Estimado profesor,
En mi calidad de ciudadano extranjero no me corresponde entrometerme en los asuntos propios de un país distinto al mío, pero dado el cariño que siento por Chile después de haber vivido no pocos años en Valparaíso no puedo dejar de interesarme en el destino de Chile y en particular en el auténtico dilema en el que se ha convertido el inédito proceso constitucional que, a mi juicio, gane el Apruebo o el Rechazo tendrá consecuencias complicadas para el conjunto de los chilenos. Y está bastante claro que ambas posiciones tienen aproximadamente un 50% de apoyo, de lo que desprendo que Chile no debería aprobar por un margen mínimo y adoptar una constitución que la otra mitad del país desaprueba.
Yo, que por suerte no tengo derecho a voto, que actualmente no vivo en Chile y que solo tengo palabras de agradecimiento para los chilenos por la gentileza con que fui tratado en ese país y que por lo mismo solo les deseo lo mejor, me queda claro que este asunto debe tomarse con mucha calma por la sencilla razón que este proceso no terminará con el Plebiscito de salida y, casi por el contrario, no hará sino recomenzar o pasar a un segundo momento o etapa dos. Los Parlamentos, tanto en Chile como acá en Francia, pueden tomarse un año o más para discutir y finalmente aprobar una nueva ley, cualquiera sea ella, y por lo mismo no debería pretenderse “sacar” una nueva Constitución en el breve período de un año. Esto hay que madurarlo tanto como sea necesario.
Estimado profesor, debo confesarle, no sin alguna vergüenza, a usted y a sus numerosos lectores, que yo no me he dado el trabajo de leer integralmente el texto final propuesto por la Convención, pero algo he leído y escuchado argumentos sobre todo en contra que me parecen atendibles, básicamente el tema de la “plurinacionalidad” y de un sistema de justicia especial para las minorías étnicas, pero no me gusta cuando tildan de “mamarracho” el resultado de la Convención que, a mi juicio y contra reloj, ha hecho un gran esfuerzo, y que incluye muchas cosas que no me parecen nada mal, como por ejemplo el acento que pone en el urgente problema medioambiental, entre otros.
Pienso que los constituyentes han hecho un esfuerzo que debe ser respetado y valorado en su mérito y que el texto generado debería tenerse muy en cuenta llegada la hora de repensar una nueva Carta Magna de consenso.
Señor Director, desde la distancia y si me lo permite, mi consejo para el pueblo de Chile sería prudencia, respeto mutuo y como dice la antigua y sabia sentencia bíblica, Lucas 2:14, “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. En esa época todavía no se consideraba el lenguaje inclusivo.
Yo que prácticamente he dado la vuelta al mundo a pie y que puedo decir que he visto lo que es la guerra, la violencia, el hambre, el frío y la enfermedad le digo al pueblo chileno ―ricos y pobres, privilegiados y marginados― dense la mano y con ocasión de esta nueva constitución evitemos las descalificaciones y busquemos la manera de acercarse, supongo que nadie quiere otro Estallido Social ni menos otro Golpe de Estado.
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