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Neo-ultraderecha: forma y fondo de su estrategia política

por Jaime Vieyra-Poseck
Artículo publicado el 10/03/2026

Si hubiera que sintetizar las características de la neoultraderecha contemporánea —tanto a nivel global como en su expresión chilena— podrían destacarse dos rasgos principales: la forma de difusión de su discurso y la centralidad de la mentira como única estrategia política.

La forma: el ecosistema digital
Si el nazifascismo usó antes que nadie los últimos avances tecnológicos de principios del siglo XX  ―la radio y el cine― para propagar su discurso político, la neoultraderecha ha usado, o más bien abusado, del ecosistema digital. Esta ideología autoritaria, con un pasado histórico tan devastador como apocalíptico, fue el primero que descubrió sus enormes potencialidades para difundir urbi et orbi su narrativa política: mientras las demás corrientes políticas  democráticas continuaban siendo análogas, la neoultraderecha ya tenía 10 años siendo digital.

El universo virtual ha sido su trinchera principal para consolidar su discurso de fragmentación nacionalista, polarización política, odio y miedo. Sin la comprensión de la importancia del universo digital, es imposible comprender el enorme auge de esta corriente política que ha, literalmente, colonizando las redes sociales. Su discurso simple y directo apunta a estimular las emociones humanas primarias, que anula todo proceso racional, principalmente el odio y el miedo contra los migrantes pobres, como también contra las mujeres pensantes, la comunidad LGBTIQ+, y la izquierda progresista que la sitúan en lo que definen, peyorativamente, como la cultura woke. La manipulación de los algoritmos en las plataformas digitales, cuyos dueños son conocidos neoultraderechistas tecnooligarcas, viraliza con rapidez y fluidez su narrativa dominando el debate público y los procesos electorales e impactando especialmente en las dos últimas generaciones que se informa solo en la Red.

En rigor, si antes la ultraderecha tenía como norma el golpe de Estado contra la democracia para alcanzar el poder, la neoultraderecha con su mega poder digital antidemocrático no tiene necesidad de cometerlo en la realidad: lo ha estado dando y reproduciendo durante ya más de dos décadas en la esfera digital por 24/7 y 365 días, concientizando ya a casi dos generaciones con granjas de bots elaborados à la carte según las características del navegante, que reciben en su móvil convertido en el plaza global del siglo XXI.

El fondo: la mentira
La segunda característica de los nietos y bisnietos de Adolfo Hitler es que han seguido al pie de la letra una de sus máximas: “Vencer es más importante que la verdad”. Las redes sociales han plasmado lo que sin duda es el más grande catálogo de mentiras con fines políticos de la historia. Para recurrir a la mentira más descarada han creado la realidad paralela que es, frente a la verdad evidente y verificada, la normalización y legitimización sí o sí de la mentira premeditada ubicándola fuera de todo control científico e histórico, carente del valor moral de la verdad racional, que es la base de la legitimidad y la construcción de la convivencia democrática. La mentira de Donald Trump de haber perdido la elección presidencial de 2016 por fraude, ilustra a la perfección la mentira amoral intencional de la neoultraderecha como única estrategia política antidemocrática para alcanzar el poder.

Uno de los arquitectos ideólogos de la neoultraderecha global, Steve Bannon, dijo:  «Los demócratas no importan. La verdadera oposición son los medios de comunicación. Y la forma de lidiar con ellos es inundarla con mierda» (sic), es decir, de mentiras desinformadoras.

La mentira neoultraderechista permanente tiene como única finalidad controlar siempre la narrativa política y clausurar el diálogo democrático basado en datos verificables con un solo fin: erosionar la convivencia democrática hasta destruirla y, por saturación, bloquear u ocultar los verdaderos problemas del país.

La maldad supina de la neoultraderecha, por ser sin complejos anti derechos, es otra de sus sub-características. Su propuesta involucionista propone un retroceso de más de un siglo en derechos laborales, de la mujer y de la comunidad LGBTIQ+. Por otra parte, el ataque a sus contrincantes políticos (todo el arco democrático), es visceralmente antidemocrático: no los trata como contendientes legítimos, sino como enemigos a extinguir.

El caso chileno
El triunfo electoral de José Antonio Kast, del neoultraderechista Partido Republicano, hijo de un nazi que huyó de la Alemania Federal el año 1950, se inserta en esta tendencia global del auge de la mentira política descarada antidemocrática como única estrategia política para alcanzar el poder máximo. Su discurso contra los inmigrantes pobres como cabezas de turco  ―su principal narrativa electoralista―, es copiada con precisión de sus correligionarios europeos y norteamericanos. Por cierto, para dicha de esta ideología tienen material para décadas: en la actualidad y como nunca en la  historia, hay nada menos que más de 300 millones de migrantes en el mundo, principalmente hacia Europa y EEUU.

La elección de un chivo expiatorio de todos los males del país, es la fórmula ya usada por el nazismo alemán. Vale decir, la necesidad de tener un grupo social extranjero como cabeza de turco, responde a la necesidad de esta ideología política ultra de crear el enemigo interno contra lo nacional. En la Alemania nazi fueron los judíos de aquella época que ya eran marginados; ahora son los inmigrantes pobres. La ultraderecha siempre crea una (falsa) dicotomía entre nacionales versus extranjeros para polarizar el debate político maximizando el odio y el miedo colectivos contra los no nacionales, demonizándolos hasta deshumanizarlos.

Consolidado el enemigo interno en la conciencia colectiva antes como ahora, la ultraderecha se presenta como la única salvación del orden público con la represión y expulsión en la actualidad, primero, de los extranjeros pobres categorizados y estandarizados todos como criminales. Después, ―lo verifica la historia―, vendrán la quita de derechos laborales, persecución primero a los grupos más radicales de las izquierdas hasta llegar a la derecha liberal, a las diversidades sexuales y a las mujeres pensantes.

Hay que subrayar, que la elección, antes de los judíos y ahora de los extranjeros pobres, no es casual. Los judíos eran un pueblo marginado que ya vivía en guetos, y ahora los extranjeros pobres carecen de representación política, de redes sociales, están desorganizados, generalmente por falta de tiempo por ser pluri empleados. Son elegidos, en los dos casos históricos, por ser los sectores de la sociedad más vulnerables: no pueden defenderse de la deshumanización organizada y premeditada por la poderosa neoultraderecha ―dueña en Chile de un monopolio comunicacional del 90%, generalizándolos a todos como delincuentes.

Sin embargo, según el Índice de Paz Global (IDG) de 2025, elaborado por el Institute for Economics & Peace (IEP) de Australia, Chile ocupa el puesto 62, de 163 países y, a nivel latinoamericano, obtiene la posición 4ta, de 20 países. En crimen organizado, según  Global Organized Crime Index, Criminality 2025, Chile ocupa el puesto ―de menos a más― 76 de un total de 193 países, lo que indica que pesar de la irrupción inédita del crimen organizado, Chile se clasifica como uno de los países más seguros del mundo teniendo en cuenta que países como Alemania o Suecia alcanzan la posición 82 y 118, respectivamente.

Estudios, nacionales e internacionales (2024-2025), muestran que la mentira de la neoultraderecha, logró su objetivo: Chile representa un caso inédito a nivel global por la percepción de la amenaza por delincuencia ya que presenta una desconexión absoluta con los datos de victimización real, situando al país en un escenario de paradoja inédita de percepción de inseguridad a nivel global: el miedo supera con creces la frecuencia de los delitos reales, ocupando el primer lugar con mayor sensación de inseguridad del mundo.

Si la derecha tradicional siempre ha explotado al máximo el miedo y odio a la delincuencia como arma electoral, con el crimen organizado, inédito en Chile, la neoultraderecha llegó al paroxismo y al delirio: convirtió a Chile en el país más temeroso del mundo sin correlación alguna con la verdadera amenaza delictual. Toda un epopeya de la mentira política de la neoultraderecha para alcanzar el poder.

Trabajadores contra trabajadores
Por otra parte, uno de los éxitos más dolorosos para los progresistas, es la conquista por la neoultraderecha de los trabajadores, tradicionalmente sus votantes. Esta es otra de sus grandes mentiras muy bien elaborada. Fuera de la deshumanización de todos los migrantes como delincuentes, los culpa de quitarle el trabaja a los trabajadores nacionales. El odio impulsado y elaborado por la neoultraderecha entre trabajadores pobres chilenos contra trabajadores más pobres extranjeros, está servida: a los trabajadores extranjeros pobres los han convertido en el caballo de Troya para ganarse el voto de gran parte de la clase baja trabajadora chilena, lo cual, en rigor, votarían en contra sus propios intereses ya que la neoultraderecha defiende los intereses privados de las grandes corporaciones que históricamente sus intereses funcionan en detrimento de la clase trabajadora baja.

La otra gran mentira que ha construido la neoultraderecha global, a la que se acoge con regocijo la chilena, es la falsa “guerra cultural” contra lo que llaman, la cultura woke de la izquierda.  Nuevamente enfrentan, supuestamente, a polos opuestos: los derechos laborales de los asalariados contra los empresarios, la mujer feminista contra el hombre, la comunidad LGBTIQ+ contra la heterosexualidad y sus “buenas costumbres”, y el progresismo político que promueve, paradojalmente, los derechos civiles y de igualdad entre estos tres grupos sociales, la neoultraderecha los presenta como un error histórico-cultural, inmoral y hasta biológicamente incompatible con la condición humana cristiana. Vale decir, los grandes avances en igualdad en derechos laborales, de género y orientación sexual, la neoultraderecha lo presenta como un avance que hay que involucionar porque va contra la cultura y la naturaleza humana del occidente cristiano. Esto se parece mucho a lo que el nazismo alemán catalogó como arte “indecente”, “perverso” y “degenerado” a toda expresión artística de vanguardia, prohibiéndola, pero exhibiéndola en museos como muestra de su “indecencia”.

La forma y fondo de la verdad
Ni son los inmigrantes pobres, ni los trabajadores, ni las mujeres feministas, ni la comunidad LGBTIQ+, como tampoco la izquierda woke, el problema estructural de nuestras sociedades occidentales. Con su guerra cultural, la neoultraderecha solo pretende soslayar, intencionadamente, el verdadero problema estructural de todos los países occidentales y que afecta a toda la clase asalariada, sean extranjeras o nacionales y, obvio, a mujeres, hombres y a toda la diversidad sexual: el problema estructural es la desigualdad obscena por la nula repartición equitativa de la riqueza, que es el motivo del auge de la neoultraderecha por el enorme descontento de las grandes mayorías que no ven en el sistema democrático, desfinanciado por esta política económica, la solución a la tanto sicalíptica como intrínseca desigualdad social que produce la política económica neoliberal, de la cual la neoultraderecha, es apologista: todos los estudios muestran que el 1% se lleva casi el 50% de las ganancias totales de Chile; estos datos se extrapolan a nivel global.

Por la mentira descarada premeditada y, por tanto, antidemocrática, el 11 de marzo de 2026 entra el representante chileno de la neoultraderecha global a La Moneda, José Antonio Kast.  Frente a la máxima del padre de la neoultraderecha actual, Adolf Hitler: “Vencer es más importante que la verdad”, la ética de la verdad democrática de Mahatma Gandhi: «Más vale ser vencido diciendo la verdad, que triunfar por la mentira».

Jaime Vieyra-Poseck
Artículo publicado el 10/03/2026

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