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La controversia de una frase

por Andrés Lucero Leiva
Artículo publicado el 01/05/2026

Resumen
Esta reflexión examina críticamente la consigna preventiva “el suicidio es una solución permanente a un problema temporal”. Se argumenta que, si bien posee una función interruptiva inmediata, simplifica excesivamente la complejidad del fenómeno al reducirlo a una dicotomía temporal. Desde una perspectiva fenomenológica y multidisciplinaria, se demuestra que esta fórmula omite la “petrificación ontológica” y la ambivalencia constitutiva del sujeto, desplazando el foco hacia la percepción individual e ignorando las densas estructuras sociales, laborales y culturales que configuran un sufrimiento vivido como insoportable y, para el sujeto, no transitorio.

Palabras clave
suicidio, fenomenología del suicidio, petrificación ontológica, discurso preventivo, sufrimiento psicosocial

 

Hay frases que persisten no porque expliquen, sino porque tranquilizan: operan como dispositivos de orden que condensan una intención en una forma inteligible, accesible, casi pedagógica. “El suicidio es una solución permanente a un problema temporal”, atribuida comúnmente a Phil Donahue, pertenece a ese tipo de enunciados. No es irrelevante recordar que no emerge del campo clínico ni de la investigación suicidológica, sino de un contexto mediático orientado a la intervención inmediata; su eficacia comunicacional explica su difusión, pero también delimita su alcance: no fue concebida para explicar el fenómeno, sino para interrumpirlo. Su aparente fuerza descansa en una oposición nítida —lo permanente frente a lo temporal— que introduce una interrupción en el pensamiento cerrado; no describe el fenómeno, interviene sobre él, y es precisamente en esa operación donde emerge su límite, porque aquello que ordena, también lo reduce.

El campo al que intenta referirse no responde a una lógica lineal. El propio marco multidisciplinario que estudia el suicidio reconoce que este no deriva simplemente de la duración cronológica de un conflicto, sino de su vivencia como insoportable. Como señalan Honnakatti y Toragal (2023), el suicidio resulta de la percepción de los problemas como imposibles de resolver e insoportables de afrontar, conduciendo a la angustia y la sensación de inutilidad. El eje, entonces, no es el tiempo cronológico, sino el umbral: el momento en que lo vivido deja de ser habitable. Sin embargo, la frase reinstala el tiempo como categoría central, ignorando que el individuo se quita la vida porque, según su propia lógica interna, no existe otra salida a la situación (Honnakatti & Toragal, 2023).

Y en ese desplazamiento, algo se pierde. Lo que la frase nombra como “problema” no constituye una unidad discreta. La experiencia suicida se configura, más bien, como un proceso acumulativo, resultado de la interacción de múltiples dimensiones: biológicas, psicológicas, sociales, económicas, culturales y laborales, cuya complejidad suele tensionar los propios límites de la investigación, incluso cuando esta se realiza con rigor. No siempre se trata de un evento puntual —aunque en ciertos casos de alta intensidad, como en el suicidio impulsivo, puede manifestarse de ese modo—, sino de una saturación progresiva. La frase no puede alojar esa complejidad; la sustituye por una forma inteligible. Y al hacerlo, no solo simplifica: reconfigura.

Este punto se vuelve aún más crítico si se considera la ambivalencia constitutiva del fenómeno. La experiencia suicida no es una decisión unívoca; en ella coexisten, de manera simultánea, impulsos de vida y de muerte. Shneidman (citado en Honnakatti & Toragal, 2023) ha destacado esta ambivalencia, donde el deseo de morir y el deseo de vivir están presentes al mismo tiempo; el sujeto puede dañarse a sí mismo mientras, en tensión interna, aún alberga la esperanza de ser auxiliado.

Esa tensión no se resuelve en una estructura binaria ni puede ser capturada por una fórmula que asume una racionalidad fría y definitiva. La frase, sin embargo, se dirige como si esa ambivalencia no existiera. Habla a una decisión ya cerrada. En ese sentido, resulta prematura.

Pero el problema no es únicamente conceptual. Tiene implicancias prácticas y éticas. La frase circula en contextos donde el sufrimiento no es abstracto, sino situado. Y su efecto depende, precisamente, de aquello que omite. Porque no todos los problemas son equivalentes. Existen condiciones que no se experimentan como episodios transitorios, sino como configuraciones persistentes. En particular, en ciertos entornos laborales o vitales, el desgaste no aparece como un evento acotado, sino como una dinámica sostenida: sobrecarga, presión constante, deterioro relacional y ausencia de control.

En estos contextos, el tiempo no se vive como promesa de cambio, sino como repetición. Aquí, la contribución de French (2020) es elucidativa: el sujeto suicida experimenta lo que denomina “petrificación ontológica”. Esto implica que la visión del self y del mundo se solidifica, volviéndose eterna e inmutable. La petrificación ontológica refiere a un estado en el que la relación del sujeto con el mundo se rigidiza, el horizonte de posibilidades se clausura y el tiempo deja de experimentarse como apertura, configurando una experiencia de cierre existencial más que un simple estado emocional. Para el individuo, no importa cómo pueda cambiar el mundo exterior; la persona se siente insuficiente de manera permanente, o bien, el mundo se percibe como un lugar donde esa insuficiencia es irreductible. Decir que el problema es “temporal” introduce un desajuste radical con la experiencia vivida de esta petrificación. No porque el cambio sea objetivamente imposible, sino porque no es accesible en el horizonte inmediato del sujeto cuya capacidad de proyección futura ha colapsado.

La frase, en consecuencia, desplaza el foco. Reubica el problema en la percepción individual, dejando en segundo plano las condiciones que lo sostienen. Y ese desplazamiento puede producir efectos que no son triviales. Tanto en lo laboral como en lo no laboral, existen formas de sufrimiento cuya persistencia no depende de su duración cronológica, sino de su organización estructural. No son eventos que pasan, sino configuraciones que se mantienen. Cuando el lenguaje preventivo no incorpora esta dimensión, corre el riesgo de patologizar la respuesta a un entorno hostil, simplificando aquello que requiere ser comprendido en su complejidad sistémica.

Sin embargo, la crítica no puede desconocer su función operativa. La frase existe porque, en determinados contextos de crisis aguda, puede operar como una interrupción cognitiva. Puede introducir una pausa en un pensamiento que se ha cerrado sobre sí mismo. Pero, como advierte French (2020), abordar el suicidio requiere ir más allá de las moralizaciones o las panaceas rápidas; exige una fenomenología que permita la introspección y la empatía, entendiendo la relación del sujeto con su mundo. La eficacia de la frase, en esos casos, no radica en su precisión ontológica, sino en su capacidad de irrumpir. Pero esa eficacia es contingente. No es universalizable.

El problema no es que la frase sea incorrecta per se, sino que se presenta como suficiente. Y no lo es. El suicidio no puede reducirse a una desproporción entre lo permanente y lo temporal. No es una ecuación que pueda resolverse mediante una comparación lógica. Es, como sugiere la literatura fenomenológica, una transformación radical de la relación con el mundo, donde la acción suicida puede llegar a percibirse paradójicamente como un acto de optimismo o de búsqueda de significado ante la falta de alternativas viables (French, 2020). Frente a ello, el lenguaje no puede limitarse a corregir.

Debe, en primer lugar, comprender. Comprender implica renunciar a la comodidad de las fórmulas cerradas. Implica aceptar que ciertas experiencias, como la petrificación ontológica —esto es, la rigidización de la relación con el mundo y la clausura del horizonte de posibilidades—, la cosificación del yo o la acumulación de factores genéticos, sociales y económicos (Honnakatti & Toragal, 2023), no pueden ser contenidas sin pérdida. En estos casos, no se trata simplemente de la duración del sufrimiento, sino de su cualidad: el tiempo deja de experimentarse como apertura y se vive como estancamiento o repetición, tensionando así cualquier apelación a su carácter “temporal”. Implica, también, reconocer que el sufrimiento no siempre requiere ser reorganizado retóricamente, sino, antes que todo, reconocido en su densidad.

Ahí se sitúa el núcleo del debate: no en la disyuntiva entre usar o no usar la frase, sino en la capacidad de reconocer sus límites. Comprender que puede abrir, pero también cerrar; que puede ayudar, pero también desajustar al invalidar la realidad subjetiva del dolor persistente. Su claridad constituye, simultáneamente, su potencia y su riesgo. Porque toda fórmula que ordena con demasiada rapidez corre el peligro de borrar aquello que aún no ha sido dicho. Y en el caso del suicidio, lo no dicho —la historia del sujeto en su mundo, así como los factores que pudieron erosionar su agencia— suele ser, precisamente, lo más decisivo.

Andrés Lucero Leiva
Artículo publicado el 01/05/2026

Referencias
Boden, Z. V. R. (2017). Terror and horror: Feelings, intersubjectivity and “understanding at the edges” in an interview on a suicide attempt. En M. Pompili (Ed.), The phenomenology of suicide: Unlocking the suicidal mind (pp. 51–71). Springer. https://psycnet.apa.org/record/2017-50367-005
French, M. (2020). Death Awaits Me: An Existential Phenomenology of Suicide. Eidos. A Journal for Philosophy of Culture, 4(2), 70-89. https://doi.org/10.14394/eidos.jpc.2020.0017
Honnakatti, V., & Toragal, H. (2023). Suicide is a permanent solution to a temporary problem. ParipeX – Indian Journal of Research, 12(10), 3-5. https://www.worldwidejournals.com/paripex/fileview/suicide-is-a-permanent-solution-to-a-temporary-problem-phil-donahue_October_2023_7926642821_6703754.pdf
Shamsaei, F. (2020). Exploring the lived experiences of the suicide attempt survivors: A phenomenological approach. Research and Reviews: Neuroscience. https://www.rroij.com/open-access/exploring-the-lived-experiences-of-the-suicide-attempt-survivors-a-phenomenological-approach.pdf
U.S. Department of Veterans Affairs. (2022). The phenomenology of suicide: Using research to promote safety and prevent suicide. https://www.mentalhealth.va.gov/suicide_prevention/docs/FSTP-The-Phenomenology-of-Suicide.pdf

 

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