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Renne Nicole Good: su muerte en Minneapolis, Minnesota. Tierra de inmigrantes y migrantes.

por Javier Campos
Artículo publicado el 24/02/2026

I

Desde el 7 de enero de 2026 el estado de Minnesota, y principalmente su ciudad Minneapolis, que también se les llama The Twin Cities (Las ciudades gemelas), o sea Minneapolis y Saint Paul, ha sido centro de atención no solo en EE. UU. sino en todo el mundo. Ese 7 de enero en Minneapolis, falleció por un disparo de un agente federal la madre, poeta y escritora de 37 años Renee Nicole Good, durante un operativo del U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE). La versión oficial afirma que el agente disparó por que creyó que Renee intentaba atropellarlo.

Esa noticia removió mi memoria cuando en los 80 desde Chile me fui a estudiar Estudios Graduados en la universidad de Minnesota que está en la ciudad de Minneapolis. Una universidad de 52 mil estudiantes. Gigantesco me pareció ese septiembre cuando entré al campus universitario. Durante mis 26 años había vivido en un pueblo llamado Tomé de la provincia de Concepción, Chile. Era saltar de un país subdesarrollado al primer mundo. Una modernidad que yo nunca había visto se me apareció antes mis ojos al llegar a Minneapolis. Esa ciudad, luego me di cuenta, era lo mismo que se podía ver en cualquier ciudad de EE. UU. como Chicago, Nueva York, San Francisco, Los Ángeles, etc.

Recordé los 3 años que viví allí. Lo primero que me dijeron algunos estudiantes norteamericanos es que el Estado de Minnesota tenía más de 10.000 lagos y todos los lagos se congelaban en una dura capa de hielo tan dura como el acero. Y en verano había mucha humedad y mosquitos muy grandes. En invierno todo se llenaba de nieve y las temperaturas eran bajo 50 grados Fahrenheit.

Pero el recuerdo más vivo que tengo es de haber conocido a Richard, hijo de inmigrantes escandinavos. El me habló de las grandes emigraciones de escandinavos que desde siglo XIX y comienzos del XX que habían llegado a Minnesota. Conocí a su familia, sus hermanas, todo eran de piel blanca, rubios de ojos azules o verdes y muy altos.

Richard y yo nos hicimos muy amigos. Él me dijo que yo le enseñara español. Y él me enseñaría inglés. Él también estudiaba en la universidad de Minnesota. Quería ser escritor y tomaba clases en el Departamento de Inglés, pero luego se decepcionó de sus clases porque los profesores hablaban muy difícil, me dijo, y llegó a la conclusión que nada de esas enseñanzas le ayudaría   a escribir mejor. También estaba escribiendo la historia de sus antepasados escandinavos que llegaron a Minnesota. Era un historiador autodidacta. Esta gente impuso naturalmente en Minnesota un sentido de gran confianza y solidaridad, me dijo.

Llegaron por invitación del gobierno de EE. UU. a poblar lugares donde se necesitaba trabajar la tierra y aumentar la producción. Y allí llegaron, además esas tierras eran parecidas a sus tierras de origen así que la adaptación fue rápida. Esa influencia contaminó a casi todo el estado y yo lo pude percibir en esa comunidad a la que Richard me invitó a pasar algún tiempo con ellos. Fue entonces que me habló de las grandes emigraciones de escandinavos previo a la llegada de los braceros a Minnesota. El gobierno les dio tierras porque se necesitaba producir mucho. Me habló esos inmigrantes traían un gran sentido de comunidad y una visión muy humanitaria con los demás. En los campos se iban a mezclar luego los braceros con trabajadores de descendencia escandinava y otros (en páginas más abajo nos referimos al Programa de Braceros muy importante para entender la alta presencia de inmigrantes o migrantes trabajadores, principalmente de origen mexicano o centroamericanos en Minnesota). (Nota 1)

Richard explicó también sobre el “baño Sauna” que traían de su cultura de la que yo no tenía idea ni conocía. Ni menos había oído hablar de ese baño en mi país.  Es un baño comunitario de vapor, dijo Richard. Fueron los pueblos de la región báltica y principalmente Finlandia quienes hace miles de años lo usaban y se estima que aparece en la Edad de Piedra. Era un lugar sagrado y funcional para la purificación, la curación y el refugio de las muy bajas temperatura. Allí en Minnesota, por la gran cantidad de lagos, construían el baño de solo de madera fuera de la casa, muy cerca del lago. Es un baño que se calienta con leña y ramas aromáticas y produce una alta temperatura. Luego de una hora, cuando el cuerpo está bien caliente y sudoroso, abren la puerta del baño y corren a lanzarse a las frías aguas del lago, congelada la superficie en invierno. Abrian previamente un gran hoyo  y se lanzaban a esas aguas heladas. El insistió que tomara baños saunas las veces que fui a la casa de sus padres que estaba construida muy cerca de un gran lago. Desde entonces ese baño ha sido parte de mi vida cotidiana.

Durante el siglo XIX y comienzos del XX, Minnesota recibió una fuerte inmigración escandinava, especialmente de Suecia y Noruega, me dijo Richard. Estos inmigrantes llegaron en muchos casos como campesinos pobres, adquirieron tierras o se las dio el gobierno y con el tiempo consolidaron granjas familiares prósperas. Para mediados del siglo XX, sus descendientes constituían buena parte de la producción agrícola del estado. Es importante recordar este dato: quienes en el siglo XIX fueron inmigrantes marginales, un siglo después serían propietarios consolidados. Este patrón es recurrente en la historia estadounidense. La historia de los trabajadores migrantes mexicanos y mexicanos-americanos (a estos últimos también se les llama Chicanos y son residentes permanentes o ciudadanos estadounidenses) desde los años cincuenta ilustra un patrón clásico en Estados Unidos: la superposición de olas migratorias dentro de una economía agrícola que depende de mano de obra flexible.

Richard trabajaba con su padre y abuelo en un campo donde cultivaban   mucha remolacha. Necesitaban mano de obra y con un programa creado por el gobierno después la Segunda Guerra Mundial, llamado “braceros”, se autorizó a trabajadores mexicanos y chicanos viajar por temporada a algunos estados para recoger frutas, hortalizas, maíz. Así, dijo Richard, teníamos por tres o cuatro meses trabajadores braceros. Mi abuelo y mi padre siempre los trataron muy bien y venían cada año y aún vienen generalmente desde California o Texas o Nuevo México.

En Minnesota supe luego por qué había mucha gente de origen mexicano, chicanos y centroamericanos cuando yo llegué en los 80 a Minneapolis y recorrí gran aparte de estado de Minnesota. Lo que sigue es una breve síntesis de lo que aprendí de Minnesota, y a su vez de Estados Unidos, especialmente la presencia de mexicanos, chicanos y de otros lugares de America Latina que llegaban a este país buscando una mejor vida. Unos regresaban después de la temporada de cosechas y plantaciones, otros se quedaban en sus comunidades que se iban formando desde los años 40 del siglo XX.

A partir de los años cuarenta y cincuenta comenzaron a llegar trabajadores mexicanos y chicanos, inicialmente bajo el contexto del Programa Bracero y luego mediante migración interna (dentro de EE. UU.) desde Texas. Se empleaban principalmente en la cosecha de remolacha azucarera, hortalizas y procesamiento de alimentos. Muchos eran trabajadores temporales; otros terminaron estableciéndose de forma permanente.

Cuando esos territorios del Oeste norteamericano eran parte de España, y luego Texas y otros estados pertenecían a Mexico, en 1945 EE. UU.  anexó Texas a los EE. UU.  Y comenzó la Guerra Mexicana-Americana, guerra que duraría desde 1846 a 1848. En el Tratado de Guadalupe Idalgo de 1848, México cedió a EE. UU. el 55% de su territorio incluyendo los hoy Estados de California, Nevada, Utah, gran parte de Colorado, Nuevo Mexico y Arizona.

Esa gente ahora viviendo en esos territorios que antes eran de sus antepasados hispanos tuvieron obligadamente que regirse por las leyes de los EE. UU. Eso ocasionarían múltiples conflictos discriminatorios contra esa gente que había nacido en esos territorios pertenecientes antes la Corona Española y luego a México. La relación con las inmigraciones escandinavas era muy diferente: no tenían ese pasado histórico de los mexicanos y chicanos que seguían viviendo en EE. UU. después del Tratado de Guadalupe Hidalgo. Además la mayoría tenía ascendencia indígena. Los escandinavos eran de piel blanca y ojos claros y sin duda eso tuvo que influir en el trato discriminatorio que ejercían los nuevos hacendados norteamericanos que ahora eran dueños de esos extensos territorios.

La relación emigrante mexicano o chicano era, ante todo, económica: propietarios consolidados empleando mano de obra migrante vulnerable. Sin embargo, la diferencia cultural y lingüística reforzaba la desigualdad. Los trabajadores enfrentaban vivienda precaria, escasa protección laboral y dependencia directa del empleador. No existía segregación legal formal como en el sur, pero sí desigualdad estructural. En los años sesenta y setenta hubo intentos de organización laboral influenciados por el movimiento de César Chávez y la United Farm Workers, aunque en Minnesota la sindicalización fue limitada debido al carácter estacional y disperso del trabajo agrícola. Este proceso refleja un ciclo histórico recurrente en Estados Unidos: un grupo inmigrante asciende socialmente y, con el tiempo, emplea a una nueva ola migratoria en posiciones subordinadas. Irlandeses, italianos y escandinavos atravesaron esa transición antes que los mexicanos.

Así, Minnesota ofrece un microcosmos del país: una sociedad construida por inmigrantes donde cada generación redefine su relación con la siguiente. Más que un conflicto puramente étnico, se trata de una dinámica estructural entre propiedad, trabajo y movilidad social dentro de una economía en constante transformación.

El Programa Bracero (1942–1964) fue uno de los acuerdos laborales más importantes en la historia migratoria de América del Norte. Firmado entre Estados Unidos y México durante la Segunda Guerra Mundial. Nació como una medida pragmática para enfrentar la escasez de mano de obra agrícola en territorio estadounidense. Sin embargo, su legado va mucho más allá del contexto bélico. Una de las preguntas más relevantes en la historiografía contemporánea es si el fin del programa contribuyó —paradójicamente— al surgimiento del fenómeno moderno de la migración irregular entre ambos países. Y como consecuencia la futura creación del ICE (U.S. Immigration and Customs Enforcement)

Tras el ataque a Pearl Harbor en 1941, millones de trabajadores estadounidenses fueron reclutados para el esfuerzo bélico. La agricultura y el sistema ferroviario enfrentaron un déficit severo de mano de obra. En 1942, bajo las presidencias de Franklin D. Roosevelt y Manuel Ávila Camacho, ambos gobiernos acordaron permitir el ingreso temporal de trabajadores mexicanos para labores agrícolas.

El término “bracero” provenía de “brazo”, es decir, trabajador manual. El acuerdo incluía garantías formales: salario mínimo, vivienda, transporte y protección contra discriminación. En teoría, se trataba de un sistema regulado y bilateral. Entre 1942 y 1964 se firmaron más de cuatro millones de contratos. Aunque muchos trabajadores encontraron oportunidades económicas superiores a las disponibles en México, también hubo abusos: retenciones salariales, malas condiciones de vivienda y desigualdad en la aplicación de los contratos.

El Programa Bracero respondió a una realidad económica clara: la agricultura estadounidense dependía de una fuente estable de mano de obra flexible y estacional. Estados como California, Texas y regiones del Midwest requerían trabajadores para cosechas intensivas que no siempre podían cubrirse con mano de obra local. El programa institucionalizó un patrón de migración circular: el trabajador entraba legalmente, trabajaba la temporada y regresaba a México. Este ciclo reducía el asentamiento permanente y mantenía la fuerza laboral en condición temporal.

Sin embargo, más allá de la formalidad contractual, el programa también consolidó redes migratorias: comunidades específicas de México comenzaron a enviar trabajadores regularmente a determinadas regiones agrícolas de Estados Unidos. Se formaron vínculos familiares, económicos y sociales que sobrevivieron al propio programa.

II

Volviendo a la muerte de Renee Nicole Good, la versión oficial afirma que el agente federal de ICE disparó porque creyó que Renee intentaba atropellarlo. Sin embargo, videos y testigos sugieren que no había amenaza real, mostrando a Renee intentando alejarse, lo que ha generado indignación pública, protestas y un intenso debate sobre el uso de la fuerza por parte de agentes federales del ICE en Minneapolis, Minnesota.

Legalmente, el caso se centra en la noción de defensa propia. El estándar estadounidense evalúa si un agente razonable habría percibido una amenaza inmediata. La evidencia que contradice la versión oficial puede influir en investigaciones, pero los jurados suelen otorgar amplio margen a los agentes federales. Desde la perspectiva de derechos humanos, la muerte de Renee plantea preguntas sobre proporcionalidad, debido proceso y respeto a la vida, incluso para personas indocumentadas, subrayando que la dignidad humana no depende del estatus migratorio.

Más allá del ámbito legal, la dimensión simbólica y cultural de su muerte ha amplificado la atención mediática. Aunque el agente no sabía que Renee era poeta, ni menos activista política (pero ahora se sabe que sí lo era). Su identidad como artista y madre hace que su muerte resuene de manera especial. Históricamente, figuras como Federico García Lorca o Víctor Jara han convertido asesinatos de artistas en símbolos de represión y pérdida cultural. En este caso, su obra y vida familiar humanizan la tragedia, y se afirma que su poesía será leída más que nunca, transformando su voz silenciada en un símbolo de memoria y resistencia.

Políticamente, la muerte de Renee ha reavivado debates sobre la legitimidad de ICE, la supervisión de operativos federales y la relación entre gobierno federal y autoridades locales. Minneapolis, como ciudad santuario, cuestiona la operación, mientras la agencia defiende al agente. La combinación de percepción de amenaza, posible error y dimensión simbólica ha generado presión pública por investigaciones transparentes y mayor escrutinio sobre políticas migratorias.

El caso de Renee Nicole Good recuerda que la muerte de un artista no es solo un hecho legal: es un eco cultural que despierta conciencia. Su tragedia pone en primer plano la necesidad de equilibrio entre control estatal y derechos humanos, y demuestra cómo la humanidad y creatividad de una víctima puede transformar un incidente aislado en un debate nacional sobre justicia, ética y memoria.

Aunque Renee se dijo al principio que no era activista política ni tenía vínculos con movimientos comunitarios escandinavos históricos, o con comunidades hispanas, su historia humana, pero sí los tenía. Como poeta, madre, norteamericana de nacimiento, esposa, activista, y vecina compasiva encaja en el tipo de figura que muchas comunidades de Minnesota valoran: alguien comprometido con la vida cultural, familiar y social de su entorno.

Por eso su muerte no solo se ha leído como un incidente aislado, sino como un símbolo de las tensiones entre fuerza estatal y valores comunitarios de respeto y solidaridad que muchos asocian con la identidad progresista de personas y barrios en Minneapolis. Y también conectada a la historia de inmigraciones y emigraciones de ese estado. La pregunta es si hay que eliminar completamente el ICE. La mayoría de la población norteamericana piensa que no pues sin ella el problema de migración indocumentada no tendría control y afectaría la seguridad nacional de país. (Nota 2)

El aumento de inmigrantes indocumentados en EE, UU., desde las últimas décadas, con actualmente más de 13 millones, la mayoría de origen hispano, la vida para ellos parece ser muy difícil a como era en la época del Programa Braceros como mencionamos arriba. Y más controversial la misión que tienen las fuerzas federales del ICE que pueden actuar independientemente en cualquier parte de los Estados Unidos, con total autorización del gobierno central, y no de los gobernadores de cada Estado. Lo curioso es que durante los gobiernos de Obama y Biden la deportación de indocumentados fue mucho mayor que los dos gobiernos de Trump. Las razones porqué hubo más deportaciones de personas indocumentadas en los gobiernos de Barack Obama y de Joe Biden no se debe a un solo factor, sino a una combinación de políticas, contextos migratorios y formas de contabilizar las deportaciones como explicamos en Nota 3.

 

Nota 1. Es necesario aclarar la diferencia entre Inmigrante y Migrante. La Real Academia española dice: Inmigrante es cuando la gente se mueve a otro país con el intento de quedarse permanentemente y cuentan con la autorización legal del país al que llegan. Migrante es cuando la gente se mueve entre países muchas veces sin documentos legales o indocumentados.

Nota 2. En su segundo mandato (2025-2029), Trump ordenó desde su primer día al ICE un comienzo masivo de detenciones de indocumentados en varias ciudades. La idea de Trump era que la droga y el estaba envenenando a la población norteamericana procedía desde el otro lado de la frontera, Mexico. En testimonios que tiene la DEA, la idea de Maduro era destruir por dentro a los Estados Unidos y no mejor plan que hacer un corredor internacional para meterla en la población norteamericana. Este corredor de la droga es muy complejo pero era efectivo hasta antes del 3 de enero de 2026 con la captura de Maduro en una operación impresionante. El corredor comenzaba desde Colombia con grandes cargamentos de drogra por mar o por avionetas ligeras. También se embarcaba en ‘op´+ a 4saz   SZ<lanchas de alta velocidad desde costas de Venezuela hasta Mexico y de ahí entraba por distintas partes de la frontera a EE. UU. controlada por varios carteles mexicanos. En pocos meses (2025 y 2026) la ICE aplastó a la banda narco terroristas del Tren de Aragua, banda venezolana que operaba en EE. UU con su inmediata deportación en varios vuelos directos a Caracas. Quizás tenía razón Trump por el seguimiento que tenía la DEA desde hace años de varios carteles (venezolanos, colombianos, mexicanos) que estaban operando en EE. UU. Razón muy posible que Trump se centrara a eliminar el centro de operaciones que funcionaba en Venezuela, desde el mismo dictador Maduro y un círculo que formaron El Cartel de los Soles. Todo eso se destapó a partir del 3 de enero de 2026 con la captura de Maduro en Caracas y se comience a juzgar a Maduro y a su esposa a partir del 26 de marzo en Nueva York. Desde el 3 de enero de 2016 se ha estado destapando los tentáculos que tenía el régimen de Maduro con China, Rusia, Irán y Venezuela fundamentada en un anti-occidentalismo, la cooperación energética/militar y el apoyo diplomático ante las sanciones de EE. UU. Eso hecha por tierra la tesis que EE. UU. ha ejercido una ocupación de facto en Venezuela para apoderarse del petróleo. Y reaparecen otra vez “las garras del Imperialismo norteamericano”, y la actualización de la Doctrina Monroe. Tesis que parte especialmente de la izquierda latinoamérica y norteamericana. Análisis que hacen principalmente académicos latinoamericanos y norteamericanos que enseñan en universidades norteamericanas y distribuyen sus opiniones en interpretaciones a través de redes sociales Face Book, X, Instagram, YouTube, etc. Para EE. UU., el caso de Venezuela es que estaba promoviendo un dominio geopolítico en la región afectando la seguridad nacional no solo de EE. UU. si no de muchos países latinoamericanos. Un Narco Terrorismo/Militar Internacional que no existía desde los años 60 hasta los años 90 más o menos. Lo que es cierto es que ya no estamos ahora en ninguna Doctrina Monroe, ni plena Guerra Fria ni post segunda Guerra Mundial.

Nota 3. Se recuerda a Obama y a Biden como “los presidentes que más deportaron indocumentados mucho más que durante los dos gobiernos de Donald Trump”.  Esto se explica por varios factores:  1. Mucho volumen de cruces fronterizos: Durante gran parte de su presidencia hubo un alto número de inmigrantes intentando entrar, lo que generó más deportaciones porque cada cruce detectado a menudo resultaba en una expulsión.  2. Amplio uso de procesos rápidos de expulsión: La administración Obama empleó mecanismos administrativos como expulsión rápida u órdenes de deportación sin audiencias judiciales complejas, lo que aceleró y elevó las cifras.  3.  Inclusión de deportaciones fronterizas como reenvíos inmediatos al otro lado de la frontera con EE. UU. Una gran parte de las cifras bajo Obama incluye deportaciones “en el borde” (personas devueltas inmediatamente tras cruzar), que cuentan en los totales oficiales.  Como resultado, Obama deportó más inmigrantes en total (por ejemplo, alrededor de 2.7 millones durante 8 años). Durante el gobierno de Biden varios factores han hecho que las deportaciones (o expulsiones/devoluciones) también fueran muy elevadas en algunos años. Entre 2021 y 2023 hubo un aumento récord en intentos de entrada por la frontera sur, lo que generó más deportaciones y devoluciones porque muchos fueron interceptados y enviados de regreso inmediatamente.  También se usó políticas como Title 42 (hasta mayo de 2023). Esta es una Ley de Servicios de Salud Pública que autoriza al director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades suspender la entrada de personas a EE. UU. para proteger la salud pública. Fue implementada por Donald Trump en su primer mandato en marzo de 2020 en respuesta a la pandemia de COVID-19. Aunque Title 42 fue iniciado bajo Trump, siguió vigente parte del tiempo en la presidencia de Biden y permitió expulsiones rápidas por razones de “salud pública”, aumentando las cifras totales de salidas forzadas.  La administración Biden también intensificó vuelos de deportación a países de África, Asia y Centroamérica que antes aceptaban menos deportados. En algunos años fiscales recientes bajo Biden las deportaciones o expulsiones fueron las más altas desde 2010, incluso mayores que las de Trump, aunque compararlas directamente sigue dependiendo de qué tipo de expulsiones se incluyen (internos, fronterizos, acelerados, etc.). O sea, Obama y Biden a menudo registraron muchas deportaciones en la frontera (incluidas expulsiones rápidas) como deportaciones oficiales.  Donald Trump (en su primer mandato) tuvo menos deportaciones totales porque implementó políticas como Title 42 más restrictivas en la frontera que redujeron la llegada de personas —y por ende las expulsiones oficiales— incluso si la retórica era muy dura.  Por eso, aunque Trump en su primera presidencia (2017-2021) prometió grandes deportaciones, sus cifras en esos años fueron más bajas que las de Obama y Biden (ver nota 2).

Javier Campos
Artículo publicado el 24/02/2026

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