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Carta abierta al presidente de la república J. A. Kast

por Adolfo Pardo
Artículo publicado el 19/04/2026

Estimado presidente, me dirijo a usted como un simple contribuyente y ciudadano chileno para comentarle un par de temitas que estimo preocupan a no poca gente, incluido usted y yo: los inmigrantes, las zanjas fronterizas para contenerlos y el narcotráfico.

Para empezar, yo estimo que todos los chilenos somos inmigrantes.
En orden jerárquico parto por usted que ―entiendo― su padre era alemán y del mismo partido que mi famoso tocayo, Adolfo Hitler; y que su padre ―el suyo― se vino a Chile una vez terminada la segunda guerra mundial y fin del nazismo. Seguro que usted conoce mejor que yo esa historia y en particular la de su padre, pero el punto es que usted, señor presidente, sería hijo de un migrante, cuyos motivos para viajar a este país ignoro. Seguramente buscando algo de paz después de ese desastre bélico donde, entre otros, encontraron la muerte 6 millones de judíos según me informa la IA. E Israel pareciera no haber sacado la lección correspondiente.

Por mi parte, yo ―modestamente― también desciendo de migrantes, específicamente mi bisabuelo, y homónimo mío, Adolfo Pardo, era peruano y de una familia vinculada a la política, allá en el Perú, con dos presidentes de esa república, entre otros, y seguramente ―por razones que desconozco― también estimó conveniente refugiarse en Chile, donde contrajo matrimonio con mi bisabuela Domitila Correa y cuyo hijo, Caupolicán Pardo, mi admirado abuelo, fue el primer médico chileno que inició la batalla contra el cáncer y que en 1933 fundó, nada menos, que el Instituto Nacional del Cáncer, operativo hasta el día de hoy. Puede usted leer la historia de mi abuelo, que me cupo el honor de escribir, aquí. Se la recomiendo. Caupolicán Pardo fue un verdadero santo y a mi juicio merece largamente un monumento en la Alameda de las Delicias o en la Plaza Italia. Considérelo.

Pero aparte de su caso, señor presidente, y del mío, yo diría que todos los chilenos, independientemente de su origen ―como digo al principio― somos inmigrantes. Sin ir más lejos Pedro de Valdivia, fundador de la ciudad de Santiago, como todo el mundo lo sabe, era español y la hueste que le acompañaba también, y se vinieron a instalar en este territorio a “sangre y fuego”, matando a diestra y siniestra a los indígenas. E incluso, los mismos mapuches y todos los aborígenes de América habrían migrado de Asia a América, atravesando por el estrecho de Bering, de Siberia a Alaska, para después bajar buscando refugio en estos sures.

En resumen, las migraciones y los migrantes tienen una larga historia que se extiende desde la edad de la piedra hasta nuestros días, historia que, con seguridad, con o sin zanjas, continuará a futuro, incluyendo la instalación de colonias en otros planetas.

Como usted, yo, y todo el mundo sabe, durante el gobierno de Nicolás Maduro, muchos venezolanos buscaron nuevos horizontes en nuestro país y, viceversa, durante el gobierno de Augusto Pinochet muchos chilenos buscaron refugio en Venezuela, donde, que yo sepa, fueron bien acogidos, al igual que en otros países, como Francia por ejemplo, donde, entre otros, yo mismo fui a parar y viví casi una década. Y mi hijo mayor, que llegó de 10 años, aún reside y trabaja en “la ciudad luz”, aunque todavía conserva la nacionalidad chilena.

En fin, las migraciones obedecen a un impulso natural de las personas de buscar, ―cuando las cosas se ponen color de hormigas― nuevos horizontes donde vivir y trabajar y este fenómeno continuará indefinidamente, independientemente de muros y zanjas construidas en las fronteras. Se lo doy firmado. Aparte de que, como gesto de buena vecindad, esos Escudos Fronterizos no lucen muy amigables.

Ahora el tema de los narcotraficantes tampoco se va a controlar, aunque se cave una zanja de Arica a Punta Arenas. Ese problema se resuelve, sin gastar un solo peso, legalizando las drogas, no solo en Chile, sino en el mundo entero. Pepe Mujica entendió así este problema hace harto rato y el 2013 legalizó la producción, distribución y venta de marihuana “para uso recreativo”. Ósea para pasarlo bien. Y en Canadá, el 2018, se hizo otro tanto, excluyendo a los menores de edad.
Yo, por ejemplo, que nunca he podido dejar de fumar, si se prohibiera el tabaco me vería en la obligación de pagar más para poder seguir fumando, comprando tabaco en el mercado negro. Y de paso se abriría otro flanco para el narcotráfico. A este tema ya me referí en una columna publicada el año 2023 en este mismo sitio. Ver aquí.

Eso por ahora, estimado presidente. Esperando que usted y su señora se sientan cómodos en la Moneda y que su gestión tenga mucho éxito le envío mis saludos desde Chiloé.

Adolfo Pardo
Artículo publicado el 19/04/2026

 

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