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ANTOLOGÍA Horacio Eloy. Ventana Abierta Editores/ diciembre 2023

por Jaime Retamales
Artículo publicado el 29/03/2026

horacio-eloyLa lectura de esta Antología, leída a destiempo, revela en el origen de su educación sentimental a un escritor formado no solo por lecturas, o influencias afines, sino también por la experiencia social del hippismo chileno y del movimiento de izquierda de los años 60; expresiones contraculturales y políticas claves que desafiaron el orden establecido. El hippismo promovió actitudes y libertades en las costumbres, mientras que la izquierda impulsó una movilización social crítica ante el poder, ambas marcando a la juventud de esa época.

De cierto modo, y en mi opinión, este poeta se expresa en una fusión abierta, abrazando aún hoy día a la contracultura epocal al estilo de un anarco individualista, aunque se dejó seducir durante un lapso de tiempo con la militancia política, y pese a que el mundo se ha movido en muchas otras direcciones.

El fenómeno hippie llegó a Chile cuando en su lugar de origen ya había entrado en decadencia. Existe un artículo en la web de Crítica.cl, El Hippismo en Chile de Rubén Palma, que dice: “En los años 1968 y 1969, Chile era un país subdesarrollado, pacato y con mentalidad de villorrio. No es entonces raro que el hippismo chileno pareciera un trasplante mal hecho, una burda imitación de extravagancia de país desarrollado. /Por supuesto había un componente imitativo, lo hay en todas las reproducciones de movimientos foráneos, pero la mera imitación vacía de ideas y sentimientos se desgasta rápido. /Por otro lado, si los hipsters, beatniks y hippies, describían a la sociedad norteamericana como cuadrada … entonces la sociedad chilena podría con toda justicia describirse como muy cuadrada pues, obviamente, había jóvenes chilenos perceptivos a corrientes nuevas y disruptivas”.

En fin, me he detenido un tanto en este lugar pues los valores que atraviesan el cuerpo expresivo e imaginativo de este libro son los de la filosofía hippie contrariados y fundidos, como dije antes, con su postura política y social, la de un escritor asomado furtivamente en una diversidad de hablantes.

El atelier de este poeta cuenta con un amplio repertorio de materiales que les permiten a sus creaciones convivir plásticamente, en diferentes tiempos, más que en un presente en un pretérito imperfecto. Y es en el libro Paisaje de Milagros (1992) donde su visión, y un lenguaje que hace propio, preanuncia una identidad claramente reconocible, anticipándose a lo que será una constante en su poesía. Identidad que por cierto destaca, además, en el uso y contraste de diversas figuras literarias

Una estrofa de Congelaron la mañana:

Trazaba calles inéditas
arterias borradas de luciérnagas
el ritual del trasnoche
y una mochila fatigada de libros
una ojerosa mochila negra.

La vertiente principal del cuerpo de esta Antología se encuentra perfectamente retratada en estos versos, como también su “espíritu beatífico” en los siguientes:

Parapetado tras los amaneceres
merodeaba los oscuros bordes
de la página en blanco/…

Oscuros bordes no simbolizan una poesía oscura en el sentido literal del mensaje o sus imágenes; al contrario, su virtud proviene de la concisión, de la pureza de las imágenes no en el sentido moral sino en la eficacia o el arte de esbozar una filiación poética y política ante el derrumbe y la devastación, que avizora en el paisaje de su juventud, influenciado por la Beat Generation y su filosofía, creada por Jack Kerouac.

La vertiente principal hace alusión a su obra de arte, una prosa poética que nace de la necesidad de rescatar un paisaje extinto: barrios, cines, plazas, parques, calles. Un trabajo de indagación e inventiva que va ajustándose a los “escombros” de estos transformados o devastados cónclaves culturales o a los rasgos de subjetividad de uno o varios protagonistas de la época, y de una voz cantante que pareciera ser el alter ego del poeta: Ulises Ramírez. No en vano, durante el año 1995, en una entrevista que le hizo la periodista Faride Zerán, en el extinto Diario La Época, se declaró “animal urbano”:

Paisaje de Milagros

Acontece
en venéreas calles
este gran valle
surcado de cicatrices

acontece
sobre márgenes cojas
ciegos espejos
jadeantes cuerpos

acontecen
en la urbanística pantalla
conjunción de cable y concreto
eternos abismos
de la página en blanco

acontecen
sobre muros desdeñados
agobiados graffitis
deshilachadas utopías

acontecen
en territorio de lápidas
aquelarres reventados
en decibeles
espectrales vergas
edificios menopáusicos

acontece
furtiva
mente
en la “under”
a ritmo tecnodepresivo
sudaca
tercermundista

acontecen
sobre emblemas errantes
lienzos en blanco
pálidos transeúntes
a la deriva buscando
féretros y voces
arrastradas gargantas
perforando
madrugadas de espanto

La gran ciudad
un libreto tergiversado
por borrachos que orinan
semáforos ausentes
y negras líneas que marcan
las erratas de la historia

acontecen
sobre plazas, árboles
con trasnochados gorriones
rotondas sin memoria
burdeles flotando
como enaguas de abadesa

acontece
sobre lechos y tumbas
sobre blancos manteles
sobre charcos
sobre resplandores y sombras
también acontece.

Hay una segunda vertiente que está presente en su primer libro, en cuatro poemas consecutivos: Paisaje de Milagros, Rogativa, Travesía, y Aparición. Se trata de una interesante parodia de ficción, de carácter transgresivo, y de elevado estilo, al modo de una epopeya, donde se canta y se anuncia el advenimiento de Santa Nefija, patrona de las prostitutas, a la ciudad de Santiago. Una poética en ciernes que, en mi opinión, abre su poesía a un expresionismo pictórico verbal de mayor concentración y energía creadora. No obstante, algo de ese tono, también irónico y satírico, se manifiesta encubierto en ciertas partes de su Antología, aunque mitigado por su sentido del humor.

Aparición

Nubes de profilácticos
oscurecen la gran ciudad
reptan engendros
hacia cuarteles y lupanares
conmocionadas muchedumbres
entonan cánticos y salmos
la ciudad
una festiva celebración.

De la Chimba
al Zanjón de la Aguada
la ungida Nefija
levita sobre techos
y cunetas.

¡Aleluya, aleluya!
atronan miles,
delirantes
golpeando tambores y pechos,
procesiones de lobos y ovejas
y sicarios en retiro
se flagelan.
se masturban

ruge el Mapocho
desbordándose
sobre las calles atestadas
de (in) fieles
un olor a incienso y pachulí
flota más allá del Forestal

Vídeos en diestra
custodiados por una pandilla
de neoprénicos militantes
donde Charles Manson y Passolini
registran los hechos
alucinados rostros
gnomos rapados
faunos de chaquetas grasientas
maricas gigantescas
harapientos querubines
rebaños de mantras
se escucha en todo el paisaje,
centenares de fogatas
ametrallan el olvido

La ungida Nefija
obtura sus pezones
la ciudad embriagada
derrama su delirium tremens
y millares de parejas hacen el amor
sobre techos y escritorios
sobre bancos en plazas
hacen el amor,
en micros y memoriales
y extasiados padres
cubren sus cuerpos sudorosos
preparan viejos ungüentos
de ajo y aguardiente,
baten palmas por cada espasmo
y cada gemido.

a ciudad una gran cópula
la ciudad envuelta
en un gigante preservativo
la ciudad penetrase a sí misma
sus cadencias hacen saltar los árboles
de sofisticadas avenidas
los cielos hablan el lenguaje
de las pasiones
¡todos con todos!
es la consigna que chorrea
sobre el barrio cívico
y las barriadas

en muchos bares
poetas de este mundo
declaman versos de infierno y cielo
y emergen desde los espejos
espectros fálicos que erguidos
llenan las hastiadas barras
donde Manson y Passolini
extenuados beben pisco sour
y comentan
las imágenes de milagros

Enclavada
sobre el observatorio
del Cerro Blanco
Nefija
coge el gran valle en su pupila
sonríe acomodando su aura
y nubes de cannabis
cabecean obstinadas
los picos de la cordillera

Nefija obtura sus pezones
y la ciudad bosteza
y sobre ella
la bendición de la carne,
y sobre ella
el tono solemne
y litúrgico
del vino.

Su poesía también está en la calle, en el recorrido de la urbe por los cines, plazas, barrios, y en la experiencia vital de una estética juvenil que da vida a parte de una generación inconformista, rebelde y contestataria. Un universo aparte que huye del orden dictado y que puede leerse como una historia capitalina, o también como una crónica marginal de un «beatnik-bolchevique criollo”.
Así se refiere al producto humano de la época en su poema “Cine San Pablo”:

Abrazado a los pechos de su madre
entre nubecitas de cannabis
y los guiños seductores
de la “rubia de los ojos celestes”
EL HIJO PRÓDIGO DE SOR YE YE
nació en plena proyección de WOODSTOK

Es esa fidelidad a sí mismo, para evitar el cerco de su propia censura, cierto sentido del humor y figuras poéticas simples que no pierden su vigencia, lo que nos hunde desde el principio, gozosos, en la narratividad de sus poemas.

Oráculo

Para cuando mis cabellos
sean sordos pájaros
exigiendo peaje
en cualquier nube de barrio

para cuando mis ojos
obstinados semáforos
entreabran sus párpados
al último trolebús de la noche

para cuando apertrechado
de cábalas sin retorno
destripados horóscopos
sin sombra ni asombro
los días de la semana

para entonces
heroico resistiré tras mis gafas
los aullidos de mis acreedores
esa jauría desquiciada
buscando el hueso certero

para entonces
desenterraré la vieja lira
para pulsarla
para pulsarla
en esta taberna
donde tal vez todas las copas
estarán ya bebidas.

Inagotable surtidor el de este poeta que, sin desear perfección alguna en su lenguaje, logra salir airoso al escribir forzado por el nombre del poema o la temática, alternando sus voces que se encuentran movidas en sus extremos por la figura del héroe y antihéroe, determinando en su poesía un aire antirromántico. La subjetividad de Eloy en sus poemas, parece ser sincera.

Dejémoslo por ahora acompañado de un Ojo de Buey y las erratas de las linotipias del pasado —escribió, Jorge Teillier—, refiriéndose al primer libro de Eloy que ya daba cuenta de su poética; si para su propia escritura fue importante guardar la memoria de los antepasados cuidando de forma relevante los objetos, las cosas, para Horacio la tiene su ciudad, sus calles, edificios y lugares de comunión, donde vida y poesía crean sus propios paisajes mientras otros los devastan.

Jaime Retamales
Artículo publicado el 29/03/2026

horacio-eloy-fotoHoracio Eloy (Santiago, 1955), ha publicado los siguientes libros:
Paisaje de milagros (Ediciones Urbarigen, 1992), El Cielo a Pedazos (Ediciones Garúa, 1995), Rituálica de Despedida (Mosquito Editores, 2001), Plazaspuentesparques (Mago Editores y Carajo, 2008), Última función (Mago Editores, 2012) y Desclasificados (Mago Editores, 2023).

Fotografía tomada de Nube Cónica

 

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