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Elena Poniatowska adentra al mundo de Rosario Castellanos

por Fernando Beltrán
Artículo publicado el 30/09/2026

Esta reseña fue publicada originalmente en Dignos y Humanos.
Revista cultural de la Universidad Nacional Rosario Castellanos
,
núm 31, año 3, septiembre, 2026, pp. 4-8.

 

Resumen
Anclado en el género de la reseña, esta apreción sostiene que el mérito de Poniatowska es acercar la obra de Rosario Castellanos al lector contemporáneo. La vuelve cercana, humana, respirable, irónica, profundamente sensible a las injusticias y siempre atenta a la condición de los otros, los olvidados, los oprimidos. Esa cercanía hace de este libro especialmente entrañable para Chiapas, porque una parte esencial de la voz de Rosario nació en Chiapas, entre las contradicciones sociales, raciales y afectivas que marcaron su infancia y después toda su literatura.

Elena Poniatowska eligió para su nuevo libro sobre Rosario Castellanos un título que contiene buena parte de su obra: En los labios del viento he de llamarme árbol de muchos pájaros. El verso proviene de “Dos poemas”, incluido en De la vigilia estéril, y desde ese verso en el título empieza el ensayo de interpretación. Poniatowska entra a Rosario por la poesía, por la zona más íntima de su lenguaje, por ese tejido donde la escritora chiapaneca dejó su respiración más honda.

La elección del título deja ver una lectura cuidadosa y cercana. Poniatowska entiende que Rosario Castellanos vivió escribiendo y escribió viviendo. Su literatura nace de experiencias concretas, de dramas familiares, de silencios, de desencantos, de una sensibilidad que muy pronto descubrió la dureza de ciertas jerarquías mexicanas hacia las mujeres y hacia los indígenas de Chiapas.

Por eso el libro avanza con tanta naturalidad entre la biografía y la obra. La vida ayuda a leer los libros, y los libros devuelven otra luz sobre la vida. Poniatowska sigue ese hilo con inteligencia y cercanía. Acompaña a Rosario desde la infancia marcada por la sensación de desamparo hasta la madurez de la escritora que transformó el dolor en literatura y lucidez.

Hay un verso de Castellanos que acompaña muchas páginas del libro que nos convoca: “Porque el dolor —y qué otra cosa soy más que dolor— me ha hecho eterna”. Esa línea poética ayuda a entender el corazón de la interpretación de Poniatowska. Rosario convirtió su fragilidad en una forma de conocimiento. Cada página parece venir de la combustión de los huesos.

Poniatowska acerca a Rosario Castellanos al lector contemporáneo. La vuelve cercana, humana, respirable, irónica, profundamente sensible a las injusticias y siempre atenta a la condición de los otros, los olvidados, los oprimidos. Esa cercanía hace de este libro especialmente entrañable para Chiapas, porque una parte esencial de la voz de Rosario nació en Chiapas, entre las contradicciones sociales, raciales y afectivas que marcaron su infancia y después toda su literatura.

El libro toca pronto una zona delicada de la vida de Rosario Castellanos: la autoconciencia de sentirse desplazada dentro de su propia historia familiar. Poniatowska recupera aquel episodio terrible que Rosario escuchó siendo niña, cuando alguien anuncia un presagio funesto sobre los hijos de la familia Castellanos y la madre de Rosario deja escapar un deseo devastador: que el muerto no sea el varón. La escena permanece en Rosario como una evocación apabullante y desconsoladora. Años después reaparece transformada en literatura, en Balún Canán.

Ese sentimiento de exclusión acompaña gran parte de su obra. Rosario mira siempre, o casi siempre, como quien mira desde la orilla. Como alguien que observa el afecto repartido hacia otros, el reconocimiento dirigido hacia otros, la autoridad concentrada en otros. Quizá por eso sus personajes sienten con tanta fuerza la humillación, el abandono y las relaciones de poder. Rosario conocía ese territorio por experiencia propia.

El matrimonio con Ricardo Guerra también pesa en estas páginas. Poniatowska lo aborda con tacto y sobriedad. Una anécdota basta para revisitar esa cicratiz. Una de las amantes de Guerra llama a la casa preguntando por él. Rosario responde que desconcoe dónde se encuentra y que ella también lo espera. La escena condensa lo rosariano: ironía, tristeza, inteligencia y una dignidad sostenida a mitad de la tormenta.

Ese desencanto sentimental alimenta también buena parte de la escritura de Castellanos. Su poesía y sus ensayos sobre la condición femenina poseen una lucidez que nos atrae y nos deslumbra. Rosario entendió muy temprano que muchas mujeres mexicanas vivían atrapadas entre el talento propio y las estructuras sociales que las reducían al silencio, a la dependencia emocional o a una permanente necesidad de aprobación masculina. Esa verdad aparece en sus libros con una claridad que incomoda aún a más de un lector.

Poniatowska muestra que Rosario convirtió el sufrimiento en una forma de percibir el mundo. Su escritura detecta la desigualdad allí donde otros sólo alcanzaban a ver folkclore, costumbre, la tradición inexorable. Se alza ahí el puente entre su obra y su ética como escritora: el tránsito entre el dolor íntimo y la empatía hacia los excluidos.

Por ese puente, desde luego, se llega a Chiapas. A los indígenas, los peones, las mujeres invisibles, los personajes atrapados dentro de jerarquías antiguas que Rosario conoció desde niña en las haciendas familiares. Su literatura emerge de esa incomodidad moral. De saberse parte de una estructura injusta y, al mismo tiempo, atravesada por ella.

Las páginas sobre Chiapas tienen una fuerza especial. Rosario Castellanos deja de aparecer solamente como escritora y aparece también como una mujer recorriendo comunidades indígenas, trabajando en el Instituto Nacional Indigenista, escribiendo para el Teatro Petul y buscando formas sencillas de comunicación con personas alejadas de la cultura letrada urbana. Hay algo profundamente conmovedor en esa etapa porque Rosario aprende a actuar de otro modo.

Poniatowska acierta al mostrar las contradicciones de esa experiencia. Rosario llega a Chiapas desde el privilegio de la hacienda, desde el mundo de los blancos, desde una familia propietaria. Ella misma reconoce esa condición con crudeza. Se sabe “una hacendada, una blanca en medio de indígenas, una patrona que dispone de siervos”. Rosario entiende la desigualdad como una realidad diaria, visible en el habla, en el miedo, en la obediencia y hasta en los silencios.

También destaca su rechazo a la etiqueta de “indigenista” a propósito de su literatura. Rosario se aparta de la visión romántica del indígena como figura pura o misteriosa. Habla de seres humanos colocados en circunstancias históricas atroces. Habla de miseria, de relaciones de dominio, de estructuras sociales que deforman la vida de todos, tanto de quienes obedecen como de quienes mandan.

Ese matiz le da más hondura a su literatura. Balún Canán, Ciudad Real y Oficio de tinieblas alcanzan una complejidad poco común porque Chiapas aparece lejos de la postal turística o folclórica. Sus novelas trabajan el conflicto, la tensión racial, el resentimiento, la desigualdad, el miedo y la violencia contenida y muchas veces a flor de piel de sus personajes. Chiapas aparece en sus páginas como una tierra hermosa y herida al mismo tiempo.

Poniatowska también rescata episodios que muestran la exigencia moral de Rosario Castellanos. Uno de los más memorables es el de María Escandón, la mujer indígena que la acompañó durante décadas. Rosario recuerda con culpa que mientras ella recorría comunidades y asumía tareas culturales “de redentora”, María seguía consumiéndose en la ignorancia, sin aprender siquiera a leer y escribir. La confesión tiene una sinceridad golpeadora. Rosario mira incluso sus propias limitaciones con severidad.

Esa sinceridad vuelve más vivo el retrato construido por Poniatowska. Rosario Castellanos aparece llena de inteligencia, pero también de dudas, contradicciones y remordimientos. Su conciencia social nace desde la duda, la culpa y la lucidez. De ahí emerge, también, la profundidad humanista de su obra.

Hay otro detalle hermoso en estas páginas de Poniatowska. Rosario entendía la enseñanza como una forma de servicio. Pasaba horas hablando con alumnos, dirigiendo tesis, respondiendo preguntas. Después escribía de noche. Poniatowska retrata esa disciplina con admiración. Queda una imagen luminosa: una mujer frágil en muchos aspectos de su vida personal y, al mismo tiempo, poseedora de una energía intelectual inmensa.

El libro concluye con una verdad incontrovertible. Rosario Castellanos encontró en Chiapas una materia memorable de su literatura porque descubrió el rostro concreto de la desigualdad y también el rostro concreto de la dignidad humana. Esa experiencia marcó para siempre su escritura. Elena Poniatowska consigue narrarlo con cercanía, sensibilidad y una profunda lealtad hacia la voz de Rosario Castellanos.

Fernando Beltrán
Artículo publicado el 30/09/2026

Referencias
Castellanos, R. (2025). Poesía no eres tú. Obra poética (1948-1971). Fondo de Cultura Económica.
Poniatowska, E. (2026). En los labios del viento he de llamarme árbol de muchos pájaros. Fondo de Cultura Económica.

A T E N C I O N
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