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La Portada. El traje a medida de los libros

por Ser Escritor
Artículo publicado el 26/10/2026

Una portada es la tarjeta de presentación, la imagen, la fachada; la presencia de un libro. Al adentramos en una librería sin una idea clara, una multitud de libros nos rodea. Y entonces un determinado ejemplar brilla, destaca por encima de otros; algo en él nos impacta a primera vista —el color, las letras, la unión de elementos inesperados…— hasta lograr despertar el deseo de leerlo.

En este mundillo hay un nombre que sobresale, es el de Manuel Estrada (Madrid,1953): tímido, perfeccionista, preocupado por la evolución de la naturaleza, y que ha dejado su impronta en innumerables trabajos.

Sus cubiertas son deliciosas, inolvidables; te atrapan, te envuelven y difícilmente te liberas de ellas. Te incitan a abrir el libro y a penetrar en sus páginas para entender, en algunos casos, o certificar, en otros, esa imagen tan poderosa. La creación es lo que tiene: hace reflexionar.

Hemos utilizado el vocablo “cubierta” y Manuel aclara que antiguamente había un elemento que cubría el libro, porque los libros había que preservarlos; los buenos tenían una cubierta de cuero, o de cartón forrado de cuero, con una pequeña inscripción de su título. Pero él prefiere la palabra “portada”: “Me gusta decir que las portadas son puertas por las que uno entra en el libro casi sin darse cuenta, y también una ventana, porque permite que el interior del libro asome. Por tanto, es un elemento de comunicación”.

Comunicar de una manera clara con el fin de llegar al mayor público posible, esa es su principal faceta: “Yo diseño para que la gente lo vea”. Y lo que ve es el exterior del libro, pero ese exterior expresa inmejorablemente bien el interior del mismo. El traductor, editor y escritor bonaerense Alberto Manguel (1948) considera que su genio consiste en “resumir y transformar las abstracciones verbales de la literatura en signos visuales concretos”.

Era bueno dibujando, por eso en su entorno le convencieron para que se matriculara en arquitectura; siendo el arquitecto Esteban Román Marlasca amigo de la familia, estaba destinado a trabajar en su estudio, cosa que hizo únicamente durante la carrera. Pero no la acabó; en aquella época, en pleno franquismo, confiesa que estaba más interesado en intentar cambiar el mundo que en buscar una profesión.

“De pequeño dibujaba como una forma de contarme a mí mismo historias o de contárselas a otros. El dibujo conectaba mi mano con mi cabeza y mi fantasía. Mucho después, leí en el libro Sobre el dibujo, de John Berger, que es una conexión de nuestro cerebro que nos dice lo que pensamos. El dibujo para los diseñadores es una herramienta con el fin de proyectar lo que quieres hacer, una herramienta de reflexión. Y también es una manera de explorar. No olvidemos que la palabra diseño —del italiano disegno— significa “proyectar a través del dibujo”.

“Me topé con el diseño porque, de pronto, descubrí que mi capacidad para dibujar, además de para imaginar cosas, servía para resolver los problemas de otros. Podía hacer una portada para un libro o un cartel para una película, que fueron mis primeros encargos”. De esta manera se dio cuenta de que tenía una habilidad en la que podía mostrarse útil para los demás y que le permitía ganarse la vida.

Es un trabajador incansable, meticuloso, que siempre saca faltas a sus propios trabajos —piensa que todo puede hacerse mejor y que así es como se aprende—. Incide en la utilidad indiscutible de los diseños; los suyos son diseños meditados, propios de una persona que habla de forma pausada y que saca tiempo de las madrugadas para leer, porque lo ha comprobado: “las portadas que mejor salen son las de un libro que te ha conseguido mover el alma”.  Es más: “Hay libros que lees como se sube una montaña. Y que no ves nada claro hasta que no estás arriba. Algunos han sido un hallazgo desde la primera página, un placer desconocido. Autores indispensables que yo no había leído”.

Sin duda, su labor requiere mucho esfuerzo y dedicación. El proceso es largo: “después de leer el libro, puedo hacer veinte bocetos distintos, dibujados, y de esos veinte, pasamos a limpio, a lo mejor, cinco, y de esos cinco, damos vuelta a dos. Y finalmente mandamos uno”.

Ese “nosotros” hace referencia a su equipo, el que conforma su estudio, Estrada Design, fundado en 1989. Con él ha producido diseños de identidad corporativa, libros, carteles, exposiciones… Sus creaciones han recibido el reconocimiento internacional con el Good Design Award, en 2014, que entrega el Museo Athenaeum de Chicago y, también, el Premio Nacional de Diseño en 2017.  “Los premios siempre caen bien, pero no cambian absolutamente nada. Está bien que se comuniquen porque suben la moral del equipo y animan a los clientes, pero realmente no modifican nuestra manera de ver las cosas; los recibimos más como una constatación de un nivel, de una calidad. También nos sirven para situar al diseño español dentro del ranking mundial y a difundir nuestro trabajo”.

Esa difusión en ocasiones está ligada a la seña de identidad corporativa, a un logo que lo define como “el resumen visual máximo de algo, sea una empresa, un evento o una institución”. Reconoce que les lleva mucho más trabajo, más tiempo y más reflexión que hacer una portada, aunque esta última sea más vistosa y estéticamente resulte más atractiva. Pero la satisfacción al saber que al cabo del año con el nuevo logo el negocio duplicó prácticamente la facturación (ocurrió con la empresa Carmencita de especias), “a mí eso me parece apasionante, porque tú haces un diseño pensando en cómo comunicar mejor la marca”.

Manuel nos cuenta que los diseñadores gráficos son los cuidadores del parque natural donde habitan las tipografías. La importancia de la elección del tipo de letra, para un logo, para la portada y para el texto interior es básica en muchos aspectos y añade que algunos autores, como el caso del singular escritor Robert Walser sí se la dan escogida: quiso que, al final de su libro, apareciera el tipo de letra utilizada; en la carta a la editorial Rowohlt de 1912, hacía referencia a ello: “La prueba que tan amablemente me han presentado me parece bien. Yo hubiera preferido letra más pequeña y ligera (…) Estoy de acuerdo con el tipo gótico, pero la imagen general me la imagino más vaporosa, más sutil.

Esa importancia la entendemos con su explicación: “Si consigues que entren más caracteres sin perder flexibilidad de lectura consigues un ahorro de tiempo, de dinero y de belleza, por supuesto. Elegimos, después de probar muchas, una variante de la Garamond. El agujero de las letras a y e minúsculas marcan mucho la legibilidad de la letra y permite que se lea muy rápido. La Garamond es una tipografía que se diseña en el siglo XVI por Cloud Garamond”.

La elección de la que habla fue hecha en 2010 para las colecciones que dejaron una marca indeleble en la memoria de millones de lectores y sirvieron de modelo a otros tantos estudiantes de diseño: hablamos de la renovación de los libros de bolsillo para la editorial Alianza y para El País. Momento de hablar de Daniel Gil, la figura clave para nuestra cultura y para nuestro diseño gráfico cuando, en 1966 y de su mano, nacía el libro de bolsillo; se basaba en un catálogo de lujo, un diseño editorial a la altura y un precio asequible, tres principios cuya combinación garantizaría el éxito editorial. La forma de tratar las imágenes, de manipular los objetos, de convertirlos en material explosivo de altísima potencia visual es una aportación original de él, de su antecesor y amigo. “La gente que somos autodidactas hemos aprendido, siempre en la distancia, de otros, reflexionando, leyendo y trabajando”.

Y junto al tipo de letra, escogieron otra encuadernación, porque en los libros   anteriores costaba que se quedaran abiertos y por eso utilizaron un sistema que ya estaba patentado: “Sigue siendo un fresado, no tan caro como el cosido, que permite que los libros se abran y se vuelvan a cerrar sin romperse”.

Otro elemento esencial del libro es el texto del lomo. El editor Mario Muchnik señala que dos escuelas rivalizan sobre la dirección en el rótulo del lomo de los libros: unos dicen que se lea de abajo hacia arriba y otros de forma contraria. En palabras de Estrada: “Normalmente los libros anglosajones se leen de arriba abajo. Y sin embargo aquí y en América latina, los libros se leen de abajo a arriba. Nosotros instintivamente leemos de izquierda a derecha, al contrario que los árabes, por lo que es más instintivo leer así un lomo”.

En cuanto a la mención sobre las nuevas tecnologías, Estrada explica que el diseño es un arte aplicado y que la Inteligencia Artificial en una actividad como el arte, la música, el diseño… solo puede referirse a réplicas de la creatividad humana. Es más, piensa que esa creatividad se origina en las ideas que nacen “en nuestra cabeza. Y no hay una receta para hacerlas nacer. No podemos dar al ON para que las ideas salgan”. Señala que el trabajo de buscar, promover, incitar el nacimiento de las ideas es el más importante de un diseñador. Y que una vez que ha aparecido el núcleo inicial de una idea, hay que desarrollarla y producirla. Nos hacemos eco de estas reflexiones suyas porque estamos de acuerdo en que el trabajo de buscar la idea es generalmente un trabajo solitario y que cuanto más denodadamente la busques, más éxito tienes, y que el músculo de búsqueda se desarrolla o se atrofia igual que la mano para dibujar.

“Está bien que los editores nos pidan a los diseñadores que contribuyamos a la venta de los libros, pero manejando criterios y capacidades que nos son propias, no manejando elixires mágicos para fabricar best sellers. Recuperando el buen oficio, promoviendo la calidad de la tipografía, la elaboración de imágenes específicas para las portadas, y no sustituyéndolo por búsquedas precipitadas de fotos en los bancos de imagen, que en la gran mayoría de los casos poco o nada tienen que ver con el propio libro.”

A Estrada le dejó huella Bruno Munari (Milán, 1907-1998), uno de los máximos protagonistas del arte, el diseño industrial y gráfico del siglo XX; su visión del mundo y de los elementos que lo conforman definieron en buena medida el trabajo de los diseñadores de entonces y también de ahora. ¿Cómo nacen los objetos?, es de lectura obligada para estudiantes y profesionales que asumen su trabajo con la necesidad de contar con respaldo conceptual; al igual que: El arte como oficio, todo un clásico, donde decía que diseñar consiste en quitar.

Además, él siempre tiene presente una frase de Pepe Cruz Novillo (1936-2026): “Los artistas disparan la flecha y donde cae pintan la diana ellos mismos. Y los diseñadores tienen que saber dónde está la diana y dar con su flecha en el centro”.

En 2022 la Biblioteca Regional de Madrid le pidió a Estrada que hiciera una exposición de portadas (video). Y al finalizar decidieron que esa exposición tuviera validez permanente en otro formato: con Alianza la convirtieron en un libro: “Es un libro donde yo no soy su autor, escribo algunos fragmentos. Yo soy más bien su objeto: Leer libros. Diseñar portadas”. Contiene una extensa entrevista que le hace Juan Cruz, además de las fotos de varias portadas y sus bocetos. En su carátula muestra libros en sentido horizontal en cuyos textos de lomo leemos el nombre del autor, el título y en el último vemos sus ojos. En su interior podemos admirar las portadas expuestas y de las que el diseñador habla. Por ejemplo, el libro Antología poética de Machado: “Una hoja de magnolio y un lápiz de Ikea. Un modesto lápiz basta para escribir la mejor poesía. Esa mezcla de belleza y modestia es una buena manera de introducir a Machado”.  O Tirano Banderas de Valle Inclán: “Esa bandera con cadenas en su asta es una imagen que resume cómo los tiranos enarbolan las banderas que en el fondo solo se acaban convirtiendo en cadenas que nos oprimen”. O La rebelión de las masas: “Tengo que saber lo que dice Ortega, una sociedad que cuestiona las clases y que habla de la revolución de las masas, y cómo las masas empiezan a ocupar el papel de las élites, así que describo eso con una pajarita en las que están bordadas las abejas de una colmena, que son los obreros que se suben a la corbata de la élite”.

“Me interesa mucho cómo dibujar con palabras. La información textual y las imágenes se decodifican por lados distintos del cerebro. Nuestra escritura está condensada en 25 caracteres, que son signos abstractos que tenemos que decodificar como un código, como si fuera morse. Y, sin embargo, las imágenes las leemos al instante. Cuando hacemos una mezcla de ambas lecturas, obtenemos una capacidad de penetración más larga y más ancha, muy poderosa. Es una lectura, dos velocidades y dos recorridos.”

Con los años Manuel Estrada ha entendido una frase que le leyó a Paul Rand, el diseñador del logo de IBM, que decía que la principal cualidad en un diseñador es la curiosidad. “Cuando te encargan un logo tienes que estudiarlo todo sobre esa empresa, algo que lleva más tiempo que resolver la parte visual o gráfica. Yo lo hago con gusto. Esa curiosidad te permite descubrir cosas distintas. Además, me gusta mucho empezar nuevos proyectos porque son un reto que te mantiene con una actitud casi adolescente”.

Lo tiene muy claro y así lo expresa: “Puestos a desear un encargo ideal, me gustaría que me encargaran el logo de un mundo sin fronteras, sin pobres insultantemente pobres y sin ricos innecesariamente ricos. Y como los deseos, al igual que las cartas a los Reyes Magos, pueden ser tan largos como uno quiera, también el de un mundo que hubiese frenado el cambio climático. Y terminado con las guerras. Me encantaría hacer ese logo”.

Nos ha encantado conocer a este diseñador para quien resolver la portada de un libro es un reto que requiere comprensión del libro, oficio, ingenio, habilidad. Y para quien considera que lo más bonito de su oficio es escuchar a alguien decir que la portada le gusta más después de acabar el libro.

Ser Escritor
Artículo publicado el 26/10/2026

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