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¿Fragilidad de los artistas visuales ante la IA generativa? Reflexiones en diálogo

por Juan Granados
Artículo publicado el 24/02/2026

Juan Granados en coautoría con
Enrique Jesús Rodríguez Bárcenas
Karlo Gutiérrez Terán

 

Resumen
En este trabajo se sugiere que los artistas visuales no son frágiles ante la Inteligencia Artificial (IA) generativa, sino que, quizás y a lo más, se deslizan hacia lo que puede denominarse esquizofrenia cultural. Aunque la IA produce imágenes rápidamente, éstas carecen de alma, intención y conciencia. Operan por instrucción humana. El riesgo real no es la tecnología, sino la pasividad, la pérdida de profundidad intelectual y la ideología tecnocrática que reproduce. Se propone ver a la IA como una herramienta técnica (similar a una cámara o pincel) que requiere un operador crítico. El reto docente es actuar como puente para rescatar la esencia humana frente a la civilización del espectáculo que las redes sociales y, ahora, la IA, promueven.

Palabras clave: Instrumento, Creatividad, Ideología, Humanidad, Crítica

 

Introducción
Para este texto, de la pregunta sobre la posible fragilidad de los artistas visuales ante la IA generativa, los autores, cada uno, y en cierta forma en conjunto, reflexionan, pues, al respecto, aprovechándose de su experiencia docente y de su quehacer profesional. Cabe decir que los tres colegas reunidos en esta reflexión trabajamos en la Facultad de Artes, de la Universidad Autónoma de Querétaro, en México. La idea de origen es de Karlo Gutiérrez Terán, que tiene una formación híbrida: estudió música, sabe mucho de tecnología digital, terminó la carrera en artes visuales y es maestro en artes. Él se ha percatado, lo mismo que Enrique Rodríguez Bárcenas, en su convivencia con los estudiantes más jóvenes de la licenciatura en artes visuales, que estos se están sintiendo vulnerables frente a las posibilidades productivas de las inteligencias artificiales generativas (IA). Entonces, platicando al respecto, tratamos de reflexionar en conjunto sobre el asunto[1].

Reflexiones

1
¿Qué expectativas tienen de su futuro profesional los estudiantes de artes visuales? En principio los estudiantes de artes visuales están estudiando una carrera. Terminarla y titularse les dará un título que los acreditará como licenciados, no como artistas. Profesionistas egresados o con título, aún deben ganarse el título de artistas. Y eso se consigue con los años.

La IA generativa de textos (incluidos poemas y los cuentos), imágenes visuales y melodías, si los profesionistas de las artes solo “produjeran” textos, imágenes o melodías, bien podría quitarles el trabajo aún antes de tenerlo. Pero la IA generativa no hace nada por cuenta propia, requiere de la “instrucción”. Quien la instruye quizás solo persiga fines comerciales. ¿El artista persigue fines comerciales, nada más? Pero los “artistas”, en formación o no, no solo “producen” ni solo persiguen fines comerciales. La clave está en el “no solo”. Es como cuando, hace tiempo, me decían los estudiantes cuando les preguntaba qué era investigar, que era buscar. El Google es mejor buscador que cualquiera. Luego el Google debería ser el mejor investigador. Pero el Google no busca porque sí. Lo hace según solicitud. El investigador no sólo busca; la investigación no sólo es buscar.

Entonces, ¿cuál es la prospectiva laboral de los estudiantes y los profesionistas de las artes visuales? ¿A qué se van a dedicar profesionalmente? ¿Qué empresa contrata a “artistas visuales”? Escuelas privadas, podría decirse. O sea, van a dar clase o intentarán vivir de patrocinios y becas gubernamentales Si van a dar clase de “artes” la IA generativa no los afectará como artistas, sino como docentes. El profesionista de artes visuales ni solo produce, ni solo persigue fines comerciales, ni solo “hace arte”. No sólo… Hace eso y otras cosas.

Un artista visual puede ser “bibliotecario”, por ejemplo. En este caso quisiera recordar el repositorio digital de la cultura artística. ¿Qué es el ReDCA? El ReDCA es un conjunto de colecciones de objetos digitales para promover el cultivo de las artes. Los metadatos DublínCore los propusieron bibliotecarios. Las colecciones digitales son como los acervos bibliográficos y pueden seguir parámetros semejantes. Pero el punto es que alguien que estudió artes visuales, puede tener un contrato laboral con la UAQ como bibliotecario. Cabe que haya dejado de pintar. Pero ¿podría vivir de su pintura? Según en cliché, no es imposible, pero sí muy difícil que el artista viva de vender su arte. Además, con eso del branding, lo que se vende es a sí mismo como marca.

Miedo deberían tenerle a las redes sociales los artistas, no a la IA generativa, que, en su estado actual, es como los programas de diseño gráfico, esto es, que puede ser usada por casi todos, pero no significa que se lo haga bien, que se los use como exige la profesión. Las redes sociales son el diablo, diría un amigo. Además de que se pierde mucho tiempo consultándolas, la exigencia tácita de actualizar el perfil o de hacerse de una identidad en ellas, desde ellas y con ellas. Absorben la vida y la inteligencia. Las IA generativas son como las cámaras fotográficas. Todos podemos tener una. Todos podemos tomar fotografías, pero no todos somos fotógrafos profesionales, esto es, con saber. O sea, todos podemos generar, instruyendo a la IA, textos, imágenes visuales y melodías, pero, no lo haremos bien, según las exigencias internas o propias de un texto, una imagen visual o una melodía.

Entonces, me preguntaba con este contexto, ¿qué se sigue? La IA generativa es un “instrumento”, porque se instrumentaliza. No porque sepa tomar y usar una palabra quiere decir que puedo hacerlo tan bien como el albañil. Para usarla se requieren instrucciones. Ella misma requiere instrucción o programación. La IA generativa es una máquina. Un automóvil es una máquina. Requiere de un operador, a quien lo maneje. Avanza porque se dispone su mecanismo por intervención del operador para que lo haga. Con la IA pasa igual. La IA es un “auxilio”. Francis Bacon en su Novum Organum comenzaba diciendo que es natural del ser humano hacerse de auxilios físicos e intelectuales y con ello daba una otra pista de lo que es la tecnología.

En consecuencia, los estudiantes viven la contradicción de actuar como tecnófilos, porque a diario cargan un teléfono inteligente y hacen la tarea con IA, y de imaginar como tecnófobos, porque proyectan un futuro en el que no tienen ya cabida porque la IA hace lo que ellos creen que solo pueden hacer. O sea, no son frágiles. Son esquizofrénicos. Es como esa esquizofrenia de quienes viven y actúan dogmáticamente, pero piensan y creen como relativistas. Deliran. Creen que son reales sus alucinaciones.

Las artes o usan o difunden o critican la tecnociencia. Lo común es que los tecnocientíficos solo vean, porque solo quieren eso, las dos primeras. Se olvidan o quieren pasar por alto la crítica. No les conviene. Los tecnocientíficos son en su rol como funcionarios, y los quizás no sólo en ella, sino siempre, ideólogos. Y por ideólogos quiero decir instrumentos del aparato ideológicos de la ideología dominante en turno.

Así pues, las artes a sus ojos han de estar al servicio de la ideología usando o difundiendo las bondades de la tecnociencia. Ya quisiera ver a los artistas tomando el papel de críticos serios de la IA. Críticos no quiere decir necesariamente opositores. Críticos quiere decir capaces de poner en crisis, señalando los usos que el poder hace de ello, usando la IA en contra de sí misma.

1.5
Usamos los instrumentos con una intención, pero como nos enseñaron los filósofos marxistas, como Louis Althusser y los de la Escuela de Frankfurt, a veces no nos damos cuenta de que reproducimos la ideología dominante al producir y al reproducir, esto es, al usar.

También podemos preguntar, ¿qué ideología hay de fondo de las IA? Alguna vez, preguntándole insistentemente a una IA sobre cuáles eran los valores morales de fondo de sus respuestas a la pregunta por los peores artistas de la historia, contestaba que no podía catalogar a nadie como mejor o peor, pero que aceptaba que respondía según los parámetros con los cuales había sido programada. Entonces sí, nosotros al usarlas reproducimos ideologías y las IA, al ser usadas, reproducen las ideologías dominantes. La IA también es una nueva forma de ideología tecnocrática. Se nos vende, incluso, la idea de que los algoritmos son objetivos y libres de sesgos, pero no.

En México las obras creadas por IA no pueden registrarse con derechos de autor. Se reconoce a quien la usa para algo, esto es, para quien la instruye. El derecho de autor es un derecho humano. Los humanos son los artistas.

Las IAs nos van a dar la oportunidad de producir, en este caso, como comenta, cuentos, pero no lo harían por cuenta propia. Está la mano, la intervención, la creación humana. Alguien la tiene que instruir.

Si utilizamos la IA, ¿es este ético o no esconder que la usamos? Pues no. Si entre las cosas que se nos pide normalmente para nuestros proyectos de investigación es que hagamos visible nuestro método, hay que decir que se usan la IA.

2
Con ganarse el título se referiría al reconocimiento social. En la actualidad una de las formas de ganarlo ya no es solo por lo que diga el gremio o las instituciones sino también a través de las redes sociales digitales que ganan su valor como imagen o es porque se vuelven imagen/marca por lo que reciben dicho reconocimiento (Groys- Sibilia).

Lo que generan las supuestas IA son cosas que parecen textos (incluidos los poemas y los cuentos), son simulaciones. Que los tomemos por tales se debe al hecho de que están hechos con signos decodificables que provienen de la pragmática e imitan la sintaxis y la semántica de alguna lengua natural. Carecen de significado. Así pues, este aún pertenece al artista y al espectador, aunque esté alienado, enajenado por ellos mismos.

Cuando la tecnología de reproducción alcanza los mismos resultados de las producciones o reproducciones artísticas, las artes se liberan. La misión del artista es, pues, fenomenológica. Su misión es buscar la esencia del arte.

Todos podemos generar textos o imágenes, incluso las IA pueden hacerlo a través de una instrucción. Pero no todo texto o imagen es arte, que lo reduzcamos a esto es porque parecen arte.

Las redes son una manera de volverse marca-imagen y esto también es parte de una operación artística en origen. De ahí que creamos que a quien vemos en una pantalla electrónica sea una artista.

El uso de las IA nos vuelve más técnicos, operadores, hombres de máquina, engineer, pero no todo ingeniero es ingenioso. El arte hace del instrumento un medio, no un fin en sí mismo. El arte requiere del instrumento, pero está más allá de él.

Es porque aún no entienden la esencia del arte, ni su finalidad ni sus posibilidades, es por lo que se sienten vulnerables. La técnica hoy en día oculta el arte.

Si ya hay máquinas que hacen imágenes como las que hace un artista o máquinas que hacen casas como las que hace un albañil, el oficio de ambos ha de remitirse a eso que hace de la imagen algo artístico y el albañil a lo que la casa la hace habitable.

La esquizofrenia no es subjetiva, es cultural e ideológica, entre más necesitamos de las máquinas para vivir o somo más susceptibles de ser sustituidos por ellas más trabajamos, la maquina no nos ha salvado aún de nada, nos ha condenado a trabajar más en una sociedad superabundante de mercancías.

2.5
El asunto está en la honestidad. Si entendemos que es un instrumento, en este caso la IA, y somos claro en ello, estamos siendo honestos, pero desgraciadamente, predomina la simulación. Ya no leemos. Por eso damos por hecho que lo que ahí simula letras dice algo. No se sataniza la IA, sino, más bien, hay que ponernos ante como ante un espejo. ¿Qué nos dice de nuestras conductas en este afán de la superproducción o superabundancia en la cual nos encontramos?

3
En este diálogo que tuvimos también nos dimos cuenta de que rara vez el artista visual titulado vive de su profesión o vive al 100% de ella, es decir, independientemente que se gane el título de artista y produzca arte. Muchas veces esta producción no es tan fructífera como para que solo se viva de ella, por lo cual ni el título de un estudio superior, ni el reconocimiento de la sociedad es suficiente. El problema es, nos parece, la sociedad que no cuenta con la educación adecuada sobre las artes, por ende, no las valora y no valora al artista.

Para los artistas visuales la IA debería de ser una herramienta que le ayude a romper con lo que algunos denominan “falta de inspiración” o “bloqueo creativo”. Esta no deja de ser una herramienta al servicio del ser humano. La IA genera la simulación de algo que emergió de un texto, el cual ni siquiera tenía forma, es decir, no contaba con forma en cuanto a la redacción y las reglas de la misma, pero carecía de concepción figurativa. La IA lo logra basada en la alimentación de millones de imágenes y de textos generados por personas. De esta manera la IA es una herramienta, no un ente con conciencia propia.

El artista visual debería de comenzar a expandir sus horizontes, ya que la IA, de alguna manera es parte del futuro de las artes visuales, es decir, por mucho que la odien y le teman, ya se está posicionando como una herramienta productiva en las aplicaciones de artes visuales. Ayuda a recortar los tiempos y a mejorar la producción visual.

Las redes sociales, como la IA, son solo herramientas. En el caso de las redes, son el escaparate donde se puede difundir el arte. Eso no significa que sustituyan a una galería o a un galerista que vendería la obra del artista.

La IA es solo un instrumento, que ve de forma negativa y prejuiciosa, porque algunos creen que sustituirá al artista, pero esto es imposible, ya que las IA deben tener a alguien que las maneje. Sin el artista que inserta el prompt la IA es inútil, como el pincel sin el artista que lo utilice. El artista es aquel que controla una técnica, que la domina. Para hacer un prompt se necesita de una técnica, diferente a la del artista que usa un pincel, pero a fin de cuentas es una técnica. Esto es, se debe de saber crear prompts, es decir, dar indicaciones.

Si los artistas se preocupan por la IA, es porque su técnica y su talento son escasos. En estos casos lo que se hace con la IA supera con creces lo que estos artistas pueden producir.

El artista siempre tendrá algo que no tiene la IA y creo que ahí está la magia de este diálogo. El artista tiene alma. El artista plasma un poco de alma en lo que pinta y desarrolla. La IA no tiene alma. No hay esencia. No transmuta un sentimiento en una técnica o practica pictórica, sino que solo produce.

Ahora bien, la IA es producida por grandes computadores, los cuales tienen la cualidad de trabajar de manera semiautónoma, es decir, por medio de una indicación producen imágenes. Estas imágenes, en muchos casos, ayudan a mejorar la producción artística, como una fuente casi inagotable de ideas, que posteriormente el autor podría usar solo como una referencia, es decir, no como una calca de aquello que está viendo. Lo que toca al artista es usar su propia imaginación y su técnica para desarrollar la obra en cuestión.

3.5
La cultura ya se está generando de una nueva manera. Ni la escritura ni los procesos artísticos otros ya no son la forma a través de la cual se está generando la cultura. Son formas o formatos a través de los cuales nos veníamos moldeando en generaciones pasadas. Ya no.
Sobre lo que se genera con la IA, como, digamos, objetos artísticos, hay que admitir que hay artistas que bajo un discurso generan arte con IA. Con la IA, a veces, se generan elementos más artísticos que el resultado de esas acciones artísticas que no tienen más que palabras.

4
Nicolas Carr, en el 2010, publicó su libro ¿Qué nos está haciendo el internet? La respuesta que se daba a sí mismo es la de que nos está haciendo superficiales. La idea de la superficialidad de Carr conecta con aquella conferencia que dio Mario Vargas Llosa, en 2012, y que tituló La civilización del espectáculo. En las Reglas del parque humano del filósofo alemán Peter Sloterdijk éste señala que la cultura ha sido un proceso de domesticación. Con lo anterior a la base, nos preguntamos, si ya no leemos, ahora, ¿qué nos domestica? […] Bueno, era lo que quería comentar. Gracias, Seguimos por acá. La propuesta de Sloterdijk es muy freudiana. La cultura nos genera malestar, porque nos ata al civilizarnos. Lo que hoy nos ata es la producción, la productividad. Esta es el peligro.

Ya adelantábamos, justamente, por un lado, que quienes sí tienen acceso a estas tecnologías (digitales) y como decimos por acá en México, se la viven en y con el celular, confirmaría la previsión orteguiana de la rebelión de las masas. Por el otro lado, aquellos que no tienen acceso a estas tecnologías, que ya forma parte de esta última generación de derechos humanos, efectivamente no se benefician de ellas, lo cual es lamentable, sin embargo, si, como vemos, y no es un futuro muy halagüeño, el que todo se reduzca a diversión y entretenimiento, para quienes no tienen acceso a esta tecnología, más bien están a salvo de todo esto que criticamos. La parte humana se pierde con los dispositivos.  La humanidad, también. Quienes no se la viven en el celular, no pierden su humanidad. Umberto Eco, en Apocalípticos e integrados, admite la posibilidad de integrarse a la civilización tecnológica.

¿Qué podemos hacer? Seguir promoviendo. Fungir de puente de un lado hacia el otro y a la inversa. ¿Cómo hacer para o qué hacer? Tratar de mover a, de estimular, de motivar a que descubra el valor que tiene aquello otro que también ha formado la cultura. Como puentes hay que tratar de invitar a aquellos que no le ven la utilidad o que ven solo el peligro, pues a que exploren.

No perdamos de vista que las IA son herramientas que podemos utilizar para un beneficio. Juzgarlas solo por el miedo no es correcto. Hay que tratar de sacarles el mejor provecho. Y si no nos funcionan, simplemente dejémoslas a un lado.

El peligro es la pasividad ante estas tecnologías que están modificando nuestra vida. Como padre o como adulto para mediar, no prohibir, sino mediar. Promover que, precisamente, los hijos y los estudiantes sean agentes, valga la redundancia, activos.

Balance
Se ha planteado, en el diálogo, la pregunta sobre la posible fragilidad o vulnerabilidad del artista frente a las IA generativas. Se ha insistido en que esta es, tan sólo, una herramienta, un instrumento, incluso, una máquina, similar a un pincel, a una cámara fotográfica o a un automóvil. Que sea así supone que requiere de un operador humano para funcionar. Esto es, si bien la IA puede producir textos o imágenes rápidamente, el artista, como operador, es quien puede usarla. Al artista toca imprimir a su producción alma y sentimientos. De estos carece la máquina. La IA puede ayudar a superar el bloqueo creativo. No debe verse como una amenaza, sino como un apoyo. Si bien la IA reproduce la ideología dominante, a partir de la reproducción de los parámetros de sus programadores, presentándose una herramienta objetiva, cabe posicionarse ante ella, en su uso, de forma crítica, no olvidando que la responsabilidad es sólo humana, como humano es el derecho de autor. Es imprescindible la honestidad y la transparencia en el método utilizado.

El artista no está, se ha insistido, en situación de indefensión ante la IA generativa. Esta, con sus variantes, es, tan sólo, un instrumento y, como tal, su disposición no es sino la del uso. Es un instrumento entre otros. La instrucción sigue dependiendo del instructor, del artista, del técnico. La IA no vuelve frágil al artista si este la utiliza de forma crítica y técnica, manteniendo siempre la esencia humana y la honestidad como ejes de su práctica.

Ahora bien, si nos parece que hay una derivación social a cierta esquizofrenia cultural, además del cambio en los hábitos de consumo. Como ya algunos han advertidos sí está pasando que el uso, más bien, abuso, de las tecnologías digitales, ha traído como consecuencia una pérdida de la profundidad intelectual. Asimismo, ha advenido con ellas cierto auge de una civilización del espectáculo, en la que la lectura y la reflexión pasan a un segundo término. La denominada brecha digital, ante este panorama, esto es, la situación de quienes no tienen acceso a internet, irónicamente, es, quizás, una manera en la que estas personas, las de la brecha, quienes no tienen acceso a Internet, podrían estar a salvo de la domesticación cultural y la pérdida de humanidad que conllevan los dispositivos digitales.

Toca una mediación activa. Como solución ante la pasividad tecnológica quizás los adultos y docentes que han vivido el cambio o, como se dice, están a caballo entre quienes se han quedado en el pasado y quienes nacieron ya en un mundo digitalizado, deben actuar como puentes y agentes activos, motivando, justamente a las nuevas generaciones, hijos y estudiantes, a descubrir el valor de la cultura, la de los viejos, más allá de la pantalla de celulares, tabletas y computadoras.

 Juan Granados
Artículo publicado el 24/02/2026

Nota
[1] Esta reflexión que se inició entre los autores continuó, se amplió y derivó hacia temas, digamos, sociales, por la participación que sobre el mismo tema, los tres autores, tuvieron en el ciclo de conferencias que organiza el Instituto peruano de inteligencia artificial y ciudadanía digital. Agradecemos al Instituto la oportunidad de ampliar nuestro debate en su ciclo.

 

A T E N C I Ó N
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