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Las bandas del narcotráfico mexicano y las protestas estudiantiles: ¿crimen organizado o narcoterroristas?

por Javier Campos
Artículo publicado el 06/02/2026

protestas

Recientemente la presidente de México dijo:
“La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, hizo la declaración de que “el crimen organizado no puede ser clasificado como terrorismo” el 12 de enero de 2026, tras una llamada telefónica de unos 15 minutos con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la que discutieron temas de seguridad y cooperación bilateral. Este posicionamiento se enmarca en un contexto de diferencias entre ambos gobiernos sobre cómo definir y enfrentar a los cárteles y otros grupos criminales, y refleja la postura mexicana de no aceptar clasificaciones que, desde el punto de vista legal mexicano, no encajen con la definición de terrorismo en el país. La mandataria dejó claro que México no comparte la narrativa de etiquetar a los cárteles como terroristas o como narcotraficantes, ya que dicha clasificación podría abrir la puerta a interpretaciones que justifiquen acciones unilaterales o intervenciones extranjeras en territorio nacional. Asimismo, reiteró que durante la conversación con Trump rechazó cualquier posibilidad de intervención militar, subrayando que la cooperación en materia de seguridad debe darse bajo principios de respeto a la soberanía, coordinación e intercambio de información, no mediante acciones armadas.” (https://jrznoticias.com.mx/)

Por años, el gobierno mexicano ha insistido en que la violencia no se combate con fuerza, sino atendiendo sus causas sociales. El planteamiento, en abstracto, es razonable. El problema es que la realidad cotidiana contradice el discurso, y el mensaje que está recibiendo la población —especialmente los jóvenes— es profundamente peligroso: el Estado no está dispuesto a imponer su autoridad frente al crimen organizado. Hay que señalar que los carteles mexicanos tienen control del 30% de territorio mexicano, principalmente en regiones fronterizas con EE. UU (se puede ver en Google mapas sobre esa presencia en el territorio mexicano).

Resulta complicado entender el termino ¨terrorista¨ definido por el gobierno mexicano (ver lo que dijo la presidenta arriba citada) y el término “carteles”. Los “carteles no son terroristas”, dice la presidenta. Pero para EE. UU. no hay ninguna diferencia: los carteles son bandas narco terroristas organizadas. Esa es la diferencia entre la definición de la presidenta de México y la del presidente de EE. UU. Y esa diferencia puede crear un gran caos entre las fronteras de ambos países (y también en otros países del continente si no se ponen de acuerdo los gobiernos sobre esa terminología) porque los carteles, en la definición de Trump, entran a EE. UU. con la droga. Según el mismo Trump ha dicho (en enero de 2026) que la entrada de drogas a EE. UU. ha disminuido el 90%. desde que la poderosa flota militar permanece muy cerca de la frontera con Venezuela, desde diciembre en 2025 en el mar Caribe, bombardeando a embarcaciones de alta velocidad con supuestos cargamentos de drogas que salen de las costas de Venezuela y van hacia Colombia, luego a México o y de allí a Estados Unidos.

Las protestas de miles de estudiantes mexicanos no son un fenómeno menor ni manipulable. Históricamente, cuando los estudiantes salen a las calles en México, lo hacen porque perciben que el futuro se les escapa. Hoy protestan por algo elemental: seguridad para vivir, estudiar y transitar sin miedo. (Nota 1)

No exigen autoritarismo ni dictadura. Exigen presencia real del Estado y consecuencias visibles para quienes delinquen. El gobierno ha optado por explicar la violencia: pobreza, desigualdad, abandono histórico. Todo eso es cierto. Pero explicar no equivale a gobernar. Gobernar implica imponer límites claros y hacer cumplir la ley. Cuando bandas criminales continúan operando abiertamente, controlando territorios, extorsionando comunidades y reclutando jóvenes sin enfrentar arrestos claros ni procesos judiciales visibles, el mensaje es devastador: la ley no es igual para todos. Para el ciudadano común —y para los estudiantes— la conclusión es inevitable: el crimen tiene poder, el Estado duda. Se dice que en el 30% del territorio mexicano hay presencia de las bandas del narcotráfico, especialmente en regiones cerca de la frontera con EE.UU.

Aunque México no es El Salvador, la comparación es inevitable. En ese país, el Estado decidió recuperar el monopolio de la fuerza de manera contundente. El resultado fue una drástica reducción de la violencia visible y una población que, mayoritariamente, se siente aliviada. Se construyó una mega cárcel casi de ciencia ficción para los que integren cualquier pandilla. (Nota 2)

Muchos jóvenes mexicanos no piden copiar ese modelo, pero sí se preguntan: ¿Por qué aquí el Estado parece incapaz de enviar una señal clara de autoridad? La comparación no es técnica ni académica. Es simbólica. Y en política, los símbolos pesan. Cuando el Estado parece ausente o temeroso, ocurren cuatro cosas: Se normaliza la violencia. Se erosiona la confianza en las instituciones. Crece el cinismo político entre los jóvenes. Y aumenta el apoyo social a soluciones autoritarias.

Paradójicamente, la estrategia que busca evitar la mano dura puede estar abonando el terreno para ella. Las protestas estudiantiles no son una amenaza al Estado; son una advertencia. Dicen con claridad: no nos sentimos protegidos. Y ningún gobierno puede sostener legitimidad cuando una generación completa siente que el Estado no cumple su función básica. La pregunta que México enfrenta ya no es ideológica, sino existencial: ¿puede una democracia sobrevivir si no garantiza seguridad básica a su juventud? Porque cuando el Estado no impone el orden, alguien más lo hace. Y ese alguien no rinde cuentas, no respeta derechos y no ofrece futuro.

Nos interesa hacer una relación entre las maras y crimen organizado en El Salvador y México. Aunque México no es El Salvador, la comparación es inevitable. En ese país, el Estado decidió recuperar el monopolio de la fuerza de manera contundente. El resultado fue una drástica reducción de la violencia visible y una población que, mayoritariamente, se siente aliviada. Muchos jóvenes mexicanos no piden copiar ese modelo, pero sí se preguntan: ¿por qué aquí el Estado parece incapaz de enviar una señal clara de autoridad? La comparación no es técnica ni académica. Es simbólica. Y en política, los símbolos pesan.

Cuando el Estado parece ausente o temeroso, ocurren cuatro cosas: Se normaliza la violencia. Se erosiona la confianza en las instituciones. Crece el cinismo político entre los jóvenes. Y aumenta el apoyo social a soluciones autoritarias. Paradójicamente, la estrategia que busca evitar la mano dura puede estar abonando el terreno Las protestas estudiantiles no son una amenaza al Estado; son una advertencia. Dicen con claridad: no nos sentimos protegidos. Y ningún gobierno puede sostener legitimidad cuando una generación completa siente que el Estado no cumple su función básica. La pregunta que México enfrenta ya no es ideológica, sino existencial: ¿puede una democracia sobrevivir si no garantiza seguridad básica a su juventud? Porque cuando el Estado no impone el orden, alguien más lo hace. Y ese alguien no rinde cuentas, no respeta derechos y no ofrece futuro.

Javier Campos
Artículo publicado el 06/02/2026

Nota 1. Aunque las protestas estudiantiles recientes están relacionadas con la violencia general y frustración con la política de seguridad, han existido históricamente movilizaciones estudiantiles en México contra el uso de fuerzas del Estado y violencia política, como el caso de la Masacre de Tlatelolco de 1968, donde miles de estudiantes se reunieron para protestar y enfrentaron represiones letales por parte del Estado (aunque en ese caso no era específicamente contra la política de narcotráfico, sino contra la represión política). Veamos en más detalles una línea de tiempo de protestas en México entre 2006 y 2025). En 2006, Inicio de la “Guerra contra el narcotráfico” El gobierno de Felipe Calderón (2006‑2012) lanzó una estrategia militarizada para combatir a los cárteles de la droga, lo que marcó un aumento sostenido de violencia en varias regiones del país. Aunque en este año de 2025 no hubo una protesta estudiantil específica contra el narcotráfico, la violencia y el despliegue de fuerzas militares generaron un clima social tenso que sería foco de movilizaciones posteriores.   En 2011. El 5 a 8 de mayo de 2011 Surge un movimiento social importante llamado Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, convocado por el poeta Javier Sicilia, tras el asesinato de su hijo por sicarios. La marcha partió de Cuernavaca (Morelos) y llegó al Zócalo de la Ciudad de México, con miles de personas exigiendo paz, justicia y fin de la violencia relacionada con la guerra contra los cárteles. En su punto culminante, se reportó una participación de decenas de miles de personas; una manifestación cerró varios días de protestas con hasta 85 000 asistentes según algunos medios.  En 2010. Durante los años siguientes, aunque hubo múltiples protestas sociales de distinto tipo (magisteriales, estudiantiles por educación o derechos humanos, y regionales por violencia), no todas fueron directamente contra el narcotráfico pero sí están enmarcadas en la crítica al clima de inseguridad y al rol del Estado.
(Ej.: movilizaciones por temas educativos, derechos civiles, etc.) En 2025.  El 15 de noviembre de ese año se realizó una movilización nacional convocada inicialmente por grupos jóvenes autodenominados “Generación Z México”, con presencia destacada de estudiantes y jóvenes, exigiendo seguridad pública, fin de la impunidad, justicia ante la violencia generalizada, y crítica a la estrategia del gobierno actual. La chispa inmediata fue el asesinato del alcalde de Uruapan (Michoacán), Carlos Manzo, el 1 de noviembre de 2025, quien había denunciado falta de protección frente a los cárteles.  Las protestas se realizaron en más de 50 ciudades del país e incluso en el exterior (Estados Unidos, Europa), conectando reclamos por violencia y corrupción.   En Ciudad de México, la marcha culminó en el Zócalo con enfrentamientos, aproximadamente 17 000 personas según autoridades, decenas de heridos tanto civiles como policías y varias detenciones.
Nota 2. La Mega cárcel, el CECOT (Centro de Confinamiento del Terrorismo) es la mayor prisión de El Salvador y una de las más grandes del mundo en capacidad, diseñada para albergar a gran parte de los detenidos por la política de mano dura contra las pandillas. Tiene una capacidad oficial para 40.000 internos.  En 2024 había entre 14.000 y 20.000 presos allí, aunque la intención es llenarla con miembros de pandillas.  Las Encuestas dicen que entre 80 % y 90 % de los salvadoreños aprobaron las medidas de Bukele contra las pandillas en encuestas realizadas entre 2022 y 2023.  Esa política redujo dramáticamente los homicidios y ayudo la percepción de mayor seguridad ciudadana.  Sin embargo, organizaciones internacionales, grupos de derechos humanos y parte de la prensa han señalado que este apoyo no necesariamente refleja respaldo a las violaciones de derechos, sino a la seguridad percibida. Hasta ahora se sigue criticando en favor o en rechazo a ese tipo de solución contra el narcoterrorismo.

 

Bibliografía mínima / Fuentes consultadas
Artículos y reportajes en El Universal, Reforma, La Jornada, The New York Times y BBC Mundo sobre seguridad, protestas estudiantiles y políticas comparadas en México y El Salvador.
Aguilar Camín, H. & Meyer, L. (2010). A la sombra de la Revolución Mexicana. Cal y Arena.
 Astorga, L. (2015). ¿Qué querían que hiciera? Inseguridad y delincuencia organizada en el gobierno de Felipe Calderón. Grijalbo.
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Informes sobre seguridad ciudadana y derechos humanos en México.
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE).
https://jrznoticias.com.mx/
Naciones Unidas – UNODC. Global Study on Homicide (varios años).
Organización de Estados Americanos (OEA). Seguridad ciudadana en las Américas.
Zepeda Lecuona, G. (2018). ¿Cómo contener la violencia en México?, México Evalúa.

 

 

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