Adolfo Pardo nos sorprende con sus 221 pág., como un narrador ágil cosmopolita y original en una historia trágica, ingeniosa, divertida e intrigante.
Viajero impenitente e intelectual abierto, a lo largo de su vida comprometido en la defensa de los derechos humanos. Como resultado de su coherencia formó parte de Talleres del Mar, publicó en 1978 “Después del Toque” y “La Parrilla”, en 1981, y en París la revista “Emergencia”.
Sin renunciar a sus raíces culturales se hace universal. No es el narrador marginal, ni aquel que vuelve del exilio con estridencias, pos modernismos y demagogia.
Para la mayoría de los que deambulamos por el mundo, conocer a Adolfo es encontrase con un personaje chispeante y legendario. Construye a partir de sus caprichos humoradas y citas extravagantes. Aparece con “La Silla de Ruedas” una voz deslumbrante que parecía insonora para casi todos los que lo rodeaban desde sus vacilantes comienzos o su tan acrobática como dispareja y mítica novela “Los Insobornables” (1997).
Su actividad mental continúa apasionada y versátil, tanto en temas como en estilo. Su obra constituye un retrato del mundo del que el ser humano intenta escapar convirtiendo el relato en una autentica pesadilla. Su lenguaje coloquial y sus atmósferas inquietantes consiguen que el lector siempre quede atrapado por lo insólito del humor y del misterio y reconstruye la historia como algo verosímil.
El autor crea pistas inciertas o ambiguas en la tensión del relato o intriga ocultando el desenlace y el tema más trivial, mezcla de realidad y ficción, convierte al lector, a su vez, en personaje del texto que lee.
En un mundo sin eco Pardo quiebra la conspiración del silencio. Se reconoce una voz humana y obliga a sus lectores a escucharlo.
Carla Castro
Viernes 04 de mayo, Stgo.
Comentar
subir ▴