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Una poética de la patria perdida

por Jaime Retamales
Artículo publicado el 15/09/2026

Bernardo Araya, cuyo pseudónimo es Tristán Altagracia, nació en Los Mantos de Punitaqui el 20 de agosto de 1941 y falleció en La Serena el 15 de septiembre del año 2006. A veinte años de su muerte, he querido testimoniar su presencia, y su ausencia en el panorama poético nacional. Hace su primera aparición pública formando parte del grupo América, que nació en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile alrededor de un taller creado en 1964. Según se lee en el sitio Memoria Chilena de la Biblioteca Nacional (1), solían realizar lecturas en lugares como la población Los Nogales y Roosevelt, que combinaban poesía, canción y oradores políticos. Llegaron a tener cuatrocientos espectadores. Esta agrupación publicó los llamados cuadernos del Grupo América, hojas mimeografiadas con poemas de sus integrantes, y también la antología Seis Poetas universitarios, que incluyó poemas de Franklin Martínez Richards, Jaime Silva, Jaime Gómez Rogers (Jonás), Jorge Etcheverry, Oscar Evans y Bernardo Araya”.

Aunque premiado en el mismo Instituto Pedagógico en 1968, su primera publicación fue el libro-objeto Santiago Espiritual en el Nuevo Extremo de la Vida, en coautoría con la artista visual Tatiana Álamos, firmado con el seudónimo Tristán Altagracia en 1987 (2). A este proyecto, que debemos considerar como la entrada de Tristán al espacio público después de años de silencio, lo precede una carta de Teresa Calderón, a modo de prólogo, que resume sus características generales y da a ver sus impresiones críticas, que ciertamente no han perdido validez y que perfectamente se corresponden con sus libros posteriores: «Es producto de este encuentro entre el mundo mecánico, evolucionado, artificial, contaminado y todos los epítetos que quisiéramos agregar, y por otro lado la presencia de la pureza, de los ojos recién despertando, del contraste con el mundo del beatus ille y del locus amoenus que naturalmente no es posible hallar en las grandes ciudades, sino en las lejanías del silencio y la provincia». Supongo que desea borrar su pasado poético vinculado a Bernardo Araya, y tras un largo silencio después del golpe que instauró la dictadura militar, reaparece adhiriendo a las formas de la vanguardia, que por supuesto nunca han sido tan nuevas. Por esos años, ya se conocía La Nueva Novela de Juan Luis Martínez, por citar un referente básico, o el trabajo de Montes de Oca, Dittborn y en tantos más. Por sus propios medios y alcances efectivos, decidió abrir los fuegos de este modo, dada su admiración por esta forma de expresión poética y por la pintura de la transvanguardia chilena que marcó época en los años 80. Irrumpió en un espacio icónico de la época, La Plaza del Mulato Gil (3), con un trabajo artesanal en acuerdo con su propuesta poética.

Al siguiente año Carlos Olivarez presenta su Antología personal Los Veteranos del 70, incluyendo tres poemas de Bernardo Araya, el joven estudiante del Instituto Pedagógico (4). Sus poemas seleccionados son fundamentales para ahondar en su trabajo posterior, por cuanto preanuncian sus derroteros y lineamientos escriturales.

Lugares de Punitaqui

Hay por aquí varios pueblos.
Al otro lado queda Pueblo Viejo.
También Cerro de Piedra y Rinconada.
Hay un pueblo que se llama Camarico
y dos pueblos que son Divisaderos.
Los pueblos minerales son Dorado-Infiernillo,
El Alba de Los Mantos o el Delirio.
Y otros son invisibles pueblos sin aguadas.
Como les digo hay pueblos que no existen
Sino a la hora exacta de los trenes.
Mire nomás Ud. por la ventana
Véala allí parada con su canasta.
Es la señora pueblo sin nombre
que bajo un nevado mantel de saco
lleva sus dulces tristezas.

 

Instalado en la capital de la Cuarta Región, a mediados de 1988, comienza a llamar la atención de los círculos literarios de la época. El Atelier del Poeta es su primer libro como tal, publicado en 1990 por la Editorial Cuarto Propio. Con un dibujo de portada de Samy Benmayor y en contraportada las palabras de Diamela Eltit, Tristán Altagracia apuesta por la concisión, la expresión abierta al juego del significado de las palabras. Permeable, además, su desencanto entona bien con la poesía que hacían los jóvenes a fines de los 80s. Pero este, de todos sus libros, es verdaderamente una rara avis, expresión que el mismo frecuentaba con gusto; puntudo e imprecatorio, se anuncia un tanto maldito, áspero, y de cualquier modo sin condescendencia ninguna, a excepción de la tarea que se tiene con el lenguaje y la obra que le sucede. El poema «El Atelier del Poeta», nombre que lleva el título de su libro, es una declaración de término, y de términos, respecto a su propia historia y antecede a un conjunto de poemas que lo cierran y cancelan bruscamente en un arrebatado nihilismo. Pero, de cualquier manera, como sea leído este libro, hay también una declaración política que se da el tiempo a asuntos como la libertad, la patria, y veladamente a la tregua, que advierte la admonición del pacto concertacionista de los años 90, para acabar en la segunda parte con una especie de viñetas estilo comics, ficción que es preanunciada por el poema «Golpe de letras con Ítalo Calvino», estrellado al fin con la máquina del mundo.

SUITE VOLADA HASTA EL SUMMUM

En lo lejos
de lo lejos demasiado
azul de aire
ha morado transparente
el mismo Dios
descarado
adentro del hombre

 

MI PATRIA

Es una sombra
sentada en columpio
la balancean
de un hemisferio a otro
de la cabeza
no se marea
ni cae jamás
cuando está sujeta
es empujada
por la espalda
entre dos cadenas.

 

MADRE NOSTRUM

…/ /…

Soy la mitad de un hombre dibujado

que anda de noche por las calles

No soy la historia de nadie

si no procuro ser mi propia historia

La sombra de mi codo

permanece sobre la sombra de la mesa

Y la sombra de tinta fluye

sobre la sombra del papel

Esa mano que se mueve cuanto más dibuja

más se mueve

Sólo relojes detienen cuerdas

que hace siglo fueron dadas

Quizás desde que el Splendid-Hotel

de Rimbaud fue construido en el caos

de hielos y noche de polo

O cuando una generación solloza

por su muerte sagrada.

 

En el año 1994 publica Limeta Topacio (Ediciones Del ángelus), en la senda de su libro anterior. En este texto, de carácter absolutamente urbano, se adentra en las carreteras de fin de siglo a la Aldea Global. Arranca de textos ya presentados en libros anteriores de modo de hacer entrar en escena a la India Solari, nombre que muchos reconocerán en la figura del ícono de la contracultura, en la escena del rock argentino, el Indio Solari, fundador del grupo Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Una niña que vive en la montaña, pero que sueña y se las ingenia para engancharse en la fiesta social, o de bar, en el destape del Chile postdictadura. Textos de un hablante cronista, que registra, anticipa, y predica, creando ensambles con imágenes de arte de otras épocas, canciones y citas, en el delirio de los nuevos paisajes juveniles de los años 90: en medio del creído derrumbe de las utopías, los ángeles tatuados y nocturnos se han tomado la ciudad. En ese contexto, se mueve esta parodia futurista donde su autor no se contiene en el decir. Una guerra subterránea está pasando, en medio de escenas de grandes personajes y episodios de la Historia en los que nadie cree o recuerda como algo importante, adaptaciones de textos de Bukowski, o breves cuadros de películas de David Lynch, para cerrar un guión que concentra la mayor parte del libro. En los poemas finales de esta misma parte, «Canto del Hombre Echado a Perder» y «Escalera Automática de la Muerte al Cielo», el poeta se ridiculiza, increpado por los ángeles del infierno, como un miserable que sólo quiere desaparecer de la hoja en blanco pues no tiene valor para morir. Y como quien despierta de su sueño creador, leamos sus poemas:

ALDEA GLOBAL

Pintada de sol y de aire
la India Solari vive sola
en la calle de la Linterna Azul.
A veces se sienta en la ventana
y en su pobre corazón escucha
los ecos lejanos de su casa y su país.
Se le figura una Tierra redonda.
Cosa de no poder ver
mucha distancia en el camino,
cuando desnuda el ojo la chabacana
que come y jura con la cara sucia
refunfuñando creer oír
el silencio de una voz que pregunta:
¿Besos de qué muchachos hay en el viento?
Porque sabe la niña
que lo lejano y la lejanía
de sus Montes Grandes
no son la misma cosa.
Y es aún de mañana en el valle
para el amor que esparce por las colinas
el polvo de las marchitas generaciones,
que necesitan decirle: ¡Todo me duele!
al caminar por terrenos vacíos y secos de cardos
que no salvan a nadie.
Pero ella igual tararea
como si LA FIESTA DEL MUNDO
fuera en la casa de al lado,
en el distorsionado galpón de la época
donde hay gente con luces ultravioletas
que parece vestida de blanco.
(Aunque en realidad no sea así)
y las mujeres vestidas con ropa
de mírenme soy una artista.
Y mujeres de negro vestidas
de mírenme soy posmoderna.
Entre paréntesis
no busquen aquí los críticos:
centauros, gorgonas o arpías.
Estoy hablando del hombre de ahora
salido de las agudas costas rockeras del mundo.
Por eso la india Solari
aunque no conoce papel moneda
y aunque para ella
la noche esté lenta, dispersa y perdida,
igual se conseguirá calzones de seda escarlata.
Y aprenderá que los monstruos
de las profundidades de Shakespeare,
viven todavía entre nosotros.
Sabrá poco a poco
que el mundo está lleno de caníbales
acechando su sexo.
Se enganchará en todas las movidas subterráneas
hasta comprender que la vida es buena
sea larga o repentina.
Por último, piensen un poco en ella
como en una madonna de las flores de la tarde.
O si prefieren
véanla cruzar a nado el mar de las imágenes
para ir a interponerse
como una nave GREENPACE
entre ballenas y arpones.
¡Ah! Y por favor no esperen en la aldea
que grandes aventuras los vengan a buscar.
Porque pajareando
en el planeta del Hombre
lloran los pájaros.
Y a veces… llenos de lágrimas se han visto
los ojos de los peces.

 

Si bien, en mi opinión, el libro tiene erratas, imperfecciones, poemas innecesarios, debo decir que guarda la frescura de sus intenciones, pues es evidente que a su autor le importaba un bledo guardar las huellas de su cocinería, el uso de textos ajenos. Lo conversamos en varias ocasiones, y me repetía: a mí no me queda tiempo para la perfección. Por una parte, el texto puede parecer divertido y por otra da a ver la estupidez y soledad que él advertía en su entorno. Demás está decir que Tristán se las ingenia para entregar el mensaje a sus destinatarios, sacudirnos, hacernos sentir el viaje y por supuesto emocionarnos. Recuerdo que leía estos textos en un bohemio bar de la calle Brasil (Muday), de La Serena, en eventos que el suscrito organizaba y en el que se integraba pintura, poesía y jazz, recibía los aplausos de un público mayoritariamente joven, alucinado y entusiasta. Si bien parece no tener compromiso político, en parte de este libro parece inclinado a la utopía anarquista, aunque creo que es solamente su presentación epocal de la juventud:

«/ Y bebes a gusto el alcohol de la Poesía.

En la barra
exiges a viva voz
que la vida sea más grande que la muerte.
Porque tienes el corazón y la corazonada
que uno se muere en plena ruta.
Por eso pides que caigan todos los gobiernos
para que al fin sobrevenga lo maravilloso.
De ahí entonces se levantan los vasos
y entrechocan como amantes,
se abrazan en el sueño
sin esperar jamás nada de lo que venga/»

 

En medio de toda su alucinada creación superpone su voz a la de los personajes, hablándose a sí mismo y a la vez a todos, creando versos de alto calibre. Como ejemplo, dejo para revisar los poemas «En una Filmación de David Lynch» o «Kid Chocolate».

EN UNA FILMACION DE DAVID LINCH

La noche pega un grito.
Y el grito penetra en mi sueño.
Me parece estar rodando una película.
Dense prisa con los colores digo:
no hay música de fondo.
La felicidad está en los árboles.
Desearía que tu corazón sangrante
no fuese tan inocente.
Al pasar dando tumbos por la pantalla
sería la raja
tuvieras algunas malas ideas,
unas cuantas malas intenciones
para que entendieras a los seres humanos.
En los humosos corredores de mi cráneo
eres una imagen que avanza
por un camino vacío
buscando un camino que no llega nunca.
La inocencia es una especie de locura pienso.
Tal vez estás por fin abriendo los ojos.
Novalis: MUY CERCA DE DESPERTAR ESTAMOS
CUANDO SOÑAMOS QUE SOÑAMOS.
La vida ordinaria en la calle prosigue.
Nadie me hace caso: EL ARTE ES UNA NECESIDAD.
Por otra parte, solo un gato se sube en un salto
a una caja de cartón
y un perro flaco me huele a basura
y se aleja.

 

Sólo a partir de libros posteriores su escritura vuelve a las formas con las que inició su poesía temprana, aunque también podemos encontrar claras señales, y marcas, de una exploración diversa; abierto a todo tipo de expresiones le gustaba experimentar a tal punto que sus influencias, muchas veces, lo distanciaban de sí mismo. Aun así, defendía su postura de no ser original, idea en la que tampoco creía; comunicando claramente sus intenciones persistía a su manera, como es obligación de todo poeta que se precie de tal.

En el año 2001 se publica Norte Profundo (Ediciones Juan Bohon), un libro en el que Tristán se plantea desde su tierra natal: Punitaqui. Pero no todos los poemas guardan el contexto de su patria perdida, como él mismo la llamó, creándose un híbrido con su propio parlamento dramático vuelto al presente, o alcanzado por su nostalgia de tiempos anteriores, y temas propios de la urbe. No obstante, en casi la totalidad de sus poemas, conserva el tono de quien habla o escribe en primera persona. Este libro es, quizás, el mejor reflejo de su mirada y pensamiento. Y digo quizás porque en su conjunto siempre hay una diversidad de hablantes, pero un solo Tristán que no solo nos habla de sus avatares como poeta —eso que tanto le gusta a cierta clase de lectores—, sino que nos presenta un complejo cultural más allá de su época, y una visión que puede o no ser de nuestro agrado, pero que se manifiesta claramente como arte.

Siempre publicó en La Serena, a excepción del Atelier del Poeta, y dudo que sus libros hayan circulado masivamente más allá de sus fronteras, aunque sus textos no son exclusivos. Lector incansable de su época, cuyo medios y posibilidades excedían su propia realidad, a esas alturas se convertía en un verdadero personaje literario que buscaba sobrevivir, forzadamente, en una sociedad que, todos sabemos, no concibe al escritor como un productor de un bien o servicio necesario, a menos que sea figura y consagrada. Era entonces, por opción y necesidad, un sobreviviente extemporáneo de la idea que se tiene del fláneur literario, el poeta de las calles de La Serena, que en su privacidad sólo demostró interés por la literatura, la poesía y sus vínculos con el mundo exterior.

Al libro anterior le siguió Taxi Nocturno (Editorial Molinos de Punitaqui 2003) y Estrellas de Mataró (Editorial del Norte 2005), extensión de su obra imperfecta, como el mismo solía decir y presentar, pero que posee el valor de insistir en uno de los mayores sueños de la humanidad.

Poseedor de una obra dispar, en sus textos converge el imaginario rural y el imaginario urbano, sus raíces, la historia de la provincia y la Historia de nuestra cultura, el mundo del arte y el poder mediático de las formas de ser. Y en esta antítesis, su visión del mundo urbano se presenta como un estadio corrupto en oposición al mundo rural, que es lugar de origen y retorno. Por esto uno de los motivos de mayor significación y permanencia, que podemos captar y vigilar en su obra, es su Patria perdida: un compuesto imaginativo de la época conformado por la gran Historia o cultura, y las vicisitudes de una áspera realidad personal, mezcladas en el sueño, en la creencia y en el delirio de una documentada, emotiva, y entusiasta voz cantante.

Jaime Retamales
Artículo publicado el 15/09/2026

Notas
(1)  http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-94394.html
«El grupo llegó a tener alrededor de 15 miembros entre los que se encontraba José Ángel Cuevas, Jorge Etcheverry, Naín Nómez, Jaime Silva, Bernardo Araya, Tomy Valenzuela, Luis Valenzuela, Daniel Vilches, Oscar Lennon, Óscar “Cayo” Evans, Dagoberto Espinoza, Alejandro del Río y Borgis Lohan».
Ver también La Cita Trunca de Jorge Etcheverry: http://etcheverry.info/hoja/catastro/cronicas/article_1846.shtml
(2)  http://centrodedocumentaciondelasartes.cl/g2/collect/cedoc/images/pdfs/4081.pdf
(3)  https://www.mavi.cl/plazamulatogildecastro
(4)  Los Veteranos del 70/ Carlos Olivarez/ Ediciones Melquiades/ enero de 1988
Tristán Altagracia, es el seudónimo de Bernardo Araya, escritor nacido en Los Mantos de Punitaqui (1941) y fallecido en la ciudad de La Serena (2006).
Egresado de Historia y Geografía, Instituto Pedagógico: Universidad de Chile.
Entre sus libros publicados se encuentran:
“Santiago Espiritual en el Nuevo Extremo de la Vida” Santiago l987 –
“El Atelier del Poeta” Editorial Cuarto Propio, Santiago l990.
“Limeta Topacio” Ediciones del Ángelus – La Serena l994.
“Norte Profundo” – Ediciones Juan Bohon – La Serena 2001.
¨Taxi Nocturno” – Editorial Molinos de Punitaqui – La Serena 2003
“Estrellas de Mataró” – Editorial del Norte – La Serena 2005
Su obra poética figura en las siguientes antologías nacionales:
“Los Veteranos del 70” Santiago l998.
“Muestra de Literatura Chilena –Santiago l992-
“Würlitzer” –Santiago –Jorge Montealegre”-
“Viven” –Periplo fotográfico y textual de los
Poetas de Chile –Cristián Ureta -2003 –Santiago-
“La Firma en Blanco”-Walter Hoefler

 

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