EN EL MUNDO DE LAS LETRAS, LA PALABRA, LAS IDEAS Y LOS IDEALES
REVISTA LATINOAMERICANA DE ENSAYO FUNDADA EN SANTIAGO DE CHILE EN 1997 | AÑO XXIX
PORTADA | PUBLICAR EN ESTE SITIO | AUTOR@S | ARCHIVO GENERAL | CONTACTO | ACERCA DE | ESTADISTICAS | HACER UN APORTE

VER EXTRACTOS DE TODOS LOS ARTICULOS PUBLICADOS A LA FECHA
Artículo destacado


Lugares Sagrados. Naturaleza y religión

por Raúl Simón Eléxpuru
Artículo publicado el 25/07/2026

Es sabido que en Europa ―y después también en la América hispana―, los misioneros cristianos erigieron muchos de sus santuarios en lugares que ya eran considerados sagrados por los “paganos” habitantes originales. Ello se comprende, por un deseo de neutralizar la religión autóctona. También podría verse, no obstante, como un modo de aprovechar la devoción de los naturales, redirigiéndola hacia los “seres divinos” del cristianismo.

Sin embargo, a un cristiano el emplazamiento de un templo debería resultarle indiferente (ya que lo importante es lo que sucede al interior de éste). Por ello, la práctica misional antedicha es problemática, aun desde el punto de vista “ortodoxo”. Según este punto de vista, al construir un templo, es éste el que consagra el lugar donde se halla, y no viceversa.
En rigor, pues, para cualquier religión monoteísta el emplazamiento de un templo no debería importar, pues Dios es exterior al mundo, naturaleza o universo, y lo que importa es Él.
En cambio, para el panteísta, “todo es sagrado” ―entendiendo por “todo”, toda la naturaleza.

Ahora, es un hecho que el mundo abunda en lugares especialmente sugestivos de lo divino y conducentes a la contemplación: el mar (las playas), los cielos, el desierto, la montaña. Los pueblos “primitivos”, sensibles a esta sugestión, escogieron estos lugares para conectarse con el misterio del mundo. De aquí la existencia de “lugares sagrados” en los cinco continentes, y esto desde tiempos prehistóricos. Los occidentales, que venimos de vuelta del teísmo, haríamos bien en peregrinar hacia ellos, ―aún con el pretexto del deporte (que siempre es más que mero ejercicio).

Por otro lado, la idea panteísta ―Deus sive Natura― es central a la llamada Philosophia Perennis en todas sus manifestaciones históricas; sin embargo, después de la condena del gnosticismo, no ha encontrado cabida en la doctrina cristiana oficial, estando esta última demasiado ligada a concepciones personalistas de la religión (Dios encarnado, muerto y resucitado, etc.). Por ello, los místicos cristianos tuvieron problemas para exponer sus experiencias, por lo cual las describieron en una forma convenientemente oscura. Pese a esto, los mayores entre ellos ―Meister Eckhart, Suso, Tauler, Teresa de Avila y Juan de la Cruz (estos últimos, ambos canonizados) ― han sido reconocidos como autoridades espirituales en la Iglesia Católica.

Lo que quizá haya evitado mayores problemas a estos místicos ―empleo la palabra con el mayor respeto, no como se usa hoy en día― es el hecho de que, según Aldous Huxley: “Among the Christians… the concern is primarily with the human mind and  its divine essence.” (*), es decir, entre los cristianos… el interés está primeramente en el alma humana y su esencia divina (no en la relación de ésta con el universo).

Dice Thomas Merton, el gran monje estadounidense del siglo XX, en uno de sus escritos ―quizá citando a alguien más― que “todo lo que existe es sagrado”.  Yo estoy de acuerdo si restringimos “lo que existe” a la naturaleza. Los paisajes naturales ―el mar, los bosques, la montaña, el desierto― tienen algo que nos inspira respeto y en lo cual reside su belleza. (Obsérvese también que sólo el hombre produce obras feas, no así la naturaleza). Esta actitud de reverencia ante el mundo natural constituye quizá la única religiosidad posible (aunque se desenvuelva a un nivel que a algunos les puede parecer muy básico).

Según esto, la belleza tendría un origen “divino”, o religioso, o trascendente. A mi entender, las concepciones religiosas que separan lo “sagrado” de lo “profano” yerran profundamente: según yo, lo profano no existe; todo es sagrado. Este es precisamente el concepto de Thomas Merton.

Algunos grupos han intentado introducir la Ph. Perennis a la fuerza en el cristianismo, inventando ―no cabe decir otra cosa― un “cristianismo esotérico”, inspirado quizá en los evangelios apócrifos. Por este camino, se termina creyendo en un Jesús más fantástico aún que el de los Evangelios oficiales. No veo qué se puede ganar adhiriendo a semejantes creencias.

Lo mejor es ―basándose en la modesta experiencia personal― adherir a lo que uno ha podido captar de la “filosofía perenne”, independientemente de cualquier iglesia o religión.
Con esto basta y sobra para vivir conscientemente.

Raúl Simón Eléxpuru
Artículo publicado el 25/07/2026

(*) Huxley, A.: “The Perennial Philosophy”, New York, Harper & Row, 1970, pág. 11.

 

 

A T E N C I O N
― Si desea imprimir o generar CORRECTAMENTE un PDF de este documento
Clic en el ícono verde que aparece abajo.
luego seleccione «Más Ajustes» y al fondo, en Opciones
active “Gráficos de fondo” y desactive “Encabezado y pie de página”.
― Si desea enviar un comentario
utilice el formulario que aparece más abajo.
― Si quiere escuchar la lectura de este documento
ábralo en su celular, toque los tres puntos en el ángulo superior derecho
y elija Escuchar o ver Modo de lectura.
Print Friendly, PDF & Email


Tweet



Comentar

Requerido.

Requerido.




 


Critica.cl / subir ▴