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La moral cristiana y El papel del Estado en la vida social

por Raúl Simón Eléxpuru
Artículo publicado el 15/12/2025

De hecho, a lo largo de toda la “era cristiana” existieron dos tipos de moral, la de los siervos y la de los señores; y, en el florecimiento de la era burguesa —en el siglo XIX— se agregó a ellas la moral del burgués. Ninguna de ellas es realmente cristiana, si bien las tres han convivido con el cristianismo y han intentado pasar por cristianas. Sin duda, era esto último lo que molestaba a Nietzsche.

Con todo, debe existir una “moral cristiana”: una religión históricamente tan estructurada no debe carecer de una, llamémosla, “teoría” moral. Sin embargo, al ir a textos actuales de moral cristiana —o escritos por cristianos—, nos encontramos con que las referencias más antiguas son los textos de san Pablo (siglo I) y de Orígenes (siglo III); aquí no hay referencia a Jesús, sino a “Cristo” o al “cristianismo”, como a algo ya elaborado (y en gran medida de espaldas a Jesús).

Muchas veces se ha dado, entre los cristianos más serios, una moral —también ajena a la de Jesús— de la ascesis excesiva. Siempre es necesario algo de ascesis, en el sentido de “disciplina” —eso es lo que significa la palabra ascesis—; pero en los casos de que hablamos se ha sobrepasado el límite de lo razonable, llegándose a la búsqueda del dolor por el dolor mismo, sin detenerse ante la dureza de corazón, con uno mismo y —lo que es peor— con los demás. Este es el “ideal ascético” que Nietzsche odiaba, por negador de la vida; y tenía razón.

Por esto se da la curiosa situación de que hay quienes rechazan al cristianismo por el comportamiento inconsecuente de los “malos” cristianos —que siguen uno de los tres tipos de moral que reseñamos en primer lugar—, y otros lo rechazan por el comportamiento “consecuente” —en realidad, rígido— de los que se creen “buenos” cristianos: los seguidores del ideal ascético.

Sin embargo, parece obvio que la moral cristiana, en caso de existir, debe consistir, primaria y casi exclusivamente, en las enseñanzas morales de Jesús de Nazaret, las cuales están profusamente relatadas en los evangelios —y muchas veces no han sido correctamente comprendidas.

 

El papel del Estado en la vida social

El Estado es, según una definición clásica, “la comunidad políticamente organizada”. Es decir, es el conjunto de instituciones que una sociedad se da a sí misma para cumplir con las tareas ineludibles en todo grupo humano: aquéllas relacionadas con la promoción de la vida y la dignidad de todos sus miembros.

De esta definición se deduce que un Estado digno de tal nombre presupone un grado mínimo de conciencia democrática; es decir, de respeto a todos los integrantes del grupo social. Si un régimen sociopolítico discrimina a unos grupos y prefiere a otros, el Estado se dirigirá a satisfacer sólo a estos últimos y abandonará —o perseguirá— a los primeros. Al hacer esto, deja de ser estado para pasar a ser un desgobierno, llámese como se llame. Este es el caso del fascismo moderno, de las monarquías absolutas —donde “el Estado es el rey” y lo que lo engrandece a él y a su camarilla— y, quizá, de las etapas humanas más antiguas de salvajismo y barbarie.

El Estado vela por el interés de la colectividad, porque es la colectividad “sublimada” o condensada en una serie de organismos. Por ello, se ocupa —y debe ocuparse— de aquellas tareas que son necesarias, pero que nadie quiere asumir, como la educación, la salud, la conectividad del territorio, etc., todo ello sin fines de lucro, porque éste no constituye su finalidad. El Estado debería darse por pagado si la ciudadanía se encuentra sana y libre de opresiones varias (entre las cuales una no menor es la de la ignorancia).

Quienes pretenden reducir al mínimo la competencia del Estado en estas materias de interés público (y, en ciertos casos, estratégicas) son cómplices de intereses económicos rapaces que esconden sus malas intenciones tras pedantescos argumentos económicos de “subsidiariedad”. Más aún, una nación que se pone en manos de estos grupos y abdica la potestad del Estado para proteger a sus ciudadanos de la usura, se encamina hacia la ruina económica, física y moral.

Raúl Simón Eléxpuru
Artículos publicados el 15/12/2025

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