Título: Iquikanchu
Autor: Michael Macavilca Mejia
Editorial: Createspace.
Novela historica situada en la antiguo distrito de San Juan de Lurigancho (Lima) de 1870 hasta los años proximos de la guerra del Pacifico. Novela del género histórico escrita en primera persona. Su personaje principal, un ser ficticio; Alejandro Portocarrero Lavasille, en un relato personal nos sumerge en la primera parte de la historia de su vida. Sus raíces, su amada familia, su infancia en la hacienda Les Fleurs, la vida estudiantil, los entrañables amigos, el primer amor, su lucha por hacerse de un nombre en el mundo de la tinta y la pluma con el objetivo de alcanzar la ansiada experiencia del amor. Un mundo que se atrevió a jugar creyéndose sabio conocedor de las inesperadas sorpresas que afrontó y terminaron marcándolo por siempre. Decide luego, entonces a pedido de su familia, viajar a Chile para cursar estudios universitarios y alejarse del clima nostálgico que rodeaba su hogar. Años más tarde en 1879, convertido ya en un abogado, regresa al Perú para reencontrarse con sus seres queridos y continuar rehaciendo su nueva vida. Pero el destino aun le tenía deparado mas pruebas a su agotado espíritu. La guerra del Pacifico estaba por estallar, justamente cuando había enrumbado a trabajar a la ciudad de Iquique, al lado de su entrañable amigo, el rico empresario Don Alfonso Ugarte Vernal. Viéndose envuelto luego, en una serie de intrigas entre sociedades ocultas detrás de los gobiernos beligerantes. Pero el llamado de la Patria en los momentos críticos del inicio de la guerra del Pacifico hizo que se comprometa en toda labor referida a la causa de su defensa, incluso a sabiendas que las mismas podían costarle la vida.
Amante también de las historias de los antepasados que poblaron San Juan de Lurigancho, los rurikanchu. Nos transcribe en simultaneo el relato que escucho de su amigo, el viejo indio Amancio, acerca de la princesa Pisikta y su amado el quechua Quisu Yupanqui. Una historia situada en los tiempos sentenciados como el fin del gran imperio Inca. Manqumarka y el Cusco son las ciudades donde la Princesa Pisikta crece y se hace mujer. En medio del amor de su padre, las intrigas por su llegada al trono y la felicidad del amor al lado de un general Inca.
Dos historias que guardan una relación entre si, y no solo por la ubicación geográfica en que se desarrollan ambas. Una recuerda a la otra, y esa otra es capaz de alimentarle en ideas y misterios que se develarán con el tiempo…
Título: La muchacha que deseaba vivir en un invernadero
Autor: César Valdebenito
Paginas: 105 pág.
Editorial: Ediciones C&MAño: 2011, Concepción, Chile.
César Valdebenito, en 105 páginas, nos entrega un libro inclasificable. La primera parte lo constituyen tres cuentos de tintes apocalípticos o futuristas. Uno de los cuentos es el que da título a la obra: La muchacha que deseaba vivir en un invernadero. Cada una de las historias es una pieza espléndida y nos introduce en un mundo acosado por el terror del fin del mundo, de las guerras apocalípticas, las catástrofes naturales y la amenaza de la destrucción del planeta. Problemáticas generadoras de miseria y aflicción, que los personajes de Valdebenito enfrentan con su afán de supervivencia y desesperanza, y a la vez, con la convicción de sobrellevar el día a día y de encontrar un futuro mejor. Quizá lo más singular de esta primera parte es que empiezas la página de un cuento y la acabas sin darte cuenta, acabas una y tienes que empezar otra, y cuando la acabas ya nunca la olvidas. Así el lector se sumerge en un eterno y pequeño viaje por el infierno. Aquí la risa se combina con la sensación de salvajismo, el idealismo se combina con el completo desprecio por la moralidad, la locura se combina con la razón. Y al terminar el último cuento nos quedamos con la sensación de que cada línea es elocuente, humana, incluso religiosa en el sentido más hondo. El autor, por lo mismo, se ha convertido en un intérprete subversivo de las convicciones de la ficción, y su evolución se ha visto favorecida por las más amplias y laxas influencias europeas y especialmente la narrativa norteamericana moderna.
En la segunda parte nos enfrentamos con un conjunto de poemas deliciosos, delicados, sensibles, ominosos. Nos asombra la tersura del lenguaje, su brevedad, su concentración, su densidad lo cual no es comparable sino con la mejor esencia de un perfume que permanece largo tiempo imborrable en la piel y en la memoria. Pasan los versos y sin darnos cuenta encienden ferozmente al lector llevándolo al origen de una búsqueda muy dolorosa que es una especie de diario personal del amor perdido.
En las últimas páginas del libro asistimos a la inteligente construcción de una obra de teatro titulada Los amantes. Sin duda es un viaje hacia las profundidades del conocimiento y de la naturaleza del mundo en que vivimos. Una obra actualísima en la que se trata el amor, los celos, la obsesión del deseo carnal, los quiebres de pareja, la fe, el desengaño con toda la mitología del último medio siglo. César Valdebenito aborda esto con incisiva destreza y nos lo entrega de manera sólida y dialéctica. Y no solo eso, el autor nos asombra con la agilidad con que maneja los diálogos de sus dos inefables personajes. Un punto crucial de esta obra dramatúrgica es que en el repliegue del sexo, en el revuelo de las sábanas se percibe el terrible envaramiento y miedo de la vida y de las íntimas relaciones humanas.
César Valdebenito nuevamente nos descoloca con esta propuesta originalísima, implacable y totalmente distinta a sus libros anteriores.
Acercamiento a “7…” de Jorge Alberto Flores Inga (Muquiyauyo- Junín, 1983)
“7…” es el primer libro del joven poeta Jorge Flores publicado por (Paracaídas Editores, Lima 2011) y 7… es el primer libro que he visto salir con ese agradable aroma a libro recién concebido.
Cuando visite Perú, en noviembre de este año como poeta invitada al V festival internacional de poesía “Cielo Abierto” Barranca 2011, pude conocer a diferentes poetas, entre ellos a Jorge Flores Inga de Lima, con quien tuve la suerte de leer en varias mesas y detenerme a escuchar la sencillez del sonido de sus poemas.
Siempre que un poeta recibe un libro recién salido de la imprenta es un regalo y cuando ese regalo es agradable a los sentidos tiene múltiples virtudes, más aún si ese regalo tiene la intención de ser guardado para toda la vida, eso se llama tesoro y Siete es un tesoro comprimido en 29 páginas con vocabulario incluido, así es con vocabulario incluido como usted bien lee, porque este libro pese a llamarse Siete contiene solo ocho poemas y el número cero tiene la particularidad de ser un poema donde cada vocablo es una creación dentro de otra. El autor formula un poema con mensajes propios, con sonidos propios. Aquí es cuando el libro acrecienta mi sorpresa, al vislumbrar como Jorge Flores crea un poema donde cada palabra es única y la justificación del vocabulario excelsamente original.
En cuanto a la forma Siete no se deja escapar ni en palabra, ni en estética. El poeta se arriesga con una formula afinada hasta la medula donde los sonidos son siete poemas como notas musicales, más un cero elaborado, un poema ordenado para funcionar como funciona el amor, el cuerpo, el universo de la poesía.
Lo meritorio de este libro es que si descomponemos el poemario o si lo leemos en forma desordenada, no altera la creatividad del acto poético, porque la temática amatoria permite el desliz lírico para detenernos en las imágenes y en ese juego previamente delineado por Flores que es ajustado siempre con astucia, entonces se comprueba la tesis de que “ el orden no altera el producto”, un orden a simple vista exacto, pero cuyo mensaje cíclico y intrínseco se desnuda hoja a hoja, verso a verso como si los números y el amor tuvieran sentido y me atrevo a afirmar que aquí lo tiene, por supuesto con la vivacidad que el autor compone.
Este libro es un siete, una apuesta musical alta, una afirmación en el altar, un Siete impecable en escritura y plácido en lo temática, pues a modo de crítica constructiva señalo: A la poesía latinoamericana bastante falta le hace componer poesía rigurosa y con profundo contenido amoroso, como es 7…, poemario algo inusual en las primeras obras de los jóvenes escritores, que si bien cierto la mayoría se atreven y además se dejan oír por el ruidillo de la ciudad o de su propio yo poético, pocos apuestan a un riesgo épicamente matemático como lo hace Jorge Flores.
Ana Montrosis
Noviembre 2011, San Bernardo Chile

EL ALCOHÓLICO BIPOLAR, de Carles Brunet Bragulat, Punto Rojo libros S.L. de Sevilla Espeaña.
Un vecino de un bloque de pisos maltrata a una familia con continuas agresiones y amenazas. El hijo de esta familia enfermo alcohólico y bipolar maníaco afectivo incapaz de afrontar la situación a causa de un pánico insuperable, emprende una huida que lo llevará a unos lugares donde el alcohol y la miseria lo hundirán todavía más. Carles no puede hacer más que sobrevivir día a día incapaz de mantener su sobriedad a pesar de sus continuos esfuerzos, pasando por el manicomio y sufriendo un delirium tremens, recorre distintos pueblos de donde tiene que huir a causa de los tremendos disparates que comete por culpa de su adicción hasta que termina en la cárcel. Después de contratar a un famoso abogado le suspenden la condena y vuelve con su padre y su tío y emprende una recuperación definitiva que lo llevará a conocer el AMOR y a querer ayudar a otros alcohólicos.
Más información en www.elalcoholicobipolar.com
EL JARDIN DE LAS PECULIARIDADES
Jesús Sepúlveda
Nihil Obstat, 2011.
NIHIL OBSTAT ha vuelto a sorprendernos con la reedición de un texto clave en el horizonte del pensamiento crítico. Adversario de la civilización basada en el monocultivo y la cosificación de los seres vivientes, Sepúlveda postula la eclosión de un mundo no sólo más justo y sustentable, sino paradisíaco.
Por lo visto en el tránsito entre el mythos y el logos la humanidad ha perdido de vista la conciencia indistinta, de modo que el lenguaje y el yo se han apoderado de la cognición humana precipitando la caída del edén pleistocénico y marcando el ascenso hacia las poleas y atalayas de la razón instrumental. El Jardín de las Peculiaridades nos habla de una mirada capaz de aquilatar la multiplicidad de lo viviente, una mirada que al tomar conciencia de la belleza intrínseca del mundo es estética mucho antes de que la academia pasteurice este término en el marco de unos atributos antropocéntricos por completo arbitrarios. En efecto, todos los seres vivos experimentan momentos de regocijo inapetente en los que contemplan la belleza del mundo. Su lucha se reduce a poder existir, actividad en la que carece de sentido poseer, domesticar o dominar.
Con la consistencia de un documento urgente y visionario, El Jardín explora las dimensiones múltiples de una sensibilidad que resiste a la domesticación y su racionalidad exobiótica. Estamos ante el manifiesto de una razón no estandarizada, la que en gran medida representa el desenvolvimiento de la poesía por otros medios. Pero en lugar de limitarse al análisis político de las diferentes manifestaciones del poder como dominación (canibalismo, patriarcado, democracia plutocrática, monocultura, orden unipolar), inspira el movimiento capaz de derrocarlo. Este es, tal vez, su énfasis más significativo:
En la Tierra se haya contenida la noción de toda libertad. Y tras las barras de acero surge la desafortunada experiencia de la prisión y del enjaulamiento. La revolución debiera transformar lo cotidiano en una ética que se realiza en el presente perenne. Pero esto es algo especulativo, ya que se basa en la urgencia ética de transformar. La inmovilidad, en todo caso, rinde homenaje a la represión. Sólo el movimiento libera. (§ 32:68)
En el Jardín de las Peculiaridades, todas las contraculturas, ideas y experiencias antiautoritarias convergen y son revitalizadas por la onda expansiva de la naturaleza. La transformación social rompe la absorción en sí misma para conectarse con el mundo viviente que es condición de producción de la vida social y la historicidad. La búsqueda de una cultura no simbólica es el hallazgo del silencio de una conciencia humana dispuesta a religarse con la Tierra, una conciencia capaz de oír la música de la existencia.
La peculiaridad no es un atributo, a la manera de un accidente en la sustancia idéntica a sí misma del orden simbólico dominante. La peculiaridad es el pulso y el flujo diversificante de la emergencia y diseminación de la vida, cuyo propósito es enriquecer esa misma diversidad. De esto nos habla Jesús Sepúlveda al afirmar que sólo hay un sendero que conduce al corazón de la vida. El postulado de El Jardín es que no se trata de una senda preestablecida y absoluta, de un camino trazado por las estructuras sociales de repetición, o de la “única vía” instaurada imaginariamente por quienes se consideran poseedores de una verdad revolucionaria en descomposición.
Ese sendero no demarca sus límites y no confina a nadie en su extensión. Más que venir de algo o ir a algún lugar, es una manera de estar aquí y ahora. Exuberante e ingobernable como lo es la fuerza de la vida, ese sendero no es otro que el ejercicio de la libertad.
Rodrigo Gaínza

Nuevo libro “Ramal”
De Talca a Constitución el tiempo rescatado por Cynthia Rimsky.
La escritora chilena recorrió seis veces este ramal que en 2007 fue declarado Monumento Histórico. Así, escribió una novela que es en sí misma un viaje, una alternativa al tiempo que impone el progreso y un homenaje a las pérdidas.
Constanza Rojas V.
Cynthia Rimsky (1962) ya no usa reloj. Hace un tiempo escuchó hablar del ramal que recorre desde Talca a Constitución, y fue a conocerlo. Se sintió avasalladora, prepotente con las personas que vivían en sus alrededores. Se dio cuenta de que ella traía el tiempo de la capital, muy distinto al de los lugares por los que viajó. De esa sensación, entonces, nació la novela Ramal . Y la decisión de no usar nunca más reloj.
Publicado por Fondo de Cultura Económica, el libro de la escritora chilena es en sí mismo un viaje. El protagonista proviene de una familia que emigró del sur a Santiago, y ahora emprende un recorrido por el ramal como parte de un programa de turismo que promete “rescatar” la zona. El personaje no sabe exactamente a dónde va ni con qué se encontrará. El narrador y el lector, tampoco.
En este viaje se yuxtaponen los dos tiempos que Rimsky percibió en las seis veces que recorrió el ramal. “El tiempo del progreso es diacrónico, tiene un antes y un después, las cosas se suceden linealmente: ‘Soy pobre, y alguna vez llegaré a ser rico’. Pero en el campo hay un tiempo sincrónico, donde coexisten todos lo tiempos. Dices ‘en esta casa vivía’, ‘ahí había un caballo’. Hubo gente que no quiso irse a la ciudad a vivir en el tiempo del progreso y se quedó, pero junto a toda la gente que se fue. Las cosas coexisten como fantasmas, es el tiempo de las cosas perdidas”, dice Rimsky. Y tal vez si ella tuviera que concentrar su novela en una palabra, ésta sería “pérdida”. La pérdida de cosas, personas, ideales, creencias, arraigos.
Está la casa patronal con el botero y sus tres solteronas, está el esquivo secreto para una buena fiesta del vino, una escuela que trata de sobrevivir con cuatro alumnos, la hierba a la que llaman “matapollos”, y una cobradora de boletos que se las ingenia para estar en todas partes casi a la vez. Hay un Chile que va más allá de la empanada jugosa y la cueca bien bailada, porque Rimsky quiso que su novela no tuviera un tono sepia romántico. Que no fuera una idealización nostálgica del pasado, ni una utopía campesina. Rimsky apuesta por la contradicción, el contraste y la desacralización; y propone que un lugar, antes que todo, son las relaciones que establecen sus habitantes. Tanto así, que la mayoría de los personajes no tiene nombre propio, sino que son “el hermano”, “la vendedora” o “el representante”. Al mismo protagonista lo llama “el que viene de afuera”.
Este personaje, además de ser un individuo, involucra también a una familia, y con cada eslabón de ésta, Rimsky propone una forma distinta de relacionarse con el tiempo. Se trata, además, de una familia con bastantes rasgos de la suya. El abuelo Bórquez era de la zona del ramal, su padre abrió una consulta dental en la calle Maruri, cerca de la Estación Mapocho, y nunca la trasladó a los barrios altos, a pesar de las peticiones de su mujer. La misma autora se inquietó también de que su padre dentista nunca emigrara, como sus pares, a zonas más acomodadas de la ciudad. “Pero, de repente, cuando fui al ramal me di cuenta de que eso no era un defecto, sino otra forma de vivir el tiempo, de no aceptar esta idea de progreso. Finalmente fue para mantener su libertad”.
Como suele hacerlo, Rimsky se vale de distintos registros para construir este libro. Noticias, conversaciones por chat , y fotografías de sus travesías. Estas últimas las tomó ella misma, también la poeta Nadia Prado, su sobrino Lucas Rimsky, y fueron editadas por Andrea Goic. A través de las imágenes, una vez de regreso en la ciudad, la autora pudo volver a viajar. Incluso, en ocasiones, encontró en ellas ideas que en terreno le fueron esquivas.
-¿Qué lugar tiene el ramal dentro de la identidad chilena?
-Ahí está el valor de todas las contradicciones. Por una parte es la historia, pero por otra, la ruina. Todo lo que es el abandono, la miseria. Pensé mucho acerca de cómo se rescatan estos lugares valiosos, porque el ramal fue declarado Monumento Histórico en 2007. Lo que pasa es que en Chile está el concepto de que se reconstruye el tren, la iglesia y la casa-hacienda. Pero eso no es nada, son objetos. Lo que se debería tratar de preservar son las relaciones entre las personas, de la gente con la naturaleza, con los objetos, la manera artesanal en que producen las cosas. Todo el sistema de relaciones. Lo bello es cómo la gente habita ese lugar. En el fondo, son porciones de tiempo que nos quedan.

Más allá de lo anecdótico de si fue o no José Zalaquett el que solicitó a Gabriel Salazar dictar una clase para entender lo que es el marxismo durante su detención ( y tortura ) en Villa Grimaldi, el plasmar lo presentado durante esas clandestinas cátedras significan una obra que tiene varias características:
- Ordena y resume de manera simple (considerando su críptica pluma) la mirada histórica de Salazar que desde la óptica de la historia económica marxista logra identificar el origen y los vaivenes de los problemas estructurales de la economía chilena, sus actores reales (más allá de sujetos que engrosan impersonales estadísticas) y logra distinguir prístinamente los entretejidos económicos formales, informales, validados por la fuerza, populares, etc. Y su interacción.
- Es desde esa misma óptica que Salazar propone una nueva línea de tiempo de la historia chilena, no desde los mitos fundantes de los héroes y la política, sino desde los ciclos productivos que son los que influyen directamente el devenir de la “nación chilena”. Una línea no lineal, que no rigidiza su forma y que da la ductilidad que lógicamente tienen todo proceso histórico y no el matemático e ingenieril constructo de la línea recta unitemporal al que estamos acostumbrados y que se enseña en la educación formal.
- Es un pequeño manual que sirve para generar teoría y cohesión social (para mundo popular principalmente) en torno a una historicidad común que dé acicate a la movilización y resistencia a las injusticias estructurales y añosas a las que están sometidos y estarán sino se recupera esa memoria y se develan los mecanismos de dominación. Todo lo anterior sin pontificar.
Finalmente (sólo cierro las posibilidades de análisis para este comentario, porque creo son muchas) Salazar nos vuelve a representar a la Historia no cómo la cristalización de hechos pasados dignos de estudios asépticos, sólo revisables a través de fuentes inertes, sino la presenta como un “continuo” un “siendo” vivo y palpitante. Así en los epílogos de su obra, nos representa cual espejo la realidad de la “acumulación capitalista en Chile” y sus (des)potencialidades.
A sabiendas que quizás por las condiciones en que se generó la “Historia de la acumulación capitalista en Chile” ésta no cuenta con las formalidades propias de obras históricas cieníficas como las propias `previas de Salazar. Pero, sin duda, ésta enrostra, enerva y (debería) moviliza.
Freddy Sánchez

El texto de este libro, titulado La Parrilla, corresponde a la trascripción de una entrevista, grabada en una cassette de audio, que Adolfo Pardo le hiciera a Gabriela Durand en Santiago, en 1980, poco después que ésta fuera detenida y torturada en un catre electrificado por la entonces Central Nacional de Información (CNI)*
El autor y la entrevistada se conocieron a las puertas de la ex Penitenciaría de Santiago, donde entonces estaban recluidos un grupo importante de presos políticos, entre otros un hermano de Gabriela Durand y un cuñado de Adolfo Pardo. A quienes visitaban respectivamente.
A la salida Pardo entabló conversación con Gabriela y esta le habló de su experiencia cuando fuera detenida. Impresionado por el relato de la joven, que entonces tendría unos 19 años, Pardo le preguntó si le permitiría grabar su historia. Gabriela respondió con evasivas, su traumática experiencia le producía vergüenza, entre otras contradicciones. Pero al final se dejó convencer y algunas semanas después se concertaron en la oficina del primero donde se realizó la grabación.
Al principio Gabriela estaba confundida y se daba vueltas sin resolverse a echar fuera su historia, pero luego logró soltarse y como en una catarsis enhebró un monólogo muy espontáneo y detallado.
Posteriormente Pardo puso por escrito la grabación, descartando sus propias y escasas intervenciones. El texto resultante lo editó, eliminando titubeos y reiteraciones innecesarias propias del lenguaje hablado, pero procurando respetar al máximo las palabras de su entrevistada.
Cuando el texto estuvo terminado y listo para ser publicado, Pardo pensó en la conveniencia de un prólogo para contextualizarlo y lo solicitó al entonces promisorio poeta y actual premio nacional de literatura Raúl Zurita, quien tomando el primer diario que tenía a la mano procedió a recortarlo con el formato que tendría el libro, sin ninguna selección previa. Y esos recortes se incluyeron al principio del libro a modo de prólogo o introducción anónima.
Pardo incluyó también las ilustraciones que se intercalan al texto, entre ellas dos fotografías de una “performance” realizada poco antes en una galería de arte por Marcela Serrano durante la cual, desnuda, procedía a pintarse el cuerpo con pintura blanca. El resto son recortes sacados de cualquier parte.
Entre tanto, los cercanos al autor que habían tenido acceso al manuscrito le aconsejaban no publicar el libro, por razones de seguridad. O en su defecto hacerlo anónimamente. Sin embargo Pardo estaba decidido a sacar La Parrilla a la luz pública con su nombre impreso en portada, asumiendo el riesgo que significaba ese reto a la autoridad, pero omitiendo el nombre de Gabriela Durand para protegerla de cualquier represalia por parte de las fuerzas de seguridad, como había convenido con ella.
Por supuesto ninguna editorial legalmente establecida estaría dispuesta a poner en riesgo su continuidad, ni a su personal, publicando un libro que ponía de manifiesto los horrores que en secreto estaban ocurriendo en Chile, por lo que el autor debió publicarlo por su cuenta con el sostén deTalleres del Mar, agrupación literaria de la que formaba parte y que tenía una pequeña colección editorial titulada Cuadernos Marginales, sello bajo el cual apareció esta obra, como se aprecia en la portada.
El financiamiento de esta edición, de 1000 ejemplares, corrió por cuenta del mismo autor y de un amigo, Jaime Valenzuela, quien también formaba parte de ese núcleo literario y que conocía una imprenta dispuesta a imprimir el libro, pero prescindiendo del “pie de imprenta”. O sea, sin el nombre ni la dirección de la imprenta.
Como todas las ediciones clandestinas producidas en Chile durante ese período, se distribuyeron por mano gratuitamente algunos ejemplares y el libro circuló entre pocas personas. Pablo Huneeus, que entonces ejercía una sociología muy activa citó La Parrilla en uno de sus libros o en uno de los polémicos artículos que publicaba en esa época. Pero con esa única excepción este relato, testimonio o nouvelle, ha permanecido prácticamente ignorado hasta el día de hoy, como muchos otros esfuerzos de tantos chilenos y chilenas que durante años trabajaron anónimamente arriesgando la vida para derrocar a la dictadura de Pinochet y devolver la dignidad y la democracia a Chile.
El texto propiamente, donde Pardo respetó las formas y giros de la hablante y de la época, constituye un relato extraordinario que, superados los primeros pasajes donde la narradora enreda los hechos, se deja leer con mucha facilidad y pone de manifiesto, amen de los horrores relatados, la ambigüedad de los personajes, en especial de uno de los miembros de la CNI, un joven que atraído por la víctima, la ayuda, consuela e incluso le pide una cita para cuando ésta quede en libertad. Interesa ver también como, desde el otro lado, la protagonista, indefensa en las manos de sus captores, agradece las atenciones del joven, encuentra un amigo en él e incluso le permite un beso.
En resumen, este es un testimonio donde “buenos y malos” por momentos se acercan y comparten sentimientos amorosos. Estas aristas del relato lo enriquecen y diferencian de tantos otros testimonios donde “los malos son intrínsecamente malos” y “los buenos” víctimas completamente inocentes. Esta característica de La Parrilla hace que este libro, más allá de su valor testimonial, tenga también o simultáneamente una dimensión literaria y en cuanto da cuenta de una realidad sin ocultar ningún aspecto, un valor histórico que incluso trasciende el mundo que relata, el Chile de 1980, alcanzando una dimensión universal y atemporal.
Talles del Mar, Santiago, junio de 2008.
Texto escogido:
—Te vi cuando estábai desnuda —me dijo— y me gustaste harto. Me gustó cuando gritabas … Yo no sabía qué decirle y le dije:
—¿Sí? Un “sí” bien asopado.
Él me dijo:
—¡En serio!
Y como que insistía, como que quería seguir diciéndome que yo le había agradado. De pronto se sintió bulla afuera, pasos.
—¡Te voy a tener que bajar la venda —me dijo—, andan por ahí y me pueden retar si saben que te he dejado levantártela.
Entonces me la bajó y se despidió.
—¡Chao!
—¡Chao! —le dije—. Y se acercó y me dio un beso. Yo no supe que hacer! Fue un beso corto, ¡pero me lo dio en los labios!
—¡No entiendo! ¿Qué pasa?
—¡Nada! Te voy a venir a ver.

| El jardín de las peculiaridades Introducción del traductor, David Hauser (texto en italiano). Sembra che ogni generazione sia caratterizzata da un momento chiave della sua esistenza. Tali momenti non vengono percepiti in maniera omogenea da tutti gli appartenenti a quella generazione, ma costituiscono delle tappe fondamentali e coincidono con ciò che gli storici sono soliti chiamare momenti periodizzanti. C’è anche chi non avverte in maniera tangibile ripercussioni significative sulla propria vita e che, quindi, non nota un punto di svolta nel proprio percorso umano e continua la sua vita evitando di porsi domande di tipo esistenziale. Il momento chiave può essere di diversa natura e può, di conseguenza, dar esito a flussi di pensiero diversi. Credo che la mia generazione, ancora giovane, abbia avuto numerose possibilità di interrogarsi seriamente nonostante il grande impegno da parte di chi ci governa di controllare, arginare e sedare le nostre menti, per renderci meno critici e meno consapevoli. |
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| La nascita di questa nuova coscienza mi ha portato alla scoperta della Storia dietro la Storia. La Storia di cui ci si deve per forza documentare autonomamente perché non fa parte della narrativa ufficiale riportata dai manuali scolastici o universitari, che sono gli esponenti della narrativa ufficiale in cui si è tenuti a credere come a delle verità assolute, nonostante spesso prescindano dalla logica e dal buon senso.
La narrativa di una società, di un popolo, di una comunità o di un paese definisce il modo di fare, di essere e di proiettarsi nel futuro di quella società. In un certo senso si può dire che regola, e perciò controlla, il suo comportamento. Rivelazioni sconvolgenti che mettono in forte dubbio la narrativa ufficiale permeano ogni aspetto della civiltà occidentale: dalla medicina alla giustizia, dall’economia alla politica nessun settore viene risparmiato. La medicina ci fa ammalare, la giustizia, con il suo linguaggio occulto, ci priva dei diritti naturali dell’uomo, il sistema educativo ci fa istupidire, i media distorcono la verità, l’economia ci riduce in perpetua schiavitù attraverso il signoraggio bancario e i governi fingono di rappresentare il nostro volere. Una volta che ci siamo strofinati gli occhi e ci siamo distaccati per guardarci in maniera lucida riconosciamo un’esistenza umana completamente sotto-sopra. Un mondo in cui la totale dipendenza dal mercato è considerato un esercizio di libertà, un mondo in cui la scienza è dominata dalla quasi totale omologazione del pensiero e non dallo scetticismo, un mondo in cui la giustizia pretende di essere uguale per tutti ma si rivela un apparato per semplici transazioni commerciali fra partiti. Un mondo talmente rovesciato è possibile perché esiste sotto i nostri occhi, con il nostro consenso. E noi siamo consenzienti perché accettiamo la narrativa. Con il trascorrere del tempo si sono insinuati in me i dubbi e gli interrogativi sul perché dovrei continuare a far parte di questa narrativa. Per essere più precisi posso dire che a seguito di una fase di auto-educazione (perché la via istituzionale non porta mai a verità sconvolgenti, anzi, te ne allontana) mi è impossibile credere ancora a questa grande illusione globale, benpensante ma distruttiva. Se allora sono il mio buon senso e la sete di giustizia e di verità ad impedirmi di sposare la versione ufficiale della Storia quale può essere il modo per oppormi? Alcuni intraprendono la via politica schierandosi con una fazione o tendenza denominata ‘destra’ o ‘sinistra’. Questo può essere utile per uno sfogo temporaneo ma in ultima istanza non fa altro che incastrarci in un nuovo paradigma divisorio, senza tener conto, come sottolinea Jesús Sepúlveda, della peculiarità di ogni individuo, non diversamente dai paradigmi religiosi che da sempre ci impediscono di arrivare ad una vera autodeterminazione. È facile infatti compiangere le società che vanno avanti dilaniandosi a vicenda per motivi religiosi ma non realizzare allo stesso tempo come il binomio destra/sinistra crea scismi analoghi in una società laica. Che differenza c’è fra un bambino a cui viene inculcato fin da piccolo che “quelli dell’altra religione” sono “diversi” o in qualche caso addirittura il nemico numero uno e un bambino (come lo sono stato io) a cui viene fatto capire che “quelli di destra” sono in qualche modo diversi, con valori stranamente sbagliati o, se non altro, meno simpatici? La strada che sto percorrendo non mi permette di oppormi politicamente visto che sono arrivato a interpretare la lotta politica come uno degli inganni incorporati nei meccanismi della civiltà. Con ciò non intendo insultare chi fa politica attiva o chi crede nell’impegno politico ma personalmente considero l’impegno politico non meno illusorio del fervore religioso. Cominciai così a formulare per la prima volta l’idea che forse è proprio la stessa civiltà o meglio il ruolo che essa svolge, cioè la civilizzazione, ad impedire il vero progresso che l’uomo potenzialmente potrebbe raggiungere. Secondo Stephen Budiansky l’animale addomesticato si distingue dalla sua versione selvatica in quanto il suo sviluppo si ferma una volta che l’animale è arrivato alla maturità sessuale, per poi rimanere in uno stato di perpetua pubertà che cerca e richiede la costante sorveglianza e cura dell’uomo padrone. E così, anche l’uomo civilizzato, ovvero addomesticato, si trova in eterna dipendenza dai suoi padroni. Riflessione liberatoria questa ma allo stesso tempo sconcertante, in quanto stando alla narrativa, la civilizzazione è la più grande conquista dell’uomo. Il non plus ultra del suo sviluppo intellettivo. L’idea che continuava ad insinuarsi sempre più insistente in me era quella dell’impossibilità di una presa forte di coscienza in una società di massa nella quale il pensare fuori dagli schemi e dalla narrativa ufficiale non solo è malvisto ma addirittura penalizzato. È la massa che ci rende manipolabili su scala mondiale. Come un gregge di giovani pecore che preferisce farsi guidare anziché scoprire la possibilità di andare libero per la propria strada. Mentre riflettevo su questi temi, grazie ad un amico mi capitò fra le mani Il giardino delle peculiarità di Jesús Sepúlveda. Rimasi colpito fin dal primo capitolo che tratta la nozione di ‘ideologia’ (pag. 3), perché sono cresciuto con l’idea che l’ideologia sia uno schieramento, soprattutto politico, di cui esistono vari tipi e colori e che è bene, anzi necessario, scegliere quello più adatto alla propria indole. Nel suo trattato, Sepúlveda dimostra l’effetto limitante di qualsiasi ideologia nei confronti della flessibilità mentale delle persone. L’ideologia in un primo momento può dare una profonda sicurezza e un rassicurante senso di appartenenza, ma non è di certo favorevole al libero dispiegarsi del proprio potenziale, tanto mentale quanto spirituale. Inoltre, Sepúlveda sottolinea come l’identificarsi con uno schieramento significa prescindere dalla propria peculiarità per rendersi identico ad esso (pag. 51). L’apparente semplicità delle argomentazioni addotte da Sepúlveda poggia in realtà sugli studi di grandi filosofi e pensatori come Heidegger, Adorno, Marx, Rosa Luxemburg, Slavoj Zizek ed altri. Non mancano riferimenti a etnologi, etologi, antropologi, botanici, entomologi, nutrizionisti e, ovviamente anarco-primitivisti come John Zerzan e Chellis Glendinning. Ciò che offre Il giardino delle peculiarità è un punto di vista filosofico e visionario. Il trattato riprende le tematiche dei pensatori sopra citati per dimostrare come l’uomo civilizzato è considerato nient’altro che una componente strumentale all’interno di un meccanismo snaturato. Il percorso che egli è tenuto a seguire mira esclusivamente alla funzionalità, all’obbligo di essere redditizio e utile per il progresso della civilizzazione. Un modo di pensare e vivere, questo, che aliena l’uomo da ciò che, secondo Sepúlveda, è realmente, una peculiarità all’interno di una costellazione di altre peculiarità. Una frase che ricorre spesso nel libro è “l’essere umano non è altro che natura” (p. 14, 22, 100 pp.) e la natura è, appunto, un meraviglioso caos creativo dove è lo spazio, anzi la necessità, per affetto, flessibilità e spontaneità. Così, capitolo per capitolo vengono smontati i pregi della civiltà che sopprimono la vera natura dell’uomo. Non sono idee rivoluzionarie queste ma l’aspetto insolito, per un trattato all’apparenza filosofico e teoretico, è l’approccio a queste tematiche. Sepúlveda proviene dal mondo dell’arte e della poesia e perciò colpisce per il modo accattivante e poetico di costruire e porgere le sue tesi. La densità delle immagini usata da lui enfatizza l’aspetto estetico oltre a quello teoretico delle argomentazioni. Così fornisce un trattato poetico, e quindi umano, che è facilmente apprezzabile e che non evita di proporre concrete strategie per un significativo cambiamento. Nel teatro e nella lirica greca il malfunzionamento dell’amministrazione statale, veniva metaforizzato con l’immagine di una nave in procinto di affondare a meno che non venisse riparata al più presto. David Hauser, Perugia, 14 febbraio 2010 JESUS SEPULVEDA E LA BUONA NOVELLA LIBERTARIA |
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Posfacio para la versión en italiano del “El jardín de las peculiaridades” de Jesún Sapúlveda, por el filósofo y activista italiano, Michele Fabiani (texto en italiano).
La prima lettura della traduzione italiana del Giardino delle peculiarità di Jesùs Sepùlveda mi ha lasciato profondamente affascinato. La primissima impressione, il primo commento che mi è venuto in mente è stato di trovarmi di fronte ad una sorta di Buona novella dell’anarchia. Lo stile è quello di un libro di estetica, ma il contenuto politico non è affatto esteriore.
I capitoli sono una sequenza di semplici giudizi sull’ideologia, sulla bellezza, sulla standardizzazione, sull’individuo, sulla libertà. Giudizi che come dicevo non hanno alcuna forma teoretica, ne vogliono averla. Più che un libro di teoria politica, pare di trovarsi di fronte ad un libro di cultura politica, nel senso che quel che ne emerge non è e non vuole essere un programma strategico alternativo – cosa che sarebbe, tra l’altro, del tutto legittima, passione a cui anzi io personalmente dedico molte delle mie energie – ma una “semplice” elencazione di opinioni positive. Anche nei giudizi più critici, quelli che si ergono contro lo stato e la civilizzazione, l’elemento positivo, almeno sul piano formale e stilistico, emerge con forza.
Da queste pagine emerge una potente critica alla civilizzazione e alle sue aberrazioni, all’antropocentrismo e all’impero degli uomini sulle altre specie, alla natura carnivora accusata di essere frutto del cannibalismo, almeno da un punto di vista di “psicologia sociale”, cioè come rappresentazione della distruzione totale dello sconfitto (come le tribù vincitrici mangiano il cervello dei capi avversari, così mangiare un animale proietta il presunto dominio della razza umana sulle razze dominate). Ma emerge anche un orizzonte positivo, rivoluzionario, dichiaratamente anarchico ed in contrapposizione con questo sistema. Un orizzonte in cui le peculiarità del Pianeta non solo oscurate, ma esaltate, un colorato giardino delle peculiarità, insomma la buona novella dell’anarchia.
La visione politica di Sepulveda è profondamente attuale: non troviamo la riproposizione delle tesi classiche del movimento anarchico del XIX e XX secolo, ma vi leggiamo le più importanti ipotesi degli ultimi anni; dalla liberazione animale alla critica della civiltà, dal primitivismo alla mai sopita questione sociale. Manca però un progetto rivoluzionario, ci si limita – e questa è una mia critica che mi permetto di avanzare – a tratteggiare un bel quadro, ma proprio in questi anni di crisi del sistema, bisognerebbe spingerci oltre.
Finalmente questo libro esce per la prima volta in lingua italiana. Mi auguro che sia uno stimolo alle menti di tanti bravi compagni, ottenebrate dall’ideologia, ma soprattutto a risvegliare quelle tante coscienze completamente addormentate che riempiono la nostra stanca civiltà.
Michele Fabiani
Spoleto 10 febbraio 2010

A BUEN PASO ATRAVIESA LA NOCHE
(Mosquito Ediciones, 2009) de Alejandro Lavquén
Hay quienes se preguntan, ¿cuál es el rol que cumple el poeta y la poesía hoy?, en esta época de la posmodernidad, de la globalización, de la cultura de mall, se dice que el poeta ha dejado de tener un valor social, más bien es ignorado y sus libros permanecen en estanterías que nadie visita. En nuestro país las últimas estadísticas, en relación a la población lectora, enuncian que somos un país que no lee y son estas mismas estadísticas las que nos sitúan muy por debajo de la norma. Sin embargo los libros de poesía continúan editándose y esto viene a constatar que la poesía está más vigente que nunca, que los poetas tienen algo que decir en esta sociedad amorfa y que no solamente debemos escucharnos nosotros mismos, sino más bien ser sujetos sociales que inviten a la reflexión, a la crítica, al diálogo. Es así como celebro la publicación de: “A buen paso atraviesa la noche”, nuevo libro de Alejandro Lavquén, que viene a confirmar su preocupación, no sólo por escribir poesía como un ejercicio banal, sino más bien utilizar este arte como una herramienta que nos permita ser un aporte real para cuestionarnos la existencia desde una mirada crítica, indagadora, reflexiva, que vaya al encuentro de nuevas interrogantes. El autor nos dice: “Me siento ajeno a esta época/ de transiciones apócrifas,/de rostros y cuerpos cromados/ ocultándose en el silabario/pueril de la uniformidad…”. Se escribe porque se vive, por la misma razón que vuela un ave, nos dice el autor, así la poesía es una viajera que se impregna de nuestros sentires, y se mueve en las subjetividades del ser que trasciende el día a día, que vuelve sobre sí mismo cada vez que el día concluye.
Sí, es probable que el poeta no vuelva a tener un papel protagónico y relevante en la sociedad actual, mas, no es menos cierto que la poesía siempre se encargará por encontrar un lugar no contaminado, por los aires de esta mal llamada modernidad y respire, por el contrario, el silencio del ser que se busca a sí mismo, que lucha por reencontrarse consigo mismo, que se siente ajeno a este sinsentido de una sociedad que nos abruma, que nos posterga a los rincones más apartados del yo. La palabra verdadera es aquella que no nos consume, aquella que no sucumbe a la modorra existencial, porque a buen paso atraviesa la noche, y es la oscuridad la que viene en nuestro auxilio, la que nos ayuda a reencontrarnos, pero también la que nos mantiene alerta ante el desconcierto total, la indiferencia y la ausencia de sentidos. Lavquén plantea: “La soberbia de la urbanidad/ va sepultando los barrios/ de la infancia. /Junto a ellos se observan las tumbas/ de los amigos extraviados/en el silencio de la adultez”. El cambio de la ciudad y su paisaje urbano va transformando nuestras vidas, aquí la infancia es una experiencia que quedó adherida a antiguos paisajes que sólo existen en nuestra memoria, en el silencio de las veredas que ya no son las calles donde nuestro imaginario infantil, construyó las historias de nuestra niñez. El espacio ha sido modificado y con él nuestras vidas.
En estas páginas la muerte es un tópico que se articula para y desde la memoria de los cuerpos. Cito: “Hoy los muertos no me duelen como ayer./ Hace mucho me han dejado sordo y frío”. En estos versos la muerte es vista como algo natural, una prolongación en el tiempo, un cambio en los elementos: “Los que ayer soñamos el sol,/avanzamos también como el agua…”. Aquí la existencia es el caos y la muerte la pasividad, la amiga íntima, la amante que sobrevive, bajo este escenario la palabra trasciende y se instala más allá de la existencia. Bajo estos prismas se construye un imaginario en el que perviven temáticas que nos invitan a profundizar aquellos tópicos que cohabitan en una realidad fragmentada, es así como transitan por estas páginas los secretos de una época que lucha por trascender más allá del tiempo, aquí el poeta es un vigilante sagaz enarbolando los triunfos y fracasos de una época de ausencias, una época oscura, con muchos “silencios y distancias”.
“A buen paso atraviesa la noche” es un texto poético que enuncia la problemática de los sujetos sociales que no se sienten cómodos, en esta sociedad que los ignora, que los minimiza, que los posterga. Sin embargo, el discurso poético planteado, nos exige recuperar espacios de reencuentro consigo mismo, replanteándonos esta sociedad en donde se ausentan cada vez más los valores y la solidaridad humana. Es ahí donde descansa su valor más intrínseco, ya que la poesía nos debe servir, ante todo para humanizar. Porque: “La ciudad estalla en los suburbios/su sombría sonrisa de mall,/símbolo del éxito/al marchitar el tiempo un siglo más…”. No debemos ser indiferentes a esta realidad, la poesía nos exige compromiso, porque cuando todos observan con la mirada indiferente, los poetas deben ser transformadores, sujetos lúcidos, una forma de mantener viva la memoria, porque: “Un hombre cava su tumba/a los pies de su memoria”.
El hombre común y los hechos comunes tienen su espacio en este libro, el discurso poético se detiene, en los sectores sociales que son desapercibidos por el resto, sobre todo ahora que el espacio urbano ha sido amenazado por la mal entendida modernidad, siendo destruidos. En estos lugares circula y trasciende la cultura popular como una fuente de inspiración que va más allá del conocimiento académico. “Amo las cantinas/más que el aprendizaje académico/de toda mi vida…”, nos plantea Lavquén. Estos lugares comunes escriben otra historia, no aquella que transmite la historia oficial, sino aquella que enuncia. “Escribo un poema con mis cicatrices”. Y también las cicatrices del otro, porque es un libro en donde se conjugan los tiempos reales con los tiempos imaginarios, el espacio propio y el espacio del otro, en donde se enuncia una ciudad con sus sombras y su luz y la escritura como una herramienta llena de sentidos y significados que nos permite entender la existencia y en ciertas ocasiones no entenderla, porque como dice Julia Kristeva “Se olvida el tiempo pasado cuando no se tiene nada que decir a nadie”. Ese es el sentido que nos otorga la palabra.
Isabel Gómez

“CRIMEN Y PERDÓN” DE CARLOS ITURRA GANA PREMIO MUNICIPAL DE LITERATURA 2009
El jurado presidido por el escritor Poli Délano eligió como ganador en la categoría Mejor cuento a “Crimen y Perdón”, una compilación de relatos en los que se refleja la vida urbana actual.
Carlos Iturra ya había sido distinguido en la misma categoría en 2005 por su obra “Pretérito presente”, también publicada por Catalonia.
Se trata del premio más antiguo y prestigioso del país. José Donoso, Roberto Bolaño, María Luisa Bombal, Nicanor Parra, Jaime Collyer, Volodia Teitelboim, entre otros, han sido distinguidos en el pasado.
“Una colección de narraciones breves de formidable factura, caracterizada por la tesura y lucidez de su prosa y la capacidad de generar microcosmos de una gran vitalidad y persuasión”, fueron las apreciaciones que hizo el jurado en torno a la obra “Crimen y perdón” de Carlos Iturra, elegida por unanimidad como Mejor Cuento del Premio Municipal de Literatura 2009. El jurado de este género estuvo compuesto por Cristián Bravo, Cristián Cisternas, Raquel Olea y presidido por Poli Délano.
El libro reúne cuentos de fantasía, reales y cotidianos, entre los que se encuentra “Caída en desgracia”, relato en el que el autor se atreve a revelar las tertulas literarias del taller de Mariana Callejas en Lo Curro, aquellas que celebraba mientras su esposo Michael Townley operaba en el sótano de la casa como agente secreto de la DINA.
Carlos Iturra ha sido reconocido por la crítica como uno de los mejores exponentes del género cuento en la actualidad. “Paisaje masculino”, “Pretérito presente” y “Para leer antes de tocar fondo”, forman parte de su celebrado catálogo de relatos breves. No es la primera vez que Iturra recibe el Premio Municipal de Literatura, ya que en 2005 lo ganó con “Pretérito Presente”, obra que también fue premiada por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura.
Otros de los ganadores de este año son Alfredo Jocelyn-Holt en la categoría Ensayo y Roberto Brodsky en Novela.
Creado desde en 1934, el Premio Municipal de Literatura surgió como un reconocimiento a la obra de autores chilenos en sus distintos géneros, que hayan sido editados el año anterior a la premiación. José Donoso, Roberto Bolaño, María Luisa Bombal, Nicanor Parra, Jaime Collyer, Volodia Teitelboim, entre otros, han sido distinguidos en el pasado.
La ceremonia de entrega del Premio Municipal de Literatura 2009 se realizará en noviembre próximo.
SOBRE CARLOS ITURRA: Estudió Derecho y Filosofía antes de resignarse a la literatura y sus alrededores: docencia, periodismo, edición. Además de cuentos, ha publicado la novela “Por arte de magia”, así como un volumen de aforismos, “¿La convicción o la duda?” Celebrado por la crítica, sus textos han sido escogidos para diversas antologías de ensayo, cuentos, microcuentos, tanto nacionales como extranjeros. Sus artículos sobre literatura y cultura han sido habitales en múltiples medios de prensa, habiendo obtenido diversos premios, entre ellos, el de la revista Paula.

Texto leído por Carlos Ortúzar durante el lanzamiento del libro “Una Biografía Distinta”, de Adolfo Pardo, el 14 de julio de 2009.
Aquí tenemos al autor Adolfo Pardo a un año del lanzamiento de su novela “La silla de ruedas” con esta nueva publicación “Una biografía distinta y otros cuentos”.
También en esa ocasión me tocó presentar el libro y en este mismo lugar, pero se trataba de una novela con todos los requisitos del género. Toda novela – según Anatole France – es una autobiografía, decía yo entonces y en esta ocasión el aserto cobra especial relevancia, para lo que basta con el título.
No se trata esta vez, sin embargo, del género novelístico. Además de la biografía distinta, el título nos habla de cuentos, pero de las 17 piezas en que está dividido el libro homenaje a Ulises Gómez, sólo seis pertenecen a este género según mi parecer. Del resto, tres son relatos que podríamos llamar “familiares”, porque están mencionados los protagonistas por sus nombres y corresponden a personas cercanas del escritor. Otras siete partes son crónicas, o sea, artículos en que se comenta literariamente algún tema. Algunas de estas últimas son logradamente cómicas, recurso que Pardo utiliza con particular acierto.
Por lo tanto, nos encontramos frente a un trabajo heterogéneo, lo que no es de extrañar, porque si hay alguna característica común en la obra de Adolfo, es su carácter híbrido, su originalidad, su singularidad, su extravagancia, para lo que bastaría nos remitiéramos a su extraordinaria novela “Los Insobornables”, que no ha tenido la difusión que merecía y que todos los que la hemos leído, esperábamos. Pero el tiempo le está dando la razón, porque según opina John Banville, considerado uno de los escritores más importantes en lengua inglesa ganador del premio Booker, “se está gestando una nueva forma que no es la novela de los siglos XVIII y XIX. Claro que se puede escribir acorde a la vida actual, puede uno mantenerse en la superficie de las cosas y conseguir una buena novela. Pero escribir de verdad es una tormenta en el mar, uno busca descender más y más a la profundidad. En la superficie encontrará acción, olas y tempestad, pero abajo el agua sigue quieta, apenas hay sonido y reina el azul profundo. Allí es donde busca hundirse el artista”, y esta nueva forma que no es ficción, poesía, historia ni filosofía y, sin embargo, tiene ingredientes de todas ellas, es la de los grandes escritores actuales Sebald, Magris o Calasso.
Me voy a referir entonces a los seis cuentos que son los únicos de ficción pura de este libro, a saber:
“Ocho noches”, en que se narra que diferentes pueblos cuentan las jornadas como noches en vez de días como nosotros, para luego terminar relatando un sueño, sin conexión con la primera parte, un viaje entre Laponia y el Báltico.
El segundo relato “Expedición al Amazonas es un cuento clásico como los definía Cortázar, esto es con un desarrollo y un final que es un K.O. El protagonista toma un brebaje con un amigo en medio de la selva y esto cambia su vida.
Luego “El Juicio Final”, que tiene un carácter festivo porque reproduce diálogos de Dios con un ángel que es su ordenanza. El autor, afirma que leyó este cuento en una revista “Casa de las Américas”, lo que no se sabe si hace parte de la ficción.
“El hijo del cielo”, es una leyenda basada en la mitología Selknam, y según el autor y alude a la creación del mundo.
Pandemonios, también de carácter cómico, se refiere a niños que terminan como antropófagos, sin saberlo.
Finalmente “El trasnochador” es un cuento redondo, a mi juicio el más logrado, en que el personaje sueña una trágica situación en la que es un héroe y luego esta misma situación se produce en la realidad y ahí él cambia su comportamiento para mal.
El excelente escritor Javier Marías, nos da siete razones para no escribir novelas y yo traslado la afirmación al cuento o, en general a la ficción:
1.- Hay demasiada gente que escribe, miles de escritores espontáneos, a pesar de los agoreros que vislumbran el fin de los libros.
2.- No tiene mayor mérito, puesto que la practican toda clase de gente: poetas, filósofos, dramaturgos, sociólogos, lingüistas, banqueros, editores, periodistas, políticos, cantantes, entrenadores de fútbol, futbolistas, ingenieros, arquitectos, profesores, curas, chicas pelolais, bueno, para qué seguir. Ah, se me olvidaba, militares y terroristas.
3.- No da dinero. Me acuerdo que José Donoso se quejaba que Carmen Balcells, pedía muy caro por los derechos cinematográficos de sus novelas, en circunstancias que él las habría vendido feliz por la mitad.
4.- No da fama, la que puede conseguirse mucho más fácilmente por medios menos elaborados, por ejemplo con un delito de resonancia mediática.
5.- No da tampoco inmortalidad, entre otras porque con la masificación de los medios y la información, nadie se acuerda de nadie. ¿Alguien recuerda a Fernando Santiván?, por ejemplo.
6.- No halaga la vanidad. A diferencia del director de cine, o el pintor, o el músico, que pueden observar las reacciones frente a sus obras, el escritor no ve a sus lectores leyendo su libro, a lo más puede consolarse con las cifras de venta.
7.- Los inconvenientes, como la soledad en que se trabaja, lo que se sufre luchando con la búsqueda de las palabras y la sintaxis, y la famosa angustia de la página en blanco; lo anormal que es vivir como escritor y las miserias que se pasan, etc.
Entonces, ¿porqué a pesar de todas estas calamidades seguimos escribiendo?
Bueno Julián Marías opina que escribir permite “permanecer buena parte del tiempo instalado en la ficción, que es seguramente el único lugar soportable para vivir. Y aquí recordamos la famosa frase de Flaubert: “para poder soportar la existencia, hay que sumergirse en la literatura como en una orgía perpetua”. Esto quiere decir que “permite vivir en el reino de lo que pudo ser y nunca fue, por eso mismo en el territorio de lo que aún es posible. El novelista que recurre a la realidad pura como inspiración, es más bien un cronista” y este libro de Adolfo Pardo, me parece a mi, muestra el contraste entre estas dos formas, lo que lo hace atractivo de leer, por aquellos a los cuales les interesan estas cosas. “Hay suficientes periodistas en este mundo. El escritor de ficción no refleja la realidad, sino la irrealidad, entendiendo por esto no lo inverosímil ni lo fantástico, sino lo contrario de los hechos, los acontecimientos, los datos y los sucesos, lo contrario de lo que ocurre”. “Lo que sólo es una posibilidad en la ficción, sigue siendo posible eternamente, en cualquier época y lugar. La España de 1600 no existe, no la conocemos, “la que cuenta es la de Cervantes, la de un libro irreal sobre libros irreales y sobre un anacrónico caballero andante salido de ellos”, no de lo que era o fueron las circunstancias de esa época; ni tampoco cuenta la Francia de 1900, sino la que conocemos por Proust, que la describió en sus detalles más íntimos.
Y si de ficción se trata, estos seis cuentos son ejemplos acabados de invención diversa, tan disímil que no se puede reconocer casi nada en común que diera lugar para hablar de un estilo determinado, expresión del alma del escritor. Este rasgo me llamó la atención y me hizo revisar dos libros de cuento que leí últimamente. Se trata de “El fumador y otros relatos” de Marcelo Lillo y “Cuentos reunidos” de Gonzalo Contreras.
Son dos excelentes ejemplos de lo que el crítico Pedro Lastra llama la gran tradición del género en Chile y en Hispanoamérica.
En el primero de ellos, según Ignacio Echevarria “predomina el ademán gélido y golpeador: son cuentos brutalmente invernales, que parecen acatar ese mandato de Kafka conforme al cual los libros deberían ser como hachas, capaces de romper el mar helado que todos llevamos dentro”. Hay que haber vivido allí, en Niebla, en la costa fría de Valdivia, para entender el porqué de ese tono permanente que sostiene como un vaho crudo esta obra, en que el personaje es siempre el mismo, no sólo porque habla en primera persona, sino porque sus circunstancias son siempre iguales, una madre, una esposa, su desilusión, el fracaso, su tristeza, la muerte en definitiva, que ronda acechante siempre. Todo en un mismo tono, lo que no quiere decir monótono, sino simplemente se puede hablar de un estilo, (el estilo es el hombre), y este es el de Marcelo Lillo.
“Los cuentos reunidos” de Gonzalo Contreras, fueron editados, a instancias del autor, en tres categorías: Las difíciles relaciones personales, Desordenando el orden, Encuentros y desencuentros.
Aquí el estilo Contreras está dado por los entornos donde todo sucede. Todo transcurre en lugares y con gente de clase alta: fundos de la zona central, departamentos del barrio alto, resorts en África, un bar en Lisboa. Además, siempre el conflicto es con una mujer, normalmente su esposa. No digo que no esté logrado, por el contrario, en general se trata de narraciones muy bien escritas, pero el tono es siempre el mismo.
En ambos casos hay un talante común en estos libros de cuentos, que si uno los lee de corrido, pueden resultar algo lineal, que no cambia, y el lector termina por prever lo que sigue, desarrolla una habilidad de lectura. En los dos casos a que me refiero, si uno separa uno de estos cuentos del total de cada libro, puede encontrar cosas notables.
En la obra que nos ocupa, nada de esto sucede. Los temas son descabelladamente diferentes, unos son oníricos, otros realistas, otros críticos. Parecieran haberse escritos en momentos diferentes. En todos ellos los personajes se muestran en la tarea que llevan a cabo y de esa tarea se deriva el significado de la historia y se devela la personalidad del protagonista, siempre individual. Un cuento nunca es coral.
Por último diremos con Javier Marías que se escribe mucho en el mundo, demasiado quizás, pero lo interesante no es el estilo o el talento de un escritor, porque hay mucho talento alrededor, sino que una particular manera de ver la vida, que es el sello de cada ser humano, con sus infinitas variables, que algunos, como el autor que nos convoca muestran, con lo que no sólo nos entretienen, sino que nos señalan posibilidades de vida que nos hacen mejores y más sabios. Contar es una forma de generosidad.
Lean entonces “Una Biografía Distinta y otros cuentos” de Adolfo Pardo, cuando puedan.
Texto leído por Carla Castro, recordando a Ulises Gómez, durante el lanzamiento del libro “Una Biografía Distinta”, de Adolfo Pardo, el 14 de julio de 2009.
Un caballero acaba de morir y le he pedido a su mejor amigo que pronuncie las frases de rigor porque yo no quisiera blasfemar, sólo quisiera hacer unas preguntas. Aprovechando el sueño de Ulises es que nos hemos reunido para recordarlo. Ulises hace parte de esos tipos talentosos que no dejaba de celebrar confusamente algo, no sé si la despedida de un tiempo o la bienvenida de otro, en una tierra de nadie o de nada, suspendida y en zozobra. Es para mí como Alexandros Panagoulis de Grecia. Ulises tuvo devotos y acérrimos enemigos, siempre critico, corrosivo y tragicómico. Estuvo confinado en varias prisiones de castigo; liberado por la presión internacional, fue victima de apremios físicos y psicológicos, resistió largos ocho años y se mantuvo coherente gracias a su determinación para defender sus creencias, así como su agudo sentido del humor, hoy ya es una leyenda, símbolo de la resistencia, de la democracia, de los derechos humanos, del compañerismo y la paz. Liberado al fin llega en los noventa a Paris, su viaje más cabal, el más radical de todos, una travesía profunda, recorre Europa, visita a los compañeros, nace su hijo, dejando Chile pendiente en la somnolencia militante.
Surge la película de Ulises con su mirada comparable a Witold Gombrowicz. Con su inteligencia feroz y su humor, un film profundo psicológico con un cierto sentido de paradoja, de absurdo y tono convencional, de sus exiliados torpes y ensimismados. Funcionó para mí como un lavado de cerebro, entendí poco y nada de los diálogos enrarecidos por el sonido defectuoso de la dicción y la sala, no importó nada, me pase toda la película a las carcajadas. Desde entonces no he dejado de reírme con Ulises ni de admirarlo por todas sus invenciones y películas mezcla de la artesanía del pobre con la videncia del demente, se combinan la velocidad del pícaro con la erudición y la cultura de uno que lo ha leído todo y recuerda todo lo que ha vivido y leído. Nos deja perplejos y nos hace reír de todo lo que creemos entender y desear todo lo que no entendemos.
El universo de esta noche tiene la vastedad del olvido y la precisión de la fiebre
En vano quiero distraerme del cuerpo y del desvelo de un espejo incesante.
A falta de imaginación vaya este emisario de INSOMNIO de BORGES
emulando a HOMERO ¡Hay ULISES para rato! ¡PATRIA O MUERTE!
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“LOS JUEGOS DEL HAMBRE” LLEGAN A CHILE
- Desde el 24 de julio estará disponible en nuestro país este escalofriante libro de Suzanne Collins que a poco tiempo de su publicación ha sido traducido en 32 países, logrando cautivar el interés de miles de lectores, entre los que se cuentan Stephen King y Stephanie Meyer.
- La productora de las películas Amores perros, Irreversible y American pshyco, ya compró los derechos para realizar la versión cinematográfica del libro.
- Editorial Catalonia lo distribuye en exclusiva en Chile donde estará a la venta a partir del 24 de julio de 2009.
“No pude dejar de leerlo, es adictivo”, dijo Stephen King, mientras que Stephenie Meyer, autora de la saga Crepúsculo declaraba: “He estado tan obsesionada con este libro que lo llevaba conmigo hasta cuando salía a comer afuera. Lo escondía debajo de la mesa para poder continuar leyendo… es increíble.”
Con fans de la talla de King y Meyer, Los juegos del hambre de Suzanne Collins, se ha transformado rápidamente en best seller en Estados Unidos y Europa. El diario New York Times y la Sociedad de Bibiliotecas Estadounidenses (ALA), lo han catalogado como “notable”.
La cautivante novela cuenta la historia de Katniss Everdeen, una joven de 16 años que vive en Panem, un país dividido en doce distritos dominados por la dictadura de la televisión. El centro de operaciones se encuentra en el Capitolio, desde donde se organiza la actividad más importante del año: Los juegos del hambre, un sangriento reality show en el que 24 adolescentes elegidos por sorteo –dos por cada distrito– combaten con sus vidas en un brutal juego donde la única regla es no comerse a los participantes muertos. Ganar significa fama y riqueza. Perder en cambio, es la muerte segura.
Los llamados vigilantes guían el juego desde el Capitolio, sometiendo a pruebas a cada uno de los tributos según las necesidades que vayan surgiendo a lo largo del reality. Los concursantes no solo deben protegerse de sus rivales, sino también de las sorpresivas pruebas a los que son sometidos según el antojo del Capitolio, donde las decisiones se basan en el favor del ranking y el morbo.
Katniss ingresa a los juegos para reemplazar a su pequeña hermana. En medio de un terrorífico show de supervivencia, se ve sometida a pruebas extremas y surge una inesperada historia de amor, la que dará un vuelco al desarrollo del programa, desafiando y burlando el poder de las autoridades.
Mayores informaciones en: www.losjuegosdelhambre.com
Sobre la autora: Suzanne Collins se ha dedicado a escribir para televisión para niños y jóvenes desde 1991. Ha sido guionista de varios programas de la cadena Nickelodeon, incluyendo la exitosa “Clarisa lo explica todo”, nominada al Emmy; y The Mystery Files of Shelby Woo. También ha escrito varios episodios de Little Bear y Oswald, igualmente nominadas al Emmy. Es coguionista del aclamado especial de Navidad de Rankin/Bass, Santa, Baby! Recientemente ha dirigido al equipo de guionistas de Clifford’s Puppy Days, de Scholastic Entertainment.
FICHA DEL LIBRO
Título: Los juegos del hambre
Autora: Suzanne Collins
Nº Páginas: 396
Tamaño: 14 x 21.5
ISBN: 978-84-9867-539-9
Precio: $ 18.900 (IVA incluido)
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Kenneth Rexroth
Desconexión y otros ensayos
Con un ensayo introductorio de Ken Knabb
Traducción de Ken Knabb: Esther Quintana
Traducción de Kenneth Rexroth: Enrique Alda y Suzanne Carey
Pepitas de calabaza ed. · Logroño, mayo de 2009 · 252 páginas · 20 euros · 145×210 mm · ISBN: 978-84-936367-7-7 · www.pepitas.net
Como Kenneth Rexroth es conocido entre los lectores en español principalmente por su obra poética, sus versiones de poetas orientales y su relación con la generación Beat, esta antología, preparada por Ken Knabb y Quim Sirera, pretende poner a la luz de nuestro idioma la inmensa potencia del Rexroth ensayista. En palabras de Knabb: «Él es, por supuesto, uno de mis poetas favoritos, pero como ensayista, considero que su talento es inigualable. No conozco a otros tan vivos, tonificantes y contundentes, y a la vez con un espíritu tan abierto y sano». Estos textos nos recuerdan «el sentido original de la palabra ensayo de Montaigne, como significado de: prueba, examen, experimento, esfuerzo por adherirse a la realidad». La variedad de cuestiones abordadas y entrecruzadas en ellos es asombrosa, así como la vasta y heterodoxa sabiduría de su autor.
En este libro se incluyen los siguientes ensayos: Erotismo, Misticismo y Revolución (Ken Knabb) · La función de la poesía y el lugar del poeta en la sociedad · La realidad de Henry Miller · Mark Twain · Regreso a los orígenes de la literatura · Desconexión: El arte de la generación Beat · Algunas reflexiones sobre el jazz como música, revuelta y mística · Los estudiantes toman las riendas · Carta desde San Francisco · Simone Weil · El hasidismo de Martin Buber · Gnosticismo.
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‘La muerte y las cerezas’, el esperado regreso a la novela de Elena Santiago.
Premio Castilla y León de las Letras 2002, la autora leonesa vuelve a mostrar su magisterio en la creación de personaje.
«Busqué y sigo buscando el pulso necesario, la intensidad y la fascinación, para convivir con unos personajes de lágrimas y realidad, envueltos en algunas nieblas». En plena coherencia con esta estética que define la propia autora se halla La muerte y las cerezas, el esperado regreso a la novela de Elena Santiago, que vuelve a mostrar su magisterio en la creación de personajes. Una historia de seres de destino incierto, inmersos en el frío de la ausencia y la ternura deseada, en la que su protagonista —Antonino— se halla opri-mido por una atmósfera sombría, mientras confía en salvarse por un amor pleno. Buscará respirar al calor de Rosa, en tanto la ciudad de Coimbra se alza como espacio que comunica vida y se dibuja
como anhelado horizonte de una paz interior.
Cuadrante nueve, 7
ISBN: 978-84-96675-30-8
256 páginas
Formato: 14 x 21 cm
PVP: 16,50 euros
menoscuarto ediciones | www.menoscuarto.esPlaza del Cardenal Almaraz, 4 – 1º F34005 PALENCIA (España)Teléfono y fax: (+34) 979 701 250 | correo@menoscuarto.es
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Freddie Mercury
con la fuerza de un huracán
Esta obra narra la vida de Freddie Mercury, resaltando ante todo su manera de sobrevivir al SIDA y la valentía que demostró ante la magnitud de la enfermedad. El libro está enfocado para que sirva de apoyo a toda esa gente que, de manera injusta, lo está pasando mal en estos momentos. El cantante derrochaba optimismo y vitalidad, y ese modo tan positivo de vivir cada día de su vida le ayudó a hacerle frente a la enfermedad. Todos conocen a un Freddie Mercury frívolo, juerguista, alocado… pero pocos conocen su lado humano y su verdadero caracter. En su vida privada era alguien tímido, generoso, respetuoso y educado. Le gustaba ser uno más fuera del escenario. Sus últimos años fueron muy duros para él… plagado de dolores, sin fuerzas y cada vez más desmejorado, se dejaba ver en fiestas y eventos, aunque cada vez con menos frecuencia. Su inigualable voz le llevo a lo mas alto de la fama como vocalista del grupo británico “Queen”, junto a Brian May, Roger Taylor y John Deacon. También publicó algunos trabajos en solitario. Freddie Mercury, trabajó hasta pocos días antes de su muerte, en un disco que vio la luz años después de su fallecimiento, ese disco póstumo fue titulado “made in heaven” sus compañeros estuvieron varios años acabando la grabación que su amigo y compañero había comenzado. Incluso hay una canción (mother love), que no pudo acabar de cantar y es Brian quien la termina. No hizo publica su enfermedad hasta un día antes de morir. Nos dejó un 24 de Noviembre de 1991 a los 45 años de edad.
Maribel Rodríguez Soriano
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Cuentos para mi Tarek
Disponible en: Lulu y en Amazon
Es una obra especialmente dirigida al publico infantil, este conjunto de cuentos llegará a los corazones de los más pequeños haciendo que desarrollen su fantasía, y ayudándoles al mismo tiempo a formar en ellos muchos de esos valores que hoy en día parecen haberse perdido: Compañerismo, humildad, amistad, familia, honradez, lealtad… y tantos y tantos más. El cuento contiene varias historias:
-El reino de las golosinas: donde sus progonistas vivirán una serie de aventuras apoyándose los unos en los otros, inmersos en un mundo de fantasía.
-Un hermanito para Luna: La llegada de un hermanito no siempre es bien acogida por los pequeños. Luna lo pasa mal pues piensa que ese hermanito hará que dejen de quererla a ella.
-Bolita:un niño egoista que no valora nada vivirá situaciones que le haran darse cuenta de lo bonito y valioso que es todo lo que le rodea.
-Las aventuras de Rabito, un cachorrito abandonado: Rabito deberá sobrevivir en la calle, tras ser abandonado por la familia que un día lo adoptó. Sufrirá mucho y conocerá a unos perritos callejeros que serán su nueva familia, con quienes vivirá alegrías y también tristezas.
-El Señor Sol es un poco despistado: el cambio de estación trae consigo cambios de temperaturas, clima y demás, pero el Señor Sol, es muy despistado y nunca recuerda ello, su amiga la señora luna le hará recordar.
Maribel Rodríguez Soriano
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GESTO MECÁNICO
Ediciones Cataclismo
Gesto mecánico, es el primer libro de poemas de Karen Hermosilla Tobar, joven periodista que con sus columnas en diversos medios de comunicación, entre ellos Punto Final, El Ciudadano, El Mostrador, Clarín y The Clinic, provoca variados escozores entre los lectores. Utilizando un lenguaje directo y eficaz, expone sus ideas con agudeza e inteligencia. Generalmente la acompañan la vehemencia y un clamor de justicia, pues donde percibe que algo anda mal, allí está ella. Fustigando y azuzando las conciencias con su palabra.
En cuanto al poemario, mantiene la línea discursiva de sus artículos en muchos aspectos, principalmente en la manera de enfrentar los sucesos e ideas. Diría que su eje central se percibe en los cambios de humor, o estados de ánimo que vamos encontrando a medida que avanza la lectura. En otras palabras, estados de vida, episodios cotidianos en sus aspectos más oscuros y radiantes, a veces casi simultáneos. Lo que demuestra que es un volumen escrito desde la vida misma. No es un poemario nacido de cierto estructuralismo mental –o lingüístico- que practican muchos poetas de su generación. Muchas veces el contenido es descarnado, en ocasiones casi brutal, para luego, en las dos o tres páginas siguientes pasar a la ternura como si nada. Es una poesía fuerte, pero con abundantes matices tiernos, muchas veces invisibles, no identificables a la primera lectura. Un ejemplo me parecen estos versos del poema “A un borracho rancio de Cuming o the tipical food”: “Me acusó de calienta pichí/ me trató de pendeja estúpida/ de liberal al peo/ me comparó con neoyorkinas trepadoras de seriales del cable/ Mientras yo quería sus manos en mi cuerpo y menos pelea/ menos discurso de flujo y reflujos gubernativos/ Mientras yo penaba y sucumbo por su fragilidad/ por su hermosura de crío guacho/ y en sus ojos que dicen tanto me quedé pagando su infierno”. Este fragmento, también define, de alguna manera, y a grandes rasgos, el lenguaje utilizado por Karen Hermosilla en su propuesta poética. Donde se manifiesta con términos extraídos del lenguaje culto y del lenguaje vulgarizado, una combinación que expresa la manera más común del hablar chilensis. Al hacerla poema, le resulta bien, sincera, natural. Por otro lado, en sus textos expresa una postura política clara y confrontacional a un sistema represor y malgastado.
Karen Hermosilla juega con los conceptos de manera ingeniosa. Recorre sin miedo (¿O tal vez sí?) los vericuetos de la vida. Se expresa sin tapujos, se expone y atrinchera sin vacilar en sus respuestas, cual Kalamity Jane en el lejano oeste, con la diferencia que Karen lo hace con palabras, aunque muchas veces sus frases son verdaderos balazos. Me parece que Sergio Madrid Sielfeld, en el prólogo, define muy bien el carácter de esta poeta: “No estamos acostumbrados a una voz femenina tan bizarra y calentona, y al mismo tiempo tan política, como la que tenemos entre manos. Al pan, pan; y al vino, vino. Las palabrotas abundan, los idiotismos generacionales, la banalidad profunda de una vida cotidiana consumida por un servilismo inconsciente a un poder abstracto. La vida cotidiana, tal como la concibiera Guy Debord —autor sin duda presente en estas páginas—, colonizada por el espectáculo de nuestra época, una vida cotidiana subdesarrollada, en oposición a la posibilidad de subversión que ésta posee, en la medida que una “modificación consciente” de ella sería la manera más vívida y directa de transformar la realidad, la historia.”.
Gesto mecánico, es una especie de “la otra postal del puerto”, la cotidiana, la que sufre día a día el rigor del neoliberalismo y las inclemencias de “los lados oscuros” de las almas abatidas por la noche. Se percibe una auto recriminación, las adolescencias vertiginosas, la santificación y desacralización del sexo, que es visto como una fuente de “placer perverso” en muchas imágenes, o con ribetes de “pudor-cínico” en otras, reflejo de una sociedad que se consume en sus hipocresías. El libro, también es un viaje inconcluso por caminos desconocidos y por conocer, o incluso caminos que jamás conoceremos, por mucho que recorramos sus huellas. El valor principal de Karen Hermosilla, es a mí entender, la franqueza que suma a su talento poético. No escatima ideas cuando escribe, a veces como un relámpago, otras como la serenidad de los cementerios, pero siempre con valentía, social y poética: “Veo moribunda/ escrito un obituario futurista con mi nombre/ Veo gravísima mi lecho/ abarrotado con árboles pintados de negro/ Colmando de olor a fenol/ Aquí el frío se ha vestido de luto/ y yo estoy tan contenta con irme yendo a ver el mar”.
Alejandro Lavquén
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LA METAFÍSICA ERES TÚ
PREMIO ALTAZOR COMO MEJOR ENSAYO 2009
Editorial Catalonia, Chile.
El martes 21 de abril, Humberto Giannini recibió de sus pares el galardón al Mejor Ensayo 2009 por “La Metafísica eres tú”, libro en el que aborda la idea del encuentro con el otro, el espacio entre los sujetos como preocupación central de la ética.
El Altazor es el segundo reconocimiento que recibe esta obra de Giannini, ya que el año pasado fue elegida como el Mejor Ensayo 2008 por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura, premio que fue entregado por la presidenta de la República, Michelle Bachelet.
El tema humano ha dominado la preocupación filosófica de Humberto Giannini. En “La metafísica eres tú”, el autor propone una detención en la teoría de los actos del habla para comprender cómo la intersubjetividad va construyendo un mundo –el mundo objetivo– a través y en virtud de la acción comunicativa.
“La proximidad del prójimo no es algo físico, sino una experiencia que coincide con la comunicación y la eventual incomunicación”, dice Giannini. Entre la subjetividad y la ‘objetividad pura’ existe un trecho tenue, explica, propio de la interacción comunicativa. Para el autor, es en estos ‘actos de habla’ donde se pueden producir ciertos choques –entre uno y el ‘otro’– que conllevarían un problema ético, en el sentido de ‘nuestro ser en el mundo’.
“La metafísica eres tú” expone las ideas medulares de una investigación que ha venido desarrollando Giannini junto con un equipo de connotados investigadores. El libro constituye un aporte indispensable para la reflexión en torno a la comunicación y la ética.
SOBRE HUMBERTO GIANNINI: Profesor titular de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, profesor Honoris Causa de la Universidad de París, Premio Jorge Millas de la Universidad Austral (1992), Premio Manuel Montt (1993), Premio Municipal de Santiago (1984), Premio Nacional en Ciencias Sociales y Humanidades (1999), y miembro de Número de la Academia Chilena de la Lengua.
Ha traducido y comentado diversas obras clásicas al español y publicado más de 200 artículos de revistas culturales tanto en Chile como en el extranjero, además ser autor de más de quince obras entre las cuales destaca “Breve historia de la filosofía” (Catalonia), texto que ha alcanzado las veinte ediciones y ha sido declarado como material didáctico y complementario de la educación chilena.
Otros de sus libros son: Reflexión acerca de la convivencia humana; El mito de la autenticidad; Acerca de la tolerancia; Desde las palabras; El tiempo y su medida; La razón heroica. Sócrates y el oráculo de Delfos (Catalonia).
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Éste es el resultado de una investigación cuyas fuentes principales, aunque no las únicas, han sido la Biblia, las Encíclicas papales de los siglos XVIII, XIX y XX, los Concordatos firmados con Mussolini, Hitler y Franco, el Corán, las mitologías y los santorales.
También se han considerado las investigaciones de otros autores como Freud, Reich, Fromm, Marcuse, Foucault, etc., por lo que se ha podido establecer que el dios monoteísta (en sus distintas versiones) fue creado en un tiempo histórico asociado a monarquías absolutistas e imperios y ha continuado a lo largo de la historia apoyándose en dictaduras militares (franquismo, salazarismo, pinochetismo) y regímenes totalitarios (nazismo, fascismo, teocracias islamistas).
Se trata de un dios enemigo de la democracia y de los derechos humanos, cuyos valores son autoritarios, patriarcales, antifeministas y homófobos. Valores que conforman, según Fromm, un carácter sadomasoquista y sobre los que se fundamenta una moral sexual represiva. Un dios que odia el placer sexual.
De manera que, considerando las fuentes religiosas, Fisac ha podido concluir que «toda religión monoteísta es una teoría del poder autoritario que elabora una doctrina de salvación, previamente contenida en otros mitos y mitologías, y unos valores propios, una moral, cuya finalidad es ser un instrumento de control de masas al servicio del poder autoritario».
Este nuevo libro de Javier Fisac seco será presentado en Madrid el próximo jueves 16 de abril, en la sala Maldonado 53 (calle Maldonado, 53, Madrid) de la Fundación Progreso y Cultura a partir de las 19´30 horas. Acompañarán al autor el presidente de Europa Laica Francisco Delgado, así como el presidente de la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores (AMAL) Luis Vega.
Esta publicación se Sepha se incluye dentro de la Colección Libros Abiertos, que se compone de ensayos que desde una perspectiva crítica y multidisciplinar analizan diferentes procesos sociales, culturales, políticos y económicos.
David Mendoza Herrera
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La multitud silenciosa (Patrañas Ediciones, 2009) es su primera novela.
Puede encontrarse a partir del 18 de Marzo en exclusiva, en la librería Punto y Coma (C/Jeromín, en Leganés)
ISBN: 978-84-935810-2-2
Contacto:francisco.ruiz@mpsa.com, patranasediciones@gmail.com
La multitud silenciosa, la mirada poética como salvación del vacío
Tras varias aventuras literarias, algunos premios en relato corto y curtido en la lectura de poemas en bares y tugurios, Francisco Ruiz presenta su primera novela.
La multitud silenciosa(Patrañas Ediciones, 2009) es una historia de búsqueda de identidad en una sociedad vacía, la de las grandes ciudades de Occidente.
La multitud silenciosa es el título de la primera novela de Francisco Ruiz, 320 páginas que ponenel foco en un personaje que ya al comienzo anuncia una inquietud: la de buscarse. Pedro Mregresa a casa “magullado de recuerdos” tras un accidente de automóvil. En primera persona, la mirada de Pedro M. muestra al lector los personajes de Arrabal, una ciudad gris donde “lospájaros se despiertan angustiados al alba”. Sus habitantes, los de la taberna, de la fábrica, delmatadero, de la cola de Hacienda, del supermercado… están todos inmersos en el sinsentidode una sociedad basada en la competitividad.
En esa mirada cruel se atisban rastros de poesía, género sobre el que Francisco Ruiz ya planeódesde sus inicios en la Literatura. Con esa poesía que salva a Pedro M. del desastre, el autorpasea por los recovecos de una sociedad que provoca un sentimiento de vacío y de impoten-cia. Pero no es una novela de resignación, pues Pedro M. se embarca en una rebelión personalque se convierte en leit motiv de La multitud silenciosa, al tiempo que la infancia, el tiempo y lamuerte se descubren como temas principales de la novela, por medio de la redención y elhumor cínico.
Francisco Ruiz es andaluz a la vez que de Madrid Sur. Tiene treinta y seis años y dos hijos. Empieza a escribir en la edad adulta temprana, cada vez más interesado en plasmar las histo-rias que desde niño era capaz de pergeñar. Ha sido premiado en el concurso Villa de Getafe deRelato Corto 1999, en el concurso de Cuentos Desterrados de Leganés en 2002 y en el IIICertamen Internacional de Poesía ‘La lectora impaciente’. Tiene varios cuentos publicados enlos libros monográficos de Patrañas, en la revista La Fumarola, en las publicaciones del Centrode poesía José Hierro y en la revista digital Almiar/Margen Cero. Sus microrrelatos puedenencontrarse también en ‘A contrarreloj’, antologado por José Manuel Desuárez de la editorialHipálage, y en el volumen de cuentos del Certamen de Literatura Comprimida ‘Comarca de lasidra’. Hace algunos años se embarcó con otros cuatro autores en ‘Hermanos de barra’, unproyecto experimental para llevar la poesía y el relato corto a un puñado de locales de Madrid.
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CIERTOS RUIDOS
Nuevas tribus urbanas chilenas
Andrea ocampo
Ficha Libro: “Ciertos Ruidos: Nuevas Tribus Urbanas Chilenas”
Sello: Planeta
Género: No ficción
Número de páginas: 463
25 páginas de fotografías a color.
Formato: 15×23 centímetros.
Más información:
Isabel.machado@planeta.cl
08 418 5358 / 652 2900 anexo 2934
¿Qué significa ser pokemón, visual-kei, peloláis, emo, gotic-lolita, flaite u oshare?
Ciertos ruidos es un diccionario de los términos más nuevos y más populares de Chile, el libro necesario para entender un país que cada día cambia sus colores y sus palabras, un ensayo sobre las nuevas tribus urbanas de una sociedad que siempre tiene menos de veinte años, que cada día descubre su cuerpo y se apropia de todas las estéticas, que ocupa las calles, los parques y los dormitorios de una manera tan superficial como compleja.
Ciertos ruidos no sólo es el primer título chileno sobre las muy populares tribus urbanas de pokemones, peloláis, emos, flaites y visual, sino también un libro que analiza en profundidad el fenómeno y al mismo tiempo lo aborda con frescura y jovialidad.
Ciertos ruidos presenta temas de interés para adultos, jóvenes y adolescentes. A los primeros les permitirá entender los códigos que manejan sus hijos hoy en día, a los segundos los actualizará y a los más chicos les entregará pautas de estética y conducta a seguir.
Ciertos ruidos, nuevas tribus urbanas chilenas, de Andrea Ocampo, este lunes en todas las librerías del país.
+ Sobre la autora:
Andrea Ocampo Cea (Santiago, 1985) es editora de la revista digital Indie.cl y estudiante universitaria de Filosofía. Ha integrado diversos talleres de poesía y en 2005 ganó el primer lugar en el Concurso Poesía Joven de Universidad del Pacífico. Ha participado de encuentros como Lecturas Troyanas, la Segunda Maratón de Poesía UC, Poesía y Rock, Corazones Rojos, Poesía en Su-vida, el Encuentro Nacional de Poesía en la ciudad de La Unión, en la reescritura de carteles chilenos en Trazos de Cielo y en la antología poética del Archivo Histórico del centro cultural Balmaceda 1215. Su blog de poesía “Peces de ciudad” ha sido antologado por Revista Litterae Internacional y por el diario El Sur.
Ha colaborado en las revistas Göoo de Argentina, Zona de Contacto de El Mercurio, Critica.cl y Sepiensa.cl. Actualmente es corresponsal en Chile para la revista española Zona de Obras, participa del taller de escritura emergente de Guadalupe Santa Cruz y del Centro de Alumnos de Filosofía de la Universidad Católica de Chile.
En 2007 ganó el premio de ensayo Aquí te las traigo de Ediciones Animita Cartonera, con Patio 29: la democracia imaginaria, libro publicado por la misma editorial.
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[pepitas de calabaza ed.]
ISBN: 978-84-936367-8-4
Logroño, marzo de 2009
180 pág. 12×17 cm.
12 euros
www.pepitas.net
[...] ¿No es cierto que a menudo al desear algo tememos no obtenerlo y que tras haberlo obtenido vivimos en el temor de perderlo y nos mostramos dispuestos a cualquier cosa con tal de que eso no ocurra? ¿Pretendéis que los que han obtenido un puesto de mando no se dejen llevar por el engreimiento y que quienes han sido colmados de riquezas no se abusen? Al perseguir con ahínco [riquezas y honores], ¿cómo no excederse? Una vez obtenidos, ¿cómo no perderlos?
[...] para quienes extenúan su vida persiguiendo la celebridad ni siquiera diez mil generaciones bastarían para lograr la satisfacción. Todos ellos carecen en su interior de un principio rector y, por tanto, su felicidad depende de los objetos externos. [...] Quienes, por el contrario, poseen un principio rector en su interior, podrán disfrutar de la felicidad en las cosas exteriores. Incluso sin tambores ni campanas, su felicidad es completa; colmar nuestros propósitos no significa moverse en carruaje y portar distinciones, como tampoco la felicidad suprema consiste en la satisfacción de los impulsos más groseros. A mi entender, consiste más bien en que estos no nos subyuguen.
Como senda a un mundo desconocido —y a la vez como puerta al conocimiento de uno mismo—, este libro nos acerca a algunos de los más interesantes debates sociales que sacudieron los ambientes letrados de una China en gran efervescencia intelectual, y lo hace por medio de la traducción completa de tres polémicas: «De la inutilidad de los príncipes», «Sobre el carácter innato del gusto por el estudio» y «Sobre los efectos nocivos de la sociedad para la salud». En ellas Bao Jingyan y Xi Kang nos llevan a una gozosa confrontación de ideas mediante la exposición clara y razonada de argumentos y la refutación punto por punto de las tesis del adversario.
Vistas con nuestro prisma occidental, y aunque no sea muy «correcto» hacerlo, resulta casi imposible no emparentar los argumentos esgrimidos en estas polémicas con las andanzas de los filósofos cínicos.
Xi Kang (223-263), pensador y poeta reputado, miembro eminente de los «Siete Sabios del bosque de bambú», círculo de amigos y de bebedores impenitentes; redactó entre otros muchos textos el «Discurso sobre la defección del hombre superior».
Su actitud altanera e incisiva, su anticonformismo y la independencia de su intelecto le valieron serias enemistades en los círculos dirigentes. Era la bestia negra de un poderoso personaje que ocuparía más tarde el temible puesto de Director de las buenas costumbres, quien lo denunció como un elemento peligroso para el orden público; acto seguido fue detenido, encarcelado, juzgado y condenado a muerte.
De Bao Jingyan apenas sabemos nada. No nos quedan de él más que unas pocas páginas milagrosamente preservadas por Ge Hong. Esa oscuridad es elocuente, desde luego; nos indica que ese hombre no pretendió ningún puesto oficial y que vivió prácticamente ignorado por todos. Aunque cabe preguntarse si no será un seudónimo de Ge Hong, una estratagema para exponer tesis tan incendiarias sin asumir demasiados riegos.
Jean Levi es un prestigioso sinólogo especialista en la historia, el pensamiento y la religión de la China antigua. Como ensayista ha publicado reflexiones acerca del pensamiento (Consideraciones intempestivas sobre Zhuangzi o Confucio), la política (Los funcionarios divinos) o la literatura (La China novelesca). Ha traducido también a grandes autores de la cultura clásica china como Shang Yang, Han Fei, Sunzi, Zhuangzi o Lu Jia. Además han obtenido gran reconocimiento sus novelas, entre las que destacan El sueño de Confucio, El Hijo del Cielo y su Analista o El gran emperador y sus autómatas.
Albert Galvany, especialista en historia intelectual de la China antigua y en chino clásico. Sinólogo y traductor, ha publicado artículos en importantes revistas y es autor de ediciones de textos clásicos chinos como El Arte de la Guerra de Sunzi o Comentarios al Libro de los Cambios de Wang Bi. Además, ha traducido al castellano la obra de otros sinólogos como La expresividad del cuerpo, de Shigehisa Kuriyama, Confucio, de Jean Levi, o La gran imagen no tiene forma, de François Jullien.
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Interesante trabajo de investigación realizado por el escritor y docente, Rubén González L., sobre el desarrollo del cine, cortometrajes y documentales en el sur de Chile. SubtituladoPasado/ Presente/ Futuro, resulta un gran aporte al rescate y conocimiento de nuestro patrimonio audiovisual. El tema del desarrollo del celuloide en Chile es bastante desconocido por el público en general, más aún el de regiones, razón por la cual los detalles que entrega el libro son de alto valor patrimonial. El volumen, comienza entregándonos pormenores acerca de la historia del cine en la ciudad de Valdivia. Destacando la entrevista a Enrique Valck, hijo de Arnulfo Valck Monberg, perteneciente a una familia de pioneros en la fotografía y posteriormente en la cinematografía de dicha ciudad. También podemos encontrar una lista con cintas y cortos originados en varias ciudades del sur, como por ejemplo: Osorno, Puerto Montt, Calbuco, Ancud, Castro, Palena y Coyhaique. Se entrega el nombre, año de producción, director, elenco y otros datos relevantes.
Importante es la descripción que se hace de algunos de los trabajos, pues a través de la temática nos vamos enterando de cuestiones técnicas y de la situación social que rodeaba cada filmación. Es el caso de capítulo dedicado a “los ochenta, su movimiento cultural y sus películas”. Como complemento se incluyen anexos que incluyen secciones de documentos que incorporan testimonios, fotografía y filmografía.
Alejandro Lavquén
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EL BAÚL DE JUAN REVELO
Por Albeiro Arciniegas Mejía (*)
La lectura de la novela “El baúl de Mercedes Saluzo”, del escritor Juan Revelo Revelo, me resultó inquietante desde las primeras páginas. Este es un libro que desnuda realidades que tienen que ver con las ideologías: el celibato, el segregacionismo, la inquisición. En un diálogo entre Alejandro y Esneda –dos de los personajes de la novela-, encontramos afirmaciones como ésta:
“El segregacionismo (racial, político o religioso), es el peor cáncer ético que puede poseer un ser humano o una sociedad. Ese segregacionismo fue el que llevó a los nazis a provocar uno de los más horrendos genocidios de la humanidad, igual a como aconteció con el segregacionismo y terrorismo político de Stalin que ordenó la muerte de millones de soviéticos, o como sucedió con el fanatismo religioso, el de la Inquisición, que durante siglos torturó y asesinó a cientos de miles de inocentes en Europa y en toda América”. Es claro que Juan Revelo, a través de su obra literaria, penetra en la dinámica del pensamiento moderno, con una postura nueva que critica y deja en entredicho las aberraciones ideológica.
Este libro escrito con oficio, con conocimiento de las técnicas literarias, bien llevado en la tensión narrativa, profundo, dialógico –para utilizar una palabra de académicos–, está llamado a convertirse en uno de los hitos de la narrativa colombiana.
Existen en él, pasajes memorables y poéticos como el final del capítulo: “La abeja”, o filosóficos y de conocimiento de otros mundos como cuando la acción se traslada a Italia o España.
“El baúl de Mercedes Saluzo”, es un libro que rompe con la parroquialidad, para volverse universal. Se dirá que gran parte de la acción transcurre en el sur de Colombia, en Ipíales, porque se habla de la “Ciudad de las nubes verdes”. Puede resultar cierto, pero el Manzanar del Río de esta novela, es una población con la suficiente ambigüedad literaria que la torna mítica y universal.
Como todo buen escritor, Juan Revelo, trabaja con lenguaje e imaginación. El lenguaje en esta novela es limpio y fluido sin malabarismos lingüísticos. La imaginación es rica, sin pecar de extravagante o desmesurada. El verdadero escritor combate con palabras; no las utiliza como detonantes, las acoge como amigas, las arropa. A veces las deshecha, y en todo este arduo y complejo proceso de seleccionarlas, eliminarlas, ubicarlas en el lugar exacto, está presente la creatividad.
Nada más se le pide, entonces, de sobrenatural al escritor; pero cuando este trabajo se concreta en una obra llena de carácter, de donosura artística, de ritmo y poesía, como ocurre con “El baúl de Mercedes Saluzo”, no queda sino decirle a su autor: ¡Gracias por este magnífico libro!.
(*) Albeiro Arciniegas Mejía: Escritor colombiano, Coordinador del Concurso Internacional del Cuento ecológico “Ciudad de Pupiales”; ganador de varios concursos literarios en Colombia y del Premio Internacional de cuento “Manuel Llano”, 2005, Cantabria España.
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La muestra reúne autores de la región de diferentes épocas, entre ellos Pablo de Rokha y Pablo Neruda, nacidos en Licantén y Parral, respectivamente. El volumen nos interioriza en la obra de poetas míticos de la zona como son Jorge González Bastías, Omar Cáceres, Stella Corvalán y Pedro Antonio González, reconocido como el primer poeta moderno de Chile. También destacan Eduardo Anguita y Efraín Barquero, reciente premio Nacional de Literatura. El autor más joven de los antologados es Santiago Azar, nacido en 1976, que cierra la antología. Entre los autores de la muestra vale destacar a Isabel Gómez, nacida en Curicó y una de las poetas contemporáneas más sobresalientes de los últimos años. Asimismo a Fernando Quilodrán, quién suele ser identificado preferentemente como narrador, pero que posee una interesante obra poética.
La antología es un aporte amplio al conocimiento de nuestros poetas, en este caso de la región del Maule. Y si bien, como se ha dicho muchas veces, toda antología tiene aciertos y vacíos, ésta no es la excepción. Asunto, en todo caso, que no desmerece en absoluto la iniciativa. Y como siempre es probable mejorar en las reediciones, sería interesante que una posible nueva edición incluyera a poetas que se echan de menos, tales como Mario Meléndez, Silvia Rodríguez, Omar Cid y Gabriel Rodríguez, autores con notoria actividad en los últimos años. En todo caso, Poetas del Maule, es un trabajo que merece todo el crédito por su aporte y seriedad, y que debe ser leído con atención. Quisiera cerrar este comentario con unos versos de Marcela Albornoz: “El poeta a puerta cerrada/ libra batallas/ la boca a veces es una armella en este encubridor/ transgresor y cómplice que/ -delira pájaros- cuando las palabras no le basan”.
Alejandro Lavquén
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Krassnoff, arrastrado por su destino (Editorial Catalonia), se titula el libro de Mónica Echeverría Yañez. Un relato sobre la vida del brigadier de ejército Miguel Krassnoff Martchenko, mientras sirvió en la DINA como uno de los torturadores más brutales del régimen de Pinochet. Encargado de la persecución de los militantes del MIR tras el golpe militar de 1973, el entonces capitán, se convirtió en uno de los colaboradores favoritos de Manuel Contreras para ejercer la represión y la tortura contra quienes llamaban “el enemigo interno” o “la mierda marxista”.
Echeverría, comienza su narración indagando en los antepasados de Krassnoff, en la rusia zarista. Pues en su análisis, la personalidad de Krassnoff, y su comportamiento como agente represor, está ligado inevitablemente al destino de su abuelo y padre, ajusticiados por el ejército soviético una vez finalizada la segunda guerra mundial. Su abuelo, Piotr Krassnoff, fue atamán de los cosacos y luchó contra el ejército rojo comandado por León Trotsky, pero fue derrotado por éste, pasándose, el general zarista, al lado de los alemanes para luchar contra el régimen comunista de la Unión Soviética. Su anticomunismo y antisemitismo fue heredado por Miguel, que llegó a Chile como refugiado junto a su madre Dhyna Martchenko, cuyo nombre pareciera una ironía del destino.
El volumen, nos muestra a través de la historia de Krassnoff, una parte de nuestra historia signada por la infamia, la mentira y la traición. Nos enseña la doble cara de los integrantes de la DINA, donde Kassnoff es el prototipo de los torturadores. También nos da a conocer la doble vida que éstos llevaban: la vida en familia y la vida como agentes represores. En el libro se reproducen crudos testimonios de militantes de izquierda detenidos por el equipo de Krassnoff, que además tenía entre sus integrantes al desalmado Osvaldo “Guatón” Romo, Basclay Zapata y Moren Brito, militares brutales y diabólicos. Los testimonios son crudos e impactantes. Por otro lado, entrega antecedentes acerca de la relación entre la DINA, la masonería y algunos periodistas, cómplices de las tropelías de los agentes.
Libros como este, sirven como complemento de la memoria de los chilenos que vivieron la prisión y la tortura y lograron sobrevivir. También es una voz de alerta para avisarnos que en Chile, si bien se ha juzgado a militares por ejecuciones y desaparecimiento de personas, docenas de torturadores y colaboradores anónimos permanecen impunes y las fuerza armadas se niegan a entregan sus nombres. Algo dañino y peligroso para la sociedad, pues demuestra que los poderes fácticos todavía son poderosos. No basta sólo la verdad, también hace falta la justicia. Los torturadores deben ser juzgados.
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Un profesor de estética, contaba que no hay nada más triste que un estudiante de filosofía francés. Sucede que los franceses ya lo han escrito todo, traducido todo, investigado todo, por lo que pareciera que queda poco por hacer. Pero se consolaba diciendo que para los hispanoamericanos aún queda, afortunadamente, mucho trabajo en el campo del pensamiento y las ideas. Desde esa cosecha llega este libro del autor Rodrigo Castro, versión amable y apasionante de su tesis doctoral defendida en la Universidad Complutense de Madrid.
En los últimos años, nos hemos encontrado frente a una revalorización del pensamiento foucaltiano y en la actualidad son diversos los seminarios y charlas con los que se discute en nuestro continente su original figura. Este libro viene a nutrir aún más el boom Foucault, con una apuesta interesante y prolijamente expuesta. Las tesis pueden resultar un importante documento a nivel académico, y su propuesta se aleja de un público neófito en los temas investigados. Sin embargo Foucault y el Cuidado de la Libertad desarrolla en sus más de quinientas páginas un relato único e imprescindible para todo aquél que se sienta atraído por el autor francés, por la filosofía o por el acontecer intelectual de quienes están pensando el mundo de ahora, sin la necesidad de ser un erudito en los temas. De hecho, la introducción nos deja en un sitio privilegiado para enfrentar el libro, abordando desde los orígenes la escritura de Foucault: “Solo cabe preguntarse ‘¿quién es Foucault?’ cuando se recorre la lista contrapuesta de catalogaciones que se han hecho de su filosofía: estructuralismo, neomarxismo, estructuralismo sin estructuras, destrucción neoheideggeriana del estructuralismo, teorización liberal, irracionalismo, fenomenología historiográfica, nietzscheanismo, mecanicismo empirista, sucesión metodológica, neospinozismo, constelación temática de la articulación difícil, fundamentación de la ética. La enumeración podría continuar indefinidamente”. Es que Foucault mismo se encargó de obstaculizar el encasillamiento, pues el devenir de su filosofía recorre un camino que solo puede comprenderse como un desarrollo honesto y sin manierismos de su pensamiento.
De esta manera, el autor esclarece el punto de abordaje: “Nuestra apuesta consiste en situarnos ‘en’ Foucault”, valiéndose para ello más que nada de la personal proximidad que tiene con el filósofo, razón suficiente para entrar en la tarea de desenmarañar la madeja foucaltiana, “Foucault soñaba con una recepción de su filosofía que fuese ‘más allá’ de él para pensar con él”.
A través del análisis cronológico y temático de sus obras, tanto de los libros La arqueología del saber, Vigilar y castigar e Historia de la sexualidad, entre otros, como de la edición de los cursos del Collège de France y principalmente sus últimas publicaciones, se atraviesan en los capítulos aquellos esenciales núcleos foucaltianos en tres partes: Un rostro de arena: muerte del sujeto y nacimiento de la subjetivación, Genealogía y ética: una historia del presente y El cuidado de la libertad, para llegar desde distintos flancos al motivo principal de la tesis: la cuestión del rostro. Es decir, poner nuevamente en conflicto esa aspiración foucaltiana de perder la identidad del autor como significado para trasformarse en el rostro de arena que se diluye en la identificación “él es Foucault” y deja solamente los granos esparcidos de un pensamiento para utilizar como “caja de herramientas”. Cabe mencionar también la inclusión de la completa bibliografía de Michel Foucault así como la de los principales autores que han escrito sobre él, lo que da como resultado un libro original y absorbente.
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Los incendios, Alfonso Mallo, 2005, 310 páginas.
Esta novela transcurre en una ciudad con una topografía de límites precisos: entre la zona Norte, el lugar fundacional, y el Sur, en donde se espera la llegada del fuego. En este trazado hay algunos espacios que funcionan como señales: el bar El Mascarón, el frigorífico en el que vive Kilewicz, el almacén de Verzi, el hotel de Vallejo y la pieza de Herrera, junto al astillero. Una mujer de nombre incierto habita de distintas maneras cada uno de ellos. Se transforman entonces, en monumentos amorosos, de extrañas historias de amor. Allí viven los que no quieren escapar de la ciudad, los que insisten en prácticas en desuso. El rosarino Verzi es un comerciante que se dedica al trueque y su almacén, un depósito de antiguos objetos, una colección pautada y meditada que construye en su desorden el orden del pasado. Kilewicz y Herrera escriben el presente como reflexión, escriben entre líneas la historia que se leerá cuando ya no quede nada: por eso son tan importantes las diferentes formas de morir que inventa el primero. Con el fuego cada vez más cerca, ante la certeza de la muerte, estas recetas delirantes, estas opciones imaginarias para suicidas abren una fisura en el tiempo ya determinado y proponen una forma de acción en medio de tanta inmovilidad.
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Adolfo Pardo nos sorprende con sus 221 pág., como un narrador ágil cosmopolita y original en una historia trágica, ingeniosa, divertida e intrigante.
Viajero impenitente e intelectual abierto, a lo largo de su vida comprometido en la defensa de los derechos humanos. Como resultado de su coherencia formó parte de Talleres del Mar, publicó en 1978 “Después del Toque” y “La Parrilla”, en 1981, y en París la revista “Emergencia”.
Sin renunciar a sus raíces culturales se hace universal. No es el narrador marginal, ni aquel que vuelve del exilio con estridencias, pos modernismos y demagogia.
Para la mayoría de los que deambulamos por el mundo, conocer a Adolfo es encontrase con un personaje chispeante y legendario. Construye a partir de sus caprichos, humoradas y citas extravagantes. Aparece con “La Silla de Ruedas”, una voz deslumbrante que parecía insonora para casi todos los que lo rodeaban desde los vacilantes comienzos o su tan acrobática como dispareja mítica novela “Los Insobornables” (1997).
Su actividad mental continúa apasionada y versátil, tanto en temas como en estilo. Su obra constituye un retrato del mundo del que el ser humano intenta escapar convirtiendo el relato en una autentica pesadilla. Su lenguaje coloquial y sus atmósferas inquietantes consiguen que el lector siempre quede atrapado por lo insólito del humor y del misterio y reconstruye la historia como algo verosímil.
El autor crea pistas inciertas o ambiguas en la tensión del relato o intriga ocultando el desenlace y el tema más trivial, mezcla de realidad y ficción, convierte al lector, a su vez, en personaje del texto que lee.
En un mundo sin eco Pardo quiebra la conspiración del silencio, se reconoce una voz humana y obliga a sus lectores a escucharlo.
Carla Castro
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En el panorama de la novela actual en Chile existe un tipo de creaciones herméticas y elitistas, cuyos méritos estéticos todo el mundo reconoce, pero que son leídas sólo por personas que tienen un interés específico, siendo ignoradas por el público masivo. Aquí podemos decir con Henry James que la única obligación que podemos imponer a la novela es que sea interesante y, desde luego, este tipo de ficción falla en el intento.
Por otro lado tenemos obras que apuntan al entretenimiento como meta fundamental, con el evidente primer propósito de alcanzar reconocimiento público y hacer obras placenteras y al hacerlo se hacen necesariamente cómplices de la industria editorial que les dicta a través de la aprobación o rechazo, el sello que deben tener sus creaciones
Mientras el escritor anteriormente, encontraba su justificación en el enfrentamiento con la ideología dominante, el de hoy se encuentra inmerso en una sociedad globalizada y en un sistema de producción del cual él mismo es partícipe, con lo que su independencia se ve muy disminuida. Así vivimos en una sociedad indolente que confunde la tolerancia con la indiferencia y que ha perdido todo ánimo de crítica El encomiable fomento y protección de las artes por parte del Estado, convierte desgraciadamente al escritor en cómplice de sus políticas y sistema de valores.
Fernando Pessoa al afirmar que “el escritor no es ciudadano de ninguna comunidad de ideas y que esto es lo que lo hace ser escritor”, nos pone en alerta contra una de las características de nuestra cultura actual, como es su habilidad para asimilar y pervertir la oposición y transformarla en producto de consumo.
Los dos tipos de novela anteriormente descritos, deben pasar todavía por la calificación de buena o mala literatura, lo que se presta para múltiples interpretaciones, pero, salvo destacadas excepciones, flota en la atmósfera literaria nacional una cierta solemnidad acorde con la idiosincrasia de nuestro país.
En ese sentido pareciera necesario tomar distancia de nuestro medio para no dejarse atrapar por lo que Bolaño definió como “un oasis de horror en un desierto de aburrimiento”.
Después de varios años de trabajo, de un exilio en Paris y otro en Chile, nuestro amigo el escritor Adolfo Pardo nos presenta la novela “La silla de ruedas”, que a mi juicio se aparta de la ortodoxia de la novela chilena actual.
En ella el protagonista comienza hablando en primera persona y declarándose escritor en un tono que, en principio parece muy normal, al narrar sus vicisitudes para deshacerse de unas muñecas precolombinas que han sido dejadas por un amigo en su casa de Paris. Pero, a poco andar se nos muestra una mujer paralítica, por la que él se interesa vivamente, pero que tiene un comportamiento muy extraño, que no puedo revelar porque se perdería parte del interés del libro. Además conoce a una niña que definitivamente se sitúa en el dominio de lo fantástico o de lo real maravilloso.
Con hechos como éste, el narrador construye un tipo de ficción que rompe el realismo burdo, una narración que evita conscientemente los lugares comunes del género; para ello hace referencia —muchas veces irónica— a otros autores: Charriere, Sade, Donoso, Borges, Parra, hasta Coelho; habla de temas disímiles que parecen digresiones, pero arreglándoselas para no apartarse de la línea argumental; interrumpe el ritmo narrativo mediante guiños a los lectores, proponiéndoles temas para sus propios escritos y pidiéndoles no caer en autobiografías patéticas, para finalmente sugerirles leer a Celine si están considerando la posibilidad del suicidio. Con estos recursos, nuestro escritor adhiere a un tipo de literatura, algunos de cuyos rasgos son el cinismo y la ironía.
Sin embargo, y a pesar de estos meandros, la narración no pierde continuidad, lo que alienta la sensación de expectación permanente, contribuye a la agilidad de la historia, y no le permite al lector abandonar este relato de ritmo persistente.
El protagonista es creíble debido a un sinnúmero de detalles de su vida doméstica, una vida mínima y sin proyecciones —que nos parece cercana— en la que es víctima de una tensión creciente provocada por los extraños sucesos de que es testigo y partícipe y que el asume con mucha propiedad, incluso cuando a raíz de hechos narrados por él a los demás personajes de la historia, pasa a involucrarse directamente en la trama.
Pero junto a estos acontecimientos extraordinarios, se nos muestra un personaje humano, asediado por su precaria condición económica, amante de sus hijos, hostigado por su suegra, repudiado por su mujer y finalmente complicado por un nuevo amor que le exige una definición.
La novela tiene un desarrollo que —si habláramos de una obra de teatro— llamaríamos aristotélico: hay una presentación en que el narrador-personaje se muestra a través de su diálogo interno que logra hacernos simpatizar e identificarnos con él; luego un desarrollo de acontecimientos, algunos banales otros extraordinarios que van preparando el final, para rematar con un desenlace dramático que explota en una terrible frase final que nos deja conmovidos.
De esta manera Adolfo Pardo nos ofrece una novela en la que, haciendo un trabajo sobre si mismo, sobre su propia forma de ver las cosas, logra construir una realidad propia, un resultado en que un sinnúmero de elementos se amalgaman para definir a este personaje cuya esencia está constituida por una combinación de humor y angustia, que parecen ser también parte de nuestra realidad actual.
Toda novela —según Anatole France— es una autobiografía y ésta no escapa al aserto, por lo menos esa sensación le queda al lector, lo que constituye un mérito, ya que aquellos que pretenden poner otra cosa que ellos mismos en su obra, se engañan totalmente.
Si no me creen, lean la novela y compruébenlo por sí mismos.
Carlos Ortúzar
Santiago, 04 de mayo de 2007
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EL CARBÓN DE LAS PALABRAS
Lectura de Carlos Labbé.
Tomado de la Revista web de crítica literaria sobrelibros
http://www.sobrelibros.cl/
Yo mismo siento el arrebatamiento cuando escribo esto; en la pantalla de un computador las palabras son combustibles. Quiéralo o no están escritas para que alguien sienta necesidad de someterlas a transiciones que no parecían castellanas: como quien recoge madera para prender una fogata, las corta, las pega, las sube, las baja, las adjunta, las reenvía, las explora, las escanea. Las comparte con otros y entre todos las van consumiendo.
“Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad” (Génesis 11). Los incendios, de Alfonso Mallo, no sólo es la acumulación ampliada de la voz de cada uno de esos seres humanos que habitan la torre de Babel bíblica, sino también la pregunta de cómo efectivamente narrar, de cómo figurar en palabras el momento en que la confusión –un sustantivo abstracto– desciende sobre el espacio físico –las habitaciones, las calles, las plazas, los almacenes, los hoteles, los bares, las fábricas– de estos personajes. La ciudad, sus cuerpos, dice el Génesis, es la única experiencia que estos personajes verdaderamente comparten, no las palabras; cada uno de ellos se relaciona con el otro a través de intercambios físicos: Verzi y Kilewicz permutan papel y tinta por revistas viejas, Verzi trafica vino con Herrera, Herrera se acuesta con Lyh en el hotel de Vallejo, Kilewicz le regala tortas a Lyh, Vallejo le invita tragos a Verzi y Herrera en un bar. Contrariamente al efecto de un dibujo, esquema, mapa o cartografía, que es asir el espacio humano a través de una abstracción, Los incendios busca una repetitiva enumeración interminable de objetos, acciones, lugares, gestos y nombres, de manera que en el relato estas palabras se vuelvan imágenes tipográficas reconocibles para el cuerpo del lector –para sus ojos, para su oído, para ese lugar incierto que es el órgano de la interpretación– y, a fuerza de cansancio, de rechazo, de acostumbramiento, finalmente de afecto ante las formas conocidas, entrar por una vez en un relato de espacios; se trata de escribir y leer para lograr una experiencia del presente, una unidad mínima de vida despojada de erosión. Pero ese despojamiento de temporalidad hace que uno quede por un segundo desprevenido, y es arrebatador que la novela hable no sólo de incendios, sino explícitamente de lenguas de fuego que consumen las construcciones, que devoran el sentido de las palabras tras describir con crudeza cómo el cuerpo del personaje duele, se hincha, se endurece, se convierte en carbón, se convierte en piedra con la cual empezar a construir otra ciudad.
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De la escritura como suspensión del movimiento
Entrevista a Alfonso Mallo publicada en el diario El Litoral, Santa Fe, Argentina.
Editorial Ril (www.rileditores.com), de Santiago de Chile, acaba de editar “Los incendios”, una novela del argentino (radicado en Chile) Alfonso Mallo, que nos sumerge en un clima de opresión y catástrofe casi palpables, y que no da respiro a lo largo de sus trescientas páginas. Lo que sigue son extractos de una entrevista en la que Mallo comienza hablando de la lectura y comenta después algunos pasajes de su novela.
-Cuando era chico no escribía sino que plagiaba o glosaba, cosa que era mucho más redituable, a los efectos de cultivar una pequeña fama en la educación sistemática y ser el favorito de la maestra. Pero eso, que era medio en serio y también un juego, finalmente tenía que ver con el tema de la lectura: como leía más que los demás, rara vez me pescaban en el delito. Al mismo tiempo, tuve la viveza de nunca chorear clásicos de la literatura infantil o escolar, obviamente, sino cosas que por algún extraño motivo, hace veinte años, no entraban mucho en el circuito (como “Mi planta de naranja lima”, de Vasconcelos, que tenía algunas malas palabras en la página 106, o algunos cuentos de Dalmiro Sáenz que leía a escondidas incluso de mis viejos). Pensándolo mejor, tiene lógica el asunto cuando uno se da cuenta al final de que lo más placentero de la escritura es, justamente, la lectura. Ahora, aunque a veces den muchas ganas, ya no plagio, o al menos no lo hago tan descaradamente como antes.
-En “Los incendios”, un final de ciudad -que es el fin del mundo y quizás ya sea el infierno- es vivido por personajes que deambulan en círculos viciosos que los llevan a los mismos lugares y a las mismas situaciones, sólo que cada vez más asfixiantes, si cabe. Una ciudad, leemos, “que clausura su boca inmensa sobre cada uno de nosotros, como si pretendiera convertirnos en alguna especie de alimento urbano que sólo se digiere con el fuego. La ciudad miente, miente, lo sé, miente. Porque no hace posible el escape en el momento en que es más necesario y se cierra como una cárcel oculta a la que nadie puede llegar”.
“Los incendios” en el principio fue un sueño. Tenía, claro, mucho más cosas autobiográficas y mucha menos verosimilitud (se trataba, realmente, de un sueño bizarro). Pero del sueño quedó lo del clima asfixiante, porque si hay algo que tienen los sueños es la sensación de la habitación siempre cerrada: no es posible salir de ellos hasta que se despierta. Desde entonces hasta que terminé la novela pasaron casi cuatro años y el proyecto tuvo muchas modificaciones, básicamente porque el sueño, en sí mismo, era inenarrable. Quise conservar algo que quizás me viniera de la ciencia ficción: la idea de que todo cambia de alguna manera extraña cuando un hecho terrible ocurre (la caída de un meteorito, la muerte de todas las mujeres del mundo o un incendio paulatino, lento e inexorable). Y eso se me cruzó con cierta idea del recuerdo o, mejor, de los mecanismos que dispara el recuerdo, porque tuve que ponerlos en funcionamiento para reconstruir el sueño con cierta exactitud.
Desde ahí, la escritura de la novela fue un proceso bastante largo y tedioso, porque además me había autoimpuesto la obligación de terminarla antes de cumplir veinticinco años, cosa que logré y que ahora, seis años después, me parece una estupidez. En todo caso, tengo muy claro que se trata de eso que llaman “primera novela”: ahí están las obsesiones no tanto temáticas sino de estilo, de tono y de ciertos desvíos profesionales que tienen que ver con la edición y la corrección como oficio. Entonces, desde ese punto de vista, me parece que tiene también lo asfixiante de ese gesto: tratar de hacer una novela que tuviera todo lo que había escrito antes. En cierto sentido, creo que se trató de una especie de catalizador que me pareció necesario, pues es algo que tarde o temprano hay que hacer si se quiere escribir, y por eso la publiqué igual, cinco años después de terminada, aunque me parece que no representa mucho lo que estoy haciendo ahora.
-Leemos en otro pasaje de “Los incendios”: “Escribir desde el presente es reescribirlo: una bicicleta fija que gira y gira sobre sí misma hasta que quien mueve los pedales desfallece o abandona. Recorto algunos fragmentos para robarle a la memoria deseos de un pasado perdido, pero comprendo que sin eso no hay existencia posible y la escritura desde el presente se transforma en la más perfecta simulación de vacío”.
-Ese fragmento alude al recuerdo, sin duda por el lugar común que viene de leer a Proust con cierta devoción (y también a Perec, que hace lo mismo pero distinto), está para mí en el origen mismo del acto de escribir y, de alguna manera, lo contiene. Es un asunto que va más allá de lo temático y, por supuesto, del estatuto de verdad de las cosas: me parece que toda escritura es, siempre, la construcción de un recuerdo que instala una especie de presente total, que estaría en el acto mismo de escribir. Creo fervientemente que hay, al menos, dos mundos funcionando al mismo tiempo y que, en el fondo, son muy parecidos. Lo que la escritura hace es detener ese movimiento y tratar de atisbar desde uno lo que ocurre en el otro. Ese instante es, claro, un presente donde las categorías de pasado, de memoria y de ficción son muy relativas. Por ahí va un poco la investigación de “Los incendios”, y si lo pensás un minuto se trata apenas de responder preguntas muy sencillas: ¿qué pasaría si todas las ciudades del mundo fueran incendiándose lenta y paulatinamente? Las cosas cambian de tal manera que las relaciones entre las personas, entre las personas y las cosas y, sobre todo, entre las personas y su propia historia se van un poco al tacho y se generan modos nuevos de relaciones. No es que no existieran desde antes, sino que estaban tapados por otras capas de sentido (culturales, sociales, políticas, en fin…) que el hecho extraño (y no tanto tampoco) pone un poco más arriba de la torta. Eso que ocurre en la ficción también ocurre en la realidad de la escritura en el momento mismo de escribir: ese acto se transforma en el hecho conmocionante que puede cambiar todos los modos de relación conocidos por aquellos que están un poco más allá. Y quiero insistir en que digo “nuevos” y digo “cambios”; pero se trata apenas de una manera de denominar al fenómeno: por una parte, está claro que nadie inventa nada y, por la otra, está todavía más claro que todo esto está circulando por alguno de los dos mundos que componen la realidad y se trata solamente de tratar de escribirlos, algo en apariencia tan simple como cualquier otra cosa (cambiar el cuerito de la canilla o hacer un trasplante de hígado, da más o menos lo mismo).
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Mario Barahona S. “Poe_Mario Antología Rupestre”
Mario Barahona Saldías es Poeta por convicción y su obra, más allá de ser provocativa para el lector surtido, llama poderosamente la atención de quien se involucra en sus versos. Dejan un olorcito de aquellos paisajes, un recordatorio de lo simple que puede ser la vida, un momento iluminado con alientos desde la naturaleza -mirada delicadamente-. “Poe_Mario Antología Rupestre” (Forja, 2006) es una pequeña colección de poemas relacionados en sí con la natura, la geografía otrora en concatenación con el hombre, y el amor. Una mirada cercana: la amabilidad, los rasgos verdes, azules, el vigor y a la memoria descansada y lúcida de un Poeta declarado autodidacta, sin lectura poética rimbombante y de profesión Ingeniero. Mario Barahona S. (de aquí en adelante MBS) quien reside en el Litoral Central, más específicamente en “El Tabo” (y nace en Parral. 1955, Chile) se acerca a si mismo y reniega todo tipo de comparación, en cuanto a obra y autores (cosa que tampoco se hará en este artículo) y eso, en medida de lo que comprendemos, es una invitación a la libertad y al estudio auto-asumido, sin dejar de lado el laborioso proceso de creación; es un llamado osado, una herejía (al no conocer él, autor que sea -o fuese- su trampolín en el largo camino del oficio poético) un Poeta diferente pero igual a muchos, lleno de percepciones muy propias. Es así como MBS nos plantea en el poema “Escritor” la realidad de su llegada a la poesía, una entrada dolorosa que cruzó con resuellos mordidos: “Descubrí este oficio, después de todo lo vivido/ cuando ya los alientos me abandonaron/ cuando solo las letras, revoloteando mi alma/ convertidas en cálidas mantas, en su lecho me cobijaron.” Entonces, el autor, se refiere a la poesía de manera sutil y bondadosa, fue para él, la preserva que permitió la continuación, desestimando un largo río cuya trayectoria fue cuesta arriba. Esa llamada meta-histórica, que se sabe, suele venir con un sin número de decepciones y seccionados ritmos que pasan inmóviles por la suerte o por la generación constante de futuros teñidos o mecanografiados en un progreso servicial, hasta lograr una relación constante poeta-lector.
Del “poe_mario” podemos distinguir en el capítulo “Recortes de papel amarillento” como el poeta se disuelve entre el amor y la agonía, precisamente en aquel poema (agonía) nos propone su reflexión: “…Sí tu no lo entiendes/ estoy perdido/ acabemos ya/ si lo que deseo se desvanece/ lo que persigo/ me persigue/ aunque cada minuto haya quedado impreso en mí./ No, mujer, no eres tú…”. Frente al abúlico tormento, de aquellas preguntas llenas de espíritu y logradas reanimaciones nocturnas, terminan por confundir el espacio mental del autor, desestimando una aclaración frente a decisiones de lo amatorio; trama un incansable -al descanso- de lo que pueden traer y enrollar las distintas visualizaciones corruptas, imágenes desvanecidas que proyectan un fin inalcanzable. MBS puede recurrir, en sus textos, al desahogo (algo engañador), el éxtasis vomitivo de la escritura en post del menguar a favor del conocimiento interno y la salvedad que se puede alcanzar, en torno a unos cuantos versos, en él alcanzables, puesto que soluciona: “Estamos en un noche cerrada, profunda./ Te dejo amor.” El hacedor de estos versos penetra hasta el cansancio en su diluvio y lo comprende para poseerlo y tirarlo a la sociedad, pero no para ser una piedra exigida de finta, sino, un presentimiento del poder que descontrola en el otro; lo que no se puede desestimar es que MBS enjuicia su propio yo (y el de algunos más) atándolo con arboledas y mares sureños llenos de encanto, agorería y apego. Poemas llenos del garbo, sin rostros ni ilusiones, una sustitución de lo obtenido por la venida cósmica de la entrega y del entregar, no como lo haría un supuesto excéntrico de mil hojas molidas o un estanco de presteza podrida a lecturas pos-modernas o la caricatura –cada vez más común- de poetas trivializando discursos e insultando, a mansalva, a quien no sea de su agrado intentando ser parte de aquellas luchas míticas que ahora solo nos ayudan a entender la verdadera realidad poética de antaño: llena de literatura y honestidad intelectual.
Por Javier Sepúlveda
Ppdog3@hotmail.com
http://adevlup.blogspot.com
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Próximamente:
“Giovanni Corradini. Escritos del Arte y el Espíritu”. Compilación, Notas y Prólogo de Rafael Videla Eissmann. Ediciones Tierra Polar. 2008.
“La realidad es constantemente transfigurada y vivificada por un significado interior que no es siempre posible interpretar con seguridad, pero que se vislumbra en la presencia de motivos tradicionalmente simbólicos que emergen de los abismos misteriosos”. Giovanni Corradini.
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Solano San Martín y sus cosas: Notas a Extremo Austral (Mago Editores, Chile, 2008) de Francisco Quiroz Escobar
por Leandro Hernández Gómez
En general, los textos que conforman Extremo Austral pueden ser catalogados como románticos negros, casi malditos, además de portadores de un habla culta y callejera, noctámbula o derechamente insomne.
Hay poemas fríos que dan cuenta de noches calurosas asomados a la ventana que da a la Plaza Almagro o Diez de Julio. Hay de pronto una mirada embriagada que condensa ternura y maravilla y en donde Ariadna muestra un cable que nos conduce a otro laberinto.
Hay poemas eróticos en la mejor tradición del género. Hay deseo, hay sexo y hay sobretodo lectura: de los textos de la tradición, de los propios, de los cuerpos y, de vez en cuando, aparece el ansia de leer ( es decir, escribir) también el alma.
Se presenta un hablante que se trasluce lector voraz y que, por lo mismo, dialoga permanentemente con hablantes de otros textos. Este diálogo se deja ver especialmente a través del uso de los epígrafes y/o dedicatorias.
Existe un intento, al parecer exitoso, por fotografiar la selva urbana que da pie a un discurso en el que no hay lianas ni bejucos, sino plazas, palomas sucias y lustrabotas minusválidos. Hay capturas de instantes amatorios, sexuales y perversos, a través de un uso neo barroco del lenguaje. Hay delirios muy bien construidos como tales cuya música nos embriaga y hace que traguemos la amargura como si todos en verdad envejeciéramos bebiendo ron.
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LA MÁSCARA DE UNA ROTACIÓN: UN SUEÑO DESPIERTO
Sobre Tacones bajo la luna de Ana Montrosis
Por Héctor Hernández Montecinos
Si no es sabido, se intuye, que la poesía cambia de casa como quien cambia de ojos, y su cuerpo íntimo es el reguero de una historia colectiva que se ha visto enfrentada a todos los fascismos posibles y, no obstante, de cada uno de ellos ha salido victoriosa y triunfal. Por eso quizá la poesía siga siendo el bastión de una rebeldía horadada y biopolítica. Desde su triple anclaje es que su ética se convierte incluso en una reserva moral tanto para las otras artes como para el campo cultural en sí mismo. Esto no es una apología obturada a la poesía sino que una demarcación del carácter subversivo que a veces los y las poetas tienden a olvidar o negar tanto por cobardía o comodidad.
He querido señalar estas palabras a modo de introducción a la lectura de Tacones bajo la luna de Ana Montrosis, pues en este libro no sólo vislumbra una cartografía de un locus nómade, sino que también la escisión de un cuerpo marcado por género, edad, clase, raza, etc. Se trata más bien de un murmullo de muchas voces que a la vez se encienden como una enjambre de luciérnagas bajo una luna divinizada por su extrema maldad y belleza: quizá una de las metáforas sobre el mismo ejercicio de escritura, la fascinación de la fatalidad y viceversa.
La primera sección del libro, “Luna Nueva”, sea de alguna manera una inicial imagen desdoblada de un yo que está negado para sí mismo, y que en su propio nombre reconstruye un espejo donde refleja la sombra sadomasoquista de una fe que cuestiona la pequeña divinidad del escribir, y al mismo tiempo es la comprobación de su inutilidad pues después de cada rezo u oración sólo quedan palabras, la necesidad y la más profunda soledad que son, a la vez, el origen del poema. Es en este momento que el imaginario se disloca y aparece de súbito una abuela, una madre, una hermana, una amiga y todos las posibles asociaciones mitológicas entre ellas. No hay edad, lugar, sino sólo una voz, una voz que desautoriza el frío y el hambre de cualquier casa, que es lo mismo que una ciudad, un país.
En el siguiente capítulo, “Luna creciente”, estos espectros, estos devenires adquieren un rostro más fantasmal aun, por lo cual más lleno de vida y sentido. No sólo se maquillan, usan vestidos, celebran su propia tragedia, cociendo ropas ajenas, cocinando comidas ajenas, tejiendo ropas ajenas, y en esa despersonalización es que su silencio se hace contingente. La vida cotidiana es esa biopolítica cada vez más opuesta al “mundo literario”, y de esa tensión es que textos como “Fantasía doméstica”, “Nuestro armario” o “Cartones mojados” ponen en escena la celebración de esa derrota y la lamentación de su éxito. La escenografía de esta obra se ve desplazada profanamente a un lugar y un personaje llamado “Santa Bernardita” que pareciera ser la primera de las exhumadas, una reliquia en medio de la modernidad y el progreso neoliberal de los deseos.
El tercer y final apartado es “Luna Llena”, donde todo es una mítica celebración llena de cantos, máscaras, tules, vides. Si la luna nueva es un origen, por lo tanto un destino, y luego la luna creciente es el paso del ángel de la historia, esto es, avanzando con la mirada hacia atrás, es que en la totalidad de esta luna su luz no sólo hace relucir lo que antes parecían sombras, sino que convierte todos los recuerdos en una metáfora para la propia escritura. Todo secreto es un ritual, y en el ejercicio de escribir pareciera que los poemas son a la vez una revelación y un enigma. El hecho de que no haya Luna Menguante sólo viene a comprobar el trazo de una flecha lanzada hacia delante, hacia la utopía, no de esas grandes, sino los mínimos gestos que nos recuerdan que cada día más es un día menos, pero por lo mismo todo momento es el ahora. Es por esto que la luna ha sido esa población de la cual todos hemos querido escribir, y que Ana Montrosis, junto a otros excelentes escritores como Marcelo Arce, Sebastián Herrera, Elias Hienam, Marjorie Dávalos y muchos y muchas más han podido vislumbrar más allá de cualquier prepotente sol y más allá de cualquier caprichosa nubosidad.
La bella intimidad, el revés de un gran relato, la sobriedad de un ojo alucinado que no sólo recorre callejones, salones de baile imaginarios, casas familiares sino que también iglesias vacías y pueblos abandonados en lo más profundo de un ánimo social. Tacones bajo la luna de Ana Montrosis nos recobra el gesto del mirar de soslayo como una suprema obligación, como una invitación a dejarse arrasar por las historias vivas que conforman cada una de nuestras heridas. Este libro no solamente nos devuelve a un lugar fantasma dentro de uno mismo, sino que con su potencia y ternura, se vislumbra como una estrella para muchos y muchas que están detrás de ella, y quizá esa esperanza que estamos comprobando acá sea la más fundamental retribución al momento de escribir. La revolución de la fraternidad se hace desde uno mismo, he aquí una prueba de ello.
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RIL editores presenta:
Antología de obras teatrales de Luis Rivano
El académico y crítico Juan Andrés Piña recopila este trabajo
que contiene un conjunto de destacadas obras del dramaturgo
nacional. Obras tales como: Te llamabas Rosicler, Un gásfiter
en sociedad, Sexy boom, Escucho discos de Al Jolson, mamá…
entre otras. Se reúnen así más de treinta años de trabajo de
Luis Rivano.
El dibujo de desnudo: Visión y Concepto
de Pedro Millar y Magdalena Vial
Una completa investigación, realizada por dos destacados
artistas.
Responde a un doble impulso: primero, la necesidad de
conceptualización que es propia de los estudios universitarios
de arte y, segundo, producir un texto que sirva de apoyo en
este proceso. De esta forma, la investigación bibliográfica
contenida aquí se ha propuesto elaborar un cuerpo de
términos que son de uso corriente en los talleres de dibujo,
específicamente en el taller de dibujo.
Los Sueños de Ascanio de Jorge Fernández
Una novela cautivadora donde los personajes recorren su vida
junto la historia de la televisión. Donde se mezcla vida y
tecnología, vivencias reales y ensoñaciones.
Más en: http://www.lossuenosdeascanio.cl
Más información de RIL editores:
luisa.jaimovich@gmail.com
http://www.rileditores.com
2238100 – 2254269
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Después de más de un siglo, se vuelven a publicar las obras completas de Francisco Bilbao Barquín (Santiago, 1823-Buenos Aires, 1865). La edición anterior data de 1894 y hoy es imposible de hallar, por lo cual esta nueva publicación, titulada Francisco Bilbao, el autor y la obra (Editorial Cuarto Propio), resulta un acierto para adentrarse en el pensamiento de uno de los personajes más polémicos del siglo XIX en nuestro país. La edición estuvo a cargo de José Alberto Bravo y viene con un preámbulo metodológico de Miguel E. Orellana Benado. Como base se utilizó la edición de sus obras completas realizada por Manuel Bilbao, hermano menor de Francisco, en 1866.
Leer más en:
http://lavquen.tripod.com/francisco_bilbao_libro.htm
Alejandro Lavquén
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Esta novela —inspirada en experiencias vividas y personajes reales— es una descarnada denuncia del actual sistema penitenciario, un sistema que mantiene suspendidos en el vacío a miles y miles de seres humanos, apartándolos para no incomodar la mirada de la ciudadanía biempensante. En ella se cuenta la trepidante historia de Paul de Épinettes, llamado así por el barrio parisino de Épinettes, donde, después de la Segunda Guerra Mundial, se construyó una «célebre» cárcel de menores. Robos, atracos, amistad, camaradería, amor y traición urden esta historia que bosqueja el ascenso y la caída de la vida en rebeldía.
Jann-Marc Rouillan (antes Jean-Marc) nació en 1952 en Auch (Francia). Su activismo le ha llevado a pasar media vida en la cárcel, por lo que conoce de primera mano todo aquello de lo que habla en este libro. En la actualidad trabaja en la editorial marsellesa Agone, y ha escrito Prolétarie précaire. Notes & réflexions sur le nouveau sujet de classe; Glucksamschlipszig: Le Roman du GLUK; Lettre à Jules; La Part des loups; Le capital Humain; De mémoire (1); Chroniques carcérales; además de Odio las mañanas.
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La memoria colectiva de los pueblos se forma a partir de la suma de las memorias individuales, pero no solo en la simple acumulación de hechos si no que en el significado que se le da a los recuerdos. Ellos, son necesarios porque crean la propia historia y entregan la experiencia necesaria para evitar repetir errores. La memoria colectiva, por tanto, crea un punto de vista particular que de los hechos tienen los individuos y los grupos, dándoles una identidad o reforzando la que ya existe dando forma a la tradición y a la historia.
En su libro “Allende el hombre y el político: memorias de un secretario privado” Ozren Nikola Agnic Krstulovic, chileno-croata e ingeniero comercial de la Universidad de Chile, muestra desde su trabajo como secretario del senador y luego su colaborador por diecisiete años, una descripción intima, personal y coloquial de la vida de uno de los políticos que más huella ha dejado en la historia de Chile. Agnic, fue secretario privado de Allende entre los años 1957 y 1965, período muy agitado en la historia chilena y como testigo privilegiado nos relata hechos históricos desconocidos hasta ahora como el intento del general Carlos Ibáñez del Campo, en el año 1958, para evitar entregar el mando de la nación al recién electo presidente Jorge Alessandri. El general, trató de convencer a Allende de participar en un Golpe de Estado para que el senador socialista asumiera la presidencia en vez del candidato de derecha. Cabe señalar, que Ibáñez era enemigo acérrimo de la familia Alessandri desde que en el año 1927 boicoteara el gobierno de Arturo Alessandri en un intento por impedir la consagración de la Constitución de 1925 que establecía un régimen presidencialista en vez del parlamentario. Lamentablemente para él, fue a golpear a la puerta del hombre equivocado y el año de 1958 debió entregar la banda tricolor al presidente constitucionalmente electo.
Ozren Agnic, no pretende sin embargo darnos una clase de historia de Chile sino que nos muestra sus memorias individuales, que se entrelazan con la memoria oficial de un país. Estas memorias, no reviven ni odios ni resentimientos sino que forman parte de la larga elaboración del duelo particular de este secretario privado, que durante el gobierno de Allende fue presidente Ejecutivo del Banco Regional de Concepción lo que le valió, en los días posteriores al Golpe de Estado de 1973, ser encarcelado, torturado e interrogado tanto en el estadio de esa ciudad sureña como en la isla Quiriquina y otros lugares. Nos narra como fue condenado a una pena de diez años, la que fue conmutada por exilio, tras largos 22 meses de reclusión.. En este caso, los recuerdos no niegan la existencia de esa etapa tan dolorosa de su vida en la cual perdió toda su documentación personal, transformándose en un NN sin estudios ni identidad, sin amigos (salvo honrosas excepciones), en una persona a la cual una vez que salió en libertad, había que evitar saludar por miedo a que lo estuvieran siguiendo. Al intentar revisar el pasado, es imposible no caer en la tentación de ahondar en los resentimientos, sin embargo, en estas “Memorias…” no se evita el dolor ni se dramatiza con él, se lo muestra evitando ahogarse en la pena y en el odio.
El estilo y amenidad de los relatos, cautiva al lector a lo largo de las 322 páginas del libro, incluso en capítulos que señalan la significación para el país de un sistema bancario al servicio de la nación y no de intereses particulares con fines de lucro como es ahora, y la manera como actuaron sectores internos y externos para desestabilizar el mandato de Allende, sólidamente fundamentados en documentacion desclasificada en los EE.UU. de Norteamérica y las investigaciones del Senado de ese país, volcadas en el informe emitido por la denominada Comisión Church de esa corporación , mandatada para indagar acerca de las acciones encubiertas desarrolladas en Chile por compañías transnacionales y los organismos de inteligencia, ordenados por el presidente Nixon y su asesor de seguridad, Henry Kissinger.
El 26 de junio del 2008 se cumplirán cien años del natalicio de Allende. Es de esperar que estas memorias contribuyan a la reconciliación chilena, que es una etapa necesaria en la vida de las personas y de las sociedades, elaborando los duelos necesarios para eliminar los conflictos que surgen. De cara a nuestro bicentenario, estas Memorias publicadas con el sello de Ril Editores (www.rileditores.cl) aparecen como un camino de encuentro entre los chilenos donde la memoria y el olvido además, de ser vinculantes entre el presente y el futuro actúan y ordenan como simbolizaciones de la historia.
Loreto Soler – Periodista
Santiago de Chile