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Sobre la película «Moments of Youth» (2026)

por Critica.cl
Artículo publicado el 23/07/2026

Texto de Flight Deck Critique Analysis
traducido y enviado por Madeline Mayes / mmayes@smith.edu

 

Ver Moments of Youth deja una sensación única: es una película que resulta ser tanto trepidante como profundamente tierna, una verdadera obra sobre la madurez (coming-of-age) centrada en una noche loca e inolvidable. La obra de Gregory Pellerito rinde homenaje a los clásicos del género sin copiarlos; al contrario, le habla directamente a la juventud actual, capturando un instante fugaz e irrepetible.

Desde el momento en que comienza la búsqueda del tesoro, la historia adquiere un impulso imparable. Los desafíos son creativos y absolutamente hilarantes —robar la corbata del director de la secundaria, colarse en un campo de béisbol profesional y jugar al golf como si fuera billar—, pero detrás de todo el humor y el caos se siente un hilo invisible que lo conecta todo con algo más humano y trascendente. Pellerito no solo ha creado una aventura festiva, sino un espejo que refleja las presiones, los deseos y los miedos de los adolescentes de hoy.

En el corazón de la historia habita un reconocimiento silencioso de la pérdida: una tragedia que, aunque rara vez se menciona explícitamente a lo largo del filme, sobrevuela cada broma y cada juego. Estas heridas abiertas le otorgan un gran peso emocional a la trama. Da la impresión de que los personajes no solo están resolviendo acertijos por Winthrop Creek, sino que también están corriendo una carrera contra el tiempo y el duelo. De esta manera, Moments of Youth se siente más que como una simple película: es un ritual catártico tanto para los personajes como para la audiencia.

El uso de la cápsula del tiempo en el clímax es, en mi opinión, uno de los aciertos más brillantes. No es un mero recurso narrativo, sino un símbolo del intento por preservar la inocencia, la risa y la esperanza; elementos que se desvanecen demasiado rápido al crecer. Resulta conmovedor ver a estos personajes, tras haber pasado una noche llena de locuras juveniles, unirse para guardar fragmentos físicos en una caja destinada a perdurar mucho más allá de esa madrugada.

Gregory Pellerito comprende a la perfección que la adolescencia es una colección de instantes, no una gesta épica, y logra transmitir esa idea de forma muy auténtica. Como sugiere la película, a los protagonistas no les importa ir en línea recta del punto A al Z, sino desviarse hacia el punto D. La noche no transforma a nadie de manera dramática, pero deja huellas imborrables en su memoria, moldeando la forma en que enfrentarán la felicidad y la tristeza en sus futuras vidas adultas. Esa tensión agridulce que conecta el pasado con el futuro se respira en cada escena.

Hay también una profunda exploración sobre la participación, tanto en la vida como en la experiencia de ver la película. Conforme los personajes descifrar acertijos y compiten contra el reloj, se invita a la audiencia a jugar con ellos. Es una forma sutil pero brillante de sumergirnos en el tejido emocional de la película: no solo vemos a los personajes crecer, sino que nos sentimos avanzar a su lado, envueltos en su emoción, su confusión y su valentía.

Las decisiones de dirección de Pellerito amplifican este efecto de manera hermosa. Los cambios rápidos entre los equipos de la búsqueda del tesoro, el trabajo de cámara cinético y el montaje ágil construyen una experiencia sensorial que refleja la intensidad deslumbrante de la juventud. Sin embargo, nunca pierde de vista los momentos más íntimos y vulnerables: una mirada anhelante entre amigos, una confesión inesperada, el dolor de lo que se queda sin decir. Es en esos destellos donde la película realmente trasciende las convenciones del género y se convierte en algo conmovedor para el alma.

Desde una perspectiva psicológica, Moments of Youth explora las cicatrices invisibles que cargan los jóvenes tras vivir una pandemia global, tiroteos escolares y un mundo donde la incertidumbre parece ser la única constante. Sin caer en el dramatismo pesado, Pellerito conecta con esa inquietud colectiva y demuestra cómo la risa, el amor y la aventura compartida se convierten en actos de resistencia: formas de sanar, de albergar esperanza y de avanzar, incluso cuando el pasado pesa como una sombra.

Cheri Oteri, John Farley y Garry Pastore, junto con un elenco juvenil increíblemente auténtico, le dan vida a cada fotograma. Sus interpretaciones están impregnadas de una calidez y espontaneidad tan reales que se siente como si estuviéramos presenciando a escondidas la última noche de la juventud de alguien, en lugar de ver a actores siguiendo un guión. Es un testimonio tanto de su talento como de la atmósfera de confianza y creatividad que Pellerito logró construir en el rodaje.

Al final, Moments of Youth es exactamente lo que su nombre promete: un intento por capturar, atesorar y despedir con ternura la etapa más fugaz y electrizante de la vida. Gregory Pellerito nos ha entregado un regalo: una película que no solo nos recuerda lo que se siente ser joven, sino lo que significa crecer con dignidad, incluso cuando duele. Salí del cine sintiendo nostalgia, esperanza y, sobre todo, gratitud. Gratitud de que, en un mundo que avanza tan rápido, alguien se haya tomado el tiempo de frenarlo lo suficiente como para elevar estos instantes a la luz.

Por todo esto, Moments of Youth merece ser mencionada con el mismo respeto que clásicos como Dazed and Confused, The Breakfast Club o Ferris Bueller’s Day Off. Es, sin duda, una cápsula del tiempo que volveremos a mirar durante muchos años.

 

A T E N C I O N
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