Chile celebró, lloró y miró con expectación los funerales por la muerte de Augusto Pinochet, ocurrida a las 14.15 del domingo 10 de diciembre de 2006.

Augusto Pinochet gobernó Chile entre 1973 y 1990, tras derrocar a Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973.
Durante el régimen de Pinochet se mató, torturó, aterrorizó y exiló a miles de personas. Se destruyeron instituciones e implantó el modelo económico, de libre mercado, que actualmente opera en Chile.
Según el informe elaborado en 1991 por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (Comisión Rettig) 3.196 personas murieron como consecuencia de la violencia gubernamental, de las cuales 1.185 continúan desaparecidas.
El Estadio Nacional y Villa Grimaldi —donde la actual presidenta chilena, Michelle Bachelet y su madre estuvieron recluidas en 1975— están entre los muchos centros de detención y tortura a los que fueron conducidas las personas detenidas durante esos años. El último es actualmente un centro conmemorativo.
A partir de 1998, Pinochet comenzó a ser acusado judicialmente, pero nunca llegó a enfrentar un jurado debido a su inmunidad como ex presidente y “senador vitalicio”, a sus problemas de salud y simplemente porque no se lo pudo juzgar debido al enorme poder que ostentaba.
Al momento de su muerte Pinochet estaba procesado en los tribunales chilenos en relación con la investigación financiera aun pendiente —caso Riggs— y cinco causas de derechos humanos: Villa Grimaldi, Operación Colombo, Operación Cóndor, la Caravana de la Muerte y el caso Prats.
Con su fallecimiento esperamos comience a quedar atrás este dramático capítulo de la historia chilena contemporánea. Un capítulo que para algunos dio nacimiento al Chile libre y próspero del siglo XXI y para otros, y gran parte de la opinión internacional, el período más negro de la historia de Chile.
Gran cantidad de gente (70.000 personas), los representantes de la Derecha chilena más recalcitrante, periodistas chilenos y extranjeros y partidarios del difunto se congregaron en torno a los restos mortales del General durante el velatorio realizado en la Escuela Militar, mientras en otros sectores de la ciudad y del país se realizaban concentraciones espontáneas y organizadas de repudio al dictador y en recuerdo de Salvador Allende. Mientras en un lado se ponderaba a Pinochet como el salvador de la patria y héroe nacional, en el otro se lo acusaba de los peores crímenes, corrupción y abusos de autoridad.
Durante tres largos días Chile volvió a vivir un clima de fuerte polarización que parecía haberse mitigado, pero que con la muerte del Comandante en Jefe volvió a manifestarse con preocupante fuerza.
El Gobierno de la Concertación, presidido por Michel Bachelet, que optó por no dar funerales de estado ni declarar duelo nacional por la muerte de Pinochet, pero autorizar honras fúnebres por parte del ejército en consideración a su rango de ex Comandante en Jefe, debió sobrellevar largas e incómodas horas mientras los militares y adeptos de Pinochet realizaban las solemnes pompas fúnebres acaparando el interés de la prensa y la atención general.
El cuerpo de Pinochet Ugarte finalmente fue cremado en un cementerio en la localidad costera de Con-con y sus cenizas entregadas a su familia. Queda por ver qué resolverá la justicia con las causas judiciales que tenía pendiente y también que podemos esperar de este Chile virtualmente divido en dos partes aparentemente irreconciliables. Al parecer y después de tanto tiempo don Carlos Marx continúa vigente: la lucha de clases todavía no termina. Y tiene para rato. Con el componente de los muchos que en parte por arribismo, pero sobre todo por ignorancia, se sienten atraídos y abrasan causas que no les pertenecen ni benefician. Y lo que es peor, a juzgar por los gestos que apreciamos en la foto de arriba, comienzan a organizarse en Chile grupos juveniles que al amparo de la figura de Pinochet adoptan posturas inspiradas en los más tenebrosos episodios de la historia.
Otra faceta de este fenómeno, que esperamos sea un espejismo, quedó de manifiesto en el discurso pronunciado por el Capitán del Ejercito de Chile, Augusto Pinochet Molina, nieto del difunto, durante el responso de su abuelo, celebrándolo por haber tomado cartas en la política mediante la violencia, obligando al departamento comunicacional del ejército a emitir un comunicado de prensa oficial diciendo que “… las expresiones vertidas por el mencionado oficial no representan la doctrina ni la opinión oficial del Ejército”. Y que “…el oficial aludido cometió una falta gravísima a la disciplina y se van a adoptar las medidas disciplinarias que el caso amerita”.
A suivre, como se diría en francés.
Un comentario
El dolor de los familiares es apoyado y dado con un pesame pero ay alegria que inunda a miles y miles de chilenos y no solo chilenos sino del mundo al ver tanta matanza que ocurrio el 11 de septiembre de 1973 muertes que a chile le costo algo mas lindo que ser un pais desarrollado a nivel latinoamericano le costa sus raices y el valor de ser ser humano antes que de ser maquinas del imperialismo