscada originalidad ni obviamente porque comuniquen ningún tipo de lecturas, sino por su carencia absoluta de sentido del humor. El vacío, unido al trascendentalismo, ya no resulta juego. El lanzamiento al espacio de los jóvenes argentinos es un acto fallido, bien manipulado por la tecnología ideológica. (p.146).

Considerando la visión de la autora tan negativa hacia el arte latinoamericano, no deja entrever la amplitud y riqueza de nuestro arte. Es obvio que muchos artistas se inclinan por las vanguardias norteamericanas y europeas sin aportar nuevos códigos, igualmente otros rechazan las presiones y bombardeos de los poderes artísticos, mirándose a sí mismo; todas estas actitudes son naturales y lógicas dentro de un sistema capitalista, en el cual se dan las condiciones favorables para ello, que Traba no toma en cuenta. En ese caso, ¿Cómo pedirle a un país, como Nicaragua, Costa Rica, Guatemala, Bolivia, entre otros, con una situación económica tan desfavorable en aquel entonces, que vayan a la par de las vanguardias tecnológicas, cuando -en muchos casos- no tenían qué comer? ¿Cómo negarle a un país, como Venezuela, que tuvo condiciones económicas favorables durante la década 60-70, actualizarse a nivel de las vanguardias y tecnologías en el extranjero? Igualmente, en este aspecto, la autora en estudio niega los efectos de la globalización, en el cual cualquier ser está expuesto a la influencia foránea, siendo un fenómeno inevitable.

Juan Acha y ”Las culturas estéticas de América Latina”
Por otra parte, Juan Acha parte de la situación de los países latinoamericanos a mediado de los años 40, cuando comienza “la inadvertida invasión tecnológica” dado por la expansión del capitalismo internacional, surgiendo una modernización relativa, que a la par intensificaba la dependencia. Por esto, a partir de los años 50 hay un interés en producir y distribuir obras de arte, surgieron bienales, salones nacionales, galerías, museos, críticos e historiadores de arte, en fin se inició la comercialización del arte. Los artista se dieron cuenta mediante las noticias internacionales, del atraso de las enseñanzas de las escuelas y academias, a excepción de México, que estaba muy marcado por el nacionalismo estatal, y se generaron una serie de protestas, porque deseaban actualizarse.

Los países latinoamericanos empiezan a actualizarse con el geometrismo abstracto, sobre todo los suramericanos del Atlántico, mientras que los otros lo hicieron por el abstraccionismo lírico, los expresionismos abstractos o las nuevas figuraciones, siendo Argentina quien inició en los años cuarenta la tendencia del geometrismo. En Brasil, es importante el movimiento del neoconcretismo que nace en 1959 por un manifiesto que postulaba la búsqueda de lo latinoamericano, superando dialécticamente el impersonalismo del geometrismo europeo. De ahí, Brasil se caracteriza por mayor pluralidad (concretistas, informalismos, abstraccionismos líricos, cinetistas), ya que varias regiones capitales compiten entre sí, eliminando el centralismo que se produce en otros países. En 1952, en México, los jóvenes artistas se rebelaron contra el oficialismo del muralismo, ya habían artistas sin contacto con dicho muralismo, como: R. Tamayo, G. Gerszo, C. Mérida y M. Goeritz, quien dio un aporte al arte mundial con una nueva concepción (el Eco) de la arquitectura, la escultura y el espacio escultórico.


Franz Weissemann (Neoconcretismo), 1958.
“Ponte”. Hierro pintado.
47 x 70 x 47 cms

 

En general, durante la década de los cincuenta, Argentina, Brasil y Venezuela se inclinaron por el geometrismo, el resto de Latinoamérica, por las nuevas figuraciones o abstracciones líricas, estableciendo en el fondo una lucha entre el objetivismo y subjetivismo, mientras unos construyen otros tienden a expresarse, determinando en esta década un proceso de actualización con las vanguardias mundiales.

Posteriormente, considera los años 60 como “la norteamericanización y el desarrollismo”, Nueva York se convierte en el centro internacional más importante de las artes, imponiendo un imperialismo cultural, que ni los europeos estuvieron exentos de dichas influencias. De esta forma, durante los sesenta en Latinoamérica llueven influencias de EEUU y Europa: pintura de acción, expresionismo abstracto, geometrismo, cromatismo, pop, manchismo, informalismo, abstracción lírica, nueva figuración y los no objetualismos, siendo México el que las adopta con más tardanza por su carácter localista. De esta manera, se comenzó a importar lo novedoso sin una actitud crítica por lo general. Por ejemplo, Argentina, por el Instituto Di Tella importó las corrientes más actualizadas del arte: ambientaciones, las estructuras primarias, los happenings, el arte pop e informático, que les daba la ilusión de ser el país con uno de los centros artísticos más importantes del mundo, sin lograr asimilarlas y aportar nuevos lenguajes.

Estas nuevas corrientes buscaban la desmitificación del arte, en las cuales muchos academicistas o abstractos estaban en contra de los no objetualismos, pero en algunos países, por las situaciones sociales y políticas, estimularon este hecho en oposición al objeto artístico, ya que el arte debía integrarse más a la vida cotidiana. Sin embargo, en los años sesenta muchos siguieron valorando el objeto y el artista, mientras la norteamericanización se sintió más en la estética popular por su introducción masiva, a través de los medios de comunicación.

Consideraciones finales
La postura de Juan Acha en relación al estudio del arte latinoamericano de Marta Traba es más crítica y aceptable, defiende el postmodernismo y es más abierto a los cambios, en efecto defiende los movimientos no objetuales artísticos. El mismo plantea que son evidentes las influencias norteamericanas y europeas, pero a la par valora el trabajo de los artistas latinoamericanos y explica las condiciones históricas dadas para generar esa transculturación. Por ejemplo, toma en cuenta el imperialismo cultural que impone EEUU, la falta de identidad de los argentinos con los latinoamericanos, como un hecho sicológico inmanente a ellos, las políticas retrógradas que no aceptaban los cambios, como Perú, entre otros hechos.

El autor exalta a los artistas que crean nuevos códigos, independientemente si parten de corrientes europeas o de EEUU, por ejemplo, el Eco de México, la pluralidad de Brasil, incluyendo el Neoconcretismo que logró superar las corrientes europeas, no obstante, en ese tiempo como la difusión artística en Latinoamérica era muy incipiente, muchas propuestas se perdieron en un ámbito cultural dominado por otras culturas. Es importante señalar lo que describe el autor para comprender su postura:
…unos artistas estuvieron interesados en producir obras de calidad y éxito internacional para prestigio de su país. Otros, mientras tanto, se propusieron llevar adelante la evolución de un arte nacional. Los demás allá, entretanto, intentaron innovar la tendencia adoptada según la realidad norteamericana o bien insertarle elementos nacionales. Unos lograron su propósito y otros fracasaron; unos actuaron con independencia o con universalidad y otros cayeron en el provincianismo y el remedo. (ACHA, 1993, P. 159).


Anita Malfati, 1915-16.
“La Boba”. Óleo sobre tela.
61 x50,6 cms

 

Particularmente, pienso que al arte latinoamericano le han afectado más las críticas negativas que las mismas influencias foráneas, tildando esta sociedad de incapaces, pobres, sin conciencia, estancada, entre otros adjetivos degradantes, no acorde con la creación y producción artística de muchos hombres que han trabajado por el desarrollo del arte latinoamericano. Desde los comienzos de la civilización el hombre ha luchado por ser mejor, pero no sólo para sí mismo, sino para ser mejor que los demás, es natural que hayan civilizaciones más maduras, por su mayor permanencia en el tiempo y en el espacio, de ahí que han creado y propuesto más cosas, mientras que en el caso de Latinoamérica, como civilización más joven, ha creado y está en proceso de seguir creando nuevas respuestas en todos los sentidos, y como parte de este imperialismo, no escapamos a la cultura dominante. Entre los años 50 y 70 no existían, por ejemplo, internet y la proliferación de TV por cable, y sin embargo, el hombre latinoamericano buscaba los modelos artísticos foráneos o le llegaban por diferentes vías, mientras unos adoptaban dichos modelos sin una actitud crítica, otros creaban y dejaban fluir el sentir latinoamericano a partir de propuestas artísticas válidas que aún muchos no conocemos. Estimo que el arte en cada país fluye de acuerdo a su contexto general, por eso en Latinoamérica vemos esas respuestas tan extremas y variadas, donde cada uno lucha por salir a flote en medio de las corrientes artísticas mundiales.

BIBLIOGRAFÍA ______________
Ø ACHA, Juan (1993): Las culturas estéticas de América Latina (Reflexiones).
Universidad Nacional Autónoma de México. México.
Ø TRABA, Marta (1973): Dos décadas vulnerables de las artes plásticas latinoamericanas.
Siglo Veintiuno Editores, S.A. México.

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