El avance cultural y el progreso social han dando como resultado en los últimos años una serie de nuevos conceptos sobre los cuales se construye y de establecen los nuevos cánones que estructuran la población. A medida que el contexto fue provocando conflictos políticos, sociales y culturales.
El territorio de una nación ha sido desde antaño uno de los puntos de conflicto más importante sobre el cual el avance tecnológico produjo frutos valiosos. La aparición de Internet, surge en el contexto de guerra donde se requería una nueva forma de comunicación para poder llegar a nuevos lugares y manejar nuevos códigos que permitan que las informaciones no se filtren. Así mismo tecnologías en cuanto al armamento como nuevas estrategias de ataque para conseguir la victoria sobre los enemigos.
Las alternativas de comunicación están vinculadas a la producción de nuevas formas sociales. En este sentido, el hecho del progreso tecnológico no es sinónimo de que se efectúe un progreso social. En algunos casos estamos frente sólo a la repetición de modelos que no dicen relación con un efecto latente en el cambio paradigmal de la situación sociocultural.
En cuanto al campo laboral, este se amplía gracias a la aparición de las nuevas tecnologías y es precisamente esta instancia la que acentúa una división social. Tanto como la aparición de las nuevas tecnologías se oponen a las que en su tiempo fueron fenómenos de novedad, no sólo en el ámbito de lo tecnológico, sino que atraviesa el campo de las ciencias sociales en el ámbito privado y en el público. Entre mayor sea la especificidad del campo laboral mayores parcelas de separación entre un sector y otro habrá.
La comunicación cumple un rol preponderante en el desarrollo como proceso integral. “la emergencia de las políticas nacionales de comunicación era el reflejo de luchas generalmente no resueltas entre contradictorios intereses y demandas dentro del sector de información cultural. Intereses y demandas que se concretaban en torno a dos problemáticas claves: la del acceso –participación de todos los sectores sociales a la comunicación en cada país y del reequilibrio de flujos informativos en el campo de lo internacional.”[1]
Durante este breve espacio introductorio se ha hablado sobre la aparición de nuevas tecnologías, pero para poder afirmar este concepto es necesario que planteemos el eje central de este escrito: La globalización. Que es precisamente sobre lo cual, indirectamente se ha estado conversando. Se entenderá como lo plantea la Real Academia de la Lengua: “Tendencia de los mercados y de las empresas a extenderse, alcanzando una dimensión mundial que sobrepasa las fronteras nacionales.”
La globalización es un proceso que trae como consecuencia la unión entre las naciones y un nuevo espacio comunicación para todos aquellos que quieran ser parte de esto. No hay raza, cultura o forma social que pueda quedar ajena a menos que así ésta lo quiera.
La extensión que propone la globalización no sólo se da en espacios económicos o a nivel gubernamental, sino que hoy en día gracias a las tecnologías es además un fenómeno social. Estamos en un mundo cada vez más globalizado y con expectativas de avance internacional permanente. Las fronteras se caen en la medida que las redes de mercado y de contacto así lo permitan. Pero, así como las consecuencias que plantea pueden ser positivas, del mismo modo existen una serie de “en contras” dignos de destacar. Es lo que Anthony Giddens denomina el riesgo de la globalización.
Riesgo Manufacturado: son todo tipo de riesgos que surgen internamente como consecuencia de nuestros propios conocimientos y avances. Dentro de ellos se encuentran los siguientes:
Desde otro punto de vista el avance tecnológico permite que se ocupen espacios naturales, antes importantes para la sociedad, pero que el día de hoy son reemplazados por centros comerciales de alto costo de construcción, entre otros.
En consecuencia la globalización se perfila como un proceso que extiende sus influencias a nivel mundial, pero que a su vez mantiene consecuencias positivas como negativas para la sociedad internacional. Es imposible negar que la brecha digital o cultural es producto de este tipo de fenómenos, pero sin embargo existen frutos positivos de su existencia como el contacto intercultural, las relaciones de mercados internacionales y el favorecimiento a las naciones en conflicto en caso de catástrofes mundiales como terremotos, tsunamis o hambruna, para aquellos que lo necesiten. Gracias al avance tecnológico las ayudas pueden llegar en un tiempo casi inmediato. La ayuda se pone a disposición y su efectividad es mayormente fructífera.
Bibliografía Utilizada:
Armand Mattelart y Jean-Marue Piemme. Veintitrés notas para un debate político sobre la comunicación. En Moragas Spà (1985).Pg. 128
Un comentario
Muy buen articulo, muy completo.